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Un remiendo absolutamente invisible.

13 de diciembre de 2012

La teoría del remiendo invisible recibió un duro golpe cuando Mechthild Flury-Lemberg publicó las conclusiones de sus trabajos de restauración del lienzo en 2002. Esta experta textil (por primera y única vez una especialista podía tener el sudario en las manos y estudiarlo científicamente), después de haber examinado la tela con un scanner microscópico, certificó que en la zona de la toma de muestras para la datación de 1988 no había el menor rastro de remiendo.

La noticia fue encajada de manera bastante desigual. Rogers siguió a lo suyo como si no fuera con él. Continuó insistiendo en sus pruebas de vanilina y algodones hasta su muerte, quizás pensando que sus experimentos pasaban por encima de lo que pudieran decir todos los expertos textiles del mundo.

Hubo algunos intentos de solucionar el asunto diciendo que Flury-Lemberg no podía haber visto el remiendo porque éste coincidía exactamente con la zona de muestras extraída, estaba en su interior (Heimburger en Antonacci et allia 2005:15). Aparte de que la coincidencia no parecía plausible, esta especulación chocaba frontalmente con las anteriores publicaciones de Benford y Marino, por una parte, y Rogers, por otra. Los primeros habían presentado un esquema en el que el zurcido, por así decirlo, cruzaba las muestras de los laboratorios y continuaba por los dos lados. (Cfr. imagen en Los orígenes de la teoría del remiendo invisible). Rogers había hablado de una coloración en la imagen UV. Aunque jamás precisó su extensión, mirando las fotos en las que se basaba, se advertía bastante más amplia que la zona recortada.

Foto UV de la zona. Procedencia: Rogers 2004

Para contrarrestar las afirmaciones de Flury-Lemberg, Benford y Marino contactan en 2005 Michael Ehrlich, propietario y presidente de Without A Trace, una empresa de remiendos, que aporta lo que ellos consideran un testimonio trascendental:

Hoy existe una técnica moderna más rápida llamada “entretejido”: sería invisible en la superficie, pero fácilmente reconocible en el dorso. Sin embargo, la técnica usada en Europa en el siglo XVI llamada “Tejido Francés” [French Weaving] es un asunto diferente. El tejido francés implica una tediosa restauración hilo a hilo que es verdaderamente invisible. Los propietarios del Sudario en el siglo XVI tenían bastante recursos materiales y semanas de tiempo a su disposición para acabar la tarea. (Benford & Marino 2008a:11)

Como Flury-Lemberg no conocería esta asombrosa técnica de reparación, consistente en sustituir trabajosamente los hilos de la parte dañada con otros que se extraen del propio tejido -retengan esta idea, por favor-, no pudo descubrir el remiendo en el Sudario de Turín.

Sin embargo, algún tiempo después Flury-Lemberg contraatacó (2007). Afirmó que declaraciones como las de Mr. Ehrlich no eran más que reclamos publicitarios. Si bien en tapicerías o tejidos gruesos es posible hacer una reparación que resulte invisible (al menos por la parte delantera y para ojos inexpertos), en tejidos ligeros como el lino tal cosa es imposible. Los dos expertos que analizaron el lienzo en 1988 se habrían apercibido inmediatamente. También Mark Antonacci había advertido (2005:1-2) que John Jackson había examinado minuciosamente las microfotografías tomadas por STURP sin encontrar rastro de de remiendo, que tampoco aparecía en las tomadas por Raes. Tengamos en cuenta que no estamos hablando de entidades sutiles como una partícula subatómica o un campo de fuerza. Hablamos de dos hilos que se entrelazan a mano o con agujas y tijeras, cuya capacidad de desaparecer a este tipo de observaciones sería literalmente milagrosa.

Esquema de entrelazamiento de hilos en un “remiendo invisible”.

