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El sindonismo como mito (VII). Visiones y emociones.

12 de marzo de 2013

 

En estas entradas estoy analizando cómo, a través de diversas actividades multifacéticas (blogs, foros, peregrinaciones, artículos científicos, congresos ad hoc, etc.), se va formando un  cuerpo de creencias y ritos en torno a un mito a medias arcaico y a medias posmoderno, el del Santo Sudario. Pero aviso:

Esta sección está dirigida a rumiantes

Creo recordar que es Malinowski el que cuenta que, viajando en una piragua con algunos nativos, todos menos él, naturalmente, divisaron en la orilla una fabulosa serpiente gigante escabulléndose entre la maleza. Cuando dijo que no había visto el monstruo, los nativos se compadecieron de él por su incomprensible ceguera. Las visiones juegan un papel esencial en los mitos ritualizados y similares. El chamán oye voces, vuela… Los que asisten al milagro de la cuerda, del que habla Eliade en “El milagro de la cuerda y la prehistoria del espectáculo” (Eliade, 2000), ven como el ayudante del mago es descuartizado y vuelto a recomponer en el sentido literal de la palabra “ver”. A pesar de lo que el malintencionado pueda pensar, no se trata siempre de trucos de barraca de feria, sino de auténticas visiones.

Duccio de Buoninsegna. Madonna y el Niño. Siglo XIV



La función de las visiones míticas es importante en el mantenimiento de las creencias que dan cohesión al grupo. “Nosotros hemos visto; vosotros sois incapaces. Por algo será”. El mecanismo de refuerzo de la cohesión grupal, que puede ser tan fuerte que lleve a la marginación total del invidente, en el improbable caso que exista o se manifieste, funciona mediante una carga de emocionalidad que exige  al individuo normalizado que vea. Es un mecanismo que funciona de una manera mucho más trivial cuando los niños juegan con las clásicas ilusiones ópticas. El desconcierto y frustración de aquellos que no consiguen ver las imágenes escondidas van parejos con la conmiseración más o menos condescendiente que reciben por parte los “buenos videntes”. Si añadimos la carga emocional de los mitos, la tensión puede aumentar considerablemente, porque la creencia en un mito es algo más que un juego: da sentido al mundo frío de los hechos.

En “El hechicero y su magia”, Lévi-Strauss habla del pensamiento mágico del chamán como una “sobreabundancia de significantes” y lo compara, no de una manera totalmente peyorativa, al patológico. Sería una respuesta a la exigencia de sentido que el pensamiento “normal” no puede cumplir. El chamán existe porque el grupo necesita su función. Pero, al mismo tiempo que llena de significado su relato, el mito lo empapa de una emocionalidad que decide la dirección del mundo percibido.

Su mundo [el del mito] es dramático, de acciones, de fuerzas, de poderes en pugna. En todo fenómeno de la natura­leza no ve más que la colisión de estos poderes. La percepción mítica se halla impregnada siempre de es­tas cualidades emotivas; lo que se ve o se siente se halla rodeado de una atmósfera especial, de alegría o de pena, de angustia, de excitación, de exaltación o postración. No es posible hablar de las cosas como de una materia muerta o indiferente. Los objetos son benéficos o maléficos, amigables u hostiles, familiares o extraños, fascinadores y atrayentes o amenazadores y repelentes. Podemos reconstruir con facilidad esta for­ma elemental de la experiencia humana, pues tampoco en la vida del hombre civilizado ha perdido en modo alguno su fuerza original. Si nos encontramos bajo la acción de una emoción violenta, se conserva esta con­cepción dramática de las cosas. Ya no presentan su aspecto habitual, cambian bruscamente de fisonomía y se hallan matizadas con el tinte específico de nuestra pasión, con amor u odio, con temor o esperanza. Ape­nas si se puede imaginar un contraste mayor que el que existe entre esta dirección original de nuestra experiencia y el ideal de verdad introducido por la ciencia (Cassirer, 1965:119-20).

El mundo emocionalmente dirigido no es privativo de la mitomanía. Recientemente la psicología ha destacado la importancia de los procesos emotivos en el desarrollo normal de las facultades intelectuales (Goleman, Damasio, etc.). Pero lo característico del mito es una superabundancia emocional. La disidencia no es entendida como una alternativa errónea, sino como un ataque contra la línea de flotación del sentido del mundo propio. Si se admite, ocurre el naufragio. De ahí la agresividad con que el creyente en el mito responde a cualquier crítica y la intensidad del encauzamiento perceptivo. La crítica es simplemente inadmisible en las culturas del mito, al menos para los aspectos esenciales de éste. Por eso, la percepción misma está emocionalmente dirigida.

