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La Conjuración Diabólica. Conclusiones.

20 de octubre de 2012

Como vimos en otra entrada, las teorías conspiracionistas, en especial las de Bruno Bonnet-Eymard, fueron rechazadas por la plana mayor del sindonismo. Pero siguieron presentándose subrepticiamente a través de teorías más sutiles, como las de Remy Van Haelst o Ernesto Brunati[1]. El interés que puede tener el análisis del conspiracionismo no reside sólo en el seguimiento de estas apariciones, sino también en la medida en que los métodos de fray Bruno son como un espejo deformado de la ideología sindonista.

Dos trabajos recientes (“Dead and Alive:Beliefs in Contradictory Conspiracy Theories”. Wood, MJ, Douglas KM, Sutton RM. Social Psychological and Personality Science. Enero 25, 2012 y “Does it take one to know one? Endorsement of conspiracy theories is influenced by personal willingness to conspire”. Douglas KM, Sutton RM. British Journal of Social Psychology, 2011) han analizado los factores psicológicos que intervienen en las obsesiones conspiracionistas.

Cito a Javi, en La mentira está ahí fuera , a quien debo la información sobre estos artículos:

Según los autores, esta incoherencia interna de las teorías conspiratorias se explica mediante el modelo de coherencia explicatoria de Thagard. De forma breve, este modelo caracteriza el proceso mental de la explicación de un hecho como un proceso en el que se relacionan explicaciones y evidencias como coherentes o incoherentes entre sí. De esta forma, se forma un conjunto de nodos conectados en una red. Estos nodos se activan o inhiben en función de su coherencia o incoherencia con las piezas de evidencia y con conocimiento de mayor orden. De esta manera, se acaba llegando a un estado de equilibrio en el que los nodos (explicaciones) con una alta activación se aceptan y aquellos con una baja activación se desechan.

¿De qué manera han ido funcionando los mecanismos selectivos del hermano Bruno?

Bastantes pruebas de la teoría conspirativa se basan en una interpretación sesgada. Por ejemplo, un collage que aparece en una revista de la Escuela Politécnica de Zurich es considerado por nuestros autores como “foto oficial” del laboratorio de radiocarbono. Lo que es un documento insustancial se convierte así en prueba principal de cargo. En el mismo sentido, cuando los representantes de los laboratorios cortan la conversación o se niegan a hablar con el hermano Bruno, la suposición más sencilla, la de que no lo consideran un interlocutor agradable o relevante, es descartada y se considera que este rechazo es una prueba más de los nefandos secretos que los conspiradores quieren ocultar.

En otros casos, la carencia de una información básica, es sustituida por la imaginación. Los autores son capaces de reproducir frase a frase un diálogo entre los conspiradores en el que, obviamente, ellos no estaban presentes. Con este tipo de recurso crean una amalgama en la que resulta difícil distinguir cuándo están hablando de un hecho público, o que lo ellos consideran así, de cuándo están novelando.

Este tipo de prácticas es congruente con una deliberada vaguedad en las expresiones y teorías. El conocimiento racional debe ser preciso. Decir que alguien cambió la muestra de sitio es una afirmación que deja todo por explicar. ¿Cuándo lo hizo? ¿Cómo? La falta de explicaciones concretas en este sentido propicia que los autores echen a volar la imaginación y cuenten como hechos sus particulares suposiciones. Se habla de un fragmento de tela introducido en un tubo. Un fragmento de tela idéntica a la del Sudario de Turín, pero del siglo XIV. No es posible que una tela así fuera introducida subrepticiamente, por la sencilla razón de que es extremadamente difícil encontrar una tela de estas características. Sólo una ha sido localizada en el Victoria & Albert Museum de Londres. Y una tela diferente habría sido detectada por los expertos textiles que examinaron las muestras.

Ante esta dificultad, la táctica del hermano Bruno y el Abad Georges consiste en dar un salto adelante y extender la teoría conspiratoria. Si los directivos de este museo no les facilitan el acceso a los fondos, no es porque estos estén siendo reorganizados y no están abiertos al público (explicación muy plausible), sino porque forman parte de la conspiración. Si los expertos textiles no detectaron el cambiazo es porque estaban en la conspiración. Si el Cardenal Ballestrero dejó que Tite sustituyera la muestra es porque estaba en la conspiración. La ambigua aceptación de los resultados de la prueba del carbono 14 por parte de la Iglesia es considerada un insulto a la fe y, por ende, prueba de su implicación en el complot. Etc., etc.

