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En busca del leobacillus rubrus.

24 de noviembre de 2012

Cuando dije en la entrada anterior que ahora íbamos a pisar “tierra firme”, se debe tener en cuenta que, hablando del sindonismo, esta es una afirmación relativa. También creo que exageré cuando dije que íbamos a hablar de teorías ampliamente aceptadas por los creyentes, porque esto es cierto para la galaxia de páginas web y centros sindonistas repartidos por aquí y por allá, pero los pesos pesados del sindonismo norteamericano, como, por ejemplo, Alan Adler, John Jackson o Raymond Rogers, nunca han aceptado la teoría de la llamada “capa bioplástica”. Algunos, como Adler, han usado palabras muy duras contra su promotor, el Dr. Leoncio Garza-Valdés, cuyas teorías le parecen “extravagantes” y “extrañas” a la ciencia (1999:6).

Sant Genís les Fonts. Rosilló. Hacia 1024.


La teoría de la capa bioplástica debe su dudoso prestigio al relativo apoyo que le prestó en un par de ocasiones Harry Gove. Gove era conocido en el mundo científico por haber descubierto un método de datación por radiocarbono (el AMS) que mejoraba sensiblemente los antiguos procedimientos y que fue el que se aplicó al lienzo de Turín. En medios sindonistas era conocido por haber participado activamente en la preparación de la datación de 1988, por haber sido excluido su laboratorio del protocolo final y por arremeter en su libro Relic, Icon or Hoax? Radiocarbon Dating the Shroud contra tirios y troyanos (STURP, Gonella, McCrone y todo bicho viviente).

En 1990, aunque lamentando que no se hubiera mantenido el protocolo inicialmente previsto, Gove manifestó su confianza en la datación de 1988, considerándola un “triunfo público del método AMS”. “La datación de radiocarbono prueba casi con certeza que la imagen del sudario fue muy probablemente hecha por manos humanas hacia la mitad del siglo XIV”. (1990:91) Sin embargo, en Relic, Icon or Hoax? Radiocarbon Dating the Shroud , después de hablar de las objeciones absurdas de los sindonistas a la prueba del 14C, dice que otras objeciones parecen más serias y deberían tenerse en cuenta. Entre ellas, dedica un párrafo a la teoría de la capa bioplástica de Leoncio Garza-Valdés y Stephen J. Mattingly. Estos autores afirmaban haber descubierto con un microscopio óptico una capa de origen orgánico que era resistente a los lavados típicos de los laboratorios de radiocarbono y que podía rejuvenecer los resultados. Gove concluía que “hasta que punto esta capa podía rejuvenecer la datación no había sido establecido y parecía difícil hacerlo. La investigación sobre el tema continúa” (1996:308) Esta última frase hacía referencia a las investigaciones que Gove estaba iniciando en compañía de Mattingly y Garza-Valdés intentando aplicar la teoría de la capa bioplástica al enigma que planteaba una momia perteneciente al Museo de Manchester (la 1770, por más señas). El problema con esta momia consistía en que la datación de las vendas resultaba sustancialmente posterior a la del cuerpo, para lo cual no había una explicación satisfactoria. Garza-Valdés había convencido a la directora del museo de Manchester de que pusiera el asunto en sus manos y, con el patrocinio de Gove, inició una serie de pruebas tendentes a demostrar la teoría de la capa bioplástica. Hasta aquí los hechos y a partir de aquí comienzan las fantasías sindonistas.

En efecto, es corriente encontrarse en la literatura sindonista las siguientes afirmaciones:

1. La capa bioplástica es observable con un microscopio.
2. Garza-Valdés consiguió separar la capa de tejidos de lino de una muestra oficial del lienzo de Turín.
3. Garza-Valdés consiguió demostrar la existencia de la capa bioplástica en la momia 1770 de Manchester.
4. Los experimentos de Garza-Valdés son garantizados están avalados por Harry Gove.

Ninguna de ellas es cierta.

La capa bioplástica no es observable con microscopio… salvo para los autores de la teoría. O, para ser más exactos, Garza-Valdés quien, según Gove et allia (1997:505), fue el único que avistó la misteriosa capa. Jull advirtió que las muestras de la datación de radiocarbono fueron examinadas minuciosamente por varios expertos que no detectaron nada similar (1998). El mismo Gove había reconocido anteriormente que una contaminación que rejuveneciera los resultados en un milenio debía doblar el peso de la tela original, siendo fácilmente observable a simple vista (Gove, 1990:87). La única alternativa para aceptar tal contaminación era que esta resultara de un factor invisible, pero esto contradice la afirmación de Garza-Valdés y Mattingly de que era observable con un microscopio óptico.

