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Nicolotti sobre el Mandylion o Emanuela Marinelli, experta en historia sindónica.

21 de julio de 2014

Con ocasión de la aparición de la versión inglesa del libro de Andrea Nicolotti sobre el Mandylion de Edesa (prevista para septiembre de este año por la editorial Brill de Leiden), me he puesto a la tarea aplazada varias veces de leerlo en su versión original (Alessandria, Ed. dell’Orso, 2011).

No me ha defraudado lo más mínimo. Nicolotti no ha escrito un best-seller al estilo sindónico, sino un trabajo histórico documentado hasta las raíces, con un abundante material crítico, que incluye los textos en idioma original, del griego al árabe, pasando por el siriaco, y un estilo sin ambigüedades. Para decirlo sencillamente, un volumen absolutamente imprescindible para quien quiera decir dos cosas con sentido sobre el tema de la presunta historia oculta del sudario de Turín sin meter la pata.

En diversas entradas de esta bitácora he recogido y comentado otros trabajos de Nicolotti, incluyendo su ponencia para el congreso de Turín-2010 sobre acheiropoieta (no confundir con la cosa de Frascati del mismo año). Ya había leído esta ponencia y otro trabajo, dedicados ambos al tema que ha sido completado en el libro, es decir, la relación Mandylion-sudario de Turín, por lo que creo que no puedo añadir grandes novedades a lo que ya había escrito. Esto me produce una cierta satisfacción, puesto que, a salvo de error u olvido por mi parte, creo que no he dicho nada en estas entradas que deba rectificar. Al menos nada importante. Sobre los fallos de detalle los dejo para el o la que se acerque al libro.

Lluís Borrassà: Curación del rey Abgar. 1414-5.

En esta especie de recensión a medias sí quisiera comentar algunas cosas que a alguien le podrán parecer secundarias, pero que me han llamado la atención.

En primer lugar, señalar algo en lo que supongo que Nicolotti estará de acuerdo. Aparte de la historia del Mandylion y otras reliquias de su entorno, el libro traza la historia de los intentos de los sindonistas para justificar la ausencia de cualquier tipo de referencia al lienzo de Turín antes del siglo XIV. En esta especie de misión imposible quedan retratados de mala manera algunos “historiadores” de ocasión, como Baima Bollone, especialistas en libros de divulgación no demasiado científica, como Ian Wilson, y “jóvenes figuras” del mundillo vaticano-sindonista tratando de abrirse camino por cualquier medio, como Barbara Frale. Pero produce bastante más desazón ver perderse en los vericuetos de la sinrazón a algunos historiadores profesionales con un status académico aparentemente respetable, como el caso de Ilaria Ramelli. (Cfr. bibliografía). En todos estos casos, los sindonistas, sean de la categoría que sean, consciente o inconscientemente, se dedican sistemáticamente a desinformar a base de una serie de herramientas clásicas en el mundillo sindonista: traducciones incorrectas, hipótesis ad hoc, ambigüedades sutiles o de envergadura, visibles contradicciones, rectificaciones silenciadas… todo vale con tal de dar la apariencia de cientificidad a un ejercicio de fantasía casi novelesca: la historia oculta del sudario de Turín.

Voy a detenerme un poco en el caso de una de las estrellas de la historia sindonista: Emanuela Marinelli.

La Sra. Marinelli es citada una decena de veces en el libro de Nicolotti y su imagen no queda muy bien parada. Es lógico que, al sentirse molesta, haya puesto unos cunatos gramos de acritud a su respuesta. El problema es lo mal que lo hace.

La superabundancia de citas, infrecuente en ámbitos sindonistas, no opera en beneficio de la calidad científica del pequeño texto. Supongo que pretenden documentar un minucioso recuento de los fallos del libro de Nicolotti, pero se extravían de camino en prácticamente todas las ocasiones.

