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El Dr. Jackson, experto en Cristo-ciencia.

16 de febrero de 2014

Likewise, we need not attribute special or even supernatural powers to the matter comprising the Resurrecting body of Christ; rather, we could imagine that matter from the very beginning of times was set in motion anthropically so that, in the fullness of time, the Resurrection would occur in order to satisfy the theological requirement for the universe to exist. The Resurrection, in this way, could conceivably bring about seemingly incredible violations of natural phenomena, but upon close analysis, it is still the same matter obeying the same law as before. I think that the future of science and religion will show more and more clearly the possibilities of anthropically guided matter, matter that converges upon the ultimate purpose for which it was created in Christ.

TRADUCCIÓN:
Del mismo modo, no es necesario atribuir poderes especiales o incluso sobrenaturales a la materia que comprende el cuerpo de Cristo que resucita, sino que nos podemos imaginar que la materia desde el principio de los tiempos se puso en marcha antrópicamente para que, en la plenitud de los tiempos, la Resurrección se produjera con el fin de satisfacer el requisito teológico para que el universo exista. De esta manera, la Resurrección podría hacer concebible incluso violaciones aparentemente increíbles de los fenómenos naturales, que tras un análisis minucioso resultarían ser la misma materia obediente a la misma ley que antes. Creo que en el futuro de la ciencia y la religión se mostrará cada vez más claramente las posibilidades de la materia antrópicamente guiada, materia que converge sobre el fin último para el que fue creada en Cristo.

John Jackson: “Thoughts on the Unification of Religion and Science in the Twenty First Century and.Beyond”, en History, Science, Theology and the Shroud; Symposium on the Shroud of Turin,  p. 24.

En contra de lo que suelo hacer en esta bitácora he incluido el texto que inicia esta entrada en su idioma original y en mi (espero que no demasiado chapucera) traducción. Porque el tema de que voy a ocuparme es de tan tremenda trascendencia y de tan sutiles implicaciones que no quiero pillarme los deditos de la mano. Por supuesto, lo aconsejo sólo a los…

rumiantes

El Dr. John P. Jackson, capitán del Ejército del Aire estadounidense -si no subió de categoría sin que yo me enterase-, fue el autor de una de las más imaginativas teorías acerca de la formación de la efigie en la Sábana Santa. Según él, en el momento en que el cuerpo de Nuestro Señor se desmaterializó (para darse una vuelta por los Infiernos, según tradición, o para otro menester), el lienzo que lo cubría se fue viniendo abajo de acuerdo con la Ley de Gravedad. Pero, con celeridad propia de lo divino, al tiempo que el cadáver se hacía “mecánicamente transparente” (el término es de jacksoniana invención para decir que desaparecía) (1991b), se fueron produciendo una serie de microrreacciones nucleares que emitieron una radiación desconocida que fue imprimiendo la tela. No relato más pormenores de la teoría porque con sólo lo dicho cualquiera puede darse cuenta de que se halla ante una hipótesis tan revolucionaria que escapa a la comprensión de los que, como es mi caso, carecemos de fundamentos teóricos adecuados. La Teoría de la Relatividad parece un juego de niños comparada con esto.

Pero el Dr. John Jackson no se limitó a ciertos aspectos de la Física Teórica aplicada a los cuerpos que resucitan, sino que también elaboró, en consonancia con ella, una ambiciosa síntesis entre las ciencias físicas y la teología, que es lo que voy a comentar ahora. Cómo esta nueva empresa del Dr. Jackson es no menos innovadora y radical que su explicación de la formación de la imagen del Hombre de Turín, he decidido acuñar un nuevo término que agilice su referencia: la Cristo-ciencia. Estoy seguro que si este término no ha sido patentado antes como hermano gemelo de la sindonología es porque el artículo de Jackson ha pasado incomprensiblemente desapercibido en el mundo sindonista y en el otro. Se trata de “Thoughts on the Unification of Religion and Science in the Twenty First Century and Beyond”, texto de una conferencia pronunciada en la muy jesuítica Universidad de Saint Louis en 1991, con ocasión de un Simposio sobre el lienzo santo, a la que acudió un sector significado del sindonismo norteamericano y el Hermano Bruno Bonnet-Eymard.  (Cf. bibliografía).

