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Padre Heinrich Pfeiffer S.J., un experto inexperto. (I). El método del discurso.

28 de mayo de 2014

El padre Heinrich Pfeiffer S.J. es probablemente el único experto en Historia del Arte que los sindonistas pueden citar como partidario de la autenticidad del sudario de Turín. Cuando la flor y nata del STURP se presentó en Turín para llevar a cabo una investigación científica de la “Sábana Santa”, una de las carencias más visibles, entre otras, resultó ser que no se contaba entre ellos ningún historiador del Arte, ni menos un especialista en iconografía medieval o del Trecento. Los historiadores que se han referido al tema más tarde son escasos y los historiadores del Arte, todavía menos. Por eso el Padre Pfeiffer parece que debería ser algo así como el buque insignia del sindonismo en este terreno. Pero si echamos mano de su currículo, más que un navío nos encontraremos con una barcaza de reducidas dimensiones no muy apta para navegar en aguas agitadas.

El rostro de Manoppello.

El Padre Pfeiffer (no confundir con Hans Heinrich Pfeiffer, que es un biólogo que sí tiene página propia) no goza del modesto honor de figurar en Wikipedia en inglés, que suele ser un buen indicio del grado de popularidad de un experto, y en la página de Wikipedia en alemán apenas aparecen de su obra unos seis títulos de contenido variopinto. Dos o tres se refieren a historia del arte propiamente dicha y dos o tres más al rostro de Manoppello y al sudario de Turín. Un magro bagaje para una celebridad.

La página de la Universidad Gregoriana Pontificia, de la que es profesor emérito, no reseña más que el libro que el padre Pfeiffer escribió sobre la Capilla Sixtina, en el que, al parecer, expone alguna novedosa teoría interpretativa que no he tenido tiempo de contrastar.

Que no se cite aquí más que un título no es demasiado extraño porque los libros que el padre Pfeiffer escribió sobre iconografía cristiana son bastante antiguos y otro tipo de obras más recientes quizás provoquen una cierta incomodidad en la muy científica universidad Pontificia. Estos volúmenes ignorados son apasionadas muestras de adhesión al milagroso velo de Manoppello, del que se le considera descubridor, publicadas en una editorial austriaca que mezcla las cosas de la religión y la parapsicología con aparente desenfado.

En cuanto a aquellas de sus teorías que se relacionan aproximadamente con el tema de este blog, las más celebradas son las que se refieren a la autenticidad del rostro de Manoppello, que él identifica con el de la Verónica y con el Mandylion. Este tema, como el de otras imágenes (la Virgen de Guadalupe), que algunas mentes piadosas como el padre Pfeiffer consideran acheiropoieta, no hechas por manos humanas, es decir, milagrosas tout court, nos alejaría del objeto de este blog, así que lo aparcaré por el momento. Lo que me interesa aquí es las teorías del padre Pfeiffer sobre el lienzo de Turín.

Primero comentaré un poco la personal manera de argumentar del padre Pfeiffer. Normalmente no suelo descalificar demasiado duramente a ninguno de los o las sindonistas de los que me ocupo. No por nada, sino porque no me parece elegante. Pero el padre Pfeiffer me deja en estado de shock. Me limitaré a parafrasear a Monseñor Ghiberti cuando hablaba de Raymond Rogers: Me parece incomprensible como un hombre que ocupa una cátedra universitaria, aunque sea pontificia, puede decir tantas tonterías. Me cuesta una sobredosis de ecuanimidad considerar la posibilidad de que el estado beatífico del padre Pfeiffer, que debe ser permanente, le impide razonar claramente sobre algunos temas que para él son sensibles. Las otras posibilidades que se me ocurren son peores.

De todas formas, sobre la capacidad dialéctica de este hombre pueden juzgar Uds. con un ejemplo.

