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La mortaja de Jesús y los evangelios.

9 de julio de 2015

Si Ud. escribe en un buscador de Internet la palabra sudario, le van a salir diez artículos sobre el sudario de Turín por uno que trate el tema en general. De esos diez, al menos nueve estarán escritos por sindonistas o serán noticias que tienen el sindonismo como origen. Si escribe sudario de Cristo, la cosa será todavía más espectacular. El monopolio en la Red de los creyentes de esta no-reliquia (la iglesia católica nunca la ha aceptado oficialmente como tal) contrasta con la indiferencia de los historiadores, incluidos los católicos, cuando no lo despachan en dos palabras (John D. Crossan). No lo consideran un tema serio.

Libro de Horas (Horas de Catalina de Aragón). Willem Vrelant (iluminador); c. 1460

No soy tan ingenuo como para confiar en que el  desapego que pueda encontrarse entre teólogos y exegetas tenga bases científicas. Supongo que el tema de las reliquias debe causar un cierto malestar entre los creyentes eruditos. Diríamos que es un estorbo a la hora de codearse con historiadores no co

nfesionales en congresos o revistas con pedigrí. También puede darse el caso de que estén convencidos de la estricta separación entre ciencia y creencias y se sientan incómodos con la parafernalia pseudocientífica de los sindonistas.

Por razones de oportunismo o por coherencia ilustrada, los historiadores creyentes han podido encontrar un apoyo a su escepticismo en las mismas escrituras. Con el Nuevo Testamento en la mano, hay al menos dos razones para cuestionar la autenticidad del sudario de Turín. Que los evangelios no dicen nada  sobre la existencia de una tela con figura divina incorporada y que la descripción de los sinópticos sobre la mortaja de Jesús, una sábana de lino, contradice las prácticas judías y el propio cuarto evangelio (el de Juan).

Sobre las prácticas funerarias judías y la síndone ya he hablado en otras ocasiones. . Resumiendo: la práctica de enterrar el cadáver envuelto en lino se atribuye a Gamaliel II, que presidió el Sanedrín tras la caída de Jerusalén (año 70). Previamente no se ha encontrado lienzos funerarios de lino de las características del sudario de Turín.

Ausencia de menciones en los evangelios.

Los lienzos funerarios del Cristo son mencionados varias veces en los evangelios. En líneas generales, los sinópticos, es decir, los llamados Marcos, Mateo y Lucas, hablan de una sábana de lino, aunque en una ocasión Lucas emplea la palabra lienzos (Lucas 24, 12). Juan habla de lienzos en plural.  En ningún caso se menciona una imagen impresa. El obispo de Troyes, Pierre d’Arcis, ya hizo constar este dato en su polémica sobre la autenticidad del sudario de Lirey/Turín. (Chevalier 1900: apéndice G). La objeción, que más recientemente ha sido recogida y ampliada por Mauro Pesce (2010) entre otros, ha suscitado algunas respuestas del bando sindonista.

-La iconoclastia. Se supone que los discípulos habrían escondido la tela porque los primeros cristianos, inmersos en la tradición judía, sentían aversión a las imágenes sagradas. Después, el movimiento iconoclasta del imperio bizantino habría hecho esconder todavía más el sudario.

-Teoría Di Lazzaro sobre láser y envejecimiento:  Paolo Di Lazzaro y colaboradores estuvieron experimentando con rayos láser de baja frecuencia. Aparte de conseguir al fin una fibra decolorada de manera superficial (después de irradiar varios centenares de miles de fibras), constatan que algunas fibras incoloras adquirían el color amarillo pardo característico del sudario de Turín tras aplicar un procedimiento de envejecimiento artificial por calentamiento (Di Lazzaro et al., 2010: #5). Aunque en las conclusiones no lo mencionan, esta experiencia sugiere que los evangelios no citan la imagen del sudario porque esta apareció al menos un siglo después (fecha tope del último evangelio: 125) de haber sido escondido. Los artículos de Di Lazzaro y colaboradores son muy poco precisos respecto a los efectos del proceso de envejecimiento utilizado. La cantidad de años o siglos necesaria para la emergencia de la imagen latente es, pues, meramente especulativa

El argumento de la iconoclastia no se sostiene por varias razones.

