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1978: STURP.

19 de agosto de 2012

El día 8 de Octubre de 1978 un nutrido grupo de personas entró en el Palacio Real de Turín (junto a la Catedral) acompañados por una importante carga de aparatos de alta tecnología. No eran turistas, obviamente. Se trataba de científicos del grupo STURP (Shroud of Turin Research Project), cuyo objetivo era analizar las manchas de sangre y las que formaban la imagen corporal para intentar descubrir si la sangre era tal y qué mecanismo podría haber dado lugar a la figura del lienzo.

El origen del STURP se encuentra en la asamblea convocada en 1977 en Albuquerque (Nuevo México) por la Holy Shroud Guild (Asociación del Santo Sudario), un grupo sindonista muy activo en los EE.UU. por aquellas fechas. De la reunión salió la documentación para el proyecto y una campaña de recolección de fondos que recaudó la nada despreciable cifra de dos millones y medio de dólares. El padre Peter Rinaldi, vicepresidente de la Asociación y hombre influyente, consiguió los necesarios permisos de la N.A.S.A (para los instrumentos) y de los ministerios italianos pertinentes (para la entrada en Italia de los mismos), así que del 8 al 13 de octubre de 1978 (durante 120 horas) el equipo del STURP trabajó frenéticamente en una serie de pruebas que concluyeron en un comunicado de prensa en 1981. Estas pruebas se realizaron directamente sobre el lienzo y también sobre las muestras que se extrajeron mediante unas cintas adhesivas especiales. (Salvo el criminólogo Max Frei, que utilizó un modelo comercial corriente, provocando el terror de los presentes).

Las conclusiones del equipo de investigación pueden consultarse enA Summary of STURP’s Conclusions” (Una versión más resumida del Centro Español de Sindonología  contiene alguna confusión en la traducción). Según el resumen, las pruebas realizadas demostraban que la imagen no había sido hecha con pintura (análisis de las fibras con rayos X,  fluorescencia, infrarrojos y ultravioleta; análisis químico); descartaban la presencia de cualquier tipo de aceites o sustancias orgánicas producidas por el cuerpo (evaluación microquímica); carácter tridimensional de la imagen (programa informático VP8); que las manchas de sangre y el torso se habían producido por contacto; que la imagen del rostro no se había producido por contacto y que la sangre era sangre (presencia de hemoglobina y albúmina). La imagen corporal estaría producida por la deshidratación de las fibras a nivel superficial. El STURP concluía afirmando que no se conocía ningún procedimiento químico o físico que pudiera dar lugar a la imagen y que, desde luego, no era obra de un artista sino la impronta del cuerpo de un crucificado. Un misterio.

Fig. 1: Frei con su rollo ante Rogers que no sabe cómo tomárselo.

Con el comunicado de prensa de 1981 más o menos, el STURP se disolvió, no sin que antes se hubieran producido algunas defecciones y disensiones en la asociación. La más sonada fue la de Walter McCrone, de la que hablaré por extenso más adelante, pero también Raymond Rogers, uno de los científicos de más prestigio del grupo, se separó de él por considerar que sus presupuestos religiosos interferían en sus investigaciones. (Comunicación personal a Mark Antonacci, 2002: 11)  Aunque el STURP estuviera disuelto de facto, la mayoría de sus miembros siguió publicando artículos basados en sus trabajos y, disensiones aparte, funcionando como un grupo más o menos homogéneo. Esto posibilitó que en los años 80, cuando se estaban produciendo los contactos preparatorios para la prueba de datación por radiocarbono, Harry Gove, el inventor del método que iba a utilizarse, hablara de sus entrevistas con el STURP, que no resultaron muy satisfactorias para él. En efecto, la visión que los sindonistas dan del STURP es la de un grupo compacto de grandes científicos que habían realizado pruebas concluyentes sobre el lienzo. Sus conclusiones son presentadas siempre como un hito inalcanzable y punto de referencia obligado para decidir las características del lienzo. Cualquiera de sus componentes es presentado como un especialista notorio y sus afirmaciones como prueba de lo que “la Ciencia” o “los científicos” piensan. No es esa la opinión que tenía Harry Gove:

Esto [la toma de un fragmento por Raes en 1973] fue seguido en 1978 por las pruebas del STURP, realizadas por gente que ya estaba convencida de que trataban con el sudario de Cristo. Esto no sólo hizo que estas medidas dieran resultados no significativos, sino que sometieron al lienzo a un buen número de tensiones intrusivas.