En la introducción al trabajo el Dr. Jackson nos advierte con poderosa voz de los peligros que se avecinan a nuestra sociedad debido al incremento de las ideologías descreídas de Dios y su Hijo. Según esta no demasiado innovadora tesis (tiene ya unos cuántos siglos), los científicos -¿o son los ateos?-, no pueden tener idea buena y como cada vez hay más que gente influida por el “modo científico” de pensar esto va directo al Armagedón o como se diga. Dado que el Dr. Jackson no parece tener muy claro si está tronando contra el cientificismo ateo o contra la ciencia -a veces parece que habla de unos y otras de lo otro-, dado que la tesis me parece muy poco acorde con lo que muestra la historia (ya saben, hogueras de la Inquisición, exterminio de paganos y esas cosas), y que la encuentro pura ética para catecúmenos, pasaré por alto este entrante del artículo y me iré al plato fuerte: la Cristo-ciencia.

Como decía, el Dr. Jackson cree que un mundo dirigido por científicos sin el auxilio de la fe auténtica sería o es un desastre. Pero, en su opinión, el debate entre ciencia y fe se ha planteado de dos maneras equivocadas. En el caso de los cientificistas ateos porque afirman una oposición entre ciencia y fe que no existe. La ciencia demostraría que la fe es un falso camino a la Verdad. En el de otros pensamientos más conciliadores, porque las han presentado como dos caminos paralelos que no se cruzan. La ciencia se ocuparía del mundo y la fe del otro mundo. Y no. Ciencia y teología no son ni opuestas ni indiferentes cuando se entienden como Dios manda y el Dr. Jackson nos enseña. Cuando se examina los resultados de la ciencia correctamente y se está al tanto de las nuevas teorías de la Física salta a la vista que la Teología es ni más ni menos que el necesario presupuesto de toda Física y de toda Cosmología. No se trata de renovar la vieja concepción tomista de la Razón como sierva de la Teología (o quizás sí), sino de que el propio análisis de la ciencia nos lleva a la necesidad de la Teología.

El pilar básico del pensamiento jacksoniano es la teoría Antrópica en su versión fuerte, desarrollada con unos toques de lógica cristológica que ponen las cosas en su punto.

Para presentar la teoría o principio Antrópico, el Dr. Jackson echa mano de dos ideas derivadas de la Física Cuántica y de la teoría del Big Bang (1991a:18ss). Según su interpretación, el Principio de Indeterminación implica que no se puede fijar un estado del universo si no es observado. Y la teoría del Big Bang implica que de todos los infinitos estados posibles del Universo en el momento de la gran explosión, sólo se materializó el que permitía la vida humana, lo que es absolutamente improbable con las leyes de la probabilidad en la mano. “La Física parece converger en la idea de que el universo está finamente sintonizado para permitir que la vida, particularmente la humana, exista en su interior” (Ibid:18). [¿Han oído hablar del “diseño inteligente”?]. Pero, de acuerdo con el principio de Indeterminación “un Universo que no admita un observador [inteligente] no tiene sentido, y por eso no puede existir” (Ibid).

Si Uds. no sacan las consecuencias pertinentes de estos dos corolarios es que son burros/as. O que no saben con quién se la están jugando.

Pero lo que no podrán averiguar por mucho que se esfuercen es cómo es posible que los principios infalibles de la Física antrópica y el Big Bang puedan acabar en el lienzo de Turín. Afortunadamente el Dr. Jackson nos lo explica. Para más claridad numeraré los pasos de este razonamiento implacable que parte, recuerden Uds., de la necesidad de la existencia de Dios para explicar la Física y la Astronomía modernas bien entendidas..