-Porque los periodos de iconoclastia fueron relativamente cortos y la persecución contra las imágenes inconstante y dispersa. Una imagen tan poderosa y apabullante hubiera dejado rastro antes o después, como pasó con otras destruidas en los periodos más beligerantes.

-Porque debemos elegir entre dos posibilidades alternativas: o los discípulos seguían las costumbres judías, en cuyo caso no hubieran tocado un sudario, puesto que era impuro, o no seguían las costumbres judías, en cuyo caso la imagen del sudario hubiera sido detectada y proclamada, presumiblemente en los propios evangelios. Pero que sea las dos cosas a la vez parece contradictorio.

El argumento del silencio debe ser utilizado con cautela. La ausencia de mención a cualquier hecho en un documento no significa forzosamente que éste no existiera o no fuera conocido. Pero cuando las circunstancias del texto hacen prácticamente  inevitable la referencia a algún evento y esta no se produce, se puede concluir que no existió o era desconocido por el autor. El caso más significativo es el del silencio de Pablo de Tarso respecto a los hechos y dichos de Jesús recogidos en los evangelios. Como él no cita prácticamente ninguno, incluso cuando en su argumentación era inevitable hacerlo, es de suponer que no los conocía y, con mucha probabilidad, no habían sido compilados en la mitad del siglo I. (Otra alternativa es que los conociera, pero no merecieran su aprobación). Algo similar pasa con el sudario. De haber existido en el siglo I una pieza de tela de las características del lienzo de Turín, es impensable que no fuera mencionada en ninguno de los textos del Nuevo Testamento. En general, los evangelistas, incluyendo a los llamados apócrifos, muestran un total desinterés por cualquier tipo de reliquia relacionada con su Señor. No se habla de ropas, utensilios u objetos considerados sagrados por su relación con Jesús. En la literatura de los primeros padres de la Iglesia, hasta el siglo II, la veneración a los objetos se consideraba idolatría y se relacionaba con el culto a los “demonios”, o sea los dioses paganos. La pasión por las reliquias empezó siglos más tarde, cuando el cristianismo se convirtió en religión del emperador Constantino, primero, y del Imperio Romano, después. Por ello, resulta improbable que la atención de los discípulos ante la tumba vacía se hubiera dirigido hacia los lienzos funerarios –los evangelistas se limitan a constatar que estaban vacíos- y alguien los hubiera recogido.

Libro de Horas. Brujas, c. 1500-1510

La contradicción entre los evangelios: sábana de una pieza o telas, en plural.

Habitualmente se hace una distinción entre los evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) y el cuarto evangelio, el de Juan. Se agrupa a los tres primeros porque son anteriores (se suelen datar entre el año 70 y los ochenta, mientras que el de Juan se coloca entre finales del siglo I y el año 120), porque son dependientes unos de otros (buena parte de Mateo y Lucas proviene de Marcos) y porque son menos teológicos que el de Juan. Se considera también que son los más “históricos”, esto es, más cercanos a la figura real del Cristo, y que introducen menos contenido personal. Naturalmente, el más o menos es muy variable según unos autores u otros.

Lo que ahora nos interesa es que hay una discordancia evidente entre los evangelios sinópticos y Juan. Los primeros hablan de la mortaja de Jesús como una sábana o tela única de lino blanco, mientras que Juan (19 y 20) emplea la expresión othonia (ὀθόνια) que se ha traducido de diversas maneras. La más habitual desde la época moderna es vendas, porque era la que aparecía usualmente en la literatura médica de la época. Sin embargo, los exegetas contemporáneos consideran más apropiada la de bandas o telas. En todo caso, el cuarto evangelista habla de una pluralidad de tejidos, un sudario tapando el rostro y otras telas en plural, a diferencia de los sinópticos que se refieren a una sola mortaja. Además, el término othonia es un diminutivo, lo que a algunos les sugiere la idea de bandas o, incluso, telas que “fajaban” el cuerpo (En Calvo: 2010, el texto en griego y el comentario). Si no se habla de vendas, pues, se habla de algo parecido.