En uno de sus artículos sobre el sudario de Turín (1983: 7-8), el Padre Pfeiffer se refiere a una carta atribuida a Epifanio, obispo de Salamina ((ca 310– 403).  Dice Epifanio en ella:

Cuando nos dirigíamos hacia ese lugar santo que se llama Béthel para celebrar contigo la Misa, según la costumbre de la Iglesia, pasamos por una villa, de nombre Anablata [cerca de Jerusalén], y vi en ella una lámpara encendida. Pregunté qué era ese lugar y se me informó que se trataba de una iglesia y entré para rezar. Encontré una cortina colgada a las puertas de esa misma iglesia; estaba teñida y bordada: con una imagen, quizá la de Cristo o de algún santo, no me di cuenta suficientemente de lo que representaba.
Viendo este sacrilegio, que en una iglesia de Cristo, contrariamente a la autoridad de las Escrituras, se representaba una imagen humana, la arranqué y aconsejé a los guardas del lugar que confeccionaran con ella mejor un lienzo para envolver y enterrar el cadáver de algún difunto indigente. (Visión zenital. Un lugar para el arte.  Consultado el 26/05/2014 8:51).

La carta de Epifanio (auténtica o no) es un ejemplo típico de la lucha de los iconoclastas contra las imágenes durante el imperio Bizantino. Nada extraordinario. Pero en las manos del padre Pfeiffer la interpretación textual se convierte en algo “extraordinario”. Veamos, pues.

1. Aunque la carta es “comprensible” contiene algunos “elementos extraños”.

Apostilla: nótese como el padre Pfeiffer capta “hábilmente” nuestra atención. La apelación a lo extraordinario siempre eriza el vello de los buenos misteriólogos.

2. La imagen está sobre un velo.

Apostilla: esto no parece nada extraordinario, pero…

3. Este hecho “suena” (sounds) en la carta como algo “completamente fuera de lo corriente” en las cercanías de Jerusalén.

Apostilla: no tengo ni idea qué es lo que hace suponer tal cosa al padre Pfeiffer. Lo que se nos cuenta parece ser un claro episodio de la iconoclastia y si, como sugiere el padre Pfeiffer, es una falsificación del siglo VIII, la cosa no tiene nada de extraordinario.

4. Axioma: las imágenes pintadas sobre tela son copias de otras en frescos o esculturas.

Apostilla: ¿Seguro? ¿Es una ley universal? Nótese que el texto habla de que la tela estaba bordada, lo que elimina desde el principio la comparación con el lienzo de Turín. Pero esto son pequeños detalles sin importancia para el padre Pfeiffer.

5. Por lo tanto, en la iglesia debía haber también imágenes murales.

Apostilla: ¿por qué? Aún admitiendo #4, la imagen podía ser imitada de frescos que estuvieran en otra iglesia o traída por alguien desde un lugar diferente. No se ve la lógica.

6. “Todavía más extraño” es que Epifanio recomiende que se utilice el velo como mortaja de un pobre.

Apostilla: ¿Por qué extraño? Lo que a un iconoclasta le molestaba era la exposición de una imagen para su veneración. Que se enterrara, con pobre de más o menos, era una forma como otra de eliminar la blasfemia.

7. Todo esto es muy raro. Lo más normal es que sea un invento del siglo VIII.

Apostilla: Puede ser, pero el padre Pfeiffer no ha dado más razones que repetir la palabra “extraño” media docena de veces.

8. Pero, ¿y si hay algo verdadero en todo esto?

Apostilla: ¿Ah, si?

9. ¿No es una “extraña coincidencia” que se mencione un velo cuando desde el siglo VI todas las leyendas dicen que el auténtico retrato de Cristo estaba en un velo?

Apostilla: Ya empezamos con lo de las extrañas coincidencias.

10. Conclusión: “Ahora estamos seguros de que esta tela, el famoso sudario de Turín, estaba en Palestina”. (La negrilla es mía).

Apostilla: Ein????? ¿Seguros?

[Juro por la Virgen Zeotokos y el Pantocrator en persona que no he cambiado ni una coma del argumento del padre Pfeiffer. Es así, tal cual).

