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¿Sangre o pigmento? I. Química y microscopía.

25 de diciembre de 2012

ÍNDICE.

1. Frache.

2. McCrone.

3. Heller y Adler.

4. Polémicas.

4a. Fischer.

5. Conclusiones.

Una de las primeras polémicas en torno al lienzo de Turín enfrentó al STURP con Walter McCrone, un experto en microscopía que fue colaborador de la organización sindonista en su momento. Utilizando las cintas adhesivas que habían sido extraídas en 1978, llegó a la conclusión de que en la imagen del Sudario se podía observar partículas características de pigmentos bien conocidos en la Edad Media.La American Chemical Society recompensó a McCrone con su premio anual 2000 (Vanderlinde 2000), justamente por su trabajo sobre el lienzo de Turín, pero para los sindonistas su nombre se convirtió en sinónimo del diablo en persona. Fue expulsado del STURP (Cfr. aquí ), y si Ud. quiere insultar a un sindonista compare su trabajo con el de McCrone. Cuando Antonacci tuvo la mala ocurrencia de equiparar en negativo el trabajo de Rogers con el de McCrone, Barry Schwortz censuró su escrito en la página web oficiosa que mantiene. Hecho insólito en la historia de un sitio en el que cabe de todo. La mccronefobia puede llevar a verdaderos disparates maliciosos como afirmar que McCrone no publicó nunca fuera de su revista, Microscope, en publicaciones revisadas. Hasta cuatro veces he visto que repite T. Heimburger esta descalificación y dos veces Ford. Les hubiera sido fácil subsanar su error con sólo que hubieran echado un vistazo a la extensa bibliografía de McCrone (Weaver 2003).

Tadeo di Bartolo. Crucifixión. Escuela de Siena, hacia 1403

 


La respuesta vino de Alan Adler y John Heller, dos químicos pertenecientes al STURP a los que los sindonistas suelen calificar de expertos en hematología, cosa que ninguno de los dos era. Contrarrestaron el reconocido prestigio que McCrone tenía en el campo de la investigación con un artículo publicado en una revista de óptica (Applied Optics), que por aquellas fechas (en torno a los 80), publicó algunos artículos sindonistas.

Aquí me referiré a la parte del trabajo de Heller y Adler que se refiere a las manchas de sangre. Por otro lado, recuerdo que mi política es no interferir en los aspectos puramente científico-técnicos de este tipo de polémicas. No teniendo competencias para ello, me limitaré a describir lo menos subjetivamente que pueda los resultados que aducen unos y otros. Si algo tengo que añadir por mi cuenta será en temas referidos a la epistemología de los trabajos o a sus implicaciones no estrictamente técnicas.

1. Frache

En 1973, dentro del marco de los trabajos de la comisión encargada del estudio del lienzo, el laboratorio de Giorgio Frache de Modena aplicó a diez hilos una batería de test estándar para la detección de sangre. Todos dieron negativos. Las pruebas fueron la de bencidina, fluorescencia UV y espectrofotomicrometría. Sin embargo, Frache no consideró definitivos los resultados. Guido Filogamo y Alberto Zina hicieron análisis microscópicos en los que no encontraron rastro de sangre Además, determinados gránulos de sustancia roja no se disolvieron con glicerina, agua oxigenada o ácido acético, como es propio de la sangre. La amplitud de la muestra hace difícil que hubiera falsos negativos. Sin embargo, los científicos prefirieron no manifestarse sobre la naturaleza de estos restos. (Garlaschelli).

Sobre otros pigmentos encontrados en el lienzo la comisión se dividió, aunque se encontró abundantes muestras de pigmento, en especial oro. Nickell (1998:129) considera que esto era un claro indicio de aplicación de ocre rojo, puesto que acompañaba a este pigmento habitualmente en el arte del XIV. Brandone pensaba que era contaminación. Mientras que la experta en Historia del Arte de la Comisión, Naomi Gabrielli, remitió la figura a un artista de la escuela de Leonardo da Vinci (Calvo 2010).

