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Los templarios, un tal Bafomet y la cara de Templecombe.

28 de octubre de 2013

Les voy a ahorrar una prolija descripción de la calamitosa historia del fin de la orden de los templarios. Me limitaré a destacar que esta poderosa congregación, que había sido una fuerza de choque irremplazable durante las Cruzadas, tras su expulsión de Palestina finalizó abruptamente con el jaque mate de Felipe IV el Hermoso de Francia a principios del siglo XIV. Posiblemente acuciado por sus deudas, y echando un pulso a la Santa Sede, el rey francés declaró fuera de la ley a la Orden, detuvo a algunos de sus altos cargos y otros hermanos y los sometió a un terrible proceso con las inevitables torturas y declaraciones forzosas, que acabó con buena parte de ellos (el Gran Maestre incluido) en la hoguera y la orden disuelta por el Papa Clemente V, parece ser que a regañadientes. Todo esto lo pueden leer hasta en Wikipedia, con algún que otro trémolo inquietante de los que suelen ser habituales en esta enciclopedia interactiva.

Digo lo del trémolo porque con esto del proceso, las acusaciones de satanismo y homosexualidad, hogueras y demás parafernalia, los templarios han entrado en el imaginario popular rodeados de misterios y ocultismos. Así que no es de extrañar que casi todas las páginas y tertulias de misteriólogos profesionales y aficionados se hayan ocupado del Gran Maestre Jacques de Molnay y sus compañeros profusamente. Tengan pues cuidado cuando abran un buscador en Internet para enterarse del tema, porque esta tropa esoterista les caerá encima como un alud. El sindonismo no podía dejar pasar la ocasión. Hay una cierta tendencia a la misteriomanía entre los historiadores sindonistas. Algunos comparten su dedicación al lienzo santo con paseos con zombies, vampiros y extraterrestres. (Ian Wilson y Dan Scavone, por ejemplo). Así que no extraña que algunos/as se hayan dado un chapuzón en las aguas turbias de los caballeros templarios. En especial, Barbara Frale.

Ermita de Eunate. Camino de Santiago. Navarra. Siglo XII.

Barbara Frale es una historiadora que trabaja en el Archivo Secreto Vaticano, que, como su nombre indica, es cosa misteriosa en sí misma. No sorprende, pues, que su objetivo haya sido uno de los asuntos más recónditos del ya de por sí misterioso asunto del lienzo de Turín. Es decir, si suponemos que este paño es el auténtico sudario del Cristo, ¿dónde estuvo metido durante los siglos I al XIV? Aunque para algunos sindonistas este asunto estaba resuelto hasta principios del siglo XIII con los trabajos de Ian Wilson, cuando aparece crípticamente reseñado en el códice Pray, quedaba todavía la laguna entre 1200 y 1350, que no es poco. Barbara Frale encuentra la solución: estaba en manos de los templarios.

La base de la teoría de Frale es, por  un lado, el parecido (sólo el parecido -Calvo 2010b) del apellido de Geoffroi de Charney, el Preceptor de Normandía que fue quemado junto con el Gran Maestre Jacques de Molay, con la familia de Charny, propietaria de la tela en la segunda mitad del siglo XIV.  Por otro lado, la mención de un ídolo en forma de cabeza al que los templarios rendían pleitesía, si hemos de creer a algunas de sus declaraciones bajo tortura, al que llamaban “Baphomet”.

El trabajo de Frale recibió críticas tajantes (Nicolotti, Ciccone y Rinaldi (2009), incluso desde el ámbito sindonista (Poulle (2009); Wilson (2011)). Especialmente duro fue Ian Wilson que, pese a mantener la hipótesis de la estancia del lienzo de Turín entre los templarios, consideraba que Frale había cometido una falsificación semejante a la del famoso Kuznetsov. Al parecer, la investigadora italiana había afirmado haber descubierto algunos documentos que ya estaban descubiertos e incluso traducidos. Ella pretendía que en las declaraciones de tres templarios (bajo tortura, evidentemente), en las que mencionaban haber adorado un ídolo llamado Bafomet (que, aunque Frale no o dice, puede tratarse de una deformación de “Mahomet”), en realidad, hacían referencia al lienzo de Turín. Los análisis de los críticos desmontaron las afirmaciones de Frale, al descubrir que había hecho caso omiso de que los templarios mencionaban no una tela, sino una cabeza de madera o metal. Sólo en uno de los casos se consigna la palabra “lineum”, lino, pero la referencia parece un error de escriba, puesto que por el contexto de los procesos se infiere que debería constar “lingnum”, es decir, madera. Wilson añade que el adjetivo “lineum” sería gramaticalmente incorrecto y que Frale comete una de sus “falsificaciones” pretendiendo que está escrito lo que no se lee. En este sentido, Nicolotti sorprende a Frale utilizando un pseudónomo (“Giovanni Aquilanti”) para tratar de demostrar que donde se lee claramente “fusteum” en realidad se trata de “fustanium”. Juzguen Uds. acudiendo al artículo de Nicolotti (2010b:3) en el que aparece una foto del documento, porque éste es uno de los casos en que la cosa es más que evidente incluso para un lego en caligrafía medieval.