1. Dios existe, pues.
2. Dios es Uno y Trino.
3. Dios es autosuficiente.
4. Dios es Amor.
5. El Amor, por su propia naturaleza, genera la realidad. Así de suyo.
6. Pero el Mal destruye la realidad. De suyo, se supone también.
7. Esta realidad no puede ser una realidad mecánica, sino consciente, para que pueda amar. Si fuera mecánica sería muy fea y, según el Dr. Jackson, Dios es no sólo Bueno del Todo sino un Artista.
8. Y ahora viene un párrafo de una profundidad cristo-científica que pasma. Lo voy a reproducir casi entero no vaya a ser que me salte algo importante:
8.1. Dios tiene un problema. [Cómo demonios, -si se me permite la expresión-, un ser que es omnisciente y omnipotente puede tener un problema es algo que no acabo de entender, pero el Dr. Jackson lo deja claramente dicho: “but therein lies the crux of the problem for a living God”. Bueno pues, Dios tiene un problema y no hay nada más que decir]. El problema consiste en que Dios tiene una doble personalidad, por así decirlo: por una parte es Amor y por otra Justicia.
8.2. La parte que es Amor crea un mundo amoroso.
8.3. Pero el amor no puede existir sin su contrario (¿cómo iba nadie a reconocer que algo es amor si no lo compara con el odio?), así que tiene que crear el Amor y el Odio.
8.3.1. Que el Odio, o sea el Mal, existe no hace falta demostrarlo. Se ve en cuánto que echas un vistazo alrededor.
8.4. Pero Dios es Justicia Perfecta y la justicia no puede dejar que el odio y el mal existan. Sin contar con que el mundo quedaba hecho un asco desde el punto de vista estético y dejaría a Dios fatal.
8.6. Así que la Justicia Divina y el Amor Divino decidieron que fuera el Hijo el que pagara el pato y lo enviaron a la Tierra a ser crucificado.
8.7. Primera consecuencia, pues: Cristo tenía que ser crucificado para resolver el conflicto entre el Amor Divino y la Justicia Divina. En este punto, el Dr. Jackson nos avisa de que esta primera conclusión viene de la parte teológica de la cristo-ciencia. Era una advertencia necesaria.
8.8. Pero ahora retoma el Principio Antrópico, principio fundamental de la parte puramente científica de la cristo-ciencia, para explicarnos por qué era apodícticamente necesario que Jesús resucitara.
8.8.1. Con Jesús muerto el mundo seguía siendo feo.
8.8.2. Y sin finalidad.
8.8.3. Por lo tanto, Jesús debía resucitar para dar una finalidad al mundo. “La Resurrección el realmente el Big Bang. Sin ella el mundo no habría existido” (1991a: 22)

Bible historial. Petrus Comestus. Hacia 1420.

En este momento el Dr. Jackson da por concluida su serie de argumentaciones y nos deja con la miel en los labios. Hubiera sido interesante que siguiera desarrollando la teoría de la cristo-ciencia hasta llegar al momento de la “transparencia mecánica”, la formación de la imagen del lienzo de Turín y la llamada vocacional del STURP en los orígenes de la “sindonología”. En lugar de ello, vuelve a los principios de la Física Antrópica, para lo que nos remite a un artículo de Scientific American, que es la versión original estadounidense de Investigación y Ciencia. Basar los principios de una revolución de paradigma, como la que supone la cristo-ciencia, en una revista de divulgación nos parece un poco insuficiente y esto se nota. El Dr. Jackson maneja con desparpajo los conceptos de Big-Bang, principio antrópico y estas cosas, pero padece una confusión respetable: confunde los principios de la ciencia con la filosofía de la ciencia o, más estrictamente, la teología de la ciencia.

No es que uno se arriesgue mucho a hablar de teoría de la ciencia. Cuando uno se asoma apenas a la física o la astronomía contemporáneas se tiene la impresión de haber traspasado el espejo y entrado de cabeza en un relato de Lewis Carroll. El Gato de Cheshire, la Liebre de Marzo y el Sombrerero Loco empalidecen cuando uno se encuentra a ilustres físicos hablando de la autocreación de materia a partir de la nada, gatos que están vivos y muertos a la vez o la infinitud de mundos paralelos que se crían como las ranas en un estanque cuando se produce el colapso de la función de onda. Ahí hay que salir cerrando la puerta con cuidado y dejarlos en lo suyo.