Porque una de las cosas más sorprendentes es que esa asombrosa capacidad de los artesanos renacentistas para hacer remiendos absolutamente invisibles no figura en ningún libro de historia textil, nadie la ha investigado antes. No existe bibliografía sobre ella. Entendámonos bien, existen libros que hablan de la capacidad de hacer remiendos en tapicerías o similares, que no son detectables a simple vista por observadores inexpertos. El adjetiivo “invisible” es utilizado por los restauradores en este sentido (Lennard & Hayward 2006:180, por ej.). Los sindonistas hicieron gran alboroto hace un tiempo con el descubrimiento de un “tratado” de “French Weaving” que hablaba de remiendos “invisibles” (Marino & Prior 2008:26). Una joya, si había que creerles. En realidad, se trataba de un manual de reparación de mediados del siglo XX de una empresa de cursos de costura por correo, sin autor conocido, en el que se utilizaba el término “invisible” en el sentido habitual en estos menesteres: como algo que pasa desapercibido al ojo inexperto (Fabricon Comp. 1962:2). Pero estamos hablando de un remiendo absolutamente invisible efectuado sobre un tejido liviano. Hablamos de un entrelazamiento de fibras (hecho con los dedos o agujas, insisto), que escapa a la mirada atenta de expertos, microfotografías, microscopios y cualquier método con el que habitualmente se detecta fácilmente este tipo de reparaciones. Y como base para tan fabulosa capacidad tenemos una expresiva, pero poco concreta, exclamación de un experto (“eran como magos”), y un par de párrafos de una carta de un empresario.

Pero tenemos otro método de contrastar las afirmaciones del Sr. Ehrlich. En la página web de su empresa, Without A Trace, encontramos algunos datos muy interesantes. Nos enteramos allí de que el remiendo francés se hace sólo para agujeros de menos de un cm. de diámetro. Que sólo sirve para tejidos gruesos. Que se efectúa entrelazando las hebras del borde del orificio con otras hebras procedentes del mismo tejido. Si el remiendo francés sólo sirve para agujeros menores de un cm. no pudo servir para la muestra de la datación, que era mayor de 1×7 cm. Si el remiendo francés sólo sirve para tejidos gruesos (como había advertido Flury-Lemberg), no sirve para el tejido de lino. Y si se hace con hilos del mismo tejido, no pudo existir una mezcla de tejidos de época diferente que diera como resultado el siglo XIV. Y si, para colmo, echamos un vistazo a las imágenes que nos propone la empresa Without A Trace del fabuloso “French Weaving”, veremos que sus remiendos son de todo menos invisibles. En un reciente debate en un foro de Internet, un sindonista consiguió ponerse en contacto con Mr. Ehrlich, quien simplemente confirmó lo que acabo de decir: un remiendo hecho con la técnica del French Weaving, pero mezclando hilos de dos telas diferentes, hubiera sido fácilmente detectable por un experto. (Cfr aquí  )

Tapiz de Baldishol. Noruega. 1040-1190

La teoría del remiendo invisible está muerta. Y no está enterrada porque los sindonistas no se dan cuenta de cuando tienen un cadáver a su lado. Siguen dándole vueltas a hebras de algodón de dudosa proveniencia, a pruebas de vanilina que nadie utiliza, declaraciones confusas de expertos sindonistas que ellos analizan más confusamente todavía, etc., etc. Pero lo que ya es el colmo es que en sus últimos escritos mezclen “evidencias” de un remiendo que ven expertos con otro que no pueden ver ni los expertos, que no precisen exactamente el lugar que ocupaba el supuesto remiendo “científicamente” acreditado o que hagan afirmaciones tan rotundamente desconcertantes como la de Mr. Campbell cuando se le pide un ejemplo o la de M. Heimburger cuándo reconoce la falta de evidencia empírica a favor de su teoría.

Según Benford y Marino, Campbell les dijo: “Ciertamente deben existir [los remiendos invisibles] – los tejedores del siglo XVI eran magos-, pero no puedo pensar en ningún ejemplo que pueda documentar” (Benford & Marino 2002:11). Por su parte, Heimburger escribe: “Nadie ha encontrado ni traza de remiendo en el lienzo, pero eso no quiere decir que no exista” (en Antonacci et allia 2005:13). Si el caso de Campbell puede achacarse a una falta alarmante de memoria (un experto que no puede recordar un dato importante del que está dando fe) o a la transcripción deficiente de sus palabras, con Heimburger entramos de lleno en el terreno de las teteras orbitales de Bertrand Russell o los dragones en el garaje de Carl Sagan. Es decir, el remiendo invisible sería uno más de esos objetos esotéricos o metafísicos de los que no existe ninguna prueba empírica, pero que, como dijo de las meigas el gallego tozudo, “existir no existen, pero haberlas, háylas”.

Addenda:

Después de haber acabado (casi) esta serie sobre el remiendo invisible me doy cuenta de que no he comentado las pretensiones de Rogers de que unas adherencias que encontró en los hilos de la muestra de 1988 (sic) serían restos de aglutinante para témpera. Según él, esto probaría que cuando se hizo el remiendo se había coloreado la zona para evitar que se notara la diferencia de hilos viejos y nuevos. La teoría es bastante descabellada, porque habría que suponer que cuatro siglos después, tras una serie de avatares que incluyen dos incendios y algunas otras circunstancias similares, la coloración permanecía tan fresca que seguía engañando a los expertos, aunque fuera armados de un microscopio. Considero que esta es una de los errores incomprensibles de Rogers a los que aludía Mons. Ghiberti y, realmente, no me arrepiento de no  haberle dedicado una sola línea.

