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Hugh Farey, a vueltas con la formación de la imagen del sudario de Turín.

9 de mayo de 2018

Hace unos días Hugh Farey envió un par de comentarios a este foro. En uno de ellos remitía un trabajo suyo que se había publicado en Academia.edu. (Farey 2018) y que no ha aparecido en el boletín de la Sociedad Británica de sindonología, a pesar de su evidente interés. Es de suponer que al nuevo director de esta publicación no le debe hacer mucha gracia el método sindonológico independiente de Farey.

En este artículo se hace una revisión de las teorías del origen del medieval, sugiriendo alguna hipótesis sobre su formación que se mueve en una línea similar a la de Charles Freeman (Ver entradas de 2014 y 2018). Quiero decir, como un tejido elaborado en torno a ceremonias religiosas. Aparte de la validez de la hipótesis, que tiene sus más y sus menos, Farey hace unos cuántos comentarios sobre la formación de la imagen que me han llamado la atención. Me centraré en las que se refieren a un tema que sólo toco tangencialmente porque excede mis competencias: las teorías sobre la composición de las manchas que figuran ser la sangre del Cristo (“de sangre”, para abreviar).

Cuando se habla de este tema los sindonistas suelen citar tres autoridades: Walter McCrone, Alan Adler y John Heller. McCrone afirmó que las manchas eran pintura y se convirtió en el enemigo nº1 del sindonismo anterior a la datación de 1988 —a partir de entonces fue relegado a la segunda posición en el ranking de bestias negras—. Adler y Heller son citados habitualmente como los expertos que refutaron el trabajo de McCrone. Claro que, en realidad, ninguno de ellos era experto en ciencia forense o arqueología científica —ni siquiera en las pruebas de detección de sangre—, pero éste es otro tema que concierne a la concesión de titulaciones dentro del sindonismo, que es tan laxa como la Universidad Juan Carlos I de Madrid o más. Debido a todo esto, no extraña que todos ellos “hicieron observaciones confusas y contradictorias, y llegaron a conclusiones confusas y conflictivas”, como dice Farey (p. 19). Pasa cuando los aficionados se meten a expertos o cuando los expertos se meten en campos que no conocen.

Respecto a McCrone, Farey señala como dio versiones sucesivas de la coloración de las fibras sin razonar los cambios. En su conocido —en el mundillo sindonista— Judgement Day for the Turin Shroud, de 1996, afirmó que la imagen corporal era producida por fibras amarillas, color que se debía a la aplicación de un aglutinante para el pigmento de tipo de la goma arábiga. La imprecisión en la mención del “amarillo” no ayuda precisamente a entender lo que decía —la imagen es más bien “parda”—. En todo caso, en un trabajo anterior de 1889, “The Shroud of Turin: Blood or Artist’s Pigment” (McCrone 1990), había afirmado que toda la imagen estaba formada por partículas de pigmento rojo que eran más abundantes en la sangre y menos abundantes en la zona del cuerpo. Desde luego, toda su vida mantuvo que la sangre era un pigmento rojo de tipo bermellón.

Farey trata las “conclusiones confusas y conflictivas” entre sindonistas con más extensión, o bien porque sean más complejas o porque son más confusiones.

Los fallos de Adler y Heller comienzan porque critican los resultados de McCrone después de haber procedido a una limpieza intensiva de las fibras que este había devuelto. “No es extraño que hubieran quedado pocos materiales adheridos a las fibras” de los que McCrone había encontrado (p. 23). A pesar de ello, concluyeron que la imagen corporal no estaba formada por partículas de color, sino por una deshidratación de las fibras. Sin embargo, esta conclusión fue desautorizada años más tarde por Raymond Rogers, que mantenía que la coloración se debía a una capa de almidón, de la que nadie había hablado antes de él (Rogers 2001). Unos y otros se lanzaron a hipótesis sin sustento mientras que se avanzaba a base de “pisotear” las observaciones anteriores (p. 24).

En cuanto a la sangre, los espectros de reflectancia daban valores diferentes en unos casos que en otros. Rogers y Marion obtuvieron un espectro que no correspondía con la sangre, mientras que a Adler y Heller les salía positivo —en el mismo sentido Bollone, Lucotte y Fanti—. Por otra parte, los partidarios de sólo sangre quedan refutados con los análisis de Morris et al. que encontraban una proporción de hierro muy superior a la de la sangre (p. 22).

En suma, un maldito embrollo.

Aunque Farey reconoce que ninguno de los estudios al respecto resulta “individualmente convincente” , él se inclina por pensar que algo de sangre debe de haber, pero que el resultado final resulta “un misterio” (p. 32). Personalmente, no acabo de entender esta conclusión que parece basarse en algo así como un tanteo del partido: 4 a 1 a favor los de la sangre. Parece olvidar que de los “ganadores” del partido sólo uno, Baima Bollone, se puede considerar experto en el tema, pero con las debidas reservas a la objetividad de sus estudios, que han sido refutados en ocasiones por los propios sindonistas.

Para los que lean inglés, el artículo de Farey es un recorrido mesurado y con sentido común sobre las hipótesis de la formación de la imagen. No es que yo coincida con todo lo que dice —no sería siquiera lógico— pero es un buen resumen en el que no se encuentra ninguno de los disparates en los que suelen incurrir los sindonistas fervorosos y que apunta inteligentemente las perplejidades que envuelven el tema. Un buen punto a su favor.

Referencias citadas por Farey y recogidas en esta entrada.

-Farey, Hugh (2018): “The Medieval Shroud The beginning of an exploration into its Purpose, Process and Provenance”, 20 February 2018; http://www.academia.edu/35960624/THE_MEDIEVAL_SHROUD

-Fanti, Giulio and Zagotto, Giuseppe, (2017). “Blood Reinforced by Pigments in the Reddish Stains of the Turin Shroud”, Journal of Cultural Heritage, Vol 25, pp 113-120

-Freeman, Charles, (2014). “The Origins of the Shroud of Turin”, History Today, Vol 64, Issue 11

-Heller, John and Adler, Alan, (1981). “A Chemical Investigation of the Shroud of Turin”, Canadian Society of Forensic Science Journal, Vol 14, No 3, pp 81-103

-Lucotte, Gérard, (2015). “Red Blood Cells on the Turin Shroud”, Jacobs Journal of Hematology,

Vol 2, Issue 1

-McCrone, Walter, (1990). “The Shroud of Turin: Blood or Artist’s Pigment”, Accounts of Chemical Research, Vol 23, No 3, p 77

-McCrone, Walter, (1996). Judgement Day for the Turin Shroud, Microscope Publications, Chicago

-Morris, R.A., Schwalbe L.A., and London J.R., (1980). “X-Ray Fluorescence Investigation of the Shroud of Turin”, X-Ray Spectrometry, Vol 9, No 2, pp 40-47

-Rogers, Raymond, (2001). “An Alternate Hypothesis for the Image Color”, http://shroud.com/pdfs/rogers10.pdf

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