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Los siglos perdidos de la Sábana Santa.

3 de diciembre de 2013

En más de una ocasión he comentado en esta bitácora la dificultad que supone para los sindonistas los siglos perdidos de la Sábana Santa, es decir, todos aquellos que transcurren antes de su “aparición” en la colegiata de Lirey hacia 1350, que es el único dato histórico fiable del que disponemos. Los esfuerzos especulativos para intentar rellenar este preocupante -para ellos- vacío se han dirigido preponderantemente al periodo que va desde la aparición del Mandylion en Edesa (hacia el siglo VI) a la misteriosa imagen de Bafomet, que habría estado en manos templarias hasta principios del siglo XIV. Entre los huecos que han merecido poca atención, o que han sido más difíciles de rellenar con la historia imaginativa propia de los sindonistas, se encuentra el periodo que va desde el momento mismo del descubrimiento de la tumba vacía que narran los evangelios hasta el milagroso descubrimiento del Mandylion, que habría sido previamente sepultado en las murallas de Edesa, según la leyenda.

Avignon. Antifonario. Final del siglo XIII, principios del XIV (Detalle)

Habitualmente el lapso se rellena con algunas vagas alusiones al periodo de persecuciones, previo al edicto de Milán, y a la iconoclastia propia de los primeros siglos del cristianismo o de algunas fases del Imperio Bizantino. Nada demasiado concreto, puesto que tanto la iconoclastia como las persecuciones fueron fenómenos intermitentes y difícilmente hubieran borrado todo rastro documental de tan preciosa reliquia.

Sobre este tema, Andrea Nicolotti me ha hecho llegar amablemente un artículo de Mauro Pesce,  “I Vangeli e la Sindone. Il lenzuolo del cadavere di Gesù nei più antichi testi cristiani”, que creo que tiene interés porque se refiere especialmente a los primeros años del cristianismo. Pesce ha sido profesor de historia en la Universidad de Bolonia. Tiene varios libros y numerosos artículos sobre el tema del cristianismo primitivo (su bibliografía aquí), y en alguna ocasión ha tocado el tema del lienzo de Turín. Siguiendo lo que ya empieza a ser una costumbre en este blog, funcionaré una vez más como traductor y comentarista oficioso del sector crítico italiano. No es una manía. Es que creo que vale la pena poner en conocimiento de quien caiga por aquí las aportaciones de autores que escriben en italiano. Naturalmente, si leen este idioma, que a mi me chifla y que no resulta difícil para un hispano hablante, harán mejor en acudir a las fuentes que reseño.

El texto de Pesce da un repaso a los escritos primitivos del cristianismo, señalando algunas diferencias o contradicciones entre ellos. Preferentemente las que se refieren a las telas que cubrieron el cadáver de Jesús. Los tres sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas), hablan de una tela grande o “sábana” con la que se envolvió el cadáver de Jesús desde el descendimiento, pero los primeros desacuerdos aparecen cuando Lucas hace mención a las telas (en plural) que descubrieron los discípulos al entrar en el sepulcro. (3) En el evangelio de Juan no hay mención a la “sábana” y sólo se habla de telas en plural (algunos exégetas traducen “vendas”, pero no parece correcto), y el sudario que cubría la cabeza. (4) Nótese que esta descripción del más tardío de los evangelios coincidiría mejor con lo que sabemos de las costumbres funerarias judías del siglo I y la tumba de Akeldama.

De Lisle Psalter. C. 1310. British Library. (Detalle)

En el apartado 4 Pesce analiza otros textos posteriores del primer cristianismo en los que no encuentra ningún rastro de mención a la imagen en la mortaja de Jesús. Sólo en uno de ellos, el Evangelio de los Hebreos, se dice que se conservó el lienzo. Según este texto, del que conocemos unos pocos pasajes que han sido datados entre el año 50 (Crossan 1994:490), y el 200 (fecha ante quem por la cita segura más antigua, la de Ireneo de Lyon), el propio Jesús entregó la tela del sudario a los sacerdotes del Templo. (Ev.heb. 17) Observa Pesce que este relato es palmariamente legendario y que, en todo caso, no hace mención a que en esa tela hubiera ninguna imagen. (7)

Se ha observado algunas veces que el argumento del silencio debe ser matizado. De que las fuentes disponibles no mencionen algún hecho no se puede inferir automáticamente que no existiera el evento. Sin embargo, cuando hay razones que implican que la fuente debería haber mencionado el hecho y no lo hace, el argumento del silencio tiene validez.