Bibliografía:

Antonacci, M; Heimburger, T. et allia.: “Private Internet Debate Challenges Ray Rogers’ Thermochimica Acta Paper”. 2005. http://www.shroud.com/pdfs/debate.pdf

Benford, Sue y Marino, Joe: “Textile Evidence Supports Skewed Radiocarbon Date of Shroud of Turin”, 2002. http://www.shroud.com/pdfs/textevid.pdf

Benford, Sue y Marino, Joe: “Invisible Mending and the Turin Shroud: Historical and Scientific Evidence”. Ohio Shroud Conference, Agosto 2008 (a) http://www.ohioshroudconference.com/papers/p11.pdf

Fabricon Company: The Freenway* System of French Reweaving, Chicago Illinois, 1962, 3ª ed.

Flury-Lemberg, Mechthild: “The Invisible Mending of the Shroud, the Theory and the Reality”. I International Congress on the Sudarium of Oviedo, Abril, 2007; http://www.shroud.com/pdfs/n65part5.pdf. Imágenes en:  http://www.shroud.com/mechthild.htm

Jackson, John P.: “A New Radiocarbon Hypothesis”, Mayo 2008; http://www.shroud.com/pdfs/jackson.pdf

Lennard, Frances; Hayward, Maria: Tapestry Conservation, Oxford, Elsevier. 2006

Marino, Joseph G. y Prior, Edwin J.: “Chronological History of the Evidence for the Anomalous Nature of the C-14 Sample Area of the Shroud of Turin”, 2008. http://www.shroud.com/pdfs/chronology.pdf .

Rogers, Raymond N.; “Frequently Asked Questions (FAQs)”. 2004. http://www.shroud.com/pdfs/rogers5faqs.pdf

From → 3.3.7.Remiendo

3 comentarios
  1. Moreno permalink

    Tremendo trabajo, Sr. Montero.

    Enhorabuena, y continúe así, por favor.

    Intermitentemente me intereso por el tema del escepticismo y las pseudociencias. Participo menos de lo que debiera, por cosas del exceso de trabajo y tal, pero recuerdo agotadoras jornadas nocturnas contestando, en los comentarios de Magonia, a algún sindonólogo tenaz; creo recordarle a usted de allí. Desistí de continuar razonando con nuestros testarudos adversarios dialécticos cuando redujimos sus tesis a que, “sin duda” debería haber habido una conspiración en que intervendrían el Vaticano, el Arzobispo de Turín, y por supuesto Tite y los laboratorios ¿Para qué querría el vaticano desacreditar la reliquia? “Ah, eso no lo sé, pero lo hicieron”. Y decidí que tenía mejores cosas que hacer.

    Recibo el Escéptico Digital, entro ocasionalmente en el blog de Calvo, en Magonia, en el de Scwartz y, menos a menudo por mi regular dominio del inglés, en Skeptical inquirer y en el blog de Randi, pero ¡qué caramba! Me he leído su trabajo de un tirón, Sr. Montero. Cosas conocidas, pero también muchas -para mí- novedades Felicidades

    • Gracias, Moreno. Trato de estar a la estela del trabajo de José Luis Calvo, que para mí es bastante más que pionero.
      Desde luego, discutir con los sindonistas es un poco agotador. Pero el tema me parece interesante y de más efecto que lo que se supone. Pero lo que me atrae del tema es como se mezclan el fetichismo científico y el religioso para dar lugar a un mito post-posmoderno. Es un fenómeno que debería estar más estudiado.

  2. Discutir con los sindonistas no es sólo que sea agotador, es que, además, con muy pocas excepciones es una pérdida de tiempo. Ellos ya “saben” que la Sábana Santa es la tela que amortajó a Jesús desde su entierro hasta su resurrección y ante ese “conocimiento” no hay prueba que valga. Aunque puede parecer que no tiene nada que ver con este tema, recomiendo la lectura del libro “Para entender a los extraterrestres” de Wiktor Stoczkowski, Acento editorial, Madrid 2001 que hace una lectura antropológica del porqué tuvieron éxito los disparates de von Däniken y otros. Muchos de los mecanismos que describe son igualmente válidos para intentar entender el porqué sigue habiendo sindonólogos.

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