Ni Garza-Valdés ni Mattingly consiguieron nunca separar la supuesta capa bioplástica del lino. Los primeros intentos los realizaron sobre un tejido que les habría proporcionado Riggi di Numana, que provendría del sobrante de la prueba de radiocarbono, y fueron desastrosos. Destruyeron la muestra. Tampoco los intentos posteriores con otras telas dieron resultado. A pesar de las afirmaciones sindonistas, Garza-Valdés escribía en el último trabajo dedicado al tema que seguía intentando aislar la capa bioplástica. (1998. Cit. por Rinaldi: “L’esperimento…”). Después no se supo nada más. De hecho, ni siquiera el origen de la muestra inicial era seguro. Se ha aducido en varias ocasiones que tanto Luigi Gonella como Riggi de Numana eran poseedores de fragmentos de estas muestras o, al menos, podían disponer de ellas con el permiso del Vaticano. Esto tampoco es cierto. Después de que Garza-Valdés hiciera públicos sus estudios, un comunicado del Cardenal Custodio desautorizó las informaciones sobre los orígenes de las muestras y exigió a todos aquellos que pretendieran tener algún fragmento del lienzo que lo devolvieran. La petición fue reiterada en otra ocasión. No me consta que nadie devolviera nada.

Pese a lo afirmado por muchos sindonistas, Garza-Valdés no ha publicado en ninguna parte estudios sobre la momia de Manchester, sino sobre una momia de ibis de su propiedad. Efectivamente, descubrió que las vendas de esta momia -en las que dijo haber observado de nuevo la capa bioplástica– parecían ser bastante más jóvenes que el cuerpo que contenían. Sin embargo, hay varias objeciones a los que pretenden que este experimento demuestra la existencia de una contaminación que hace inválida la datación de radiocarbono. En primer lugar, la diferencia de fechas puede ser debida a la pretendida capa orgánica o al hecho de que el ibis se alimenta de peces que pueden alterar las medidas de carbono 14. (Efecto reservorio marino ). De hecho, si se aplica la corrección marina correspondiente deja de haber discrepancias entre la edad de las vendas y el ibis (Gove et allia, 1997:506).  El artículo asume, además, que la momia no fue envuelta de nuevo con vendas más recientes, práctica que no era infrecuente en el antiguo Egipto (Ibid, 1997:505). Estas incertidumbres son reconocidas por los autores del artículo conjunto, que afirman expresamente que sus trabajos no son concluyentes y que no son aplicables al lienzo de Turín. (Ibid, 1997:507). En lo referente a la momia de Manchester los sindonistas hacen afirmaciones desmesuradas. No hay una diferencia de 1000 años entre las vendas y el cuerpo. Estas fechas resultan de una primera datación corregida posteriormente. Los resultados de que se dispone apuntan a una diferencia de unos 300 años, obviando el hecho de que el laboratorio de Oxford, al que se le pidió finalmente que tratara de poner fin a las discrepancias, se negó a datar los huesos de la momia por encontrarlos muy degradados. Finalmente, resulta sorprendente que, cuando se trató de eliminar la capa de residuos sobre las vendas de la momia del ibis se utilizara sistemas de limpieza similares a los que se habían utilizado con las muestras de la datación del carbono 14 y no los revolucionarios métodos que se suponían únicos para eliminar la capa bioplástica. (Rinaldi “L’esperimento…”).

Gove nunca consideró probadas las tesis de Mattingly y Garza-Valdés. En su primera referencia a ellas (1996) y en el artículo conjunto (1997) las calificó como hipótesis necesitadas de ulterior comprobación o “especulaciones”. Y cuando, años más tarde, Mattingly sometió a su consideración unos fragmentos de lino en los que decía haber aislado la capa bioplástica, Gove ni siquiera le respondió. (Wilson: 2009).

El Dr. Garza-Valdés patentó su supuesto agente contaminante con el nombre de leobacillus rubrus. En los estudios de arqueometría nadie, fuera del campo sindonista, ha oído hablar del invento. Naturalmente, ninguna datación de lino antiguo ha sido revisada a la luz de las teorías de Garza-Valdés. Y en los últimos años él mismo parece haber abandonado el tema. Al menos no ha presentado ningún escrito con nuevas aportaciones. Como se comprenderá, nada de este asunto permite arrojar la menor sombra de duda sobre la datación de 1988.

 Bibliografía.

Adler, Alan D.: “The Nature of the Body Images on the Shroud of Turin”, 1999. www.shroud.com/pdfs/adler.pdf

Gove, Harry E: Relic, Icon or Hoax? Radiocarbon Dating the Shroud, Institute of Physics Publishing, Bristol, 1996

Gove, Harry E.: “Dating the Turin Shroud-An Assessment”. Radiocarbon, Vol 32, No. 1, 1990, P 87-92

Gove, H. E., Mattingly, S.J., David, A.R., Garza-Valdes, L.A.: A problematic source of organic contamination of linen. Nuclear Instruments and Methods in Physics Research Section B, Volume 123, Issues 1-4, 2 March 1997, Pages 504-507

Jull, Timothy: David Van Biema Monday.  “Science And The Shroud”, Time,  Apr. 20, 1998.  http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,988184-8,00.html

Rinaldi, Gian Marco: “L’esperimento fantasma sulla mummia 1770”.  Sin fecha, consultado 22/11/2012 9:00, http://sindone.weebly.com/marinelli-garza.html

Rinaldi, Gian Marco: “Gli “errori” del C14”, Scienza e paranormale, 81; Anno XVII, Set/Ott 2008; http://www.cicap.org/new/articolo.php?id=273768

Wilson, Ian: “Obituary. Professor Harry Gove”, British Society of the Turin Shroud, Newsletter No. 69 – June 2009;  http://www.shroud.com/pdfs/n69part7.pdf

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