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Manual de medicina forense sindonista (y IV). Consistencia científica.

24 de abril de 2013

Lejos de mi la audacia de negar competencia al Dr. Villalaín en los asuntos de su materia. Me resulta extraño que el rigor mortis que aquejaba, según él, al cadáver del Hombre de Turín fuera tan inestable que pasara de ser completo a ablandarse para permitir la manipulación de los brazos y los dedos (no de la cabeza o las piernas) y volviera luego a una rigidez total para que no se aplastaran los glúteos en la losa. Pero esto es lo que afirma el Dr. Villalaín y, como él es un forense experto, no hay por qué dudar de sus palabras, a menos que otro experto las contradiga.

Apocalipsis de Bamberg.Siglo XI

Así que hay que decir que el estudio sobre las condiciones y circunstancias de la rigidez cadavérica, al que el Dr. Villalaín dedica la mayor parte de su trabajo, parece muy serio a un ignorante como es quien esto escribe. La bibliografía especializada que se cita en él es realmente extensa y el hecho de que haya sido admitido el artículo en una revista con revisión inter pares da un punto de credibilidad a sus conclusiones.

Pero hay algunos aspectos de este trabajo, no de técnica forense, por supuesto, que despiertan unas cuantas dudas. Por ejemplo, lo de la revisión inter pares. En el margen derecho de la primera página del artículo podemos leer “Fecha de recepción: 17-FEB-2010. Fecha de aceptación: 1-MAR-2010”. Este es un dato que muchas revistas especializadas omiten, pero que importa y es de agradecer que aquí se incluya. Indica el tiempo pasado entre que el equipo de edición recibió el original y aceptó el informe de los revisores. Y hay que decir que los revisores de los Cuadernos de Medicina Forense son unos hachas. En menos de diez días -puesto que hay que descontar el lapso que se pierde pasando los originales de unos a otros-, han conseguido hacer lo que en revistas de prestigio cuesta meses. Pero es de temer que con esta celeridad que imprimieron a su tarea hayan descuidado algunos puntos importantes. Por ejemplo, la bibliografía.

A mí, títulos como “Ueber die Todtenstarre und die ihr nahe verwandten Zustände von Muskelstarre, mkit besonderer Berücksichtigung auf die Staatsarzneikunde”, me infunden un respeto rayano en la veneración. Sin embargo, otras maneras de citar en la bibliografía me parecen muy poco académicas. Lo digo por cosas como éstas: “Niderkorn PF. Cit. Polson” o “Cairns F. Med. J. Austral. 2: 585, 1952”. Pero esto puede considerarse un pequeño defecto de importancia meramente técnica, como el saltarse la convención universal de poner en cursiva los títulos de libros y entre comillas los artículos. Es lo primero que me enseñaron a mí en la materia de técnicas para la redacción de trabajos científicos, pero no tienen demasiada importancia para la evaluación del contenido. Más molesto me deja la aparición de “Benítez JJ. El enviado. Plaza & Janés. Barcelona, 1994”. Es decir, que entre tanta eminencia germánica y anglosajona se cuela el best seller de un famoso misteriólogo de tertulia radiofónica. O “Löring J. La Sábana Santa dos mil años después. Planeta testimonio Planeta. Barcelona, 2000”, es decir, un eminente misionero que ha desaparecido hace tiempo de los congresos sindonistas, probablemente por sus excesos verbales. Y lo peor no es que se citen en la bibliografía. Podría ser como material etnográfico. Sino que en el cuerpo del trabajo se tomen como autoridades en la materia. Si estas son las fuentes del Dr. Villalaín, apañados vamos.

Pero hay otros defectos más concretos que pasaron por alto los raudos revisores. El sudario de Oviedo es citado al menos en seis ocasiones para confirmar datos de relevancia para las conclusiones del trabajo relativos al tiempo que permaneció el cuerpo en la cruz antes y después de su muerte. A diferencia de otros médicos sindonistas, como el Dr. Bucklin o el Dr.Barbet, que se agarran a los relatos evangélicos como si fueran documentos históricos de primera mano, el Dr. Villalaín, más cauto, remite estos datos a lo que, según él, demuestra la investigación sobre el sudario de Oviedo. Pero en la bibliografía no aparecen estos trabajos que son tan importantes para las conclusiones acerca del sudario de Turín. Nos quedamos sin saber cuáles son “las investigaciones científicas, cada vez más abundantes y de mejor nivel, que se realizan actualmente tanto sobre (…) el Sudario de Oviedo” que permiten afirmar cosas tan concretas como que [según el sudario de Oviedo] “el sujeto murió colgado, a consecuencia de un fracaso cardíaco que originó un gran encharcamiento y edema pulmonar” o que “sabemos, por los cálculos realizados sobre el Sudario de Oviedo que, tras la muerte, se mantuvo colgado el cuerpo entre tres cuartos de hora y una hora”. Uno se queda pasmado al enterarse de que la ciencia forense puede afirmar un diagnóstico tan preciso a partir de un lienzo de 83×53 cm que, según la leyenda, cubría el rostro de Cristo, en el que sólo se ve unas manchas rojizas y que ha sido datado en el siglo VII (Salas, 2007). Uno espera que la bibliografía consultada permita contrastar tan sorprendentes afirmaciones, pero el Dr. Villalaín no las certifica con las pertinentes notas a pie de página y en la bibliografía no se incluye aparentemente ninguno de estos trabajos trascendentales que, según él, ha realizado el Centro Español de Sindonología o similares.

