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La aparición del sudario.

28 de julio de 2012

El memorial d’Arcis.

El lienzo de Turín aparece documentado por primera vez en un memorándum que el obispo de Troyes, Pierre d’Arcis, dirige al Papa Clemente VII, en 1389. Según el obispo, los monjes de la Colegiata de Lirey, pequeña localidad al Sudeste de Paris, mostraban públicamente la supuesta reliquia del sudario de Cristo que era en realidad una falsificación (1). En el escrito contaba d’Arcis que su antecesor en el cargo, Henri de Poitiers, había descubierto al autor de la pintura y prohibió la ostensión del lienzo. Sin embargo, los monjes de Lirey habían vuelto a las exhibiciones clamorosas y se resistían a acatar la orden de suspenderlas, atrayendo grandes multitudes con fines crematísticos. En consecuencia, el obispo solicitaba del papa la prohibición de las ostensiones. Este acabó dictando una sentencia salomónica: mandaba callar al obispo y dictaba una bula imponiendo que la exhibición del lienzo se hiciera bajo determinadas condiciones “para evitar todo fraude”.

 

Bordado italiano. Siglo XVIII

El origen del lienzo y cómo llegó a manos de su propietario es asunto más bien misterioso. Geoffroy I de Charny, célebre por sus escritos sobre los ideales caballerescos y su muerte heroica en la batalla de Poitiers (1356), nunca mencionó el lienzo. Sus descendientes, su hijo Geoffroy II y su nieta Marguerite de Charny, dan versiones diferentes de cómo lo había obtenido su ancestro (1902:11). Para el primero, se trataba de un regalo, para la segunda del botín de guerra obtenido durante la participación de Charny en la malparada Cruzada de Humberto II (1345-46). No sólo existe esta contradicción, sino que ambas versiones son dudosas. Ante todo, comenta Ulysse Chevalier, el descubridor de esta polémica, que en torno a la consagración de la Colegiata de Lirey en 1357 existen hasta ocho documentos que incluyen bulas papales, consagraciones de la capilla, etc. (1902:9). Ninguno de estos escritos hace mención al lienzo, a pesar de que se hace allí una detallada descripción de otras reliquias tales como un rizo de la Virgen o un fragmento del Lignum Crucis. (Hay que hacer constar que la posesión de reliquias era una condición sine qua non para la consagración de una iglesia o capilla, lo que, junto al saqueo de Constantinopla y otras ciudades bizantinas a principios del XIII, explica el intenso tráfico milagrero durante aquellos años). Para complicar las cosas, un inventario de 1418, realizado por el esposo de Marguerite, hace mención a un sudario con imagen, pero habla de él como una “representación del sudario de Nuestro Señor Jesucristo”, lo que da idea de que no se consideraba el auténtico ni por sus propios dueños. (Lombatti, 2009:38).

Por otro lado, el informe d’Arcis, aunque importante por distintos motivos, no tiene por qué ser considerado como totalmente fidedigno. No porque pudiera haber un problema de celos y rivalidades religiosas, sino porque contiene algunas afirmaciones difícilmente aceptables. José Luis Calvo señala, por ejemplo, la evidente exageración que supone hablar de multitudinarias peregrinaciones, cuando no ha quedado constancia de ninguna de ellas.(Calvo: 17/11/2010 18:30)  Sin embargo, la pretensión de desautorizar todo el escrito de d’Arcis porque no es sino una copia no se tiene en pie. Las respuestas papales de las que se tiene constancia implican necesariamente la existencia del memorándum anterior en términos similares a como se conoce por la copia. No hubieran tenido sentido de otro modo.

Emmanuel Poulle corrige a Chevalier.

En 2006 el historiador y archivista Emmanuel Poulle hizo una crítica muy dura, que en ocasiones cae en lo insultante, contra Ulysse Chevalier. Según él, el reputado historiador y canónigo había falsificado voluntariamente los términos de la documentación ocultando la última versión de las bulas pontificias, que no decía que la tela fuera pintada ni se refería a la vestimenta de los clérigos durante la ostensión. Sin entrar en el valor de las tachaduras y otros asuntos de importancia documental, hay que reconocer que la posición de Poulle no es enteramente consistente. En efecto, el mismo Chevalier en su escrito de 1903 recoge acusaciones similares y resalta que no se puede poner en duda su honestidad porque él mismo incluyó el texto de la corrección de Jean de Naples (1903: 36, documento K, en latín). Es más, insiste en que este documento final, aunque suavizado, sigue siendo concluyente acerca de la no autenticidad del lienzo:

            Pues, sobre las condiciones en las cuales tiene lugar esta ostensión,… queremos,… (…)… que, cada vez que dicha figura o representación se muestre en adelante al pueblo, el decano y al capítulo antedichos, así como las otras personas que harán la ostensión de dicha figura o representación y las que  habrá presentes no hagan ninguna de las solemnidades que se tiene la práctica de hacer en las ostensiones de reliquias, y que no puedan a tal efecto encender ni antorchas ni cirios ni velas ni utilizar ninguna clase de alumbrado; y que aquél que hará la ostensión de dicha figura, en el momento en que haya la mayor multitud, siempre al menos que se haga un sermón, se anuncie públicamente al pueblo y se diga en alta e inteligible voz, para evitar todo fraude, que no se muestran dicha figura o representación como el verdadero sudario de Nuestro Señor, sino como figura o representación de dicho del sudario que se dice haber sido el de Nuestro Señor .