Constaté que casi todos los rasgos de la organización STURP repelían a muchos otros científicos. Lo que incluía su manifiesto celo religioso, sus fuentes cuestionables de apoyo, su estilo mental militar y, por último, pero no en último lugar, su suposición de que el sudario de Turín era su propiedad, en tanto que investigadores auto-designados acerca de su origen y propiedades.

             (Harry Gove: Relic, Icon or Hoax, CRC Press, 1996, p. 192. -La traducción es mía).

No estando en situación de evaluar los aspectos puramente técnicos de la polémica (¿dañaron irreversiblemente la tela las pruebas a que la sometió el STURP?, ¿eran significativos sus resultados?) y teniendo en cuenta la causticidad de casi todos los comentarios de Gove, no puedo evaluar sus acusaciones al completo, pero sí proponer algunos indicios.

1. ¿Eran los miembros de STURP grandes científicos?

Los currícula de los miembros de STURP no son realmente gran cosa, aparte de Raymond Rogers y alguno más. Comparados con el de McCrone, por ejemplo, son realmente cortos y, aún en el caso de Rogers, no se refieren a asuntos relevantes para los temas que trabajaron. Algunas publicaciones sindonsitas convierten a Adler y Heller en “importantes expertos en serología”. No lo eran. Adler era experto en porfirinas (que es un componente de la sangre, pero no sólo) y todo lo que he podido averiguar de Heller es que trabajaba para la industria del tabaco. Algunas páginas sindonistas citan a Ian Wilson como profesor de Oxford. Tampoco.Wilson estudió en Oxford, pero nunca se ocupó de la docencia universitaria. Su curriculum se limita a una quincena de libros en los que mezcla su interés por el lienzo de Turín con el de temas propios de la “misteriología” y “la Biblia Tenía Razón”. Otros son como William Meacham, profesor en Hong Kong, que tenía alguna experiencia en la arqueología oriental, pero nada más.

Cierto que la categoría académica reconocida no es una condición indispensable para hacer grandes descubrimientos, pero los sindonistas, que tienen un concepto bastante fetichista de la ciencia, magnifican la reputación del equipo del  STURP más allá de lo razonable. Y eso no es de recibo.

2. ¿Eran un grupo de beatos?

Se suele decir que los del STURP eran un grupo de beatos en el que sólo había un escéptico que fue expulsado, es decir, McCrone. (Picknett y Prince, cit. por Eslava, 1997: 56) A ello responden los sindonistas que no es cierto, y que entre los del STURP había incluso judíos (se refieren a Barrie Schwortz). La cuantificación y cualificación de las creencias de los miembros de un equipo científico debería importar poco. Pero la acusación de Gove cuando dice que todos eran fanáticos creyentes en la autenticidad del lienzo y que su única meta era demostrar su autenticidad es de peso. El hecho de las firmes convicciones religiosas de los miembros de STURP no es ocultado por muchos de ellos. Sus relatos acerca de las emociones que sintieron cuando se plantaron ante el lienzo transpiran exaltaciones que se acercan a lo místico. Uno puede preguntarse si, en estas circunstancias de conmoción, estaban capacitados para examinar la tela con ecuanimidad, pregunta de difícil respuesta, pero que puede reexaminarse a partir de los resultados, métodos y base racional de sus conclusiones.