Todas estas manipulaciones y travestismos parece que no fueron del agrado de la mismísima Diócesis de Turín, que desautorizó a la autora, tratando a su libro de “modesto e inconcluyente”. Muy fino.

En todo caso, hago aquí una observación personal. Ni siquiera la única historiadora que conozco que haya salido en defensa de Frale, su colega sindonista Emanuela Marinelli, está dispuesta a reconocer que las declaraciones obtenidas bajo tortura sean significativas (Marinelli 2011:8). Si esto es así, cualquier discusión posterior parece centrarse en aspectos secundarios que atañen a la capacidad o incapacidad, honestidad o deshonestidad intelectual de los que han intervenido en la polémica, con Barbara Frale a la cabeza. Es este un asunto que tiene importancia secundaria, por lo menos para los objetivos de este blog.

Nos vamos a Templecombe.

En todo caso, el argumento de Frale, se basa en un error común a todos los sindonistas historiadores, o metidos a tales, que han intentado encontrar rastros del lienzo anteriores a la segunda mitad del siglo XIV. A todos ellos les basta la mención de un sudario o de un sudario pintado para concluir inmediatamente que estamos ante una aparición del de Lirey. (“Pulsión incontinente” llama Gramaglia a esta obsesión sindonista, de la que da algunas muestras. (2012:11)). Esta es una conclusión sin fundamento. Como vimos en otras entradas, el surgimiento de reliquias del sudario de Cristo en la Europa de los siglos XIII y XIV es masivo y, en algunos casos, esto incluye sudarios pintados con escenas o incluso con el rostro o el cuerpo entero. En los relatos se confunde con cierta frecuencia el sudario con la impronta de una cara, que apuntaría más bien al Mandylion o al Santo Rostro de Verónica. Todo ello hace que, para demostrar que una mención al sudario de Cristo está relacionada con el de Lirey, sea preciso aportar descripciones precisas que nos permitan establecer una comparación fiable. Cosa que los sindonistas nunca han hecho hasta la fecha. Para ellos basta que alguien mencione la palabra “sudario” o que tengan delante una cara barbada con el pelo largo, para que salgan a la calle dando gritos de “¡eureka!”, sin reparar en que van en pelotas, como vulgarmente se dice.

El caso de la cara de Templecombe es paradigmático.

Templecombe es una localidad inglesa que había albergado una encomienda templaria durante todo el siglo XIII y primeros años del XIV. Según algunas sindonistas, de la escuela italiana especialmente, esta pequeña localidad inglesa tendría una gran importancia para la sindonología porque en ella se encontró una de las pruebas de que la datación de 1988 estaba equivocada y el lienzo de Turín existía desde antes de 1350 y estuvo en manos de los caballeros templarios. Veamos la versión de Emanuela Marinelli (2011:4).

Durante la Segunda Guerra Mundial se encontró en Templecombe un panel de madera que “sin ninguna duda”, según Marinelli, representaba la cabeza de Cristo. La datación de radiocarbono que realizó el laboratorio de Oxford, situó el panel entre 1280-1440. Dado que los templarios estuvieron por aquellas fechas en Templecombe esto es una prueba de que ellos tenían el lienzo de Turín. Desprovista de toda retórica y ateniéndose a los hechos, esta es la versión corregida de Marinelli. En una primera versión había citado sólo la fecha de 1280, pero ante la crítica de Nicolotti, reconoció que había sido un error basado en una mala interpretación de un libro de Ian Wilson. Este error tiene su importancia, porque la presencia de los templarios en Temlecombe no pudo rebasar el año 1310, cuando fue definitivamente disuelta la orden. La media de la estimación de la datación de 14C estaba muy por encima de esta fecha y, dando la de 1280, que era la mínima estimada, se daba la impresión de que era fácilmente atribuible a los templarios, lo que no es el caso con los datos reales. En fin, un ligero despiste.

La simple enumeración de los hechos demuestra al lector imparcial que la argumentación no se sostiene. Harían falta muchos más elementos comunes para relacionar la cabeza de Templecombe con el sudario de Turín. Si añadimos algunos “detalles” que Marinelli y Frale olvidan, la distancia entre ambas imágenes se ensancha todavía más, no se reduce. A mi me parece definitiva la comparación visual.

Cabeza de Templecombe

La persona representada es un varón, con el pelo largo y la barba partida. Y aquí se acaban los parecidos. A diferencia del Hombre de Turín, el de Templecombe tiene los ojos y la boca abiertos y no presenta manchas de sangre. Se trata de un hombre vivo o la cabeza del Bautista, a lo que podría apuntar la barba partida, que se utilizaba en la época para representar a personajes orientales.