 

2. McCrone.

El trabajo de McCrone (1990) establece dos puntos fundamentales y dos metodologías. El primero se basa en la observación microscópica y concluye que la presencia de numerosas partículas de Fe2O3 y HgS, apuntaba inequívocamente a dos pigmentos artísticos comunes del siglo XIV, el ocre rojo (parte corporal) y  el bermellón (manchas de sangre), junto con una témpera aglutinante de colágeno. También utilizó pruebas microquímicas (pese a lo que afirma Ford), para detectar la presencia de mercurio y cinabrio, que confirmaban la existencia de pigmentos. La presencia de HgS es especialmente significativa, puesto que si el Fe2O3 puede interpretarse como componente de la sangre, no ocurre lo mismo con el mercurio.

En una segunda fase, McCrone aplicó tests clásicos para la detección de sangre (Takiyama, Teichman y tratamiento con bencidina, al igual que con H2SO4 seguido por fluorescencia ultravioleta) a las manchas de “sangre” del sudario y a otras pruebas de control con sangre real. Los tests dieron negativo para las muestras del sudario de Turín. McCrone respondió a las críticas de que sus análisis no eran válidos para muestras de sangre antigua afirmando que dan reacciones similares para sedas de enterramientos persas y vendas de momias egipcias, aunque no especificó más al respecto.

La conclusión de McCrone es que, tanto la imagen como la sangre, fueron pintadas por un artista medieval utilizando técnicas, como la grisalla, bien conocidas en la época.

3. Heller y Adler.

La réplica sindonista se basa fundamentalmente en los trabajos de Heller y Adler, empezando por el publicado en Applied Optics (1980). En su primer artículo estos dos autores se muestran mucho menos tajantes que en posteriores publicaciones. Admiten haber encontrado restos de pigmentos, pero, aunque no los cuantifican como McCrone, consideran que su cantidad no es suficiente para producir la imagen. El trabajo se dedicó especialmente a demostrar la presencia de porfirina y hemoglobina. Pero en sus conclusiones reconoce en varias ocasiones que las pruebas no son concluyentes. De hecho, son completadas con hipótesis no demostradas. La presencia de hierro detectada mediante fluorescencia de rayos X se remite a un trabajo en prensa de Morris, Schwalbe y otros  y  la comparación con microespectrometría entre sangre antigua real y la del lienzo no resulta satisfactoria y debe ser explicada con una hipótesis no comprobada, los efectos del incendio de 1532. Finalmente aducen el mal estado de las muestras para explicar la imposibilidad de llegar a resultados determinantes con medios ópticos.

Tampoco el trabajo de Morris et allia (1980), que citan Adler y Heller, parece ser muy concluyente. “Dentro de los límites de los datos” de la fluorescencia con rayos X no encuentran una imagen característica de pigmentos. Pero concluyen que esto “no permite una identificación única” del origen de las manchas de sangre.

A partir de aquí es un poco difícil para una persona inexperta saber exactamente qué pruebas se hicieron por el grupo de STURP, cuándo y cuál era su alcance. David Ford, e que hace un resumen de la posición de Adler y Heller contra McCrone, contabiliza las siguientes (Ford 2000:2).

1. Detección de altos niveles de hierro mediante fluorescencia de rayos X.

2.  Espectros significativos con espectrofotomicrometría.

3.  Fluorescencia característica de porfirina mediante medios químicos y luz ultravioleta.

4.  Pruebas de hemocromógeno usando hidracina.

5. Pruebas de cianmetahemoglobina.

6. Tests de bilirrubina.

7. Tests de proteína.

8. Enzimas proteolíticas que no dejaron residuos.

El problema con esta lista es que las pruebas que se aducen no están referidas a un trabajo concreto. Como hemos visto, muchas de ellas no fueron reflejadas en los dos trabajos publicados por el grupo en 1980 y las que si lo hicieron no parecen haber arrojado un resultado demasiado concluyente. Curiosamente, Ford da citas más concretas (obra y página) de artículos de los autores que aportan resultados brutos no comentados (2000:3). Y naturalmente los datos son necesarios para una discusión de las conclusiones, que sin ellos son de escaso interés. El hecho de que Ford se refiera a los hallazgos de Heller y Adler mezclados con sus propias especulaciones y que el autor sea un licenciado en historia, es decir no especialista, tampoco ayuda especialmente.