Fig. 2: Catedral de Trier. Santa Túnica.

3. ¿Funcionaban con criterios científicos?

Hay dos críticas de Gove que excluyen tal cosa y que pueden comprobarse. El STURP funcionó con una estructura jerárquica (“militarizada”) en la que el comité revisor dictaba sin apelación lo que podía y no podía publicarse. Había una cláusula en la que sus miembros se comprometían a someterse a su autoridad. Y lo que sí podía publicarse era exclusivamente lo que apuntaba a la autenticidad del lienzo. Cuando a Walter McCrone se le ocurrió disentir, se intentó, en primer lugar, impedir que publicara sus resultados y, en segundo lugar, se le obligó a irse. (Sobre los motivos de disensión de McCrone se hablará largo y tendido en otra entrada).

Los sindonistas suelen argumentar que nadie tiró a McCrone porque nunca perteneció al STURP. Aducen al respecto que su nombre no figura en las listas oficiosas que corren por la Red. Véase la lista publicada en The Shroud of Turin Website, bajo el epígrafe “The 1978 STURP Team” . Nótese que en ella tampoco aparecen nombres tan destacados como el Padre Rinaldi, lo que hace dudar de que la lista sea completa. El caso es que en Albuquerque, cuna del STURP, había más gente que la que aparece en la lista y entre ellos estaba McCrone, al que Ian Wilson dedicó unas palabras, de las que, seguramente, ha tenido ocasión de arrepentirse más de una vez:

 El hombre que más que cualquier otro participante en esta conferencia era el gran maestro en cuestiones de tecnología (…). El doctor McCrone gusta decir en broma que su divisa es «piensa en pe­queño». Lo que desmiente el carácter serio y altamente comple­jo de su especialidad, un laboratorio ultramoderno equipado con microscopios y microprobetas que valen unos dos millones de dólares [¿?] y que tal vez es el lugar del mundo en el que mejor se puede extraer un máximo de informaciones de la muestra más ínfima. Consultado por las galerías y los museos de todo el mundo para que analice, sin dañarlos, objetos artísticos e his­tóricos de autenticidad dudosa, McCrone confiesa con tristeza que muy a menudo resultan falsos. Sin embargo, espera mejorar esa media con los resultados del Sudario. (Cit. por Henri Broch, 1987: 60)

Una opinión bien distinta de McCrone tenía el Capitán Eric Jumper, quien rechazó el trabajo de McCrone porque “sus datos están tergiversados, sus observaciones son altamente cuestionables y sus conclusiones pontificaciones más bien que lógica científica”. (David Ford, 2000:13). Es de suponer que McCrone, un experto con amplio reconocimiento en materia de microscopía,  no recibió muy bien semejantes epítetos de un desconocido y se largó del grupo (según John Heller) a la primera de cambio. Aparte de consideraciones de todo tipo sobre la “peer review” interna del STURP, una cosa queda clara: si, según Heller, McCrone incumplió las condiciones que el STURP había estipulado para sus publicaciones  y por eso renunció a su pertenencia al grupo, es que McCrone pertenecía al STURP. Esto es tautológico. Así que si el nombre de McCrone no aparece en las listas oficiosas de miembros de STURP no es porque alguna vez no perteneciera a esta asociación, sino porque su memoria ha sido borrada en una operación de limpieza digna de procedimientos totalitarios que no voy a rememorar ahora.

La segunda crítica de Gove es que los del STURP se creían que el lienzo de Turín era de su exclusiva propiedad. El caso de las cintas adhesivas revela el daño que este tipo de actitud puede producir en el procedimiento científico. El método de las cintas adhesivas ha sido duramente criticado por historiadores del arte, pero esta no es la única pega que puede hacerse a su uso por el STURP. (Craddock, 2009: 105). El celo y el secretismo con el que los jerarcas del STURP han mantenido la custodia de esas cintas han impedido cualquier replicación de sus experimentos por científicos independientes, ya que son casi los únicos restos que han salido del lienzo. Este hecho se agrava porque los estudios publicados carecen muchas veces de cuantificaciones, faltan datos y contextos y carecen de referencias a otros estudios que podrían confirmarlos o rechazarlos al menos en parte. ( Caldararo, 1998) En estas circunstancias, cualquier replicación de los experimentos realizados por STURP es imposible y hay que creer en sus resultados. O no creer.