Otros datos: pese a lo que dice Frale (88) el panel de madera en el que está pintada la cara de Templecombe no se encontró en la Iglesia templaria, sino en una dependencia  anexa de fecha desconocida. Difícilmente podría haberse encontrado en la Iglesia de los templarios, puesto que ya había sido sustituida hacía tiempo por una iglesia más moderna y no quedaba nada de ella en 1944.

Nada en el panel indica, pues, su procedencia templaria. Aunque la madera fue datada en una época que parcialmente coincide con la presencia de los caballeros templarios en Templecombe en unos treinta años, sus características y las de la pintura implican que esta fue añadida con posterioridad a la elaboración de la tabla (Rinaldi, 2011). No se puede saber exactamente ni cuándo ni qué representa, salvo en una cosa: ciertamente no al Hombre de Turín.

ADENDA: Andrea Nicolotti me ha enviado amablemente la versión digital de su libro: I Templari e la Sindone. Storia di un falso. Roma, Salerno Editrice, 2011. Me pondré a leerlo enseguida y espero no tener que corregir demasiadas cosas.

Bibliografía.

Calvo, José Luis (2010a): Inauguramos una nueva sección (II); Publicado: 17/11/2010 18:32; “Sábana Santa”, Escritos desde el páramo. (Consultado 21/10/2013 8:17)

 Calvo, José Luis (2010b): Apostillas a La sábana santa ¡vaya timo!;  Publicado: 17/11/2010 18:08,  “Sábana Santa”, Escritos desde el páramo. (Consultado 21/10/2013 8:19)

Ciccone, Gaetano y Rinaldi, Gian Marco (2009): “Sindone e Templari: quali prove?”,  http://sindone.weebly.com/frale1.html versión revisada 11/11/2009. (Consultado on  line 21/10/2013 8.37)

Frale, Barbara (2009): I Templari e la sindone di Cristo, Bologna, ed. il Mulino.

Gramaglia, Angelo (2012): “Dei templari, della Sindone ed altri falsi”.  Historia Magistra, anno IV, nº 8

Lombatti, Antonio: Arecheologia biblica e storia della Chiesa. En el blog de Lombatti (http://www.antoniolombatti.it/B/Blog01-13/Blog01-13.html) se puede encontrar varias entradas dedicadas a Barbara Frale con o sin templarios. Por ej. ésta: http://www.antoniolombatti.it/B/Blog06-09/Voci/2009/8/30_Perfino_la_Diocesi_di_Torino_contro_le_teorie_di_Barbara_Frale.html , en la que se comenta la desafección de la Diócesis de Turín a las tesis de Frale. Lástima que el enlace no funciona. En ésta se puede encontrar una referencia http://archiviostorico.corriere.it/2009/settembre/01/Sindone_Templari_critiche_Torino_co_9_090901047.shtml .

Marinelli, Emanuela (2011): “Wiping the slate clean”, BSTS, Shroud Newsletter 74, December 2011, pp. 45-70. www.shroud.com/pdfs/n74part8.pdf (consultado 21/10/2013 08:57).

Nicolotti, Andrea (2010a): “Quale l’antigrafo e quale l’apografo? Giovanni Aquilanti e Barbara Frale, Mysterium Baphometis revelatum”,  30.04.2010

http://www.giornaledistoria.net/index.php?Uso=557D03012202017557720302777327 (Consultado 21/10/2013 8.50).

Nicolotti, Andrea (2010b): “«Chi ha cervelliera di vetro, non vada a battaglia di sassi». In risposta a Barbara Frale” 11.12.2010. http://www.giornaledistoria.net/index.php?Mestiere=557D0301220202755772030B777327  (Consultado 21/10/2013 8.45)

Poulle, Emmanuel (2009) : « Les sources de l’histoire du Linceul de Turin. Revue critique », Revue d’histoire ecclésiastique, 2009, vol 104, nº 3-4.

Rinaldi, Gian Marco (2011): “Templecombe: L’idolo nella legnaia”. Sindone Weebly. http://sindone.weebly.com/templecombe.html (Consultado on line 26/10/2013 9:31).

Wilson, Ian (2011): “The Shroud, the Knights Templar and  Barbara Frale”, BSTS, Newsletter No. 73 – June 2011 http://www.shroud.com/pdfs/n73part5.pdf (Consultado on line 21/10/2013 8:30).

2 comentarios
  1. Saludos Mo.
    Poco a poco estás haciendo un blog de referencia. Enhorabuena.

    • Gracias. Se hace lo que se puede. En realidad hago mucho de traducción de los trabajos de los italianos, Lombatti, Rinaldi, Nicolotti y otros que se lo curran realmente y sólo de vez en cuándo aporto alguna cosita.

      Aunque no intervenga, porque va más de pseudociencias que de pseudohistoria, que es lo mio, sigo tu blog que sigue igual de interesante.
      Un saludo.

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