El problema para los sindonistas es doble. Por un lado, que la descripción de Juan contradice la imagen de Turín y, por otro lado, desdice la de los sinópticos que, en este punto, parece anacrónica. Salvo Lucas, que en el pasaje antes citado utiliza también el término othonia para referirse a lo que Pedro ve en la tumba vacía, sin demasiada consideración hacia sí mismo puesto que anteriormente había hablado de un único lienzo (Lucas 23, 53).

La manera con que los sindonistas tratan de superar esta contradicción es, una vez más, muy reveladora de su método. Seguiré aquí el texto de André Feuillet que referencio abajo y que debo a la amable indicación de Hugh Farey, el sindonista cauto. Viniendo de él, puedo estar seguro de que se trata de lo mejor que pueda encontrarse en cuanto a sindonismo consecuente.

Pero sólo el punto de partida del padre Feuillet, ya es más que revelador de por dónde van los tiros. Su tesis es que el término othonia  significa realmente tela y no vendas o tiras de tejido, como se traduce habitualmente. Dos son los “argumentos positivos” en favor de esta traducción:

  1. Que la alternativa de “bandas” o “tiras” da la impresión de que el cadáver estaba momificado, lo que era contrario a las costumbres judías. De hecho, cuando Juan habla de la resurrección de Lázaro, emplea el término keiriai para referirse a las vendas que ceñían el cuerpo.
  2. “La traducción de othonia por ‘vendas’ tiene el inconveniente de que pone en contradicción los sinópticos con Juan”. (Feuillet: 16).

Los dos argumentos son inconsistentes. El primero incurre en una contradicción y parte de una falacia. No se está discutiendo si Juan describe correctamente las costumbres funerarias judías de comienzos del siglo I. Podría ser que estuviera hablando de algo que no conocía y creyera en técnicas de embalsamamiento que realmente no se daban en el siglo I. Al menos esto es coherente con la cantidad desaforada de ungüentos que reseña (Juan 19: 39). Pero lo que discutimos ahora es si, al utilizar la palabra othonia, se refería a tiras estrechas de tejido o no. Entonces, no se puede descartar que el evangelista hablara de vendas en el caso de Jesús porque no hay duda de que en el episodio de la resurrección de Lázaro se refiere a vendas. Si Juan creyó que había un cadáver envuelto en vendas (Lázaro) es normal que creyera que el otro (Jesús) también lo estaba, fuera esto un anacronismo o no, que es cuestión que no viene al caso ahora.

El segundo argumento está basado en que, puesto que lo que Ud. dice molesta mis creencias, debe ser falso. Lo que hace el padre Feuillet es dictar la conclusión y utilizarla como premisa. ¿Y si realmente hay una contradicción entre los evangelistas? Aunque parece que Feuillet no lo encuentra admisible, no sería la primera vez en que esto ocurre ni mucho menos.

A partir de estos supuestos, Feuillet dedica su comunicación a convertir un diminutivo plural en un sustantivo singular. No soy experto en este tema, así que me dedicaré a algunas consideraciones de tipo general y a la comparación de la comunicación de Feuillet con un par de trabajos de especialistas.

