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Galería de sindonistas ilustres. Gian Maria Zaccone: el sindonista refinado.

5 de abril de 2016

Entre el mundo tormentoso de las exclamaciones, asombros, acusaciones y trifulcas del sindonismo destacan a veces ciertas personas tranquilas que funcionan a su aire y que casi nadie cita, probablemente por la simple razón de que no crean tensiones y no gustan a los exaltados. Tal es el caso de Gian Maria Zaccone, director científico del Museo della Sindone di Torino. El Sr. Zaccone ha dirigido sus trabajos al ámbito de la historia, materia en la que parece estar especializado (lo supongo porque no he encontrado su curriculum en internet).
(ADENDA, 06/04/2016: Me informan de que el Sr. Zaccone es lo que en España llamaríamos un graduado (laurea) en Historia del Derecho y trabaja en los archivos históricos en una empresa de gas italiana. Bibliografía: ZACCONE, Gian Maria ; JACCOND, Monica: “L’archivio storico Italgas”en Convegno su: Industria, lavoro, memoria. Le fonti archivistiche dei sindacati dei lavoratori, delle associazioni imprenditoriali e delle imprese in Italia e in Europa. Torino, 1994 Atti del Convegno, Torino, Villa Gualino, 7-8 novembre 1994, Torino, Eta Beta, 1996. Por ahí va la cosa).

 

Crucifixión y entierro. Gospel Lectionary of the Bamberg Apocalypse, año 1000:

Zaccone se separa del mundo de los historiadores sindonistas por el énfasis que pone sobre el hecho de que no existe ningún testimonio fiable de la existencia del sudario antes de su aparición en Lirey a mediados del siglo XIV. En consecuencia, los Wilson, Scavone, Marinelli, Frale y compañía lo ignoran olímpicamente. (Queda feo polemizar con todo un director científico de una santa institución, digo yo).

En opinión de Zaccone, los estudios sobre el santo lienzo han estado indebidamente “obsesionados” por la cuestión de la autenticidad (2015: 6). Esto ha provocado que las investigaciones, aparte de algunos trabajos científicos importantes (¿cuáles?), se hayan polarizado en tres campos: los que la consideran la reliquia más importante del cristianismo, los que la consideran un objeto que tiene un enorme potencial religioso y puede ser objeto de estudios científicos relevantes y los que la consideran un fraude que no tiene ningún interés. Para el resto, los peregrinos que acuden en masa a contemplar la imagen, la cuestión de la autenticidad ni siquiera se plantea.

Hay que decir que estas afirmaciones, que, en general, parecen sensatas, dejan un poco perplejo cuando se examinan en detalle. En primer lugar porque hay quienes creen que la “Sábana Santa” es un fraude y, al mismo tiempo, consideran el objeto como tal digno de estudio. Porque no conozco ningún historiador o científico que considere un fraude el artefacto y declare que no tiene ningún interés, salvo que diga que no tiene interés en su campo, que es cosa diferente. Esta es una categoría inventada por el Sr. Zaccone para formar artificialmente dos bandos extremos, los de la fe de carbonero y los despectivos escépticos, y así revalorizar el término medio, el de la moderación. Que él representa, es obvio. Esta categoría de moderados me parece bastante extraña, porque incluye dos cosas disímiles: la creencia en el valor religioso y la investigación científica. Creo que puede darse el caso de los que no tienen ninguna creencia religiosa, o incluso son contrarios a las mismas, y, sin embargo, realizan estudios sobre el lienzo y consideran que es de interés.

Lo que me parece todavía más extraño es que piense que las masas de peregrinos que acuden a visitar el objeto prescindan de la cuestión de su autenticidad (2011: 310). Yo pienso que lo normal es que acudan allí porque creen que es el auténtico sudario de Cristo o piensan que puede serlo. Estas personas no se amontonan delante de un cuadro de Zurbarán o de Leonardo. Y es muy diferente su actitud de los que se prosternan delante de la Virgen del Rocío o el Santo Cristo de las Batallas. Unos tienen una ambigua actitud en la que la potencia de la imagen suplanta a veces la del objeto representado (la típica ambigüedad del fetiche), los otros van a ver la auténtica impronta del cuerpo de Cristo personalmente en persona, que diría Agatino Catarella. Y si van como curiosos o aficionados a lo misterioso, que alguno habrá, caerá sobre ellos una montaña de fervor e “información científica” a los que difícilmente quedarán indiferentes. Yo he visto a los voluntarios sindonistas en acción en la catedral de San Juan y sé cómo las gastan. Así que “el simple curioso” y, todavía más, el creyente fervoroso no hacen de la autenticidad una cuestión secundaria. Es LA CUESTIÓN del sudario, el motivo fundamental por el que acuden a contemplarlo y no motivados por disquisiciones teológicas ambiguas sobre el valor “providencial” del icono. Ver para creer, caramba.