En primer lugar, Marinelli pierde tiempo y espacio intentando refutar una clasificación de los sindonistas en estúpidos, ilusos y deshonestos, que ella atribuye a Nicolotti, pero que sólo existe en su cabeza (p. 3). En ninguna parte del libro aparece tal cosa y la prueba de ello es que Marinelli, que nos endosa 161 referencias en tan sólo 11 páginas, es incapaz de citar ni una sola ocasión en la que Nicolotti emplee tal tipo de descalificaciones insultantes. Otra cosa es que ella, a la vista de las perlas que Nicolotti encuentra en sus obras, se sienta estúpida o deshonesta. Pero eso es cosa suya y de su orgullo.

El método Marinelli consiste habitualmente en citar frases sueltas de Nicolotti que ella apostilla con observaciones que se pretenden irónicas. Por ejemplo: basándose en su propia clasificación de los sindonistas en estúpidos e inteligentes, dice que Nicolotti debe suponer una “poción mágica” que convierte a veces a un sindonista estúpido en inteligente (p. 4). Lo de la “poción mágica” debe considerarlo un rasgo de ironía insuperable, porque lo repite varias veces con resultados bastante confusos. Y pone como ejemplo el caso de de Clari, al que, según ella, Nicolotti consideraría a la vez una fuente fiable o no fiable, de acuerdo con sus intereses. Pero, para empezar, Marinelli se equivoca porque Nicolotti no hace ninguna clasificación entre sindonistas listos y tontos, sino que se limita a constatar que algunas veces determinados sindonistas se equivocan y otras aciertan, lo que no tiene nada de mágico. Pero, inteligente o no según su propia clasificación, Marinelli se enreda con la lógica cuando acusa Nicolotti de no conceder credibilidad al cruzado de Clari cuando éste afirma haber visto un sudario de Cristo en la iglesia constantinopolitana de Blanquerna y concedérsela cuando distingue ese sudario del Mandylion, que habría visto en la de Faro. Porque es cierto que Nicolotti no cree fidedigna la descripción del caballero de Clari por diversas razones, que ella no analiza. Pero es perfectamente coherente cuando avisa a los sindonistas que, de creer al cruzado en la afirmación de que ha visto un sudario con la imagen de Cristo, deben creerle también cuando afirma que este sudario es diferente del Mandylion. En el capítulo dedicado a Clari en su libro remite al lector a su trabajo sobre este tema publicado en la revista Medioevo Greco, bastante más detallado. Si Marinelli se hubiera tomado la molestia de echarle un vistazo hubiera leído:

Es evidente que incluso para él [de Clari] el Mandyliion es una imagen taumatúrgica que solamente recoge el rostro de Cristo, impresa en una tela por un Jesús vivo; no tiene nada que ver con el largo lienzo de un sudario funerario, y es un objeto malamente conciliable con la sydoines de la iglesia de Blanquerna. (2011b: 162)

Es decir que, para de Clari, hay dos telas diferentes que se encuentran en lugares diferentes y, si los sindonistas se fían de la descripción de la sindone de Blanquerna, tienen que aceptar que es un objeto diferente del Mandylion situado en la de Faro.

Creo que cualquier persona con dos dedos de frente y que no esté obnubilada por pasiones sindónicas se da cuenta de que esto no es lo que pretende Marinelli que había dicho Nicolotti.

Así pues, son muchas las ocasiones en las que Marinelli responde a una objeción de Nicolotti sin atender a lo que éste verdaderamente ha escrito. Otro ejemplo: En la página 71 de su libro Nicolotti acusa directamente a Marinelli de haber plagiado “literalmente” un artículo de Mark Guscin. La respuesta de la historiadora sindonista resulta sorprendente: sus primeras obras eran “populares”, “no llevaban notas y tenían la bibliografía muy reducida” por lo que “no permitían hacer referencias a las fuentes” (Marinelli 2012: 10). La excusa hubiera sido medianamente aceptable si de lo que se estuviera hablando fuera de la inclusión de una idea ajena en un texto propio. Pero la acusación de Nicolotti se refiere a copiar un artículo “literalmente”. Y eso no es a lo que responde Marinelli. Si se está escribiendo un libro “popular” y no se tiene margen para colocar notas a pie de página, pero se quiere introducir un texto ajeno literalmente, hay recursos tan elementales como las comillas y una referencia en el cuerpo del texto al autor de la cita. Si uno copia palabra por palabra lo que otro ha escrito y no lo cita, sean cual sean las circunstancias, está cometiendo un plagio. Y punto. Podría pensarse en descargo de la honestidad de Marinelli que quizás desconozca esta práctica elemental, no ya de los que escriben libros, sino artículos en cualquier revista. Pero esto sería una ignorancia supina.

Marinelli no habría tenido estos fallos de lectura si, en lugar de pretender hacer un comentario irónico-despectivo, se hubiera parado un momento a analizar los argumentos de Nicolotti, cosa que prácticamente nunca hace. En el caso del testimonio de de Clari, por seguir con el mismo ejemplo de más arriba, ni una vez analiza las razones que tiene Nicolotti para dudar de su mención a un sudario exhibido en la iglesia de Blanquerna. Parece considerar que la ostentación de su olímpico desprecio por tan “incoherente” descalificación es suficiente. De esta manera lo que muestra es la incapacidad de los sindonistas “estúpidos” -si es que ella se considera incluida en esta categoría-, para seguir un razonamiento mínimamente complejo. Están tan acostumbrados a debates entre adeptos en los que prima el enredo incomprensible y el aforismo cerrado, que no parecen muy calificados para un debate académico. En su ambiente Marinelli es considerada una experta. En qué sea realmente experta es otra cuestión.

Bibliografía.

Marinelli, Emanuela (2012): “A small cloth to be destroyed”. Shroud Newsletter 75, Junio 2012. British Society for the Turin Shroud. Consultado on line, http://shroud.com/pdfs/n75part8.pdf , 20/07/2014 08:58.

Nicolotti, Andrea (2011a): Dal Mandylion di Edessa alla Sindone de Torino, Alessandria, Edizione dell’Orso.

Nicolotti, Andrea (2011b): “Una reliquia costantinopolitana dei panni sepolcrali di Gesù
secondo la Cronaca del crociato Robert de Clari”, Medioevo Greco, nº 11, 2011, pp. 151-196.

Ramelli, Ilaria (1999): “Dal Mandillion di Edessa alla Sindone”, en ´Ilu, Revista de Ciencias de las Religiones, 1999, 173-193. On line: http://revistas.ucm.es/index.php/ILUR/article/viewFile/ILUR9999140173A/26803

4 comentarios
  1. Con todo mi respeto al profesor Nicolotti lo que escribió de Clari está claro. Puede concederle credibilidad o no pero pretender que el cruzado confundió el levantamiento de un velo que tapaba una imagen con un sudario con la figura de Cristo visible en él me parece propio de Rompetechos y no de un soldado de la época (que si eran cegatos duraban lo que un chupa-chups a la puerta del colegio por obvias razones). Con más razones podía decir que el caballero de Clari se lo había inventado lo que no es extraño en la historiografía (o algo así) de la época como sabemos todos. El problema es que en esa misma época otro cronista (o algo así) Gervasio de Tílvury también habla (además de dragones, hombre-lobo y otras fábulas semejantes) de un sudario de lino en el que aparecía la imagen de Cristo crucificado y que habría servido de modelo para Il Volto de Lucca (Otia imperialia, Lib. III Cap. XXIV). Dejando aparte la empanada mental de Gervasio es muy curioso que durante siglos nadie se enterara de la existencia de tal objeto y en los años de la conquista de Constantinopla por lo cruzados haya dos menciones distintas a algo semejante. Como en las casualidades no creo, la conclusión que saco del tema es opuesta a la del profesor Nicolotti.

    • Nicolotti supone que de Clari no vio el sudario del que habla porque la ceremonia que describe es sospechosamente coincidente con una diferente dedicada a la Virgen, que sí está bien testimoniada. Es inverosímil que hubiera dos ceremonias/espectáculos de masas a la misma hora y día en una iglesia pequeña. (Tiene más motivos, pero éste es el principal).
      Gervasio de Tilbury escribe sin haber visto la tela. Su descripción es totalmente fantástica. Llega a decir que la imagen va cambiando de apariencia a lo largo del día. Según las horas se aparecían las edades de Jesús, de niño a muerto. Es testimonio de una leyenda, no de un objeto.
      El hecho de que a partir del XIII se empiece a hablar de sudarios de Cristo con la imagen del cuerpo (erróneamente o no) sugiere que, en general, era una idea que se estaba abriendo camino. Me imagino que tiene que ver con el interés piadoso por la reflexión sobre la muerte que, al parecer, había sido lanzado por los franciscanos. En estas circunstancias no tiene nada de raro que empezaran a aparecer sudarios con la imagen del divino cadáver. Pero, en todo caso, parece que el de Clari no es un testimonio claro. Si se me permite el retruécano. Y, aunque hubiera visto algo, no tenemos ninguna descripción de ese algo que nos permita hacer la más mínima comparación con el sudario de Turín, que es a donde va a parar tanto interés por el cruzado. Antes que de Clari hay leyendas sobre una tela que se utilizó para cubrir la desnudez de Cristo en la cruz, pero como estas no se refieren a un hombre en la tumba, no interesan… a los sindonistas.

      • Por partes, de Clari nada dice sobre la hora en que sucedía la ceremonia, sólo menciona día (viernes) y lugar (Santa María de Blanquerna) así que decir que hay una coincidencia horaria con la ceremonia de desvelar el icono mariano es una mera suposición. Por otra parte, si de Clari no está confundido o no está fabulando, nada hay de extraño en que fuera un viernes el día en que se mostrara al público el supuesto Sudario de Jesús (al contrario, sería lo más normal habida cuenta de las creencias cristianas) con independencia de si ese mismo día existía la tradición del desvelamiento del icono.
        Del breve relato del cruzado, es obvio que lo importante para de Clari es el lienzo puesto que dice que después de la toma de la ciudad nadie, ni franco (cruzado) ni griego (los naturales de Constantinopla) supo que había sido de él, algo que no tiene ningún sentido según la hipótesis del profesor Nicolotti.
        Y sí, Gervasio de Tilbury es muy dado a fantasear hasta el punto de que afirma que la imagen de Edessa era una imagen de cuerpo entero (y con Jesús vivo y, por el contexto, vestido porque no parece lógico que Cristo enviara una imagen suya en pelota picada) pero lo que tú dices que dice no lo dice😉 al menos de la imagen a la que me refiero. Además, el bueno de Gervasio por una vez menciona la fuente de su narración, una historia del Santo Volto de Lucca. Con independencia de los disparates que escribía el de Tilbury, parece obvio que en esta época comienzan a circular historias en Occidente sobre imágenes milagrosas de Cristo relacionadas con la Pasión.
        Por supuesto, incluso si el relato del caballero de Clari es ajustado a la verdad, eso ni supone que el Sudario del que habla sea la Sábana Santa ni supone prueba alguna en pro de su autenticidad, dos cosas que a los sindonistas (comenzado por ése en el que ambos estamos pensando) se les escapa y montan la de Dios es Cristo con una supuesta conspiración escéptica para descalificar el testimonio del cruzado, como si hiciera falta descalificar un relato que sólo probaría que en esa época existió un sudario con una imagen de Jesús y que desapareció sin dejar rastro.

  2. En mi anterior comentario la referencia a “la tela” en la que se veía la imagen cambiante de Cristo podía parecer que se refería al otro sudario del que hablas y no es así. Es un comentario de Gervasio sobre el Mandylion: “…quod in sancto die Pasce per diversas se mutare consueverat etatum species, id est ut prima hora diei infantiam, tercia vero puericiam, sexta quoque adolescesciam, nona autem etatis se premonstat habere plenitudinem…” (Tractatus ex libro syrorum 4-8, cit. por Nicolotti: 122, obviamente, que yo no soy tan culto como para haberme leído lo del bueno de Gervasio). Digo yo, que si Gervasio era capaz de afirmar que se veía semejante verbena en el Mandylion, ya me dirás la credibilidad que tenía cuando decía que se veía el cuerpo entero, que es de lo que se trata. Mantengo que Gervasio se limita a contar a su aire la leyenda y le adosa lo que buenamente se le ocurre. No se le puede tomar como testimonio a la hora de hablar de “otros autores” que afirman que el Mandylion era una imagen de cuerpo entero, como hace Mark Guscin en su libro sobre el acheiropoietos de Edesa. Por ejemplo.

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