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El Jesús histórico (XII). La transmisión oral y los testimonios evangélicos.

12 de octubre de 2017

 

“Sin embargo, uno de los principales problemas con la hipótesis de la leyenda, que casi nunca es abordado por los críticos escépticos, es que el tiempo entre la muerte de Jesús y la escritura de los evangelios es demasiado corto para que se produzca” (William Craig, “The Evidence for Jesus,” s.f. (consultado 03/09/2017 10:59,

Online: http://www.leaderu.com/offices/billcraig/docs/rediscover2.htm )

 

Como decía en la entrada anterior los defensores de la fiabilidad de los evangelios, suelen argumentar que son demasiado cercanos a los hechos que narran para que se hubiera podido introducir en ellos acontecimientos inexistentes o alteraciones importantes de lo ocurrido. Como traté de explicar, esta afirmación se contradice con lo que de hecho podemos observar en los propios evangelios. Las diferencias en las narraciones de los evangelios implican que diversas versiones sobre lo que realmente dijo o hizo Jesús podían existir en el siglo I, sin excluir otras que no hayan subsistido a la criba ideológica que realizó la todopoderosa iglesia del Imperio. Las afirmaciones históricamente refutables o evidentemente míticas, demuestran que la capacidad de inventiva de los narradores no pudo ser contrastada por ninguna crítica racional. Sin embargo, una modificación más sutil de este argumento puede encontrarse en Adrian N. Sherwin-White (1963, p. 190). “…Incluso dos generaciones [alrededor de setenta años en total] son demasiado cortas para permitir a la tendencia mítica queprevalezca sobre el duro núcleo histórico de la tradición oral”. El argumento va dirigido directamente contra el mitismo, pero puede ser utilizado para negar el carácter legendario de los asombrosos hechos de Jesús de Galilea. La sutileza consiste en el “prevalecer” y, como la mayoría de las sutilezas de los exegetas-historiadores, se basa en una cierta ambigüedad y una confusión entre la conclusión aparente y la analíticamente correcta. “Prevalecer” significa, según la Real Academia Española de la Lengua, obtener algún tipo de ventaja sobre otras cosas. Si no malinterpretamos a Sherwin-White, quiere decir que los elementos míticos de la vida de Jesús habrían sido contrarrestados por los históricos, pero la conclusión no está clara: ¿Qué no hay elementos míticos en los evangelios? Esto es absolutamente disparatado, puesto que haberlos háylos. ¿Qué los elementos históricos son más que los míticos? Para eso habría que tener un criterio claro para distinguir  unos y otros, lo que, como vengo insistiendo en esta serie de comentarios, no ocurre. ¿Qué significa, entonces, “prevalecer”? No tengo ni idea.

Savonarola predicando.

Sea lo que sea, Kris Komarnitsky (2013), ha mostrado como los hechos míticos prevalecen en falsas biografías de hombres célebres que aparecen poco después de su muerte. Los historiadores señalan el nacimiento y predominio de toda suerte de mitos y leyendas en torno a Alejandro el Magno en el mismo momento de su muerte. Conocemos que son legendarias porque nos ha llegado al menos una biografía redactada según los cánones del método histórico, Arriano de Nicomedia, (la Anábasis de Alejandro, siglo II), que se basaba en otras biografías anteriores, y así podemos comparar y separar la paja del grano. Pero la situación de los evangelios no es en nada parecida a esto. Ningún historiador profesional siguió o recogió las andanzas de Jesús de Galilea. Todas las fuentes que nos han llegado por escrito derivan de tradiciones orales incontroladas. Por lo tanto, el predominio de las construcciones míticas se puede producir en menos tiempo del que va de la muerte de Jesús a las redacciones evangélicas, unos 70 años, como dice Sherwin-White, y la posibilidad de desentrañarlo mediante el contraste con fuentes históricas, no existe en este caso.

La tradición informal controlada.

Los exégetas-historiadores, conscientes de esta dificultad para sus reconstrucciones del Jesús histórico, suelen producir con regularidad intentos de superarlas más o menos fundados. El último que conozco y merece atención es el de Kenneth Bailey, “La tradición oral informal controlada y los evangelios sinópticos”  (1991), que fue publicitado con entusiasmo por James Dunn (2003, p. 206).

Bailey distingue dos formas de tradición oral, la informal y la controlada. La primera se produce en contextos abiertos, en los que los rumores proliferan con facilidad. Véase los bulos que se suelen publicar en las redes sociales, por poner un ejemplo actual. La segunda, que remite a un sistema de control de la transmisión, produce una repetición más o menos exacta de los contenidos del relato. El caso que cita Bailey es el de la enseñanza del Corán en las madrasas. El ejemplo no resulta demasiado adecuado puesto que la transmisión no es exactamente oral, sino controlada por un texto escrito que sirve de referencia. Más apropiado hubiera sido citar los poemas de Homero en la antigua Grecia o de otras técnicas rapsódicas modernas en los Balcanes, investigadas por Lord y Parry (Trapero 2008). Estas permiten al cantor mantener un poema salmodiado, incluso muy extenso, con asombrosa fidelidad, aunque sin evitar totalmente las modificaciones. El contenido no permanece intacto, sino que evoluciona y se transforma de acuerdo con el personal estilo de rapsoda y sus peculiares maneras de enfocarlo. (Jaume Pórtulas: Introducción a la Ilíada, Barcelona, Alpha, 2009, p. 399).

Branko Perovic y Milorad Miso Vujovic; dos guslari contemporáneos. Audio: https://www.youtube.com/watch?v=UIUQAzKRJpE.

Según Bailey, ninguna de las dos es apta para explicar las coincidencias en los relatos evangélicos. La primera de ellas, porque, obviamente, no explica la supuesta uniformidad de los testimonios neotestamentarios. La segunda, porque no se advierte en los evangelios ninguna estructura social de aprendizaje semejante a la de las escuelas rabínicas ni ninguna de las técnicas rapsódicas de recitado, que se pueden detectar en los textos homéricos. En su lugar, propone una nueva forma de tradición oral, a la que llama “Tradición oral informal controlada” (TIC, a partir de ahora). La teoría de la TIC supondría un espaldarazo a las hipótesis de la autenticidad evangélica porque proporcionaría una explicación de la forma de transmisión que garantizara su relativa permanencia.

El origen de la teoría del TIC está en las observaciones de Bailey durante su estancia en Oriente Medio. Concedió especial relevancia a la vida y dichos de John Hogg, un misionero presbiteriano que fundó una congregación en Egipto hacia 1860, del que queda una biografía redactada por su hija Rena. Ya en el siglo XX, Bailey visitó los lugares en los que había vivido el religioso y observó una “asombrosa” coincidencia entre lo que contaban los lugareños y las anécdotas del libro. Al mismo tiempo, descubrió el método que permitía  esta transmisión más o menos exacta a través de la tradición oral. Cada comunidad se reunía periódicamente en asamblea para escuchar recitados sagrados, incluyendo las historias acerca de Hogg. Los narradores eran regularmente los ancianos u otros líderes que se consideraban especialmente aptos para la tarea. Según Bailey, cuando el recitador se desviaba de la “verdadera” historia, era reprendido por los asistentes. Así, aunque se admitiera una cierta libertad en aspectos inesenciales, como los referidos a sucesos particulares, lo importante, es decir, los dichos del santo Hogg, en este caso, se mantenían inalterables a lo largo del tiempo. (NÓTESE que, como buen protestante, a Bailey lo que le interesaba era lo dicho, no lo hecho).

Sin embargo, algunos autores más minuciosos que Dunn, han realizado una dura crítica contra la metodología de Bailey, que era un hombre religioso, no un historiador o antropólogo profesional. Aquí seguiré sustancialmente la de Theodore J. Weeden  (2009).

Lo primero que observa Weeden es que Bailey afirma que ciertos dichos y hechos del misionero Hogg son asombrosamente coincidentes en la biografía que escribió su hija y en lo que le contaron los lugareños, pero no presenta estas semejanzas más que en dos casos que, justamente, no tienen gran cosa de coincidentes. Véase el ejemplo con un sencillo paralelismo (Weeden, p. 11):

Versión de Bailey:

“La gente de una aldea contó orgullosamente cómo Hogg estaba predicando en un patio del pueblo y el alcalde, queriendo causarle problemas, mandó a un guardia que se subiera al techo y orinara sobre él. Hogg  se apartó, tomó un pañuelo de su bolsillo, se secó la cabeza y continuó predicando sin mirar arriba. El alcalde estaba tan avergonzado que más tarde se unió a la iglesia y se convirtió en uno de sus líderes”.

Versión de Rena Hogg:

“No era raro que se arrojara las basuras a la calle a su paso, mientras se gritaba porquerías en tono de desprecio y burla. En una ocasión le tiraron a la cabeza “agua sucia” desde el techo de una casa de la que se había expulsado a la fuerza a la gente que le escuchaba”.

            Como se puede observar, el parecido entre las dos versiones es escaso. Aunque se conserva la anécdota, el significado de toda la historia cambia profundamente. Lo que en Rena Hogg es una mera descripción de las dificultades a las que se enfrentaba la misión de su padre, entre los fieles se convierte en una exaltación de la serenidad del Maestro y de su capacidad casi milagrosa para convertir a los incrédulos. Lo que se ha cambiado aquí es justamente lo “esencial” del relato. Pero  el ejemplo cuestiona algo más profundo: el concepto mismo de esencial. Lo que para la hija del pastor resulta significativo de la historia puede ser algo muy diferente de lo que la comunidad considera como tal cincuenta años más tarde. Tanto más cuando las comunidades evolucionan con el tiempo y su idea de “lo que es esencial” puede cambiar con ellas.

Otros ejemplos mencionados por el propio Bailey, que no se refieren al pastor Hoggs, muestran como el empeño en transmitir lo que la comunidad considera “esencial” puede llevar a construir narraciones falsas que se convierten en la “historia oficial” que debe ser transmitida. Así, en un incidente en el que un campesino egipcio mató accidentalmente a otro, la comunidad, interesada en evitar el inicio de una guerra interna de represalias y tratando de alejar a la policía, fabricó una versión que evitaba ambas contingencias. Y ésa fue la que se transmitió oralmente (Weeden, p. 29). Lo que esto implica es que no sólo los eventos neutrales o que son indiferentes pueden sufrir una modificación sustancial a lo largo de la transmisión oral, “controlada” o no, sino que otras razones de tipo “interés general” pueden introducir censuras y modificaciones importantes en la transmisión –llegando incluso a recrear hechos ficticios–.  Es más, a pesar de que Bailey pretende que la transmisión es controlada por la asamblea, él mismo ofrece varios indicios de que es la autoridad de los dirigentes de la comunidad, los ancianos, la que se encarga del recitado de las historias verdaderas y dirime los casos en que se puedan enfrentar versiones contrapuestas.

La TIC y el cristianismo primitivo.

La teoría de Bailey no explica como la comunidad de los cristianos primitivos pudo haber transmitido un relato fiable de las andanzas de Jesús en la tierra. Tomemos una perícopa cualquiera de los evangelios. La de la mujer adúltera, por ejemplo, que es de las simpáticas (Juan 8, 1-11). La estructura del episodio podría reflejarse como sigue:

  1. Los escribas y fariseos traen una mujer adúltera y le preguntan si hay que lapidarla, como dice la Ley.
  2. Jesús discute con ellos.
  3. Pronuncia la famosa frase: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.
  4. Los escribas y fariseos se avergüenzan y se van.
  5. Jesús perdona a la mujer adúltera.

Si no somos demasiado ingenuos, encontraremos el episodio bastante dudoso: sólo ha sido transmitido por Juan —a pesar de ser bastante llamativo—, está relatado en el evangelio más tardío y la súbita vergüenza de los escribas, que les hace abandonar el lugar, suena bastante infantil. Pero ha sido transmitido por la comunidad de Juan y figura en uno de los evangelios, luego, según la teoría TIC, debería tener un núcleo esencial verdadero. ¿Cuál? Puesto que desconocemos la ideología de la comunidad que lo mantuvo durante décadas, —si es que el evangelio no fue modificado en su recorrido fuera de ella—, no podemos saber qué era esencial para los creyentes y qué era un adorno de los sucesivos relatores. O del último que lo transmitió. Puede ser que hubiera una discusión con los escribas sobre el adulterio, sin mujer por en medio. Puede que Jesús no pronunciara una sentencia tan comprometida, sino algo parecido. Puede que no hubiera perdón… Puede que la historia en su conjunto sea inventada a partir de otros dichos que no se han conservado. Por eso, no podemos saber si es un episodio más o menos auténtico o no, ni separar la paja del grano.

En definitiva, la teoría de la transmisión informal controlada, que parece ser la última alternativa que queda para garantizar la historicidad de los testimonios sobre Jesús el Galileo, es tan inútil como las anteriores.

Bibliografía.

Bailey, Kenneth: “La tradición oral informal controlada y los evangelios sinópticos”,   Asia Journal of Theology, Vol. 5.1 (April 1991), pp. 34-54; Traducido por Edward Harry Horne ; Original en inglés en :  http://www.biblicalstudies.org.uk/article_tradition_bailey.html; consultado 24/09/2017 11:22),

Craig, William Lane: “The Evidence for Jesus”, en Raisonable Faith, S/F; consultado en linea: 03/09/2017 10:59, http://www.leaderu.com/offices/billcraig/docs/rediscover2.htm

Dunn, James: Jesus Remembered. Christianity in the Making. Vol. 1, Grand Rapids/Cambridge, William B. Eerdmans, 2003.

Komarnitsky, Kris: “Myth Growth Rates and the Gospels: A Close Look at A.N. Sherwin-White’s Two-Generation Rule” (The Bible and Interpretation, May 2013, consultado en línea, 03/09/2017 10:32, http://bibleinterp.com/articles/2013/kom378030.shtml#sdfootnote1anc )

Sherwin-White, Adrian N.: Roman Society and Roman Law in the New Testament, Oxford, New York: Oxford University, 1963.

Trapero, Maximiliano: “Voces de tradición: reflexiones ante la figura mitificada de un guslari”, en Homenaje a Ismael Fernández de la Cuesta (, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria,  en prensa, 2008; http://www.webs.ulpgc.es/canatlantico/pdf/8/8/tradicion_guslari.pdf . Consultado 24/09/2017 10:13)

Weeden, Theodore J.: “Kenneth Bailey’s Theory of Oral Tradition: A Theory Contested by Its Evidence”, Journal for the Study of the Historical Jesus, 7 (2009), pp. 3–43

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