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Un terremoto sindónico.

30 de marzo de 2014

Entre los artículos que periódicamente aparecen y desaparecen sobre el lienzo de Turín son especialmente llamativos los que tratan de fundamentar científicamente la datación del lienzo. Naturalmente, una datación que sea contraria a la de 1988. Son subespecies de ese género de la arqueología ficción que podría llamarse LBTR (La Biblia Tenía Razón) y que tanto éxito tiene en canales televisivos y revistas que sólo podríamos llamar de divulgación pervirtiendo este calificativo.

El último hallazgo de la serie es el de A. Carpinteri, G. Lacidogna, and O. Borla, “Is the Shroud of Turin in Relation to the Old Jerusalem Historical Earthquake?. un trabajo tan poco serio que ha pasado sin pena ni gloria por el blog de Dan Porter, que ya es decir. Los autores pretenden haber demostrado que un terremoto ocurrido en el momento de la muerte (de la muerte o la resurrección, que ahora no caigo), de Jesús habría producido una fuga de neutrones capaces de falsear la datación de 1988 y producir una imagen como la del santo sudario. Todo en uno.

 

 

Luis Alfonso Gámez le dedicó una entrada en Magonia que recoge lo esencial que hay que tener en cuenta, así que yo no lo hubiera traído aquí si no fuera porque Richard Carrier también le ha dedicado un espacio en su blog. Y esto si que es una novedad.

 

Richard Carrier es un historiador free lance, no académico, pero que tiene un cierto prestigio en el terreno de los estudios sobre el llamado “Jesús histórico”. Defiende en este campo teorías mitistas, es decir, que Jesús de Galilea no existió realmente, sino que fue un mito creado en la segunda mitad del siglo I a partir de creencias judías y paganas. Yo diría que dentro de esta corriente Carrier es más moderado en alguna de sus expresiones y tesis que lo que suele ser común entre sus correligionarios, lo que le hace ser más considerado entre los del campo opuesto. Al menos considerado para meterse con él. Pero lo que tiene interés para La sombra del sudario es que, por primera vez, que yo sepa, un historiador profesional y centrado en el sujeto que los sindonistas atribuyen a su reliquia ha dedicado más de diez palabras al tema. Tampoco les es muy favorable, como era de esperar.

El artículo de Carrier coincide en lo esencial con el de Magonia -aunque todavía es más duro en los descalificativos-, así que no voy a extenderme en él. Ambos destacan la inconsistencia de las fuentes bíblicas que citan Carpinteri et allia como si fueran documentos fiables y el absurdo de suponer, como ellos hacen, un terremoto que habría asolado medio Mediterráneo sin dejar registros. Sólo un detalle sobre una afirmación de Carrier:

Luego se citan dos catálogos modernos de terremotos (y uno más de la NOAA [Agencia Nacional del Océano y la Atmósfera] ), que simplemente repiten lo anterior (por lo que están citando las mismas pruebas tres veces).

 Así que, cuando nos fijamos en las seis citas (más la lista de la página web de la NOAA), nos encontramos con que, de hecho, hay “diferentes documentos” pero sólo exactamente una sola fuente: el Evangelio de Mateo. Que, obviamente, estaba inventando cosas. ¿Pero es que nos están tomando el pelo?

 Bueno, yo no diría exactamente “tomar el pelo”. Carrier se sulfura porque no está habituado a la metodología sindonista, pero los que conocemos un poco el terreno sabemos que lo que están haciendo los autores del trabajo es mezclar las fuentes religiosas con otras que tienen la apariencia de científicas. Cuando uno/a observa exclusivamente el listado de NNOA y las referencias que lo acompañan queda impresionado…

 

References for the Significant Earthquake

Mallet, Robert (1853): Catalogue of Recorded Earthquakes from 1606 B.C. to A.D. 1850, Part I, 1606 B.C. to 1755 A.D. Report of the 22nd Meeting of the British Association for the Advancement of Science held at Hull, Sept., 1853, John Murray, London, p. 1-176.

Milne, John (1911): Catalogue of Destructive Earthquakes [7 to 1899 A.D.], Report of the 81st Meeting of the British Association for the Advancement of Science, Portsmouth, London, United Kingdom, p. 649-740.

Alsinawi, S.A., S.G. Baban, and A.S. Issa (1985): Historical seismicity of the Arab region. IASPEI/UNESCO Working Group on Historical Seismograms and Earthquakes, August 27-28, 1985, Tokyo; Preliminary Proceedings, p. 59-84.

Willis, Bailey (1928): Earthquakes in the Holy Land, 1928. Bulletin of the Seismological Society of America, vol. 18, no. 2, p. 74-103.

Ambraseys, Nicolas (2009): Earthquakes in the Mediterranean and Middle East, A Multidisciplinary Study of Seismicity up to 1900. Cambridge University Press, 947 p.

 

Pero si se tiene un poco más de paciencia y uno se dedica a buscar estas referencias tan aparentes, resulta que de concluyentes no tienen más que la apariencia.

