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La fiabilidad de la datación por carbono-14 en los 80.

22 de mayo de 2013

ÍNDICE.

1. Científicos tirándose cosas a la cabeza.

2. Una comparación a doble ciego.

3. Ensayo cara al sudario de Turín.

4. Conclusiones.

Ninguna de las objeciones a la prueba del 14C por parte de los sindonistas ha sido publicada por un experto en este tipo de datación. Ni  mucho menos por un especialista en la historia de arqueología científica. Ingenieros, estadísticos, físicos, enfermeras, bibliotecarios y frailes se han creído capacitados para desautorizar no sólo a los especialistas de los laboratorios que las llevaron a cabo, sino a las opiniones de expertos que, como Gove, consideraban que probablemente “ninguna muestra de datación por radiocarbono ha sido sometida a un examen y tratamiento tan escrupuloso y cuidadoso, y quizás nunca volverá a hacerse así” (Gove, 1990:89). Esto explica por qué las descalificaciones caen a menudo en lo inverosímil y fantasioso. Entidades invisibles, contaminaciones imaginarias o, cuando ya no quedaba otra, tecno-milagros a la carta han sido esgrimidos como armas contra una prueba científica realizada en condiciones que no suelen ser habituales. Incluso arqueólogos profesionales han demostrado conocer muy poco del tema que estaban tratando o estar cegados por sus particulares a priori sindonistas cuando han pretendido descalificaciones arbitrarias del método del radiocarbono.

Duccio di Buoninsegna: Santas Mujeres en el sepulcro. 1308-11

Si esto son cosas de las que cualquiera, sin tener un conocimiento especial, puede darse cuenta, la capacidad del que escribe esta bitácora para adentrarse en los intríngulis de las ionizaciones, los 12C y las pruebas del chi-cuadrado está bajo mínimos. Quien quiera enterarse de las bases de la datación por radiocarbono tiene a donde acudir en bastantes páginas de Internet y alguna dedicada especialmente a la datación del lienzo de Turín, como ésta. Entre las páginas extranjeras, la de Gian Marco Rinaldi contiene artículos imprescindibles , en especial alguno sobre este tema de la datación. Pero, puesto que nadie está obligado a saber italiano (pese a que es bastante fácil para los hispanohablantes con sólo un diccionario y un poco de práctica), me parece útil hacer un resumen de un apartado de uno de estos artículos dedicado a “La cualidad de las dataciones en los años 80” (Rinaldi, 2012:III, §34ss). Como no tengo una formación especial en esta materia, más que un resumen al uso voy a hacer una serie de comentarios sobre algunos aspectos que llaman la atención a un lector simplemente curioso. Creo que son relevantes para comprender el ambiente en que se movía la datación de 1988 y no suelen sacarse a la palestra. Asumo los posibles gazapos técnicos que se puedan descubrir. El que desee más seguridad puede contrastar lo que digo con el artículo original.

Científicos tirándose los trastos a la cabeza.

Ver a los científicos enzarzados en ásperas peleas por quítame allá esa variable no es raro. Hasta que una teoría o un método son aceptados suele darse este tipo de broncas que, a veces, tienen tanto que ver con egos y negocios como con certezas y razones. En el caso de la arqueometría no es difícil que nuevos métodos de datación aparezcan y encuentren inmediatamente sus partidarios y detractores. El negocio de las antigüedades y los fraudes, el miedo a quedar en entredicho por haber validado un falso, la escasa formación tecnológica de los arqueólogos y la incierta datación de algunos objetos por medios tradicionales son probablemente acicates para las desavenencias irreconciliables. Sobre estas bases hubo en los años 80 del siglo pasado una polémica en torno a la validez del método de datación por radiocarbono y, en especial, alrededor de una técnica novísima, el AMS o Espectrometría de Masas con Acelerador. Pese a la ventaja de que era mucho menos agresiva con los objetos a datar, es decir, necesitaba destruir apenas unos milímetros de muestra, los resultados no habían resultado muy alentadores. El laboratorio de Oxford, uno de los pioneros en aplicar el AMS, había cometido errores de bulto en algún caso “envejeciendo” repetidamente una muestra en unos 300 años. Y esto provocaba a unos y otros.

Santas Mujeres en el sepulcro. 1197.

Una comparación a doble ciego.

En vista de esta polémica, se promovió una investigación internacional para comprobar la fiabilidad del método de radiocarbono. Sus fechas fueron prácticamente coincidentes con las fases de elaboración de la datación del lienzo de Turín, presentándose su informe final en el año 1990.