El director científico del Museo de la Sindone debería saberlo, porque habrá paseado por las salas de su institución, en donde la autenticidad es el tema explícito e implícito dominante. Supongo que también habrá entrado alguna vez en la página web oficial del sitio, en donde no sólo se toma partido por la autenticidad, sino que se hace de manera manifiesta, militante y, con frecuencia, mistificadora.

Santa inocencia la de este hombre.

The Entombment. William Blake (1757–1827), Pollok House, Glasgow.

 

En lo que le doy totalmente la razón es en que el estudio de la evolución de las prácticas de culto alrededor del sudario es muy interesante. Pero, lamento decirlo, su enfoque me parece insuficiente. Él divide las fases del culto a la Sábana Santa en búsqueda de un rostro para Cristo, presencia tolerada, acogida, promovida y búsqueda científica. Me valen, como cualquier otra clasificación, pero no su manera de enfocarlas. Porque Zaccone se limita a contarnos la evolución de una a otra fase exclusivamente desde el punto de vista interno de la relación con la autoridad religiosa y sus oficiantes, legitimados o no. Creo que el desarrollo del culto está marcado por otras variantes que Zaccone desdeña o que se limita a mencionar de pasada. Especialmente, por las relaciones de poder y contrapoder que se tejen en torno a la posesión de la reliquia, por las formas de la religiosidad popular que reviste la relación creyente-objeto o por el valor epistémico que se atribuye a la imagen, entre otras. En medio hay interesantes polémicas como la del valor religioso de la iconicidad o la transformación de la imagen de Cristo de acuerdo con los modelos culturales. Son muy pocos los estudios que han enfocado así el asunto y, por lo que sé de los de Zaccone, él no va por ese camino.

Así que, aun estando de acuerdo en el punto de partida, no me parece que Zaccone acierte en su desarrollo. Por otra parte, ciertas frases cargadas de la clásica ambigüedad y elusividad teológicas no se sabe muy bien qué tienen que hacer en un estudio o descripción de las formas de culto.  Como, por ejemplo, que la imagen del sudario se ha impuesto a las demás “no por su realismo, sino por su realidad, que consiste en probar al que se le acerca el sentido de una presencia y no sólo de una memoria, de una participación y no sólo de una contemplación” (2011: 323). Me parece un texto muy poético y nada analítico o científico, la verdad. La diferenciación entre realismo y realidad, presencia no memoria, participación y contemplación, requieren para ser claras y distintas una serie de explicaciones que podrían dar lugar a nuestro asentimiento o disensión, pero, tal como están formuladas, resultan un misterio. Quiero decir que, por ejemplo, el realismo es la capacidad de una imagen de representar un objeto y la realidad es la existencia de un objeto. Son dos términos que hablan de cosas diferentes y juntarlos sin más no hace sino confundir. Por supuesto, en un artículo científico, que es de lo que estamos hablando. La teología es otra cosa en la que la confusión y la ambigüedad se consideran profundas. La teología, lo mismo que la poesía, no se mide por su verdad, sino por el grado de persuasión y en eso no me meto.

En fin, esta es la imagen que tengo del director científico del Museo de la Sindone. Un hombre mesurado y muy poco científico. Naturalmente, me baso sólo en dos de sus artículos. Quizás si conociera mejor el resto de su obra podría mejorarla, la imagen, digo, pero, sinceramente, viendo lo que he visto, no tengo demasiado interés en hacerlo. Prejuicios… o que ya soy perro viejo.

 

Bibliografía.

Zaccone, Gian Maria (2011): “Dalle acheropite alla Sindone”, en Adele Monaci Castagno ed., Sacre impronte e oggetti «non fatti da mano d’uomo» nelle religioni, Atti del Convegno Internazionale – Torino, 18-20 maggio 2010; Alessandria, Edizioni dell’Orso.

Zaccone, Gian Maria (2015): “Ruolo della ricerca storica negli studi sulla Sindone”, en Aggiornamento sulle principali tematiche sulla Sindone di Torino, Incontro Centri di Sindonologia per la festa litúrgica della S.Sindone, 2 Maggio 2015Centro Internazionale di Sindonologia; pp. 5-10. Versión en línea, https://www.shroud.com/pdfs/duemaggiohandout.pdf, Consultada: 04/04/2016 13:01)

From → 3.4. Otros

One Comment
  1. Odiseo permalink

    “Lo que me parece todavía más extraño es que piense que las masas de peregrinos que acuden a visitar el objeto prescindan de la cuestión de su autenticidad (2011: 310). Yo pienso que lo normal es que acudan allí porque creen que es el auténtico sudario de Cristo o piensan que puede serlo. Estas personas no se amontonan delante de un cuadro de Zurbarán o de Leonardo.”

    Estoy de acuerdo. Basta con comparar las colas que se forman para ver la Mona Lisa original de Leonardo en el Louvre con las que se forman (es un decir) en el Prado frente a la Mona Lisa de Madrid, aun siendo la copia más antigua de la pintura original y salida del mismo taller de Leonardo, aunque no pintada directamente por él. Si la gente que vive en España quiere ver la Mona Lisa en persona, se molesta en pagarse un billete a Paris aunque la de Madrid le pille mucho más cerca.

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