Sudario de Oviedo.

Es comprensible que, dada la celeridad con que los autores de la revisión inter pares actuaron, este tipo de cosas se les haya pasado por alto. O quizás ellos conozcan los trabajos que el Dr. Villalaín no cita pertinentemente y no se hayan dado cuenta de que quedan ocultos para el lector. O quizás nadie haya revisado seriamente el artículo que nos ocupa. En todo caso, al profano le queda la impresión de que el trabajo del Dr. Villalaín está bastante documentado sobre el tema general de la rigidez cadavérica, pero carece de los requisitos mínimos de un trabajo científico cuando se refiere al tema de los sudarios de Turín y Oviedo. Puede ser que alguien que hubiera revisado con ojo crítico el borrador de origen podría haber advertido a su autor de estos defectos y hubieran sido corregidos. O puede que el autor no tenga los estudios debidamente acreditados que presume acerca de la parte religiosa de su contenido y no pasen del nivel de los libros de J. J. Benítez. En ambos casos la conclusión no puede ser otra: el Dr. Villalaín no ha escrito un artículo científico sobre el lienzo de Turín. Sobre el rigor mortis, quizás sí. Pero son dos cosas distintas.

Bibliografía.

Salas, Ana (2007): “El Instituto Nacional de Toxicología sopesa abandonar la investigación sobre el Santo Sudario”, El Comercio, Oviedo, Domingo, 8 de julio de 2007

Villalaín, José Delfín (2010): “Estudio de la rigidez cadavérica que presenta la Síndone de Turín”, Cuadernos de  Medicina Forense 2010; 16(1-2):109-123. Consultado on line, 12/04/2013 08:28, http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1135-76062010000100012&script=sci_arttext

From → 3.4. Otros

One Comment
  1. Enviado el 24/04/2013 a las 11:00 pm

    Voy a divertirme un rato… El Dr. Villalaín no cita los maravillosos trabajos que “demuestran” tan portentosas afirmaciones sobre el Sudario de Oviedo porque incurriría en la autocita algo que suele ser mal visto en las revisiones inter pares por muy obtusos que sean los revisores. Vamos a verlo:
    “8.- El Hombre del Sudario padeció un gran edema pulmonar como consecuencia del proceso terminal.
    9.- Una vez ocurrida la muerte, el cadáver estuvo colocado en posición vertica, en torno a una hora…”
    Cita de la ponencia titulada “Estudio hematológico forense realizado sobre el <> de Oviedo” presentada por José Delfín Villalaín Blanco en el I Congreso Internacional sobre El Sudario de Oviedo en octubre de 1994. Es decir que esos estudios científicos son sus propios estudios. Dado que las actas están publicadas, su lectura proporciona momentos tan gloriosos para la historia de la Ciencia como la comprobación de que después de estarse dos días haciendo “pajas mentales” bajo la presidencia de honor de Su Majestad la Reina Doña Sofía llega el insigne Dr. Baima Bollone (sí, él) y les dice que su colaborador Mario Moroni envió en 1990 dos muestras del Santo Sudario de Oviedo (tomadas por Frei -cielosssss-) a laboratorios de Tucson y Toronto para su datación por C14 y que el resultado es con un c.i. del 95% Tucson 642-869 D.C. y Toronto 653-786 D.C., aunque, por supuesto, él es el primero que quita importancia a esa datación “Il dato non è di agevole interpretazione, in riferimento alle ben note difficoltà di datazione delle strutture tesili e delle particolari condizioni di conservazione del reperto…” Ciencia pura como no podía por menos de ser si consideramos que entre los ponentes figuraron también Celestino A. Cano, el padre Loring S.J., John P. Jackson o Alan Whanger.
    Por último, supongo que el Dr. Villalaín sabrá que en las nalgas hay varias capas de tejido adiposo cubriendo el glúteo mayor y que el rigor mortis (o la rigidez cadavérica, según prefiera llamarla) afecta a los músculos, así que pretender explicar que las nalgas no estén hundidas por el rigor mortis es algo muy divertido porque el tejido adiposo sí se deforma con rigor mortis o sin él. Ya me he divertido bastante por hoy…

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