Jesús está en agonía hasta el fin de los tiempos. Es justo, es bueno sufrir con Él y darle gracias, cuando Él nos envía el dolor, para asociarnos con Él. Tenemos que finalizar, como escribe San Pablo, lo que falta en la pasión de Cristo, y con María, Su Madre y nuestra Madre, aceptar nuestro sufrimiento compartido fraternalmente y con alegría.

Desde luego, pocos sindonistas llegan al extremo de manifestar tan abiertamente un programa de vida religiosa como el Dr. Barbet (1965:XII), pero en muchos de sus informes más o menos científicos se traslucen cargas de emocionalidad no menos poderosas. Véase el clima de permanente conmoción con que Adler y Heller conducían sus experimentos, según Ford (2000). Otros sindonistas menos comprometidos con la cientificidad van directamente a un programa de acción de política teológica:

El éxito en estas pruebas [que el autor aconseja] encomendaría la declaración de autenticidad del Santo Sudario (y del Sudarium [de Oviedo]) al mundo a la Iglesia. Ello no sólo proclamará la autenticidad del “Icono de los Iconos”, sino también la validez del Evangelio de Jesucristo. Tal éxito sería una clara llamada a la unidad de la Cristiandad en corto plazo (Damon, 2002:33-34).

O de política a secas.

La noticia corrió por todo el mundo, algo amortiguada por el silencio comunista y por los otros súbditos del “Imperio”, se entiende, que ya estaban escaldados del éxito de Secondo Pía y se temían un nuevo éxito de la Sábana Santa. (Estartús, 2003:cap.4).

Realmente se entiende mal esto de que “los comunistas” en 1989 estaban tan preocupados por la Sábana Santa (no recuerdo ninguna carta de Engels al respecto, francamente), pero, dado que por en medio andaba El Imperio, que no creo que sea el austrohúngaro, cualquier cosa es posible y, en todo caso, queda clara la importancia universal que para los sindonólogos adquiere el Santo Lienzo. El futuro de la Humanidad está en juego.

Con semejante carga de emocionalidad, las visiones están a la orden del día. Leptones, flores, inscripciones, dientes, metacarpos, serenidad… Todo puede ser visto y la conmiseración o la maldición acompañan a los escépticos que no ven lo que ven los iniciados. Como para el vehemente sindonista es incomprensible que no se capte lo que se tiene ante los ojos, los debates derivan inmediatamente hacia una argumentación ad hominem que busca explicar con la mala índole del oponente lo que resulta inexplicable…para los buenos sindonistas. El Bien contra el Mal. “El Imperio” contraataca.

Naturalmente, los sindonistas serios, los “científicos”, intentan ponerse por encima de este rifirafe, al menos habitualmente. Sus broncas dialécticas internas, aunque algunas veces alcanzan una virulencia similar a la de los anatemas contra los escépticos, toman la apariencia de pugnas por el honor y la jerarquía dentro de la secta. Ocasionalmente, sin embargo, también algunos relámpagos en medio de un discurso aparentemente técnico y racional, demuestran que también ellos se están jugando algo más. O sea, el destino de su mundo. La Potencia de la Sábana Santa es tal que de ella se puede esperar la comunión directa con Cristo y su Santa Madre, la unión de toda la Cristiandad o la derrota final del Comunismo y “el Imperio”. No es extraño que los sindonistas se pongan tan nerviosos cuando se cuestiona sus creencias y se exalten cuando tienen visiones.

Bibliografía.

Barbet, Pierre (1965): La passion de N.-S. Jéus selon le chirurgien. Paris, Éditions Paulines. Consultado on-line http://mondieuetmontout.com/Pierre-Barbet-Docteur-La-passion-corporelle-de-Jesus.htm , 11/03/2013 07:58.

Cassirer, Ernst (1965): Antropología filosófica. México, Fondo de Cultura Económica, cuarta edición.

Damon, James (2002):. “The Mystical Shroud – The Images and Ressurrection. An Ecumenical Perspective”. Collegamento pro-Sindone. Consultado on-line http://www.shroud.it/DAMON.PDF , 11/03/2013 8.23 .

Eliade, Mircea (2000): “El milagro de la cuerda y la prehistoria del espectáculo” en   El vuelo mágico y otros ensayos. Barcelona, Siruela.

Estartús Rafael (2003): La Sábana Santa bajo la lupa de la ciencia, Ed. universidad de Piura. Consultado on line http://www.ing.udep.edu.pe/ensayos/sabanasanta/cap4.htm , 11/03/2013 08:32.

Ford, David (2000): “The Shroud of Turin’s ‘Blood’ Images: Blood, or Paint? A History of Science Inquiry”. 10 December 2000. www.shroud.com/pdfs/ford1.pdf . Consultado on line 11/03/2013 08:52.

Lévi-Strauss, Claude (1987): “El hechicero y su magia”, en Antropología estructural. Barcelona, Paidós.

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