Como consecuencia de su predisposición a autoconvencerse, los autores de la teoría conspirativa, no se molestan en ampliar sus indagaciones de tal forma que nuevas evidencias confirmen o refuten sus hipótesis. Hubiera sido muy sencillo, por ej., comprobar si la respuesta de los directivos del museo londinense era una excusa o estaba justificada. Pero el hermano Bruno y el Abad Georges no se molestan en este sentido. La sospecha se convierte automáticamente en certeza: la Conspiración Diabólica se extiende. Desde la Curia hasta los antros ocultos de la masonería. Desde los pasivos sindonistas hasta los veinte firmantes del artículo de Nature. Todos en el ajo. Pero la teoría conspiracionista no sólo explica lo que ya sabemos, sino que construye un entramado con amplias posibilidades en el futuro: cualquiera puede ser un conspirador.

-¿Cómo va eso, Tite?  -Fine, my dear, very fine! They are eating out of my hads!

 

Porque la Conspiración Diabólica lo explica todo. Cualquier dato que contradiga las creencias de los autores es descartado automáticamente mediante la extensión de la trama conspirativa. Cualquier indicio que pueda interpretarse, aunque sea de manera remota, con la teoría de la conjura es integrado como una “prueba” de la misma. Como cualquier cosa puede ser “significativa” en uno u otro sentido, hemos construido una teoría invulnerable a toda refutación. Es decir, una teoría pseudocientífica.

Hay que decir, sin embargo, que los diseñadores y los controladores de la datación de 1988 no están exentos de responsabilidad en el circo sindonista que se montó a continuación, como señaló Harry Gove en su momento, aunque no exactamente por todas las razones que él aduce. Buena parte de los ataques del sindonismo más recalcitrante se basan en algunas imprecisiones que se cometieron en su momento y en la falta de explicaciones posteriores. Respecto a lo primero, la ausencia de mediciones precisas de los fragmentos iniciales, especialmente, provoca todo el ciclo de especulaciones “brunnetianas”. De hecho, los autores del trabajo de Nature hablan de tamaños aproximados, lo que introduce inevitables desacuerdos en cuanto a lo que la memoria de los participantes en el evento pueden recordar. Rápidamente los partidarios de la teoría conspirativa eliminan la imprecisión manifiesta de los testimonios para encontrar contradicciones insolubles, olvidando que se habla de medidas aproximadas y no exactas. Respecto a lo segundo, los científicos involucrados no han sido muy explícitos en sus respuestas a las objeciones. Desmontaron claramente algunos pretendidos experimentos sindonistas como los de Kuznetsov, pero no se preocuparon por el resto. Quizás el talante y baja cualificación de los críticos les disuadió de entrar en la arena -una arena con grados de crispación enervantes-. Esto puede ser una razón suficiente, pero nos deja a los maniáticos del tema con algunos puntos en el aire que han servido a los sindonistas para intentar echar abajo la prueba de 1988 en su conjunto. Hemos visto como las imprecisiones en las mediciones no justifican en absoluto teorías conspirativas. Iremos viendo en las entradas siguientes hasta qué punto otros intentos de aprovecharse de las debilidades de la datación de 1988 pueden estar justificados.

Bibliografía:

La polémica en torno a los pretendidos fallos matemáticos de la datación de 1988 en:

Ernesto Brunati: Altro che rammendi! La datazione della Sindone è tutta un falso”, Collegamento pro Sindone, mayo 2005. www.sindone.info/BRUNATI1.PDF

Remi Van Haelst: “Radiocarbon Dating of the Shroud of Turin”, Collegamento pro Sindone, Oct. 2002. http://xoomer.virgilio.it/bachm/VHAELST6.PDF

Gian Marco Rinaldi: “La statistica della datazione della Sindone”, 2012.  http://sindone.weebly.com/uploads/1/2/2/0/1220953/nature_statistica.pdf  (Consultado viernes, 19 de octubre de 2012)

Un “intercambio de pareceres” entre Rinaldi y Brunati en Scienza & Paranormale N. 79, “Ancora sulla Sindone”, ANNO XVII – MAG/GIU 2008. http://www.cicap.org/new/articolo.php?id=273489.


[1] Dejo a los lectores con conocimientos matemáticos que juzguen por su cuenta. En la bibliografía he incluido alguno de sus artículos con la réplica de Gian Marco Rinaldi.

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