Por ejemplo, los judíos consideraban contaminante el contacto con un cadáver, lo que exigía una purificación estricta, según refiere Filón (Harrington 2007:81). Esta purificación implicaba baños rituales y lavado de la ropa de la persona afectada, de tal manera que esta no podía tocar nada hasta haberse purificado. En el contexto de un cristianismo muy posterior, que desconocía los rituales judíos del siglo I, este hecho podía ser pasado por alto y suponer a unos judíos literarios conservando como reliquias los lienzos de la pasión, pero, en realidad, tal proceder hubiera resultado inconcebible para los auténticos seguidores de Jesús. De la misma manera, el cristianismo primitivo conservó del judaísmo una aversión palpable por las imágenes directas de personas sagradas, incluida la de Jesús. La misma cruz era representada hasta bien entrado el siglo IV como un símbolo descarnado que se deformaba para convertirse en un staurograma (Renaut 2005:3).

Staurograma

No quiero decir que los primeros cristianos no creyeran en el papel de la cruz en el la muerte de Jesús, teoría mitista que no comparto, sino que su representación no era considerada aceptable como objeto físico. La oposición a la veneración de las imágenes era, justamente, una de las marcas identitarias que los primeros padres cristianos esgrimían contra el paganismo.

“Y tampoco honramos con muchos sacrificios y guirnaldas de flores tales deidades que los hombres han formado y que figuran en los santuarios, y después los llaman dioses, ya que sabemos que son cosas inanimadas y muertas, y no tienen la forma de Dios (porque nosotros no consideramos que Dios tiene una forma tal como algunos dicen que la han imitado en su honor), sino que tienen los nombres y las formas de los demonios malvados que han aparecido.” (Justino:  Primera Apología, 9, 1. Traducción personal a partir de la ed. de Josep Martí. El subrayado es mío).

El desinterés, cuando no hostilidad, de los cristianos por las imágenes era general. Arnobio, hacia finales del siglo III o principios del IV, recoge la ausencia de ornamentos e imágenes como la crítica que comúnmente se hacía a los cristianos. Aproximadamente de estas fechas, a mediados del siglo III, se encuentran las primeras pinturas cristianas conocidas, una mezcla de símbolos dionisíacos y cristianos. Aquí aparece lo que puede ser el rostro de Cristo, todavía en confusión sincrética y simbólica con el Sol (Tumba de San Pedro, en la Colina Vaticana, Beckwith:23).

Esta tendencia queda definitivamente sustituida por la caza de reliquias que emprendió la emperatriz Elena, madre de Constantino el Grande. Se trataba ahora de dar una forma a Dios y una objetivación a la fe. Las reliquias abundaron por todas partes, aunque de la que debía ser la reliquia de todas las reliquias, la auténtica imagen de Cristo, nadie dice palabra. La monja Egeria pasea arriba y abajo por los Santos Lugares en el siglo IV y no menciona para nada el santo sudario (ni el Mandylion tampoco, dicho sea de paso) (Calvo 2010:IV). Silencio. Misterioso -para los sindonistas-, silencio. No estoy diciendo que esto excluya la posibilidad de que el lienzo santo hubiera ido a parar a un escondrijo del que nadie hubera oído hablar durante siglos (imaginar posibilidades es un ejercicio libre y entretenido), sino que, lo mismo que el Mandylion tuvo su leyenda sobre su milagrosa aparición en Edesa, de haber existido el concepto de una impronta del cuerpo del mismísimo Cristo en su sudario no se puede dudar que hubiera aparecido alguno, como aparecieron hectómetros de pedazos de la cruz, kilos de espinas o cajas de clavos. Pero, en los primeros años del cristianismo nadie parecía tener el más mínimo interés por la imagen de Cristo en su mortaja. De hecho, esta representación quedaba excluida en la tradición que hablaba de vendas, no de sábana, y que ha perdurado en los iconos de la iglesia Ortodoxa.

Icono ruso. Hacia el siglo XVII. Detalle

En estas circunstancias, pensar que cualquier discípulo hubiera venerado un objeto considerado generalmente como impuro y lo hubiera transmitido cuidadosamente a otros cristianos hostiles a las imágenes es, cuanto menos, una suposición implausible. Y, aunque los siglos venideros intentaron dar una interpretación interesada al texto de Pablo en la segunda epístola a los Corintios, es obvio que el espíritu del Señor forma una imagen, pero en el alma del creyente que contempla su gloria, y esa imagen no tiene nada que ver con mortajas y tumbas.

Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2 Cor 3, 17-18).

Entre otras cosas, porque la imagen de Jesús como cadáver era totalmente opuesta a la del Cristo en su Gloria, que dominó la iconografía cristiana hasta que la influencia de la mentalidad franciscana en el siglo XIII, comenzó a imponer la reflexión sobre la muerte (Dunn 2003:23)… dando lugar a la aparición de la Sábana Santa en Lirey entre otras imágenes sacras de ultratumba.

Puedo acabar ahora con las conclusiones de Mauro Pesce.

Ningún texto de los primeros siglos cristianos hace mención de la imagen del lienzo de Turín, ni de que tal tipo de reliquia fuera buscada o de que imágenes similares jugaran algún papel en los ritos cristianos de los primeros siglos. Esta especie de imagen era totalmente ajena a la espiritualidad de los primeros cristianos y uno puede preguntarse legítimamente para qué la necesita la Iglesia del siglo XXI.
Es una interesante pregunta. En el caso de Mauro Pesce se trata de una interrogación que se responde sola o con otra adicional de corte reformador: ¿por qué no se vuelve a las esencias del primer cristianismo? En mi caso no comparto esta fe,  los problemas de la Madre Iglesia me son ajenos y tampoco creo que sea tan sencillo volver a sus primeros tiempos aún con toda la buena voluntad del mundo. En cierto sentido, todo este blog en su conjunto es como una gran respuesta. Pagana, eso sí. Y educadamente irreverente, espero.

Bibliografía.

Beckwith, John (2010): Arte paleocristiano y bizantino. Madrid, Ed. Cátedra, 3ª edición.

Calvo, José Luis (2010): “Inauguramos una nueva sección. IV”, en “Sábana Santa”, Escritos desde el páramo, http://fenix.blogia.com/temas/sabana-santa.php, Publicado: 17/11/2010 18:26. Consultado 27/11/2013 08:50.

Crossan, John D. (1994): Jesús: vida de un campesino judío. Barcelona, Ed. Crítica.

Dunn, James D. G. (2003): Jesus Remembered. Christianity in the Making. Vol. 1. Grand Rapids (Michigan), Cambridge; Eerdmans Publishing Co.

Harrington, Hannah (2007): The Purity Texts. London – New York, T&T Clark International.

Justí (1993): Primera apologia, en Josep Martí i Aixalà ed. Apologetes del segle II. Barcelona, Facultat de Teologia de Catalunya, Fundació Encilopèdia Catalana.

Pesce, Mauro (2010): “I Vangeli e la Sindone. Il lenzuolo del cadavere di Gesù nei più antichi testi cristiani”, Micromega, 2010/4, pp. 15-26. Consultado on line http://www.mauropesce.net/IT/index.php?option=com_content&view=article&id=101:il-lenzuolo-del-cadavere-di-gesu-nei-piu-antichi-testi-cristiani&catid=15&Itemid=185, 20/11/2013 11:13).

Piñero, Antonio ed. (2008): ¿Existió Jesús realmente? Madrid, Ed. Raíces. Caps. 1 al 5, para el mitismo.

Renaut, Luc (2005): “Christian crucifor symbols and magical charaktères”. Comunicación presentada en el coloquio Polytheismus-Monotheismus: Die Pragmatik religiösen Handelns in der Antike, (Erfurt, Facultad de Filosofía, 30/06/2005). Inédito. Consultado on line 25/11/2013 08:57, https://www.academia.edu/1586656/Christian_Cruciform_Symbols_and_Magical_Charakteres .

Los evangelios, junto con una amplia selección de literatura de los primeros siglos del cristianismo pueden ser consultados aquí: http://escrituras.tripod.com/

Para una consulta rápida del Antiguo y el Nuevo Testamento es útil este enlace: http://www.biblegateway.com/versions/?action=getVersionInfo&vid=60 . Como aquí se recoge la Biblia Reina-Valera, de amplia difusión entre las escuelas protestantes, pueden contrastarla con esta versión, también de consulta rápida, de Catholic.net: http://www.biblia.catholic.net/index.php?idlib2=4 .

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