Feuillet destaca algunos casos de diminutivos que cumplen otras funciones. Señala ejemplos en los que el diminutivo pierde el carácter minorativo y se puede leer como un simple sustantivo. Así, othonia no significaría vendas, tiras de tejido o paños pequeños, sino directamente telas. El problema es que, aparte de unos cuantos ejemplos, Feuillet no hace un estudio en profundidad del léxico griego. Para verlo, basta comparar su trabajo con el de Watt (2013). De acuerdo con éste, el uso de diminutivos sin significado minorativo es frecuente en los evangelios, incluso proporcionalmente mayor que en el Antiguo Testamento. De los posibles significados, en su mayoría usos familiares o coloquiales, nos interesa lo que el autor llama faded-diminutives, literalmente “diminutivos desvanecidos”. Se designa con este nombre términos que eran diminutivos en su origen, pero que van perdiendo su carácter minorativo hasta poder designar objetos que no son pequeños de ninguna forma física o metafórica. A destacar que esta transformación ocurre en un discurso afectivo o familiar. No sé si Uds. conocen el famoso discurso de la anterior alcaldesa de Valencia sobre el caloret de l’hivern. Pues algo así. El problema para entender othonia en este contexto es doble. Por un lado, que resulta forzado entender en qué sentido familiar el evangelista puede referirse a esas “venditas” hablando de los lienzos mortuorios. Pero mayor objeción es que en Juan este tipo de diminutivos “desvanecidos” aparece doce veces, pero todas en vocativo (Watt 2013: 63). Y, desgraciadamente para la hipótesis de Feuillet, en el cuarto evangelio othonia se usa preferentemente en acusativo y en otros casos, pero nunca en vocativo (Calvo 2010). Esto concuerda con el hecho de que en todo el artículo de Watt son citados muchos ejemplos de diminutivos no minorativos, pero othonia no es uno de ellos.

Otra dificultad añadida para armonizar las distintas versiones evangélicas sobre la mortaja de Cristo es que othonia es un plural, mientras que los sinópticos hablan de una sábana. Feuillet pretende resolver la cuestión suponiendo que el autor de Juan utiliza un plural enfático, que aparece en algunas ocasiones en la poesía griega (Feuillet: 16). De nuevo la especulación no se sustenta en un adecuado estudio filológico. No sabemos si el plural enfático es habitual en la literatura griega del periodo, ni si aparece en el cuarto evangelio, ni con qué frecuencia, en el caso de que así sea. No hay base de apoyo para la suposición de Feuillet.

Y ahora vuelvo a advertir que lo que viene hay que cogerlo con cuidado porque yo no soy filólogo.

G. Katsouris, el autor que he consultado, hace una larga lista de los usos del plural que se refieren a un ente singular en griego antiguo. La mayor parte de ellos son pronombres, verbos y nombres abstractos. Sólo el apartado d) se refiere a nombres comunes (Katsouris: 230), pero este uso está restringido a los objetos que se dividen en partes y éste, evidentemente, no es el caso de la mortaja de Cristo en la versión sindonista. A diferencia de un cuerpo humano, una espada o un retablo, una sábana no es una totalidad compuesta de partes.

María Magdalena al pie de la cruz. Metropolitan Musem, c. 1420-30

Transformar un diminutivo plural en un nombre común singular es, pues, algo hipotéticamente posible, pero altamente improbable en la práctica. La fe apasionada del padre Feuillet y otros sindonistas, vuelve a jugarles una mala pasada. Dirigiendo todos sus esfuerzos a demostrar una idea previa, se han olvidado de la necesaria tarea de descartar refutaciones más plausibles. Una vez más, la vieja historia de siempre.

Referencias.

Calvo, José Luis : “Inauguramos una nueva sección (VII-a)”, en Escritos desde el páramo. “Sábana Santa”.  17 de noviembre de 2010, 17:44; consultado on line 26/06/2015 8:51, http://fenix.blogia.com/temas/sabana-santa/pagina/2/

Chevalier, Ulysse: Étude critique sur l’origine du St.Suaire de Lirey-Chambéry-Turin, Paris, Alphonse Picard, 1900. https://archive.org/details/tudecritiquesur00chevgoog

Di Lazzaro, P. Murra, D; Santori A.; Baladachinni, G: “Sub-micrometer coloration depth of linens by deep ultraviolet radiation”.  Proceedings of the International Workshop on the scientific approach to the acheiropoietos images , Frascati, 2010. http://www.acheiropoietos.info/proceedings/DiLazzaroWeb.pdf

Feuillet, André: “The Identification and the Disposition of the Funerary Linens of Jesus’ Burial According to the Data of the Fourth Gospel”, comunicación en el II Congreso Internacional de Sindonología, Turin 1978, en La Sindone e la scienza, Ed. Paoline, 1979, pp. 13-23.

Katsouris, A. G. : “Plural in Place of Singular”, en RhM (Rheininsches Museum), 120.1977, pp. 228-240. (Está on line).

Mauro Pesce: “I Vangeli e la Sindone/Il lenzuolo del cadavere di Gesù nei più antichi testi cristiani”,  MicroMega 4/2010, http://temi.repubblica.it/micromega-online/i-vangeli-e-la-sindone/?printpage=undefined ; consultado el 25/06/2015 9:02

Watt, Jonathan M.: “Diminutive Suffixes in the Greek New Testament: A Cross-Linguistic Study”, Biblical and Ancient Greek Linguistics Journal, 2 (2013), pp. 29-74 (Está on line).

2 comentarios
  1. Frank Kreisler permalink

    Ayer en TVE 2 -o sea, cadena pública que financiamos todos los ciudadanos- emitieron un documental sobre la Sábana Santa. Absolutamente sonrojante. Allí salían un montón de personajes, todos con el subtítulo de “physicist”, dando las más peregrinas explicaciones sobre la formación de las manchas del Sudario. Hablaron de extrañas energías que la Ciencia -pobre Ciencia, tan torpe y descarriada ella frente a la certeza de la fe- todavía no ha descubierto, de los Evangelios como fuentes históricas de absoluto crédito, de… En fin, una vergüenza. Por si le interesa le dejo en enlace para que lo vea on line:

    http://www.rtve.es/alacarta/videos/documenta2/documenta2-misterios-del-santo-sepulcro/3231619/

    Por lo demás tan sólo felicitarle por su excelente blog, cuyo único defecto es ser documentado, riguroso, exhaustivo, serio y científico, frente a la fe, que aunque sea irracional, torticera, manipuladora, absurda, siniestra y un insulto para la inteligencia, por contra es verdadera. Gran invento la fe, aval de la verdad absoluta, compartida por inquisidores, talibanes, iluminados de todo pelaje y manso rebaño que ha logrado transmutar al Homo sapiens en Homo ovis.
    ¡Ah, se me olvidaba! Y, cómo no, lo mezclaban con el Pañolón de Oviedo, en un totum revolutum, para, cual pescadilla que se muerde la cola, usar ambos lienzos para justificar la veracidad del otro.
    En fin, reciba un cordial saludo, y ánimo, siga con este magnífico blog, que los cenutrios de la TVE2, a los que les pagamos el sueldo, deberían leer antes de emitir estas siniestras manipulaciones.

    F.Kreisler

  2. Gracias por el comentario, Frank. Documentales como éste se producen todos los años unos cuantos. Están llenos no sólo de comentarios propagandísticos más o menos camuflados, sino de errores de bulto que deberían molestar a los propios sindonistas. Raramente se molestan, claro. No he podido ver quién firmaba éste, pero en los EEUU hay directores de documentales especializados en el tema y muy militantes.
    Sí que estamos a años luz de un estado laico como Dios manda🙂, pero la intromisión de la Iglesia en los asuntos del Estado no es privativa de este país. Hace años que sigo la cadena de TV francoalemana “ARTE”, que desde sus orígenes se había caracterizado por ser un referente cultural. Sobre el cristianismo produjo varias series en las que aparecían historiadores de todas las tendencias y creencias. Creo que eran de lo más serio que he visto en televisión sobre el tema de los orígenes del cristianismo. Pues bien, desde hace unos años, en lugar de producir series de este estilo se dedica a pasar documentales de canal Historia y semejantes, que son bastante, pero bastante peores. Y entre ellos nos obsequió la Pascua pasada o la anterior con un documental beato del estilo del que estamos hablando. La invasión masiva de la cultura norteamericana, especialmente devota de cualquier cosa que suene a religión y pseudomisticismos de diseño, tiene estas cosas.
    Un saludo, y bienvenido al blog.

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