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El sindonismo como mito (IV). Indicios y pruebas.

25 de febrero de 2013

Esta sección está dirigida a rumiantes

El mito y otros pseudosaberes se diferencian del verdadero conocimiento en que blindan su mensaje de forma que sea inatacable. Bastante antes de Popper se sabe en epistemología que un enunciado que jamás puede resultar falso tampoco puede resultar verdadero. Es, propiamente hablando, un enunciado no significativo o lo que se llama “metafísico”.

(Nótese que esto es algo muy diferente de la persona que siempre cree tener razón. Si esa persona admite algunas condiciones en que su enunciado tendría que ser abandonado, y él así lo haría, aunque nunca lo hace en la práctica, esa persona habrá cometido un pecado de soberbia, pero no de metafísica).

La razón para rechazar este tipo de enunciados es que en nuestro conocimiento racional acerca del mundo hemos abandonado hace tiempo la pretensión de  obtener Verdades Absolutas. La ciencia debe elegir entre diversas hipótesis las más o menos probables. Y nuestro conocimiento cotidiano no es muy diferente del científico en este aspecto. Naturalmente, ciertas proposiciones son tan probables que podemos confundirlas con verdades indubitables sin cometer un desatino. Y otras tan absolutamente improbables que podemos llamarlas “imposibles”.

Cuando Luigi Gonella, asesor del arzobispado de Turín durante el proceso de datación del carbono 14, quiso quitarle fuerza a la prueba, cuyo resultado no le hacía nada de gracia, no se le ocurrió otra cosa que afirmar que, al fin y al cabo, hasta la ley de Gravedad es revisable. En realidad estaba diciendo una boutade malgré lui. A Harry Gove no le costó demasiado tomarle la palabra y señalar que si había dicho eso demostraba una gran confianza en los resultados de la datación (Gove, 1990:90). Porque la ley de Gravedad, al menos para el ámbito de los fenómenos terrestres, es una de las leyes que podríamos llamar “indubitables”. Se ha verificado tantas veces y de tantas maneras diferentes que hay que estar un poco grillado para ponerla en duda. En todo caso, si por razones muy especiales se pretende hacerlo, habría que oponerle una refutación tan fuerte como la confianza que tenemos en su validez. Imaginemos un técnico de la NASA que se basara en lo que le ha dicho la señora de la limpieza que le dijo su confesor para hacer los cálculos de aterrizaje sobre la base de una aceleración g=5’38. Naturalmente, sería destituido fulminantemente (habría que esperar que antes de la catástrofe). Pues el caso de los sindonistas es similar.

Bellas horas del duque de Berry. 1405-9.

Cuando un sindonista ha intentado por todos los medios tirar abajo la datación de 1988 y comienza a barruntar que no está teniendo demasiado éxito, siempre le queda un argumento en la recámara: la datación es una prueba más dentro de una batería de pruebas contrarias. En ciencia es la acumulación de pruebas lo que cuenta. Luego hay que repetir la prueba del carbono 14 hasta que se acople al resto de evidencias (las suyas, claro está). “Por otro lado es evidente que los resultados deben considerarse en su conjunto. Un resultado aislado del tipo que sea debe ser coherente con los demás. Si no es así es preciso revisar cómo se ha obtenido el mismo” (Heras et allia, 1998:2). “La arqueóloga Eugenia Nitowski afirmó: «En cualquier forma de investigación o disciplina científicas debe considerarse como concluyente el peso de la evidencia.  En arqueología, si hay diez líneas de evidencia, siendo la datación de carbono una de ellas, y estando en contradicción con las otras nueve, no hay apenas vacilación en desecharla, debido a una contaminación imprevista…»” (Marino y Prior, 2008:36).

Vamos a suponer que la datación de 14C fuera la única prueba de que el lienzo de Turín no es del siglo I. Hemos visto a lo largo de este blog que hay más, pero vamos a dejarlo así a efectos de esta argumentación. Como dice Nitowski, y esto es un tópico en ciencia como en cualquier otra rama del conocimiento, Ud. debe sopesar las evidencias y conceder su crédito a la o las que tengan más peso. Pero, a diferencia de lo que dice Nitowski, el peso mayor o menor de la evidencia no depende de la cantidad, sino también y ante todo de la calidad de las evidencias. Como dije más arriba, el “peso” de una verificación o refutación depende del grado de probabilidad que le atribuyamos. Llamarla “evidencia” no aclara gran cosa. En esta confusión se basó el alborozo del mundo sindonista ante una no demasiado precisa declaración inicial del laboratorio de Oxford tras el enésimo fallido intento de probar la inadecuación de la prueba de 1988. Allí se hablaba, efectivamente, de “evidencias” que sugerían que el lienzo podía ser más antiguo. Pero, y esto los sindonistas lo pasaban por alto, el Dr. Ramsey, responsable del laboratorio y firmante de la nota, no recomendaba sólo que se “afinara”, si era el caso, la prueba de la datación -aunque le parecía improbable que hubiera sido tan errónea-, sino también que se “reinterpretara las otras evidencias”. Parece ser que algo más tarde revisó esas “otras evidencias” y afirmaba: “ninguna evidencia directa sugiere que la datación original de radiocarbono no sea correcta”. (Cfr. Dos trabajos sin demasiada relevancia ).