Parece ser que el test determinante, que fue publicado en 1981, fue para Heller y Adler el de la hidracina, basado en que las partículas de óxido férrico no se disuelven con esta solución , y el de  fluorescamina, que produjo una curva típica de la sangre (Ford 2000:9,10). También el hecho de que no aparecieran suficientes impurezas en las muestras de sangre, excluía según ellos la presencia de pigmentos (Ford 2000:14).

 

4. Polémicas.

 Sobre estos temas, como otros, se produjo una acalorada discusión en la que no siempre los contendientes guardaron las debidas formas. En algunos casos, se aducía resultados contradictorios en sus análisis. Por ej.: La prueba de la fluorescamina, que según Adler y Heller producía una curva típica de sangre, venía a ser todo lo contrario según McCrone. Las abundantes partículas de HgS que, según McCrone, eran significativos del pigmento bermellón, son puramente residuales, según Adler y Heller. Algunos de los descubrimientos apuntaban a la sangre, otros contradecían esta interpretación. El hecho de que los resultados de Adler y Heller no fueran cuantificados y los de McCrone sólo en algunos puntos específicos, tampoco clarifica las cosas. El asunto se complica bastante cuando uno tiene que referirse a estudios de segunda mano que no son especialmente precisos (Ford o Heimburger), contienen errores y mezclan lo que son indicios con lo que, según los autores, eran pruebas concluyentes. Ford, por ejemplo, “deduce” por su cuenta que McCrone no pudo disolver las partículas de sangre en la prueba de bencidina (2000:4). El argumento es pintoresco: Frache dice que el test dio negativo y que no pudo disolver las partículas, McCrone dice que su prueba resultó también negativa, luego McCrone tampoco pudo disolver las partículas. Extraño silogismo.

Algunos aspectos llamativos de las manchas de sangre del sudario también han jugado contra la identificación como auténtica sangre. El color rojo es incompatible con las manchas de sangre antigua. Wilson escribió que un experto le dijo alguna vez haber observado ese fenómeno, pero la vaguedad de la cita la hace muy poco segura. La opinión generalizada es que la sangre envejecida adopta rápidamente un color muy oscuro, mientras que la del sudario de Turín es rojo pálido. Adler y Heller dijeron haber encontrado bilirrubina en sus pruebas. Puesto que la bilirrubina es amarilla, esto explicaría el color anaranjado y sería congruente con lo que podría pasar con heridas traumáticas. El hecho de que la bilirrubina desaparezca rápidamente en contacto con la luz solar y que su hallazgo no haya sido nunca presentado formalmente, no parece respaldar sus afirmaciones. Menos todavía porque experimentos de Niels Svensson muestran que amplios incrementos de la bilirrubina en la sangre no alteran su color (Svensson y Heimburger 2012: 2520).

En líneas generales, Adler y Heller rechazaban los argumentos de McCrone porque se basaban solamente en la observación con el microscopio óptico, que, según ellos era un método obsoleto, o porque utiliza tests de sangre que no servirían para residuos antiguos, mientras que McCrone rechazaba los trabajos de Adler y Heller porque ninguno de ellos concluye terminantemente la existencia de sangre y porque la inexperiencia de los sindonistas con el microscopio les impide captar lo que es evidente para un experto como él. Unos y otros se acusan mutuamente de modificar las conclusiones de manera arbitraria. Cuando se les calienta la boca los sindonistas consideran a McCrone un mentiroso y McCrone a los sindonistas unos fanáticos incompetentes. Entre otras lindezas.

4a. Fischer.

