Skip to content

La influencia de lo oculto. (Ian Wilson. I)

30 de abril de 2016

“Quiero ser un humilde médico rural famoso en el mundo entero”. (Linus en Peanuts)

 

El sudario de Turín permaneció durante trece siglos y medio oculto en diferentes lugares de Asia Menor y Europa hasta su confusa -por sus orígenes y otras circunstancias- aparición en una pequeña iglesia de Francia.

Al menos, eso es lo que nos cuenta Ian Wilson en el último de sus libros, dedicado al Sudario (The Shroud: The 2000-Year-Old Mystery Solved, London, Bantam, 2010). Nada nuevo, puesto que ésta es la tesis que ha venido manteniendo desde sus primeros trabajos dedicados al tema.

El Mandylion. Monte Athos. Siglo XVII.

Ya he criticado esta hipótesis en otras entradas. Lo que aquí quisiera comentar brevemente es hasta dónde  puede llegar el absurdo de postular que cualquier rasgo de la pintura europea o cristiana que recuerde vagamente la imagen del sudario es, “sin duda alguna”, una prueba de que éste existió en tal o cual fecha anterior a la proporcionada por la datación del 14C (que es de lo que se trata realmente).

Que algunas imágenes pueden influenciar notablemente el desarrollo de la pintura posterior no es ningún misterio en sí mismo. Sobre todo cuando están revestidas de un prestigio religioso y son exhibidas públicamente. Este es el caso del Cristo Chalkites, la Camuliana o el velo de la Verónica. Los dos primeros, auténticos paladios, esto es, figuras protectoras de la ciudad, a la manera de Atenea con Atenas, gozaron en Constantinopla de un prestigio superior al Mandylion (el disfraz del sudario de Turín en aquella época, según Wilson). Sus imágenes eran bien conocidas y el “pequeño” inconveniente para poder calibrar su importancia desde el punto de vista de la Historia del Arte es que desaparecieron en medio de la iconoclastia sin dejar ni rastro. A pesar de ello, cuando algunos autores hablan de las primeras representaciones del Cristo que conocemos, suponen que fueron influenciadas por alguno de estos iconos. Frederick Hartt ( Historia de la pintura-escultura y arquitectura, Madrid, Akal, 1989, p. 339) relaciona el famoso icono del Cristo Pantocrátor  del monasterio de Santa Catalina en el Sinaí con la imagen del Cristo Chalkites, no con el Mandylion, como gustan de hacer los sindonistas. La hipótesis es lógica. Se basa en una secuencia coherente. Una imagen posterior deriva de un icono público y famoso. El Mandylion era menos famoso que el Cristo Chalkites en la época, luego el principal candidato es este último. Pero, desde luego, la teoría permanece en el nivel de las hipótesis porque no tenemos los elementos visuales que permitan la comparación.

Lo que no es ni lógico ni coherente es suponer que una imagen de la que no consta su existencia en ningún documento ni imagen explícita y, por lo tanto, debería ser desconocida para los artistas de la época, haya venido a influenciar, por caminos ignotos, toda la formación de un estilo y un modelo de representación iconográfica que se extiende hasta el gótico europeo. Esto no se tiene en pie.

Pero es peor todavía, y esto es lo que hace Wilson, afirmar que un icono que sólo había sido visto por una persona pueda ser el modelo de imágenes tan dispares como la que citaba antes del monasterio del Sinaí y la de un modesto y anónimo ilustrador de un manuscrito de finales del siglo XII-principios del XIII elaborado en un reino marginal europeo (el códice Pray).

El problema de Wilson, como de los sindonistas que le siguen, es que tiene que justificar que el Mandylion era el sudario de Turín. Pero, por las descripciones y representaciones del lienzo edesano, se sabe que era la imagen de la cabeza de un hombre vivo. ¿Cómo es posible que nadie, absolutamente nadie, se diera cuenta de que era la doble imagen del Cristo en su tumba? Porque nadie estaba autorizado a hablar de él ( “was surrounded of the densest clouds of the most halowed secrecy” -Cap. 8, párrafo final-) y el secreto llegaba hasta tal punto de que sólo podía abrir la caja el Emperador y no se enseñaba a nadie más (“not opened for anyone except the emperor of Constantinople” -cap. 13-)[1]. El problema para Wilson consiste en que, habiendo establecido tales cotas de “secreto sagrado” que sólo una persona podía contemplar el lienzo en su totalidad (los demás se contentaban con verlo parcial y confusamente a través de la abertura –hipotética- de la caja), no puede justificar que encuentre al menos una decena de testimonios que, supuestamente, hacen referencia a la parte oculta de la tela, es decir, brazos, costado, el cuerpo entero. ¿Si no lo veían, cómo lo describían?

