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Manual de medicina forense sindonista (III). Más allá de los límites.

23 de abril de 2013

Índice.

1.Objetivos de la medicina sindonista.

2. Lo que ve (o no ve) el Dr. Villalaín.

3. Lo que un pintor no puede pintar.

1. Objetivos de la medicina sindonista.

Se puede hacer una autopsia de un cadáver, como cualquier otro trabajo científico, sin presuponer cuál ha de ser la conclusión. Pero también se puede hacer una autopsia con un interés muy concreto: demostrar que el preso murió en la enfermería o en un tiroteo. O que una imagen es la huella directa de un cuerpo real.

Gui de Chauliac. La disección. Grande Chirurgie. 1363.

Si nuestra motivación es muy fuerte en un sentido y nuestra aversión igual de intensa en el sentido contrario, es muy probable que veamos las cosas sólo en la dirección de nuestros intereses. Los objetivos del trabajo del Dr. Villalaín son más que manifiestos. El cargo que ocupa en el Centro Español de Sindonología es suficientemente elocuente al respecto. Y que el Dr. Villalaín parece muy propenso a dejarse llevar en sus análisis por sus motivaciones particulares creo que es algo que se ilustra bastante bien en los casos que comenté en la entrada anterior.

Así pues, se puede suponer que, aún antes del inicio de su investigación, el Dr. Villalaín tenía la “corazonada” de que hubo un hombre que murió crucificado en el siglo I con las heridas específicas de la Pasión que narran los evangelios, que se llamaba Jesús y que la imagen del lienzo de Turín es el calco de su cuerpo. Dicho sea sin eufemismos, que la sábana es la auténtica reliquia del cuerpo de Cristo. Y eso es lo que, punto por punto va a demostrar partiendo de fotografías del Sudario de Turín.

En realidad, su trabajo se ciñe, o debería hacerlo, a un tema particular, el de la rigidez cadavérica. La razón es muy simple: desde hace tiempo (Vermes, 1902) se ha señalado que la ausencia de aplastamientos en los glúteos y la espalda en el Hombre de Turín es incompatible con un cadáver que repose en una losa (Lavoie, 2010). El estudio del Dr. Villalaín es un intento de responder a esta objeción demostrando que el Hombre de Turín, o mejor dicho su cadáver, presentaba los síntomas de un rigor mortis en estado puro, si se me permite la expresión.

2. Lo que ve (o no ve) el Dr. Villalaín.

– Cabeza flexionada hacia delante y nuca elevada y tensa.

– Músculos esternocleidomastoideos, trapecio e inspiradores rígidos, lo mismo que el deltoides.

– El tórax, se encuentra dilatado, en inspiración forzada.

– Los músculos pectorales mayores se ven contraídos y salientes.

– La musculatura escapular se encuentra contraída y pegada a las costillas.

– Epigastrio hundido e hipogastrio prominente.

– Musculatura dorso-lumbar tensa.

– Lordosis lumbar acentuada.

– Glúteos intensamente marcados, especialmente el derecho.

– Piernas flexionadas, especialmente la derecha.

-Pie izquierdo más hiperextendido que el derecho. (Villalaín, 2010:112)

Pasemos por alto el hecho de que esta lista es un batiburrillo en el que se mezclan la descripción de la postura del Hombre de Turín (pie izquierdo) con los rasgos que debe tener un cadáver en situación de rigor mortis (epigastrio hundido). ¿Pero dónde ve el Dr. Villalaín  estos síntomas perfectos de una rigidez cadavérica? En ninguna parte. Se limita a recoger los datos que aporta el Dr. José Javier Domínguez en un volumen publicado por el Centro Español de Sindonología. Desconozco cuál es el cargo que el Dr. Domínguez ocupa en la Universidad de Navarra, porque no lo he encontrado en directorio de esta universidad. Él se limita a firmar como miembro de esta universidad, pero no indica en función de qué. Puede ser que ocupe un cargo muy secundario (becario o algo así) o que se haya jubilado. O que yo no haya buscado bien.En todo caso, podemos constatar algo que no dice mucho a favor del rigor científico del estudio que estoy comentando: no sólo es que el Dr. Villalaín se basa para su estudio en fotografías, sino que se basa en lo que alguien creyó ver en fotografías que, para más confusión, no sabemos cuáles son. Al menos Robert Bucklin (1970) nos dice que ha trabajado con copias de las fotografías de Enrie de 1930. No es mucho, pero algo es. Y lo significativo es que Bucklin no ve lo que ve Domínguez. Por ejemplo, el abdomen. Mientras que Domínguez ve el hipogastrio “prominente”, Bucklin ve el abdomen “plano” (1997).

Pero la capacidad visual del Dr. Domínguez me parece que es cercana a la de Supermán. Sobre todo cuando afirma que el esternocleidomastoideo se ve rígido. No sé si Uds. saben localizar el esternocleidomastoideo. Desde mi más tierna infancia me ha fascinado este músculo cuyo nombre parece un trabalenguas. Después de arduos esfuerzos conseguí pronunciarlo de una tirada, siendo el pasmo de mis compañeros de colegio e incluso el propio D. Vito, mi maestro de Primaria. Por si no saben muy bien por dónde anda les hago un enlace que clarifica la cosa.

Como pueden ver el músculo esternocleidomastoideo ocupa una posición interna en el cuello y para suponerlo rígido sin practicar una autopsia hay que tener una percepción muy clara de la zona. Vean Uds. mismos la zona del cuello del Hombre de Turín y juzguen cómo se ve allí el esternocleidomastoideo. Yo no digo más.

Pero no hace falta saber nada de anatomía forense para darse cuenta de que la afirmación acerca del esternocleidomastoideo es simplemente imposible. Si el Hombre de Turín tuviera inclinada la cabeza sobre el pecho, como pretende el dúo Domínguez-Villalaín, no habría distancia entre la perilla de la barba y el pecho, la barbilla taparía el cuello y la sábana colocada encima no podría reflejarlo.

Posición según una reproducción autorizada en la exposición de Sevilla de este año.

Pero, sin embargo, Uds. pueden comprobar como en la imagen se observa una pálida sombra de la parte inferior del cuello. Es decir, ni la imagen representa un hombre con “la cabeza flexionada hacia delante” ni en ella es posible contemplar ninguna ´”rigidez” de los músculos esternocleidomastoideos. Para hacer estas sencillas observaciones no hace falta pertenecer a ninguna universidad española, ser doctor en medicina, ni especialista en anatomía forense. Basta con mirar atentamente la imagen del lienzo, ponerse delante de un espejo… y no ser un “experto sindonólogo”.

Continuando con las contradicciones en las apreciaciones del Dr. Domínguez, se afirma que el tórax está dilatado. Aunque no se nos dice de dónde se infiere esta conclusión, es de suponer que del hecho de que una de las zonas que se ven más coloreadas en la imagen del Hombre de Turín es el pecho. Aunque no está muy claro si la parte superior o inferior y aunque los pectorales son tan raros que no tienen pezones, esta inferencia está totalmente equivocada. Domínguez supone que está viendo algo así como una fotografía y que la mayor coloración supondría una expansión torácica. Pero, como hemos visto en entradas anteriores, la idea general en el campo sindonista es que la imagen se formó proporcionalmente a la distancia con la tela. Sea en la versión de Jackson y Jumper, o en la de Latendresse, el sudario toca en bastantes puntos el cuerpo y estas son las zonas en que debe aparecer una coloración más intensa. (Descarto totalmente la situación del lienzo totalmente horizontal porque haría imposible la imagen que vemos, como comenté en las entradas anteriores.Traten Uds. de buscar en esta imagen por dónde iba una tela plana y verán que es imposible que coincida con la imagen del sudario de Turín).

Entonces, la mayor coloración del pecho en la imagen no quiere decir que éste se abombe, sino que la tela lo toca o se acerca más a él. Aunque el pecho estuviera en posición normal, esta cercanía produciría la coloración más intensa. El Dr. Domínguez ha partido, pues, de un supuesto inadecuado para hacer su estudio anatómico, sea éste más o menos correcto desde el punto de vista de la medicina.