Pero lo que uno sí tiene claro es que la teoría Antrópica no es una teoría científica sino una interpretación de las teorías científicas. Y que, en el caso de su versión fuerte, es pura filosofía o teología, más que interpretación. Introducir a estas alturas las causas finales en la ciencia equivale a intentar colar el diseño inteligente envuelto en gasas asépticas. Por lo tanto, cuando alguien pretende haber demostrado que Dios está detrás de los principios de la Física Cuántica es como aquél que descubre un tesoro detrás de la piedra donde él mismo lo había puesto.

Pero en lo que puedo explayarme un poco es en la cadena de argumentos que conducen de la existencia de esa especie de Primer Motor adaptado a la pasión y muerte de un oscuro predicador galileo que hoy conocemos como Jesucristo, segunda persona de la Santísima Trinidad, por más señas.

En primer lugar, hay que hacer constar que esta doctrina es herética. En varios de sus puntos se considera que “Dios no puede” hacer sino esto o lo otro. Esto es negar la divina omnipotencia, que es la base de cualquier dogmática cristiana y de las demás religiones monoteístas. También es herejía presentar a Dios como limitado por un principio del Mal que condiciona sus actos creadores. Y también cuando considera que Dios está dividido en dos partes que se combaten la una a la otra. Cualquier criatura de catequesis sabe que Dios es Armonía y Unidad.

En realidad, que sea herética o no me preocupa menos que nada. Sólo lo hago constar para que no se crean los hipotéticos jacksonistas que la cristo-ciencia puede enseñarse en la asignatura de religión de las escuelas wertianas. Al margen de esta cuestión, toda la “axiomática” jacksoniana es una sarta de afirmaciones dogmáticas y conceptos antropomórficos de origen arcaico. Que Dios sea Amor es una presuposición sin fundamento a partir de la hipótesis antrópica de una entidad que dirige el universo para la existencia del hombre. La abundancia del odio y de las catástrofes naturales que causan infinitos sufrimientos a víctimas inocentes debería llevarnos a la conclusión de que Dios es más bien Odio que Amor. De hecho, algunos teólogos existenciales en la línea de Kierkegaard, Otto o Chestov han tenido que reconocer ese aspecto terrorífico e inexplicable de Dios, que, por otra parte, campa de forma omnipresente en los relatos de la Biblia y en las continuas maldiciones de Jesús contra los que no le hacían caso.

En cuanto a la cadena inductiva, destaca por su absurdo la ilógica de la muerte de Jesús. En sus orígenes, esta teoría remitía a la concepción de la víctima propiciatoria, existente en muchas religiones primitivas. Es decir, se asume que el sacrificio de una criatura inocente, animal o ser humano, serviría para aplacar las iras divinas. Esta creencia estaba ritualizada entre los judíos. Según el Levítico, el sacerdote sacrificaba un chivo y otro más, cargado con todos los pecados de los israelitas, era arrojado al desierto para que muriera de sed y hambre. Cómo se producía la transferencia de todas las guarradas humanas al pobre animal es algo incomprensible, pero tampoco importa demasiado, porque en la lógica mitológica el dios colérico tiene sed de sangre y destrucción y se calma cuando descarga su pulsión destructiva. Es como cualquier hijo de vecino que se desahoga dando patadas a una pelota en lugar de dárselas al culo del jefe. Sólo que si lo hace un hijo de vecino es comprensible, pero que lo haga un dios creador y omnipotente es bastante más desconcertante, porque se supone que ese dios hizo el mundo como le dio la gana (y vio que era bueno, dice el Génesis), y que luego se cabree con las cosas que él mismo ha hecho y se ponga violento es inexplicable. Y, para arreglarlo, se disfraza de hombre, por así decirlo, se castiga a sí mismo y así se relaja. No hay quién lo entienda.

