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Retorno a Ítaca.

13 de mayo de 2013

Itaca

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

C. P. Cavafis.

Traducción, Pedro Bádenas de la Peña

 

 

 

Cuando empecé esta bitácora me propuse llegar a Ítaca. Pensaba en el viaje como un recorrido por diversos puertos que me llevara al definitivo. Dejar atrás cantos de sirena, cíclopes, magas traicioneras y vientos furiosos y descansar en casa.

Ahora estoy avistando Ítaca.

Pero, si alguien conoce la poesía de Kavafis, autor por el que tengo una debilidad extrema, sabrá que en el viaje a Ítaca lo importante no es la llegada, sino el propio viaje. Y si alguien no la conoce, directamente o con la versión musical de Llach/Riba, ahí arriba se la dejo para que se ilustre.

Así que creo que todo el o la que me lea comprenderá por qué ante las costas de Ítaca que se acercan en el horizonte doy media vuelta al timón y me alejo de la isla. Mejor no apresurar el fin del viaje. Todavía quedan otros puertos, pequeñas radas o caletas no demasiado conocidas, pero que piden demorarse un poco en ellas.

NOTA: La foto la recoge Álvaro Pérez en su blog Vagon293  . Va que ni anillo al dedo.

From → Breves

6 comentarios
  1. Con perdón de Kavafis (y de Machado, caminante, no hay camino…), lo malo que tiene el considerar que lo importante del viaje es el viaje en sí es que se corre el peligro de protagonizar lo que Fernando Fernán Gómez llamó El viaje a ninguna parte, un vagar inútil, un sinsentido, un desperdicio de la única vida que tenemos y que tendremos. Por ello Cartaphilus (o Ahasverus) es el arquetipo del maldito, eternamente errante, condenado a no poder establecerse en parte alguna hasta el Fin del Mundo. Eso es una maldición, por contra lo que Kavafis considera como tal:
    “Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
    La ciudad te seguirá. Vagarás
    por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
    y en estas mismas casas encanecerás.
    Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
    no hay barco para ti, no hay camino.”
    canto más viejo me hago se me asemeja mejor como ideal de vida. Ítaca puede parecer un destino magnífico, pero no hay nada de malo en Brazatortas.

    • Bueno, tal como yo lo veo hay que elegir un destino vital y ése es Ítaca. Lo que pasa es que yo había escogido la metáfora del viaje a Ítaca como la más modesta tarea de llegar a una conclusión sobre el santo lienzo y, como ya me imaginaba, cuando llegas a una conclusión te das cuenta de que te has dejado cosas por el camino. Y he visto la ocasión de colocar la poesía de Kavafis y no la he dejado pasar.

      Sí. También Kavafis tiene poemas depresivos sobre el fin del viaje y la vejez. Privilegios del poeta que no tiene por qué se coherente.

      • Por cierto, para el que sepa griego: no sé por qué la mayoría escribimos “Ítaca” con acento en la i. En griego es Ιθάκη, y el acento va en la a. Si alguien sabe de transliteraciones que me lo aclare, por favor.

  2. Dos cosas, en griego el acento era tonal no intensivo y, además, el nombre castellano no tiene porqué ser una mero reflejo del nombre griego. De hecho, la lectura de Ιθάκη que podemos hacer en español sería algo parecido a Izaquee.

    • Ah. Pues gracias, José Luis.

    • Odiseo permalink

      Enviado el 16/05/2013 a las 12:25 pm

      Yo tengo una duda mayor. Si en el original griego al protagonista se le llama Odiseo (Ὀδυσσεὺς), ¿cómo ha sido posible que en la traducción latina se le llame Ulises (Ulyssēs o Vlixes)? ¿Quizá algún error de transliteración en donde se confundiera la delta con la lambda?

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