3. Lo que un pintor no puede pintar.

Basándose en supuestos erróneos como los anteriores y en la serie de términos técnicos que se nos propone, los sindonistas llegan a una conclusión contundente que es repetida hasta la saciedad por los epígonos: ningún pintor podría reflejar los “exactos” datos anatómico-forenses que revela el lienzo de Turín.

Ya hemos visto cuán “exactas” pueden ser las observaciones de los expertos sindonólogos. Pero sus conocimientos sobre historia del Arte resultan ser igualmente deficientes. Para afirmar que un pintor de la época no podría reproducir una imagen similar a la del lienzo, habría que admitir que lo que los médicos sindonistas ven es lo que se puede ver, que los supuestos sobre la formación de la imagen son correctos y que un pintor del siglo XIV carecía de conocimientos de anatomía básica. Ya hemos visto que los dos primeros supuestos no son ciertos. Ni se ve lo que los médicos sindonistas dicen ver, ni su información sobre cómo se pudo producir la imagen es coherente con la misma. La tercera suposición es igualmente falsa.

Tomemos, por ejemplo, el abdomen inflado. Como acabo de decir, el hecho de que una parte del cuerpo presente mayor intensidad en la coloración no quiere decir que esté más hinchada, pero admitamos que el abdomen inflado (si es que lo estaba, que el Dr. Bucklin dice que no), es un rasgo típico de rigidez cadavérica y que se refleja en la imagen de Turín. Puestos a admitir, admitamos. Veamos, entonces las imágenes siguientes.

Mestro de las Horas de Rohan, c. 1430

Ugolino Lorenzetti, c. 1350.

Simone Martini (1280-1344)

Creo que son suficientes ejemplos para demostrar que los pintores de la época del sudario de Turín eran perfectamente capaces de simular los rasgos básicos de la anatomía y que el abdomen inflado, en el caso de que aparezca en el Hombre de Turín, era un rasgo común a la imaginería del final de la Edad Media con el que se representaba un cadáver. Nada hay de imposible en ello, sino más bien todo lo contrario. Baste recordar que los estudios anatómicos habían comenzado en el siglo XIII en las grandes universidades europeas y que, aunque todavía los convencionalismos idealistas están muy extendidos, se concede desde el Trecento italiano una gran atención al modelado realista del cuerpo humano. Los médicos sindonistas parecen estar todavía enganchados al estereotipo wikipédico de la tosquedad anatómica de la pintura medieval, sin advertir que la Edad Media es un periodo muy largo en el que caben bastante distinciones.

Porque el problema es que los forenses sindonistas, en lugar de atenerse a su especialidad, se nos meten a historiadores. Alguna vez tendré que hablar de esto.

Bibliografía.

Bucklin, Robert (1970): “The Legal and Medical Aspects of the Trial and Death of Christ”, Medicine, Science and the Law, January, 1970. Consultado on line, 12/04/2013 08:51, http://www.shroud.com/bucklin2.htm

Bucklin, Robert (1997): “An Autopsy on the Man of the Shroud”. Consultado on line, 12/04/2013 08:59. http://www.shroud.com/bucklin.htm

Lavoie, Gilbert: “A medical study of the surface anatomy of the image and a medical forensic evaluation of the blood marks of the Shroud of Turin in relation to image formation”. Proceedings of the International Workshop on the Scientific Approach to the Acheiropoietos Images, Frascati, ENEA, 2010. Consultado on line, 12/04/2013 08:23, http://www.acheiropoietos.info/proceedings/LavoieWeb.pdf  

 Vernes, Maurice (1902): « Le Saint Suaire de Turin », Revue scientifique, n° 20 du 17 mai 1902, pp. 613-623. Consultado on line, 12/04/2013 08:18, http://blog-dominique.autie.intexte.net/blogs/index.php/2006/04/16/maurice_vernes_le_saint_suaire_de_turin

Villalaín, José Delfín (2010): “Estudio de la rigidez cadavérica que presenta la Síndone de Turín”, Cuadernos de  Medicina Forense 2010; 16(1-2):109-123. Consultado on line, 12/04/2013 08:28, http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1135-76062010000100012&script=sci_arttext

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