Si alguien se comportara de una manera tan irracional diríamos que está como una regadera; siendo Dios, hay mucha gente que no sólo no lo dice, sino que encuentra esta actitud adorable y se dedica a humillarse y a pedir perdón con grandes golpes de pecho por haber causado penas mucho más insignificantes que todos los crímenes y despropósitos que ellos atribuyen a este dios incomprensible. “Misterios” le llaman los santos y, como son santos, hay que creerlos. Pero que alguien que parece estar en sus cabales nos los intente colar como corolarios científicos, la verdad, clama al cielo. Si se lo cuento aquí no es porque sea algo novedoso. Estamos rodeados de gente que cree en este tipo de absurdos. Pero lo traigo a esta bitácora para llamar la atención sobre el trasfondo de misticismo y pseudociencia mezclados que abunda en la trastienda del mundo sidonista. Quien esto escribe tiene el convencimiento de que las teorías más abstractas acaban reflejándose en nuestras prácticas cotidianas o más bien al revés. Ya vimos lo que había detrás de la teoría de la conspiración masónica del hermano Bruno. Una ideología ultraconservadora en lo religioso y lo político. Ahora detrás del Capitán Jackson encontramos una Cristo-ciencia, apta para sermones dominicales, que se explaya en congresos de creyentes en la Sábana Santa. ¿Se refería a ellos Raymond Rogers cuando hablaba de que la sindonología de su tiempo estaba siendo copada por fanáticos (“lunatic fringe”)? Leyendo cosas como estas habrá que creerlo.

Referencias bibliográficas.

Jackson, John (1991a): “Thoughts on the Unification of Religion and Science in the Twenty First Century and Beyond”, en Aram Berard, S.J. : History, Science, Theology and the Shroud, Symposium Proceedings, St. Louis Missouri, June 22-23, 1991, The Man in the Shroud Committee of Amarillo, Texas: Amarillo TX..

Jackson, John (1991b): “An Unconventional Hypothesis to Explain All Image Characteristics Found on the Shroud Image”, en Aram Berard Ibid.

4 comentarios
  1. Prescindiendo de las chorradas de Jackson (¿lo de sacrificar a un inocente es Amor, es Justicia o es fruto de otra personalidad diferente de ese Dios esquizofrénico que imagina el sindonólogo americano?) lo del chivo expiatorio no sólo podía ser aceptado por los judíos porque en la antigüedad clásica existía esa misma figura pero en su versión de sacrificio humano, el rito del Pharmakos (y el nombre lo dice todo, obviamente).

  2. Cierto, José Luis. Ahora estoy leyendo “El chivo expiatorio” de René Girard que extiende el concepto de víctima propiciatoria (el chivo expiatorio propiamente dicho sería una forma) a todas las culturas. Aparte de que él exagera y ve chivos expiatorios por todas partes, sí que es cierto que, si ampliamos un poco el concepto y lo extendemos también a los motivos inconscientes, es un fenómeno bastante extendido. Los mismos judíos han funcionado como víctimas propiciatorias de las frustraciones y crisis europeas desde siglos. O los negros en Norteamérica hasta hace poco. Y los inmigrantes en Suiza, etc., etc.

  3. Moreno permalink

    Excelente.

    Ciertamente, es un tema digno de estudio si una persona con firmes creencias religiosas puede ser considerado fuente fiable, o no, en cuanto a todo aquello que ataque su fe.

    Entiéndase, no estoy diciendo que haya que rechazar, de entrada, a los creyentes, en los temas que pudieran ocasionarles un conflicto en cuanto a su fe, sino que habría que examinarles con el mismo cuidado que cualquier otro creyente en una determinada teoría filosófica cuando se trata de temas que socavan manifiestamente sus creencias. El problema, digámoslo así, sería que hay “demasiados” creyentes” y pocos escépticos.

    Pongo un ejemplo.

    A menudo he defendido que las fuentes sobre la existencia “histórica” de Cristo son insuficientes para dar por sentado, de manera absoluta, su existencia.

    Por supuesto, no lo niego; simplemente, como ustedes ya saben, sin duda, no hay testimonios contemporáneos sobre la existencia de Jesús de Nazareth, ni entre sus seguidores, ni entre los judíos, ni entre los romanos (nada sobre su juicio, su condena, sus milagros, ni nada). Lo más cercano son las cartas de Saulo, que no le conoció, y que habla de una revelación interior más que de una visión en persona durante el talegazo que se dio camino de Damasco.

    Los Evangelios, se pongan como se pongan, son más de veinte años posteriores a su muerte, y si en un mundo globalizado como el actual, la gente no es capaz de recordar, con todas las ayudas de Internet a mano, que Pedro J. Ramírez fue el máximo valedor de la Guerra Sucia hace quince años ¿cómo recordarían unos campesinos analfabetos los dichos de un predicador al que no conocieron?

    Bueno, que me enrollo; el caso es que los Historiadores (o los Licenciados en Historia, como quieran) suelen dar por hecho sin duda alguna la existencia de Jesús con argumentos que, en el fondo, no pasan de ser un “argumento ad populum” (citan los testimonios de décadas o siglos después, citan el éxito obtenido por la nueva creencia, imposible -según ellos- si no hubiese una base de verdad..). En el fondo, digo, no se atreven a afrontar la posible falsedad de sus creencias.

    Me ha ocurrido, a veces, que me planteen la comparación con Sócrates, a quien no conocemos por sus escritos, sino por los de su discípulo Platón. Puede plantearse que Platón, al menos, fue un discípulo DIRECTO de su maestro, cosa que no ocurre con los evangelios, cuya autoría (ni siquiera el de Juan) parecen ser de discípulos directos. Y que hay, al menos -y no soy un experto- varios testimonios de contemporáneos de Sócrates (como Aristófanes) que atacan a quien parece ser un personaje bastante vivo y que se creaba enemigos.

    Pero hay otro punto interesante. Imaginemos que se descubre que, en efecto, Sócrates fue una simple creación literaria de Platón y que, de alguna manera, las obras de Aristófanes y otros que le atacan estuviesen ridiculizando, no a un personaje real, sino a una escuela de pensamiento.

    Yo, personalmente,estaría dispuesto a aceptarlo, si me diesen pruebas de ello.

    ¿Estarían dispuestos a aceptarlo estos científicos, historiadores, etc.? Creo que no.

    Así pues: ¿podemos creer, sin más, a un científico, historiador, pensador, etc, que defiende un postulado o hecho que, de ser falso, destruiría su sistema de creencias?

    Recuerdo (y ya me callo) aquella famosa afirmación de De Vaux “No encontraré en los Manuscritos del Mar Muerto nada que desafíe mis creencias” (cita de memoria, así que será mal traída, pero como ejemplo vale).

    Estoy de acuerdo con el amigo JL Calvo que eso no supone, ni mucho menos, que haya existido fraude en lo de los Rollos del Mar Muerto. Pero ¿es prudente fiarse para el conocimiento científico, o histórico, de alguien que tiene creencias más allá de lo científicamente demostrable que pueden ser socavadas por sus descubrimientos?

  4. Hola, Moreno.

    Yo diría que hay que distinguir entre unos creyentes y otros. Hay que ver con quién estamos hablando. Con el padre Loring o Bonnet-Eymard yo no iría confiado a la vuelta de la esquina. Otros cristianos que conozco son muy respetables incluso en cosas que afectan a sus creencias básicas, aunque, como es lógico no sean objetivos en su crítica. En general, las personas muy creyentes suelen exaltarse un tanto cuando les tocas los principios y, sobre todo si les tienes afecto, es preferible dejar la conversación cuando sube de tono. El problema con el tema de la Sábana Santa es que es muy, muy difícil encontrar a a alguien que no venga ya exaltado y la objetividad se toma por blasfemia. Supongo que la naturaleza del problema y las dosis de credulidad que son necesarias para entrar en él son la causa de estos estados de ánimo.

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