 En 1983 un conocido estudioso de temas paranormales desde el punto de vista “escéptico”, Joe Nickell, publicó una monografía sobre el Sudario de Turín, asesorado por un médico (Marvin M. Mueller) y un analista forense (John F. Fischer). Inquest on the Shroud of Turin. El libro fue actualizado y reeditado en 1998.  En el apéndice del mismo Fischer descarta los trabajos de Adler y Heller porque, a su juicio, resultados similares pueden ser obtenidos con otras sustancias vinculadas a la pintura con témpera. Fischer destaca especialmente la presencia de oro y apunta a la posibilidad de que haya intervenido el rojo garanza (rose madden) y critica que no se haya aplicado ninguna prueba específicamente dirigida a la detección de sangre.

En este punto voy a dejar la batería de réplicas y contrarréplicas porque para evaluarlas haría falta unos conocimientos expertos de los que carezco y que, dicho sea de paso, suelen estar ausentes en las polémicas de aficionados que pululan por la red.

Además, en el tema de la sangre son muchos los estudios que no vamos a considerar aquí. Los de Baima Bollone, por ejemplo, porque han sido publicados en revistas sindonistas que no han merecido la atención de los críticos. O los de Garza-Valdés que han sido desautorizados por el pleno del sindonismo. La pretensión de haber descubierto el grupo sanguíneo, e incluso el ADN, de las manchas de sangre, no ofrece mucha credibilidad ni siquiera para el ámbito síndonista. Los intentos de involucrar a Victor Tyron, experto en ADN, fueron airadamente desmentidos por él mismo, que se separó del grupo sindonista con acusaciones de “agendas ocultas” y “zelotismo en ciencia” (Nickell 1998:150).

Barna da Siena. 1350-55

 

5. Conclusiones.

 Pero que uno no sea un experto no quiere decir que no pueda sacar algunas conclusiones del maldito embrollo que suponen los debates entre pro y anti-sindonistas sobre la naturaleza de las manchas de sangre. Me basaré para ello en dos afirmaciones que nadie discute: que ningún sindonista ha aplicado un método reconocido para detección de sangre y que los métodos habituales que han aplicado los críticos no son válidos para sangre antigua. Empezaré por el segundo.

Adler y Heller acusaron a McCrone de haber utilizado unos métodos estándar de detección de sangre que no son válidos para sangre antigua. Tenían razón. Aunque McCrone aduce que sus métodos son válidos para manchas de sangre en tejidos antiguos, no proporciona datos precisos al respecto. Por el contrario, cualquiera que eche un vistazo a la literatura científica ad hoc se da cuenta inmediatamente de que el tema es espinoso y está lejos de ser resuelto a gusto de todos. Pero comoquiera que sea, una cosa está clara: ningún arqueólogo recurre a tests forenses habituales del tipo de los utilizados por Frache y McCrone, para detectar sangre antigua de siglos.

Pero el arma de Adler y Heller se vuelve contra ellos mismos. Porque también es cierto que nadie en el mundo de la Arqueología ha considerado las pruebas de detección de albúminas y porfirinas a las que ellos atribuyen tanto valor. En el campo de la hematología forense ni, lo que aquí interesa más, en la Arqueología nadie parece conocer a Adler y Heller ni sus métodos. Durante años de debates con sindonistas siempre he pedido bibliografía de antecedentes y consecuentes. Quizás me haya dirigido a las personas inadecuadas, pero al parecer tal bibliografía no existe. El trabajo de Adler y Heller parece ser un invento sin repercusión. Y los inventos sin repercusión no tienen demasiado sentido en la ciencia.

En conclusión, mientras no haya una investigación interdisciplinar e independiente, esto es, realizada por científicos no adscritos al cerrado mundo del sindonismo y especialistas en materias relevantes para el tema (Arqueología científica, historia del Arte y de los textiles, en especial), lo más riguroso es suspender el juicio y mantenerse a la espera. Eso no impide que cada cual esté capacitado para emitir sus conjeturas sobre estos temas basándose en los indicios que considere más fuertes. Pero eso no quiere decir que no quepan otras consideraciones que desarrollaré en la entrada siguiente.

