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La molesta planta de un pie.

4 de febrero de 2013

ÍNDICE

1. La imagen frontal.

2. La  imagen dorsal.

1. La imagen frontal.

Hagamos una recapitulación:

No existe una tridimensionalidad “auténtica” y “única” de la imagen de Turín. Además, para que hubiera algo similar a una radiación que produjera una forma parecida la tela debería estar colocada en un plano horizontal y no como se supone con frecuencia reposando sobre el cuerpo. Las mediciones de Jumper y Jackson, como cualquier otra que suponga que la tela envuelve o reposa sobre el cuerpo son incompatibles con lo que se ve e incluso con su propia teorización (Nickell, 1998:89).

Sin embargo, intentando mantener a toda costa las características “imposibles de explicar” para la hipótesis de un artista medieval, los sindonistas se van a meter en un complicado berenjenal de contradicciones debidas a un detalle extraño: la huella de una planta del pie en la imagen dorsal del lienzo. La única explicación posible de esa huella es que las piernas estaban dobladas -esto es algo universalmente reconocido-, y este detalle va a ser fatal para el sindonismo.

En primer lugar, porque elimina todas las explicaciones con las que se ha querido justificar la relación cuerpo-tela sobre la base de un sujeto que yace en una losa con las piernas extendidas, tales como la de Jumper y Jackson, que he comentado antes. En esta posición, como se puede observar en la foto, la planta del pie no se apoya en la tela.

O la reconstrucción de Basso et allia (2000:4), que muestran la planta del pie en el aire y las piernas apenas flexionadas. La explicación de por qué algunos sindonistas utilizan la posición doblada de las piernas en sus hipótesis es que la colocación del cuerpo en una piedra plana con las piernas estiradas es la más lógica y acorde con las prácticas judías de enterramiento. En el caso de Basso et allia, las anomalías de la imagen -en especial que sea más ancha en la parte dorsal y que se vea la planta del pie-, obligaban a diseñar una losa realmente anómala en la historia de los enterramientos de la época, que no tendría ninguna explicación razonable. Una losa curva con una elevación para el torso y un apoyo para las plantas de los pies. Como una tumbona. Si no hacemos estos disimulos icónicos nos veríamos obligados a considerar que el cuerpo se depositó sobre un extraño soporte de este tipo (al que todavía quedaría curvar los lados para justificar la diferencia en las anchuras que detectan Basso et allia):

Isabel Piczek, 1995. Fig. O

 

En realidad, si colocáramos el cuerpo en una losa mortuoria de tipo judío,  que eran obviamente planas, la visión de la planta del pie exigiría las piernas notablemente más dobladas, pero Piczek se ve obligada a esta anomalía para explicar cómo es posible que los codos estén flexionados y las manos lleguen tranquilamente a tapar las partes pudendas, que es otra de las cosas anatómicamente raras del Hombre de Turín. A pesar de tanta extrañeza, admitiré por el momento la posición del cadáver, semi-incorporado en el torso y con un apoyo para los pies que no se sabe muy bien que función cumple, salvo intentar salvar las hipótesis ad hoc sindonistas. A efectos de ilustrar mi objeción actual sin tener que entrar en aspectos colaterales aceptaré este despropósito.

Dibujo de I. Piczek. Ibid.

 

Ahora hagamos un sencillo experimento que puede realizarse con cualquier programa de procesamiento de imágenes digitales. Yo he utilizado uno de Canon y lo he aplicado a la imagen que proporciona el sitio oficial del sudario en Turín. He bajado al máximo brillo y saturación y he aumentado el contraste. El resultado es éste:

Es decir, los puntos que sobresalen en la imagen son la punta de la nariz, la parte inferior del bigote, la barba, la parte baja de los pectorales y los dedos de un pie. Ahora desafío a cualquiera a que marque cuál es el plano que pasa por estos puntos en la posición que se supone. Ni en cualquier otra que tenga las piernas flexionadas. Ninguno. Imposible.

La cosa es igualmente sorprendente si entendemos a los puntos en que la sábana se debería alejar del cuerpo. Recordemos que según la teoría oficiosa del sindonismo, que procede de Jumper y Jackson, la tela pierde el color de la imagen cuando se aparta más de cinco centímetros de la piel. Pues entonces hay que decir que esta tela estaba extrañamente arrugada. Si Uds. miran atentamente van a encontrar zonas blancas en diversas partes del rostro.

Vuelvo a desafiarles a que me describan cuál es la extraña posición de una tela que se aleja de las órbitas oculares más de 5 cm, se acerca o aleja de la frente de forma caprichosa, deja huecos o picos en un lado de la nariz, bajo la boca, etc. Y llamo la atención sobre el hecho de que estas bambollas no tienen la forma de arrugas. Son bultos que se elevan de forma puntiaguda, círculos y otras formas que no pueden corresponder a ningún pliegue natural de un tejido. Los sindonistas han hecho muchos cálculos matemáticos impresionantes, recreaciones en 3D, Cristos virtuales y no sé qué más. Pero nunca han establecido el mapa de una sindone tan caprichosa. Obviamente, porque no coincide con las recreaciones de Jumper y Jackson, Basso et allia, Latendresse, Piczek ni nadie.

Y la cosa se pone más imposible en la parte dorsal de la imagen.