Por ejemplo, Nicolas Ambraseys, una de las fuentes citadas dice:

 Los resultados del estudio histórico de los terremotos será de gran valor para los científicos de la Tierra e ingenieros sólo cuando la información histórica se convierte en “números” que representan la ubicación del epicentro y magnitud de los hechos, acompañados de una estimación de la fiabilidad de su evaluación. Sin embargo, a medida que avanzamos en el tiempo antes de nuestra era, el registro histórico desaparece gradualmente y es sustituido por el registro arqueológico. Desafortunadamente, el registro arqueológico es demasiado basto y ambiguo, sin ningún tipo de indicadores arqueológicos precisos. La datación está basada, o influenciada por los pocos registros históricos, como en la Biblia y las inscripciones, que proporcionan un ejemplo de cómo su supuesta precisión puede influir en la interpretación y datación de los arqueólogos. Muy a menudo esto se convierte en un proceso circular en el que las hipótesis o teorías arqueológicas se transforman en hechos que son usados ​​por los científicos de la Tierra para confirmar la fecha y el tamaño de los eventos propuestos. En este artículo se discuten los problemas que surgen cuando se utiliza la información bíblica y arqueológica en la evaluación de los terremotos en la Tierra Santa. Esta combinación puede producir terremotos de ubicación hipotética y de magnitud muy exagerada, con consecuencias para la evaluación de la peligrosidad sísmica.

 

Por eso, no es de extrañar que el catálogo de Milne se base en el de Mallet que, a su vez, se fundamente en “referencias bíblicas intercaladas con escritores de la antigüedad” y el de Willis considere, sin descomponer el gesto, los trabajos de un “estupendo” arqueólogo  y “devoto católico” que dedicó gran parte de sus esfuerzos a distinguir entre terremotos naturales y milagrosos.

Las tres cruces en el Gólgota. Libro de las Horas de Catalina de Aragón. La Haya. 1460.

 

Lo que resulta chocante, por así decirlo, es que los autores del trabajo sindonista que  comentamos citen en su tercera página el informe de NOAA como fuente, omitiendo las conclusiones del mismo. Porque el breve comentario que esta agencia incluye junto a su tabla incide en que la única fuente es la del evangelio de Mateo, que el único terremoto que puede contrastarse con otras fuentes antiguas por estas fechas no tuvo lugar en Jerusalén sino en Nicea (a bastantes kilómetros de Jerusalén),  y que las referencias al terremoto (y eclipse adosado) en Mateo tienen claros contenidos teológicos. Y por eso concluye que:

El hecho de que estos terremotos en Jerusalén no sean mencionados por los escritores paganos contemporáneos ni por tres de los cuatro evangelistas, sugiere que pueden haber sido inspirados por el topos [lugar común]de que la Naturaleza refleja los acontecimientos de gran importancia, y por lo tanto no deben ser considerados para referirse a los terremotos históricos.

 

No me queda claro si citar una obra que va en contra de las propias teorías como una de sus fuentes es desfachatez o ceguera mayúscula. Me ha ocurrido tantas veces cuando he profundizado un poco en los estudios “científicos” del sindonismo que no sé que pensar. Que el hipotético lector o lectora saque sus propias consecuencias.

PS: Si hubiera que conceder un premio al artículo sindonista más disparatado habría competencia, pero éste que comento ahora estaría bien situado en las encuestas. No la menor incongruencia es que el artículo pretenda tomar como fuente el evangelio de Mateo, que habla de algo así como un terremoto en el momento de la muerte de Jesús, y al mismo tiempo pretender que el mismo terremoto podría haber impreso la sábana que, lógicamente, estaba colocada sobre el cadáver en la tumba. Después de que el seísmo arrasara medio Mediterráneo ahora nos enteramos de que duró horas. ¡Qué bárbaro!

 

Bibliografía.

 

Ambraseys, N (2005): “Historical earthquakes in Jerusalem: a methodological discussion”. Journal of Seismology , 9: Consultado el resumen (abstract), 29/03/2014; 10:10,  http://link.springer.com/article/10.1007%2Fs10950-005-8183-8

Carpinteri, A.; Lacidogna, G.; Borla, O. (2014): “Is the Shroud of Turin in relation to the Old Jerusalem historical earthquake?”, Meccanica, February, 2014.

Milne, J. (1911): Catalogue of Destructive Earthquakes [7 to 1899 A.D.], Report of the 81st Meeting of the British Association for the Advancement of Science, Portsmouth, London, United Kingdom, p. 649-740. Consultado on line: 24/03/2014, 09:30 http://archive.org/stream/catalogueofdestr00britrich/catalogueofdestr00britrich_djvu.txt

National Oceanic & Atmospheric Administration (NOAA): “Significant Earthquake”, National Geophysical Data Center, Consultado on line 27/03/2014 09:45; http://www.ngdc.noaa.gov/nndc/struts/results?eq_0=8178&t=101650&s=13&d=22,26,13,12&nd=display

Willis, Bailey (1928):Earthquakes in the Holy Land”, Bulletin of the Seismological Society of America, Volume 18 – June, 1928 – No. 2; consultado on line 27/03/2014 09:38; http://zadok.org/research/1927/willis.html

 

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