Intervinieron 38 laboratorios de todo el mundo. Sólo cinco de ellos utilizaron el método del AMS y el de Oxford no participó en el evento, lo que no dejaron de hacer notar sus adversarios. Que uno de los principales centros de Inglaterra faltara en un programa de origen británico (Britain’s Science and Engineering Research Council) dejaba en el aire la sospecha sobre la seguridad que los oxonienses tenían sobre lo que estaban haciendo.

Sin embargo, los resultados de los laboratorios que utilizaban el AMS y sí participaron en la confrontación no fueron ni peores ni mejores que los del resto. Quizás algo mejores, incluso.

Todos los laboratorios debieron datar, a doble ciego, unas muestras de objetos arqueológicos diversos. El resultado de las comparaciones fue que, aunque algunos laboratorios declaraban un margen de error exacto, otros sobreestimaban su capacidad en este punto y los errores doblaban o triplicaban lo que habían declarado. (Adviértase que toda datación por radiocarbono añade un valor , en forma de ±σ, a la fecha propuesta. Este valor significa el margen de error que el laboratorio concede a la media de cada una de las mediciones particulares de los subfragmentos de la muestra. Cf. Rinaldi, 2012:§3). Esta sigma declarada es la que resultó inferior a los datos reales.

En una investigación por su cuenta (§37), Rinaldi hace notar que las sigmas declaradas, esto es el margen de error que los laboratorios se concedían a sí mismos, en aquella época eran bastante más altos del que los participantes en la datación del lienzo de Turín se concedieron a sí mismos. Si la media del conjunto de los valores sigma para la prueba turinesa fue de 52,2, un análisis de las dataciones de edad similar en los laboratorios de Oxford y Harwell por estas fechas revela que reconocían un valor sigma de 76 y 77 respectivamente.

Resumiendo por mi parte estos datos se puede decir que en los años 80 el conjunto de los laboratorios, con honrosas excepciones, tendía a exagerar su fiabilidad, escondiendo el hecho de que errores de más de 300 años eran habituales. Naturalmente, esto no debería suponer un descrédito para ellos si lo que se trataba era de descubrir un fraude moderno de una estatuilla que se pretendía del Imperio Medio egipcio, pero para otro tipo de dataciones con objetivos más científicos podría pensarse que los clientes no quedarían totalmente satisfechos con estos márgenes reales de error. Nada de extrañar que se tratara de maquillar un poco la situación.

Debe advertirse, por otra parte, que estamos hablando de una situación histórica que no afecta a los métodos actuales de datación por radiocarbono, sustancialmente mejorados desde entonces.

Santas Mujeres en el sepulcro. Homiliario. Siglo XII.

 

Ensayo cara al sudario de Turín.

En medio de todo este trasiego, en el año 1984 se hizo una especie de ensayo de la futura datación del lienzo turinés, quizás con la intención de asegurar al cliente, es decir, la Iglesia, que tal cosa era posible. Fue su director el mismo de la prueba del 88, el Dr. Michael Tite, del museo Británico. Algunos sindonistas han escrito acerca de este ensayo como si se tratara de un fracaso clandestino. Algo así como los lanzamientos astronáuticos que las autoridades soviéticas ocultaban cuando salían mal. Nada de eso. Todo el mundo que estaba al tanto de los protocolos que se iban elaborando sabía lo que se estaba haciendo y supo los resultados, que se hicieron públicos en la revista Radiocarbon en el año 1986. Se mantuvo un único dato secreto: el nombre de los laboratorios, como en la prueba internacional de la que hablaba más arriba, para evitar que resultados negativos afectaran a su credibilidad futura. Participaron cuatro laboratorios con el método AMS (los tres que intervendrían en 1988 incluidos) y dos con el método tradicional. Entre los primeros alguno hubo de recurrir para la limpieza a servicios externos, puesto que ellos todavía no tenían a punto esta fase de la datación. Hubo que repetir una de las medidas porque el laboratorio encargado de la limpieza utilizó un método original que no resultó adecuado y produjo datos disparatados.

Se dató tres retales, uno egipcio del 3000 a.N.E. y otros dos peruanos. El resultado más llamativo fue que una de las dos muestras peruanas  fue datada entre los siglos XIV y XV, cuando razones estilísticas la habían situado en torno a 1200.

Las mediciones no superaron la prueba del chi cuadrado en relación con uno de los tejidos peruanos, a pesar de haberse concedido grados de dispersión muy altos, pero los laboratorios consideraron el resultado satisfactorio, que son dos cosas diferentes.

Conclusiones.