2. La imagen dorsal.  

Si la imagen frontal presenta problemas irresolubles para compaginar la teoría de la distancia de la tela al cuerpo y la aparición de una planta del pie, la parte dorsal de la imagen es igualmente inconsistente.

Tomemos esta imagen retocada igual que la anterior:

Tenemos unos extraños puntos de contacto. Aparece la nuca, pero no el cabello desparramado, una mancha en forma de V, con el pico en la cintura y las puntas bajo de los hombros, y la planta del pie. Tengan en cuenta de qué estamos hablando. En la posición que supone Piczek, que hemos tomado como base, habrían de aparecer los glúteos, pero no la cintura. Más aún, en la imagen del sudario se observan las pantorrillas y la parte inferior de los muslos.

Imagen frontal y posterior de las piernas

Pero esto es imposible con la teoría de la proporcionalidad entre distancia y pigmentación. Si la admitimos, como es afirmación universal entre sindonistas, recogida en todos los consensos habidos y por haber, las pantorrillas deberían estar a menos de cinco cm. de la tela (o dos, según la teoría de Latendresse , 2005:3), lo que no es posible con las piernas dobladas. Otras soluciones ad hoc han sido propuestas ocasionalmente.  Se ha supuesto que el lienzo podría estar sujeto con tiras al cuerpo. Desde luego esta hipótesis sería más conforme a lo que sabemos sobre el uso de vendas o tiras de tela para sujetar el sudario en los enterramientos judíos. Coincidiría con la única sindone entera que se ha conservado del siglo I, la de Akeldama. Pero esta posición no podría dar cuenta de la imagen, que debería haber sido más intensa en los puntos por los que pasaran las cuerdas o tiras de tejido y hubiera producido deformaciones al ser estirada. Otra hipótesis a la desesperada es que el cuerpo reposara en una capa espesa de algún material blando. Esa suposición está también en contradicción con la imagen, no sólo porque no se ha descubierto en el lienzo ningún tipo de restos de este imaginado material, sino porque al hundirse toda la espalda la tela hubiera estado adherida a ella y hubiera producido una imagen completa y homogénea. Esto significa que debemos abandonar cualquier posición en la que aparezcan las piernas dobladas. No sólo la de Piczek, sino cualquier otra. O tenemos que abandonar la teoría de la proporcionalidad entre la distancia de la tela al cuerpo y la intensidad de la imagen y todos los supuestos cálculos “científicos” que la demuestran indubitablemente. Pero si proponemos una posición supina con las piernas estiradas, ni podemos mantener tampoco la supuesta proporcionalidad distancia/imagen ni explicar la aparición de la planta del pie. Y si abandonamos la teoría de la proporcionalidad hemos de reconocer que las supuestas características “científicamente demostradas” de la imagen no están demostradas más que en la imaginación ilusoria del sindonismo. Y con ella caerán todas las matematizaciones y reconstrucciones que constituyen el núcleo de la teoría sindonista. Y hemos de empezar de nuevo.

Reconstrucción de una tumba judía del siglo I.

Ante este cúmulo de contradicciones la posición prácticamente unánime de los sindonistas es mirar para otro lado y continuar afirmando las características “científicamente demostradas”, sean siete u ochenta. Si ellos han calculado “científicamente” todo lo que hay que calcular, ¿cómo van a hacer caso de lo que tienen delante de sus ojos?

Naturalmente, hay una hipótesis que despeja todas las contradicciones. Si un artista o artesano pintó la imagen del lienzo de Turín, dejan de ser obstáculos insalvables. El artista no era realista, como no lo eran los pintores de fines de la Edad Media. Pintó lo que era verosímil en su época y no se preocupó de si lo que él encontraba hermoso podía ser la huella real de un cuerpo humano sobre una tela. Para aceptar esta solución sólo hay que añadir un supuesto. Los procesos de descomposición de la pintura o de otro método utilizado acabaron dejando la huella actual y desconocemos cuáles pudieron ser las circunstancias, las causas, que produjeron el efecto final. Es una suposición lógica y sencilla. Que no gusta a los sindonistas, claro está, porque contradice su punto de partida intocable: la autenticidad. Ni tampoco a los misteriólogos, porque supone reconocer que hay cosas que no podemos explicar y no se explican más porque se recurra a las fuerzas invisibles del más allá.

Bibliografía.

Basso, R.; Bianchini, G.; Fanti, G.: “Compatibilità fra immagine corporea digitalizzata e un manichino antropomorfo computerizzato”. Congresso Mondiale “Sindone 2000”, Orvieto, 27-29 Agosto 2000. http://www.dim.unipd.it/misure/fanti/Manikin.pdf .

Calvo, José Luis: “Inauguramos una nueva sección (VIII- y c)”. Escritos desde el páramo. Publicado: 17/11/2010 13:14. http://fenix.blogia.com/temas/sabana-santa.php . Consultado, 02/02/2013 08:58.

Latendresse, Mario: “The Turin Shroud Was Not Flattened Before the Images Formed and no Major Image Distortions Necessarily Occur from a Real Body”. 2005. http://www.sindonology.org/papers/latendresse2005a.pdf . Consultado 24/01/2013 9:11.

Nickell, Joe: Inquest of the Shroud of  Turin,  New York, Prometheus Books, 1998

Piczek, Isabel: “Is the Shroud of Turin a Painting?”. 1995. http://www.shroud.com/piczek.htm . Consultado 27/01/2013 8:56.

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