Rodríguez Saldaña, Delegado del Centro Español de Sindonología en Murcia, escribía al respecto:

Los instrumentos científicos que se emplearon, y que en aquel entonces se consideraban de última generación, hoy son consideradas como piezas de museo. Por ello, no ha dejado de proponerse nuevos experimentos y la repetición de algunos de los que ya se realizaron en el 1978, con aparatos muchos más modernos (y por lo tanto, más sensibles). El propio S.T.U.R.P. reconoció en sus publicaciones la sensibilidad limitada de algunos de los instrumentos empleados, aunque el gran número de pruebas realizadas corroboraban entre sí, una y otra vez, sus conclusiones. Por otra parte, debido a la limitación de tiempo y al trabajo frenético de los investigadores para obtener la máxima cantidad de información en el tiempo del que disponían, impidió que se analizaran un mayor número de muestras y obligó a minimizar al máximo el tiempo de cada ensayo (lo que restó, en ciertos casos, sensibilidad a las pruebas). Por ello, deberían repetirse muchas de las pruebas, y realizarse otras nuevas, con aparatos mucho más precisos y sensibles, que permitan, matizar, corroborar o discutir algunas de los resultados obtenidos en 1978. (Alfonso Rodríguez-Saldaña, 2009: 30 )

Las palabras de Rodríguez-Saldaña son especialmente significativas por su origen. En el tono laudatorio general del artículo se deslizan estas observaciones que dan clara idea de la provisionalidad de los trabajos de STURP. Estos, como al parecer reconocieron en principio sus propios autores, requerían nuevas contrastaciones que nunca se hicieron, en buena medida porque las prácticas acientíficas de su organización, de las que he hablado más arriba, lo impidieron. Con el tiempo y las polémicas estos resultados inseguros se fueron magnificando y, lo que antes eran indicios o probabilidades, se fueron convirtiendo en dogmas de fe en las manos de sindonistas sin preparación científica o en las de científicos dispuestos a subordinar la imparcialidad a sus creencias. Se verá la cosa más claramente en las siguientes entradas en las que hablaré de la datación por radiocarbono y sus secuelas.

Bibliografía.

Antonacci, Mark: “Mark Antonacci’s Reply To Ray Rogers’ Review of His Book”, 2002. http://www.shroud.com/pdfs/antonaci.pdf

Broch, Henri: Los fenómenos paranormales, Barcelona, Ed. Crítica, 1987

Caldararo, Niccolo: “The Status of Research into the Authenticity of the Shroud” original en Approfondimento Sindone, 1998 by Centro Studi Medievali (Pontremoli MS, Italia) http://cybercomputing.com/freeinquiry//skeptic/shroud/as/caldararo.html.

Craddock, Paul: Scientific investigation of copies, fakes and forgeries, Oxford, Butterworth-Heinemann, 2009.

Eslava Galán, Juan: El fraude de la Sábana Santa y las reliquias de Cristo, Barcelona, Editorial Planeta,  1997

Ford, David: “The Shroud of Turin’s ‘Blood’ Images: Blood, or Paint? A History of Science Inquiry”, 2000, http://www.shroud.com/pdfs/ford1.pdf

Gove, Harry: Relic, Icon or Hoax?: Carbon Dating the Turin Shroud, CRC Press, 1996

Rodríguez-Saldaña, Alfonso:  “El S.T.U.R.P.: un completo estudio científico”, 2009 www.lasabanasanta.org/docs/sturp.pdf

From → 3.2.STURP

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