            Me parece que el texto final, que Poulle admite también, es suficientemente explícito.

Angers. Evangeliario. Santo Entierro. Siglos IX o X.

Otras querellas medievales en torno al sudario.

No fue la última vez que el supuesto sudario de Cristo estuvo envuelto en una polémica, ni que alguna autoridad eclesiástica dictaminara su falsedad. En 1449 la dama Marguerite de Charny recorría Europa recolectando pingües beneficios mediante las exhibiciones de la reliquia. Pero, comoquiera que hubiera algunos que no veían clara la cosa, el obispo de Liège, Jean de Heinsberg, creó una comisión encargada de revisar la autenticidad del lienzo. Dos expertos teólogos fueron comisionados y dictaminaron que la imagen no era el auténtico sudario, sino una representación. El informante, el benedictino Cornelio Zantfliet, utiliza una expresión significativa: la apariencia del cuerpo y las heridas era nítida y como pintada. (1902: 15). Los comisionados tuvieron ocasión de ver la bula papal que Mme. Marguerite tenía en su poder, que indicaba la no autenticidad de la imagen (“figura o representación”).

Los sindonistas suelen argumentar que la querella en torno a la aparición del sudario en Lirey no es una prueba de su falsedad. Tienen razón. Pero es significativa en el contexto de un origen anómalo. En 1239 Luis IX de Francia había adquirido a los emperadores latinos de Bizancio la corona de espinas auténtica, claro está, por la astronómica cifra de 130.000 libras y había hecho construir para albergarla la  impresionante Sainte Chapelle, que le había costado unas 40.000 libras. (Calvo: Ibid). No se entiende como una reliquia de importancia similar, si no superior, había aparecido como por ensalmo en manos de un caballero famoso, pero empobrecido, en una modesta colegiata del centro de Francia sin que se montara un fastuoso recibimiento y la noticia corriera como la pólvora. A no ser que en su tiempo se considerara sospechosa su autenticidad. Junto con el silencio de siglos respecto a la supuesta reliquia, esto plantea un problema para los partidarios de la autenticidad, que han dedicado sus esfuerzos a construir una historia oculta del lienzo. Sobre eso tratarán las siguientes entradas.

_________________________________

(1) Rectificación (07/08/2012):
Ver rectificación de la primera aparición del Sudario en la documentación en el comentario de José Luis Calvo.

Bibliografía citada.

 Para un seguimiento del tema es básico el trabajo del descubrior de la documentación, Ulysse Chevalier: Le Saint Suaire de Turin. Histoire d’une relique, Paris, Alphonse Picard, 1902, que puede ser consultado on line. Del mismo autor también Autour des origines du suaire de Lirey, Paris, Alphonse Picard et Fils,  1903, http://ia600509.us.archive.org/7/items/autourdesorigine00chev/autourdesorigine00chev.pdf .

Sobre este punto, como en otros muchos de este escrito, soy deudor del trabajo de José Luis Calvo, que puede consultarse aquí.

Para la crítica de Emmanuel Poulle, « Le linceul de Turin victime d’Ulysse Chevalier », Revue d’histoire de l’Eglise de France, Univ. Catholique de Louvain, 2006, vol. 92, n° 229, p. 343-358, no existe versión on line gratuita, pero se puede consultar un resumen de Pierre de Riedmatten aquí.

Sobre la vida y milagros del caballero De Charny, Antonio Lombatti: Geoffroy de Charny. Il cavalliere della Sindone. London, Lulu Press, 2009.

One Comment
  1. “El lienzo de Turín aparece documentado por primera vez en un memorándum que el obispo de Troyes, Pierre d’Arcis, dirige al Papa Clemente VII, en 1389.”

    Tengo que señalar que no es así. Anterior al memorándum d´Arcis (que es de noviembre o diciembre de 1389) es la autorización para la exposición del sudario escrita por el (anti)papa Clemente y dirigida a Geoffroy II de Charny (julio o agosto de 1389). Eso sí, esto no mejora las credenciales históricas de la mal llamada Sábana Santa porque en esa autorización también se deja claro que es una representación del Sudario…

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