Hay una razón muy simple: ni el secreto era tal (el Mandylion se exhibía en bastantes ocasiones, incluso desplegado en alguna de ellas), ni las referencias al cuerpo entero son tales. Pero en la lógica sindonista de Wilson, cualquier palabra o signo que sugiera vagamente el parecido con el lienzo de Turín (imagen de cuerpo entero, sangre ojos cerrados, etc.) es una prueba que se acumula en un montón de indicios fabricados por él, pero que pone encima de la mesa como una monumental evidencia de que el Mandylion era la representación del cuerpo entero del Cristo y, por ende, del sudario de Turín.

Véase una prueba de la lógica inductiva wilsoniana:

Que un obispo en Edesa diga que la ciudad fue elegida por Dios como “trono para la Imagen de su adorable rostro y su gloriosa encarnación” (…) “indica un reconocimiento de que la impronta era de cuerpo entero”. (Cap. 10, último párrafo). De qué manera “lo indica”, Wilson omite especificarlo.

Otra:

En el Instituto de Manuscritos de la Academia de Ciencias de Georgia, en Tiflis, existe un códice, datado en 1054, en el que se representa el Mandylion en su forma habitual. El Evangeliario de Alaverdi. Es decir, el rostro del Cristo con aureola cruciforme sobre un paño del tamaño aproximado de una toalla de manos. Ahora bien “la escala del objeto pintado sólo puede apoyar las crecientes indicaciones de que la imagen de Edesa representaba secretamente la huella del cuerpo entero de Cristo”. (Cap. 13: “Alaverdi Tetraevangelion”).  Si ven Uds. la imagen observarán que no hay manera de inferir cuál sea esa “escala anormal” ni de qué manera algo parecido a una toalla de manos puede ser un indicio del cuerpo entero. Aquí la tienen:

Y una perla para rematar:

Por mucho que Wilson se maree a sí mismo y a los demás con “pruebas” de este cariz, no puede evitar que la casi totalidad de los viajeros  que visitaron Constantinopla por aquellas fechas (además de los cronistas locales) hablaran del Mandylion y del sudario que allí se conservaban como dos cosas distintas. Pero para esta objeción, en mi opinión inapelable, también tiene una astuta respuesta: no hay que hacer demasiado caso de los “turistas” porque lo confunden todo (Cap. 13: “Tourist confusion”). Colocar bajo la categoría de “turistas” a todos los viajeros, dignatarios, monjes, cronistas, etc. que distinguen el Mandylion del sudario tiene su gracia. Desde luego, los textos de la época hay que analizarlos críticamente, pero mandarlos todos a la papelera porque dicen algo que no nos gusta es hacer tabla rasa de la historia antigua, medieval y parte de la moderna en base a nuestra ideología. Sobre todo cuando lo que dicen es algo aparentemente inocente como que un objeto no es el otro. Pero, además, si Wilson piensa relegar a la categoría de “turistas” a todos estos textos, deberá incluir también aquellos de los que extrae sus arriesgadas inferencias sobre el tamaño o índole de la imagen edesana, empezando por el de Clari, que Wilson ni siquiera se para a analizar críticamente cuando hay más de un motivo para hacerlo.

En suma: con esta peculiar metodología no es de extrañar que su amigo y discípulo Mark Guscin, en su libro sobre el Mandylion (Brill, 2009), no lo miente más que en nota a pie de página y sobre un tema intrascendente. Que una cosa son las amistades y otra ponerse en evidencia.

 

NOTA:

[1] He utilizado la versión epub del libro de Wilson. Como no dispongo de la paginación original cito por capítulo e incluyo unas palabras en inglés para facilitar la búsqueda.

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: