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La Conjuración Diabólica. 3ª entrega.

23 de septiembre de 2012

Resumen de los primeros episodios:

El Abad Georges y el hermano Bruno prosiguen sus investigaciones sobre el fraude de la datación de 1988. Habiendo demostrado sin lugar a dudas su existencia sólo les queda desenmascarar a sus autores. Así que preparan una encerrona definitiva.

Toda novela policiaca tiene varias fases bien marcadas. Primero, Sherlock Holmes  establece, mediante una serie de asombrosas inferencias, la secuencia de los hechos. Todo se despliega claramente ante la estupefacción del Dr. Watson. Pero queda el momento definitivo en el que, cogido de improviso, el criminal es acorralado y termina por confesar su crimen o, lo que viene a ser lo mismo, emprender una vergonzosa, y generalmente inútil, huida. Este es el momento crucial del triunfo de Holmes, Poirot o Philo Vance. Y de la Verdad. También los procedimientos de la Inquisición reposaban en el “hábil” interrogatorio de los sopechosos hasta su total confesión. Sin confesión, no había condena.

Sea por la influencia de las novelas policíacas o de la Santa Inquisición, también la inseparable pareja del Abad Georges y el hermano Bruno prepara su golpe de gracia. No les basta con haber demostrado hasta la saciedad en el plano teórico la existencia de una conjura diabólica. Quieren confundir a sus autores, para que todo el mundo vea con evidencia palmaria su perversidad y estupidez. Veamos como se desarrollan los hechos. Para preservar el efecto dramático de la secuencia siguiente trataré de reservar mis comentarios para  más adelante. Siempre que pueda.

El 14 de noviembre de 1989, escriben a los responsables de los tres laboratorios, profesores Wölfli, Hall y Donahue.

Les preguntamos si nos podían enviar amablemente 1º fotos de las muestras que recibieron, 2º detalles de sus pesos, 3º una respuesta a la siguiente cuestión: ¿Notaron que la muestra del Sudario que pesaba 53,7 mg estaba en dos piezas (39,6 + 14,1 mg)? ¿Informaron de este hecho a Turín el día en que las muestras fueron tomadas?

Wölfli, de Zurich, les respondió que ya lo sabía y que ya había visto esto en Turín. No envió fotos. De Oxford respondieron que Hall no podía atenderles porque se había retirado. Donahue, de Tucson, respondió que había leído los artículos de Counter-Reformation Catholic y los encontraba muy interesantes. Dijo que la muestra de Tucson se había dividido en cuatro fragmentos de 13.86, 12.39, 14.27 y 11.83 mg. Total: 52.36 mg. Envió unas fotos de microscopio. Pero cuando insistireron sobre la división de las submuestras ya no respondió más.

En Enero de 1990 escribieron al Victoria and Albert Museum y pidieron permiso para inspeccionar su colección de tejidos. Se les respondió que lo sentían mucho, pero que la colección estaba provisionalmente cerrada al público para tareas de reorganización. “La presunción acerca de dónde había encontrado Tite el “doble” del Santo Sudario se convirtió en certeza”. [Y habiendo certeza, ¿para qué seguir insistiendo en encontrar la prueba?].

En Noviembre de 1989 publican un artículo en CRC en el que hacen la siguiente interpelación a los laboratorios:

La pregunta que les planteamos es, por ello, muy precisa, y su respuesta será decisiva. O su informe es erroneo: la muestra nº 1, que Uds. dataron, no proviene de una tira que mide 70 x 10 mm, y Uds. deben indicar el error. O su informe es exacto, en cuyo caso la tira de 70 x 10 mm, analizada por Uds.no provenía del Santo Sudario. Con toda certeza Uds. han sido víctimas de una sustitución de muestras, y su informe concluye impropiamente que “el lino del Sudario de Turín es medieval”. ¡Calculen la enormidad del fraude!

Paris, Abril 1990: todavía no hay respuesta a nuestra “Llamada”, pero sí un encuentro secreto para establecer la respuesta a nuestros ataques. Habiendo afirmado Oxford que su muestra del Sudario era de una pieza, Wölfli se volvió hacia Jull de Arizona y dijo: “Pero entonces, Jim, dado que ni Oxford ni yo hemos recibido una muestra en dos piezas, ¿era la tuya?”.

¡“Bueno…sí”, respondió Jull!

[Ya resulta extraño que el Abad Georges y el hermano Bruno tengan una información exacta del diálogo que tuvo lugar en una reunión secreta, pero lo es todavía más que el Dr. Wölfi se extrañe de un hecho que había dicho conocer hacía unos meses: que existía una muestra dividida en dos. La cosa parece un poco surrealista].

Museo de la catedral de Módena. Metopa. Siglo XII.

El caso es que, en lugar de enviar a los impertinentes y confusos contrarreformistas a freir monas, los de Tucson, que, al parecer, tenían más paciencia que el santo Job, acceden a una reunión que tuvo lugar en Arizona en Octubre de 1990. Allí Jull, Donahue y Toolin caen en contradicciones continuas, si hemos de creer el testimonio del Abad Georges y el hermano Bruno. Jull no puede decir cómo se dividió su muestra, Toolin dice que recuerda que estaba en una sola pieza… La explicación es muy simple:

Jull no podía recordar haber visto la muestra en dos piezas el lunes, mientras Donahue la había visto así el domingo, para hacer desaparecer una de ellas. ¡Por fuerza!

“¿A quién tenemos que creer”, preguntan los autores. Es una buena pregunta esta, sin duda.

Pero más tarde, la catástrofe.

En el simposio sindonista de París de 1989, los laboratorios rehusan presentarse. Pero el Dr. Tite sí acude “como huésped de honor, lleno de tranquilo buen humor, sonriente, y extrañamente rodeado de la consideración de todos los presentes.  Respondió con evasivas a todas las preguntas que se le hicieron y volvió a casa sintiéndose muy relajado.”

2 y 3 de Marzo de 1991. Douglas Donahue se presenta en el simposio internacional que tuvo lugar en la Universidad de Columbia (Nueva York) sobre “El Sudario de Turín, el estado presente de la cuestión”. Donahue declaró que la muestra del Santo Sudario recibida por su laboratorio “estaba verdaderamente dividida en dos piezas: una pesaba alrededor de 14 mg, y la otra unos 40 mg. El total de la muestra del Sudario era de alrededor de 50 mg”. ¡Una extraña suma! Esta vez estaba diciendo la verdad por fin, pero no coincidía con los pesos que anotamos del cuaderno de notas de Tucson el 26 de Octubre. Nada asombroso, porque esos pesos eran los del sustitudo de la muestra nº 1, uno de los cuáles había sido reducido a 40 mg.

¿Dónde estaban el Abad Georges y el hermano Bruno? ¿Por qué no se presentaron en los simposios para acogotar al conspirador y que la Verdad fuera desvelada a los ojos de todos? ¡Que se enteraran de que un científico de fama mundial no sabía ni sumar! ¿Qué no les invitaron? ¿También la cúpula sindonista estaba en el complot? ¡¡¿¿Todos contentos con los resultados??!!

Nos tendremos que quedar con las ganas de saber las respuestas a estas preguntas. Pero la amarga decepción de los autores se trasluce en este párrafo que dejo como final, antes de presentar mis conclusiones:

Así, no son las máquinas que dejan a un lado la ley de los hombres; son los hombres, sus “mafias” científicas y eclesiásticas, las que manipularon y ordenaron los resultados de manera que su “desafío” pudo finalizar para su propia gloria y general satisfacción. (Abad Georges de Nantes)

(Fin de la 3ª entrega de La Conjuración Diabólica. Continuará).

Bibliografía de esta entrega.

Abbé Georges de Nantes y Brother Bruno of Jesus:II. The conclusion of a new trial: His condemnation to death and His resurrection”, The Catholic Counter-Reformation, sin fecha. (Consultado: 12/09/2012). http://www.crc-internet.org/1401-ii-the-conclusion-of-a-new-trial.html

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