Algunos sindonistas han considerado que la datación de 1988 no superó la prueba del chi cuadrado y que, por tanto, debería descartarse y repetirse de nuevo. A lo largo del artículo que comento Rinaldi discute estas reclamaciones, que a su juicio se basan en una mala comprensión de los métodos estadísticos empleados por los laboratorios y el Museo Británico, y sostiene que, aunque no se hubiera superado el chi cuadrado, esto no supondría la obligación de repetir la prueba, sino de alargar el periodo de confianza que se había propuesto. Como se vio más arriba éste fue bastante más reducido de lo que era habitual en aquellas fechas. En opinión de Rinaldi muchas de las confusiones que podían detectarse en el escrito de Nature, que resumía los resultados, se deben a los intentos de armonizar datos elaborados con sistemas diferentes que, de haberse publicado sin más alteraciones, hubieran sido suficientemente indicativos de que la edad del lienzo no podía ser sino medieval. Por lo tanto, aunque con las técnicas perfeccionadas actuales se repitiera el experimento, lo que cabría esperar es una precisión mayor en la fecha propuesta, pero en modo alguno que se produjera una corrección de más de 1.000 años.

Me permito añadir una apostilla: se ha señalado en más de una ocasión que la actitud de los laboratorios no ha sido especialmente cooperativa con los que están interesados con el tema, sindonistas o no. El mismo Rinaldi ha tenido que hacer un esfuerzo de interpretación para entender determinadas cifras que no son claramente manifiestas o para elaborar una hipótesis sobre las contradicciones entre el último estudio de Tucson y otras medidas del tejido que se conocían por otros trabajos. Las informaciones que podrían aclarar algunos puntos se obtienen con cuentagotas y a veces con las aportaciones de personalidades dudosas que más bien embrollan que aportan soluciones. Contrasta este silencio con otras ocasiones en las que algunos participantes en el procedimiento de 1988 actuaron con contundencia, como en la réplica a los tejemanejes de Kuznetsov (Jull, Donahue & Damon, 1996).  Esta retraída actitud puede deberse a causas diversas. Las tensiones a las que los grupos de exaltados sindonistas someten a aquellos que mantienen posiciones que no cuadran con las suyas, hace poco apetecibles los enfrentamientos con ellos. Esto explicaría por qué Barrie Schwortz no tuvo problemas para obtener fotografías de la muestra de reserva de Tucson, tema que había alborotado bastante a la grey sindonista, que se dedicó a especular abundantemente sin tener nada claro. Parece ser que para algunas cosas basta tener buenos modales y saber comportarse. Las desaforadas acusaciones que fray Bonnet-Eymard lanzó a los vientos tras sus entrevistas con representantes de los laboratorios pueden haber enseñado a estos a mostrarse cautelosos. Pero también es posible hacer otras hipótesis.

En el contexto de la guerra interna entre los laboratorios de datación por radiocarbono y los arqueólogos en general, también es posible que los que participaron en la datación de 1988 quisieran dar una imagen de sí mismos y de su capacidad para producir resultados concluyentes que no correspondiera a las cifras que tenían sobre la mesa realmente. Es comprensible, que no disculpable, que algunos quisieran pulir un poco esas cifras para hacer que el intervalo de confianza fuera lo más estrecho posible y en estos retoques se hubiera de llegar a algunos acuerdos poco estrictos. Si esto es así pudo haber más de un rechazo a dejar que cualquiera que fuera se pusiera a husmear donde no debía o, en general, una tendencia a no explicar lo evidente, no sea que las cosas fueran menos contundentes de lo que se pretendía. Cierto que esto no es más que una hipótesis especulativa, con lo que se demuestra que también uno acaba contagiándose con los métodos infalibles de la “sindonología”.

La conclusión más lógica de todo esto es la que dio Christopher Ramsey, del laboratorio de Oxford, al Dr. Jackson: Se puede repetir la prueba del 14C si se quiere. Seguro que ahora sale mejor. Pero para eso hay que encontrar alguna razón para hacerlo y, en todo caso, sería sorprendente que diera un resultado muy diferente del que resultó en 1988.

Guillaume de Digulleville, Santas Mujeres en el sepulcro. Pèlerinage de Jésus-Christ, 1400.

Bibliografía.

 

Harry Gove: “Dating the Turin Shroud-An Assessment”. Radiocarbon, Vol 32, No. 1, 1990, pp. 87-92.

Jull, A. J. T.; Donahue, D. J. and Damon,  P. E.(1996): “Factors Affecting the Apparent Radiocarbon Age of Textiles: A Comment on ‘‘Effects of Fires and Biofractionation of Carbon Isotopes on Results of Radiocarbon Dating of Old Textiles: The Shroud of Turin’’, by D. A. Kouznetsov et al.”. Journal of Archaeological Science (1996) 23, pp. 157–160.

Rinaldi, Gian Marco: “La statistica della datazione della Sindone”, 2012. Consultado on line 22/05/2013 11.21, http://sindone.weebly.com/uploads/1/2/2/0/1220953/nature_statistica.pdf

From → 3.3.8.Otras

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