Aquí Ramsey había salido de la inicial indeterminación del concepto de evidencia para distinguir claramente lo que es una evidencia indirecta (las alegadas por los sindonistas) y otra directa (la datación por radiocarbono). Y eso establecía claramente para él un peso considerablemente mayor en la segunda, por más que las otras pudieran ser nueve o veintitrés.

Todavía podría haber sido algo más duro Mr. Ramsey y haber distinguido entre pruebas, indicios, suposiciones y disparates. Porque de las tres cosas últimas hay abundancia en la literatura sindonista. De las primeras, pruebas, bastante pocas. Un ejemplo paradigmático es el extenso -para lo habitual en el sindonismo- trabajo de Marino y Prior (2008). A lo largo de sus 40 páginas, los autores nos ofrecen nada menos que 86 “evidencias” de que la datación de 1988 era errónea. ¡La hermana Nitowski estaría sin duda encantada! Sin embargo, un examen atento de la calidad de estas presuntas evidencias puede dejar en evidencia a sus autores, si se me permite el retruécano. Veamos algunas tomadas al azar.

 Edward Hall, Jefe del laboratorio de Oxford, notó la existencia de fibras extrañas en la muestra del C-14 (p. 5)

 El professor Savarino, consejero del cardenal Custodio afirma. “…Si la muestra tomada hubiera sido parte de un ‘remiendo invisible’ los resultados no serían fiables. Lo que es más, el sitio del que fueron realmente extraídas las muestras no excluye esta hipótesis” (p. 10).

Ray Rogers publica un artículo peer reviewed en la mundialmente renombrada revista Thermochimica Act. (p. 20).

El Reverendo Robert Wild S.J., un historiador jesuita que cree que el sudario es una falsificación del siglo XIV, escribió que “los resultados que concluyen una fecha tardía podrían ser atribuidos a contaminación, una sugestión no irracional a la luz de todo lo que ha padecido el sudario” (p. 29)

Etc., etc.

Si este tipo de “evidencias” son las que cabe contrastar con la prueba del carbono 14 para hacer un tanteador y contamos los puntos que ellos se atribuyen, hay que decir que los sindonistas ganan por goleada (¡85-1!). Pero, si se contabilizan los puntos conseguidos previa falta o fuera de juego, el sindonismo queda K.O. en el primer asalto. Dejando aparte a Marino y Prior, que al parecer son incapaces de reconocer un condicional, en este blog hemos estado repasando algunas de las pruebas que el sindonismo ha querido ofrecer a su favor. Hasta el momento, y creo que ya he repasado las más importantes, no hay ninguna evidencia, ni directa ni indirecta -por parafrasear a Ramsey-, de que la datación de 1988 deba ser revisada, ni los sindonistas  han sido capaces de explicar las extrañas anomalías de la imagen que imposibilitan que sea una copia espontánea de un cadáver y que implican la intervención de manos humanas para producir un artilugio fraudulento.

La datación por medio del carbono 14 es un método notablemente consolidado en la arqueología. Se usa miles de veces al año para ofrecer dataciones que, aunque en algunos casos puedan ser discutibles en su exactitud, no lo son hasta el punto de un desfase de la friolera de 2000 años. Todas las contra-pruebas que los sindonistas han propuesto han sido desestimadas por los expertos. Ni siquiera entre el bando sindonista existe unanimidad a la hora de defender esta o aquella alternativa a la datación. Unos se acusan a otros de estar defendiendo tonterías, incongruencias o cosas peores. Y la masa de indicios contrarios que afanosamente buscan día a día es de una vaguedad e imprecisión tal que no sirven como fundamento de nada, más allá de su fe inquebrantable. Dedicaré ahora una entrada a la vaguedad.

Bibliografía:

Gove, Harry E. (1990): “Dating the Turin Shroud – An Assessment”. Radiocarbon,  VOL  32,  No.  1,  1990,  P 87-92. https://journals.uair.arizona.edu/index.php/radiocarbon/article/view/1254/1259

Heras Moreno, Guillermo et allia (1998): “Estudio comparativo entre el Sudario de Oviedo y la Síndone de Turín”. III CONGRESSO INTERNAZIONALE DI STUDI SULLA SINDONE TORINO, 5/7 de Junio de 1998.

Marino, Joseph G.; Prior; Edwin J. (2008): “Chronological History of the Evidence for the Anomalous Nature of the C-14 Sample Area of the Shroud of Turin”. http://www.shroud.com/pdfs/chronology.pdf

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