Bibliografía.

Calvo, José Luis: “Inauguramos una nueva sección (V)”. Escritos desde el páramo. Sábana Santa. Publicado 17/11/2010. http://fenix.blogia.com/temas/sabana-santa.php

Ford, David: “The Shroud of Turin’s ‘Blood’ Images: Blood, or Paint? A History of Science Inquiry”. 10 December 2000. www.shroud.com/pdfs/ford1.pdf . Consultado 6-12-2014, 8:57.

Garlaschelli, Luigi: “E’  possibile  riprodurre   la  Sindone ?” http://sindone.weebly.com/reproduction.html . Sin fecha. Consultado 23/12/2012 8:26 .

Heller, John H. y Adler,Alan D.: “Blood on the Shroud of Turin”. Applied Optics, Vol. 19, Issue 16, pp. 2742-2744 (1980). http://www.opticsinfobase.org/ao/abstract.cfm?uri=ao-19-16-2742 (Acceso de pago).

Heller, J.H. y A.D. Adler : “A Chemical Investigation of the Shroud of Turin. ” Canadian Society of Forensic Journal 14: 81-103 (1981).

Jumper, E.J., A.D. Adler, J.P. Jackson, S.F. Pellicori, J.H. Heller, and J.R. Druzik:  “A Comprehensive Examination of the Various Stains and Images on the Shroud of Turin”. Archaeological Chemistry III, Joseph B. Lambert, ed. (Washington DC: American Chemical Society, 1984), 447-476.

McCrone, Walter: “The Shroud of Turin: blood or artist’s pigment?”. Accounts of Chemical Research ,1990, 23, 77-83 (Versión en castellano de Hernán Toro: “El Sudario de Turín: ¿sangre o pigmento artístico?”, Escépticos Colombia, http://www.escepticoscolombia.org/10/post/2006/08/el-sudario-de-turn-sangre-o-pigmento-artstico.html .  Consultado 16/12/2012 9:00).

Morris, R. A; Schwalbe, L. A. ; London, J. R. : “X-ray fluorescence investigation of the Shroud of Turin”. X-Ray Spectrometry, Volume 9, Issue 2, pages 40–47, April 1980. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/xrs.1300090203/pdf (Suscripción necesaria. Resumen: http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/xrs.1300090203/abstract ) .

Nickell, Joe: Inquest of the Shroud of  Turin,  New York, Prometheus Books, 1998

Svensson, Niels; Heimburger, Thibault: “Forensic aspects and blood chemistry of the Turin Shroud Man”. Scientific Research and Essays Vol. 7(29), pp. 2513-2525,  2012. http://www.academicjournals.org/sre/PDF/pdf2012/30JulSpeIss/Svensson%20and%20Heimburger.pdf

Vanderlinde, Bill: “American Chemical Society Honors Walter McCrone, Cites Work on Shroud of Turin”. Skeptical Inquirer  9/1/2000

Weaver, Robert: “The Life and Work of Walter C. McCrone Jr. – Bibliography and Selected Historical Facts”. Microscope,  Vol 51:1 31-44 (2003) www.mcri.org/CMSuploads/mccrone_bibliography-60509.pdf