Que en un documento del siglo VIII se invente una piadosa escena en la que un iconoclasta (supuesto o no) habla de un velo con una imagen humana pintada y bordada (quizás el Cristo), el padre Pfeiffer concluye “con seguridad” que esa mención era auténtica y se refería a la sábana santa. Le basta con repetir mucho lo de las extrañezas y las coincidencias. Epustuflante. Sin resuello. No comment.

(Continuará, si me repongo).

 

Bibliografía.

Pfeiffer,  Heinrich (1983 y 1984): “La Sindone di Torino e il Volto di Cristo nell’arte paleocristiana, bizantina e medievale occidentale” – Emmaus 2, Roma 1982; Consultada on line, 26/05/2014 9.03, en Shroud Spectrum International, Issue #9, December 1983; Issue #10, March 1984 (en inglés);

http://www.shroud.com/pdfs/ssi09part4.pdf ; http://www.shroud.com/pdfs/ssi10part3.pdf .

 

Si alguien quiere ir entrando en el tema del rostro de Manoppello y el de la Verónica:

Calvo, José Luis: (2010): . “Inauguramos una nueva sección (IV)”,  Escritos desde el páramo. La Sábana Santa. Publicado: 17/11/2010 18:26

Pfeiffer, Heinrich (2010): “The concept of “acheiropoietos”,the iconography of the face of Christ and the veil of Manoppello”, The International Workshop on the Scientific approach to the Acheiropoietos Images (IWSAI) Frascati, Mayo, 2010.

Rinaldi, Gian Marco: “La leggenda del colore che non c’era”; Scienza & Paranormale N. 7417-10-2007, http://www.cicap.org/new/stampa.php?id=273382,

Sitio oficial del Santo Rostro de Manoppello: http://www.voltosanto.it/Spagnolo/index.php

 

 

 

7 comentarios
  1. Rindo un merecido tributo al padre Pfeiffer S. J. Como quién no quiere la cosa acaba de superar la lógica difusa con su descubrimiento de la lógica patidifusa. ¿El humo del incienso tiene propiedades alucinógenas?

  2. Odiseo permalink

    “¿El humo del incienso tiene propiedades alucinógenas?”
    El incienso no sé, pero como huele igual que el humo de la marihuana, quizá este hecho tenga algo que ver en el caso del padre Pfeiffer (¿padre quizá de Michelle?).

  3. Moreno permalink

    ¿De verdad alguien puede defender -consumo de sustancias estupefacientes aparte- que el rostro entre corderito degollado y Paquirrín que aparece en la reliquia de Manoppello corresponde a la impresión dejada por un tío que había sido azotado, escarnecido, ensalivado, coronado de espinas, y llevaba media mañana portando un tronco, de manera que ya se había pegado un talegazo y, sin resuello, había tenido que ser ayudado por un pardillo de Cirene que pasaba por allí?

    Imagino que los creyentes cuya capacidad de tragar con patrañas es inversamente proporcional a su capacidad de razonamiento crítico, dirán que Cristo, como es Dios, Todopoderoso y blablabla, irradia paz y mansedumbre aún en los momentos de mayor sufimiento…

    Pero es que así, no tiene mérito.

    Por un lado se nos dice que es Hombre y sufrió por nosotros. Y tenemos que estarle agradecido por los espeluznantes suplicios que padeció.

    Por otro, en la hora de su mayor tragedia, sale con cara de empanado…

  4. Moreno permalink

    Por cierto, mi propia alusión a Simón de Cirene me recuerda a aquel chiste escolar.

    Padre Escolapio: Jaimito ¿Quién fue Simón el Cireneo?

    Jaimito: Pues… un pringado que llevó la cr…

    Padre Escolapio: ¡JAIMITO QUE TE LA CARGAS! Simón fue un judío de Cirene, negociante retirado, que ayudó de buen grado a Jesús a llevar la cruz

    Jaimito: Sí, sí. Pues MUY RETIRADO no estaría, que si no… ¡A buenas horas le pringan para llevar la cruz!

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