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Thomas de Wesselow. 2. Bibliografía.

5 de septiembre de 2015

Wesselow empieza por advertir que su libro no pretende tener un nivel académico. Como se verá más adelante, le doy toda la razón. Sin embargo, hay que decir que el aparato crítico y la bibliografía tienen un nivel que va más allá del simple libro de divulgación. Y esto es importante porque una de las cosas que uno mira, cuando está pensando en consultar o comprar un libro, es la bibliografía.

María Magdalena. Ligro de Horas dominico, Lieja. 1505-15

Alrededor de 300 textos consignados es una cantidad respetable. Es cierto que un análisis más detallado puede detectar algunas lagunas. No es extraño, puesto que en este libro se tratan temas que, en principio, no estaban conectados, como el animismo, el lienzo de Turín o los evangelios apócrifos. En estas condiciones, decir que falta éste o aquél volumen es más o menos irrelevante. Pero en el ámbito en que puedo dar alguna opinión fundamentada, esto es, en el del sudario, encuentro que alguna de esas lagunas es significativa, como el hecho de que falte toda referencia al grupo de escépticos italianos. Wesselow parece ignorar los trabajos de Lombatti, Nicolotti, Rinaldi, etc. De haberlos consultado, algunos puntos imprescindibles para sus tesis hubieran requerido una mayor discusión. Como es el caso de los ejemplos que comenta sobre fallos en la datación del radiocarbono, que están aclarados convenientemente en un trabajo de Rinaldi que ya cité en su momento y que Wesselow da por inexplicables.

Pero, y esto podría ser peor, da la impresión de que alguna de las ausencias está orientada. Emmanuel Poulle, por ejemplo, conspicuo sindonista y defensor de la equiparación del sudario con las ilustraciones del códice Pray, no es referenciado. Y uno no puede dejar de malpensar que esta ausencia significativa le ahorra a Wesselow tener que responder a la drástica negativa del erudito francés a identificar el Mandylion con el sudario de Turín, una de sus – de Wesselow- discutibles tesis principales.

En otros casos, no está nada claro que Wesselow conozca de primera mano las obras que cita. Por ejemplo, en la polémica entre McCrone y Adler, hace referencia a la objeción del segundo al hallazgo de pigmentos que dijo haber encontrado el primero. Recoge el contrargumento de Adler de que podían ser debidos a la contaminación por contacto con otras pinturas Pero parece desconocer la respuesta de McCrone en uno de los papeles que él cita: que las partículas de bermellón se encuentran exclusivamente en las manchas de sangre y las de ocre en las muestras extraídas de la imagen del cuerpo, con lo que difícilmente podrían  ser debidas contactos aleatorios.

Por lo tanto, la bibliografía, pese a su dispersión, parece sólidamente construida. La única pega es que también parece demasiado sólidamente dirigida a no tener en cuenta los textos que podrían deshacer los puntos de vista del autor. Trataré de dar algunos ejemplos a lo largo de la exposición en las siguientes entradas.

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