5 comentarios
  1. Hola David.
    He estado releyendo todo lo referente a la sangre aquí, y donde he encontrado algo que pudiera serme de utilidad. Se me ha ocurrido al respecto algo sobre lo que estoy trabajando, pero necesito cierta información que no soy capaz de encontrar. Necesitaría saber, con respecto al incendio de 1532, cómo era exactamente el cofre que contenía la sábana (dimensiones, si estaba cubierto de plata por dentro…). De momento solo se que tenía unos 4 cm de grosor en sus paredes, siendo estas de madera, y que estaba cubierto por una capa de plata, cuyo grosor también desconozco. Necesito saber pues si por dentro también estaba cubierto de plata, es decir: la plata fundida que cayó en la sábana, ¿procedía del recubrimiento externo, o de uno interno?
    Necesito saber también cuánto tiempo aproximado duró dicho incendio, si es que esa información existe. Para encontrar ese dato consideré buscar el famoso y fraudulento experimento de Kouznetsov, pero además de no encontrarlo supuse que los posibles datos de tiempos que aportara tampoco serían muy fiables.
    Con respecto a la ubicación del cofre, tengo entendido que se encontraba en una especie de nicho en la pared del templo, protegido en su parte expuesta por una verja de hierro. Pero si fuera posible me gustaría que me lo confirmaras y aportaras algún dato más concreto a ese respecto.

    Obviamente si te pregunto todo esto, no es por que no tenga ganas de buscarlo y quiera darte guerra, es porque no logro encontrar la información y ahora ando algo liado.

    Lo que me traigo entre manos es realizar una serie de comprobaciones matemáticas para hallar un importante dato sobre el incendio. Dicho dato es importante para contrastarlo con los supuestos hallazgos de Adler y Heller sobre la sangre, los cuales creo que podría poner en duda si mi idea se confirmara. La cosa va, básicamente, de termodinámica, bioquímica y análisis forenses.
    Sé que puede sonar absurdo, pero cuando termine con ello verás que tiene mucho sentido.

    Te resumo lo que necesito:
    – Dimensiones del cofre y características externas e internas aproximadas (materiales).
    – Situación concreta del cofre durante el incendio.
    – Tiempo transcurrido (aproximado) desde que se declara el incendio hasta que sacan el cofre del templo.

    Si no tiempo o ganas, no te preocupes, que es normal jajaja. Y si no encuentras la información tampoco pasa nada. Veré como me apaño. En cualquier caso te estaré igualmente agradecido.

    Un saludo,

    Pedro.

    P.D: Creo que a Maest le caemos muy bien, sobre todo tú jaja.

  2. Pues a bote pronto no tengo mucha idea de los datos que pides. Sobre el incendio de 1997 se sabe más. Lógicamente. Pero sobre el de 1532 sólo he leído especulaciones.
    Siento no ser de utilidad. Si se me ocurre donde buscar te lo diré. (A lo mejor algún libro de Ian Wilson, que es el historiador oficial del lienzo).
    Sobre este tipo de cosas Maest dice que sabe mucho. A lo mejor él te saca de dudas.

    PS: después de años de pelear con Maest le he tomado algo así como afecto. Él no se lo cree, porque tiene el carácter un poco agrio, pero es verdad.

  3. Por si te interesa:

    • No estoy muy capacitado para valorar los debates científicos sobre la composición de las manchas de sangre en el lienzo de Turín, pero lo que escribes me parece muy convincente y sencillamente explicado. Muy interesante.
      Sí, parece que los sindonistas no sólo ven de otra manera que las demás personas sino que sangran de manera diferente. Mira que son raros.

  4. La verdad es que con unos conocimientos de química y bioquímica que no sean una cosa del otro mundo e informándose del principio que usan los test de sangre (hay por ahí páginas, sobre todo de protocolos de uso de reactivos para identificación de diversos compuestos) se da uno cuenta de esas cosas. No obstante haber hecho cosillas en laboratorio ayuda. Creí que no había aprendido mucho en su día pero ahora me doy dando cuenta de que la información estaba ahí en estado latente jaja. De lo que me estoy dando cuenta es de que los “sindonólogos” tiran sus teorías partiendo de dos premisas:
    – Que como la ciencia seria no les hace ni caso pueden decir las barbaridades que quieran, que estas pasan desapercibidas.
    – Que la mayor parte de la gente a la que quieren convencer no tiene formación científica, así que sus argumentos con atrezzo científico les parecen razonables.
    El problema lo tienen cuando llegan a gente que se informa o que por su formación sabe de lo que están hablando; y claro, les pillamos con el carrito de los helados jaja

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