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Historia y mito: Alejandro Magno y Jesús el Galileo, según Matthew Ferguson.

16 de enero de 2019

Introducción

Matthew Ferguson es doctor en Lenguas Clásicas por la universidad de California y también ha realizado estudios en filosofía e historia. Es el autor de un blog que he recomendado en varias ocasiones: Κέλσος

Ha participado en algunas obras colectivas referidas al critianismo y la literatura clásica y en debates en torno al Jesús histórico.

He pensado que para algunas personas no es fácil leer en inglés y que, además, los hay perezosos que no tienen ganas de andar buscando y buscando por internet. Por eso he decidido hacer un (largo) resumen de uno de los temas de su blog de los muchos que me interesan: la formación de un mito a través de las leyendas de Alejandro Magno y Jesús de Galilea. Es una cuestión que Ferguson tiene bien trabajada y que responde a algunas preguntas que suelen hacerse en torno a la literatura evangélica y que se responden con frecuencia desde una ignorancia total de qué es la historia y como funcionaban las cosas en la Antigüedad.

Como no pretendo sino recoger las ideas de Ferguson, voy a hacer casi una traducción literal de algunas entradas de Κέλσος, engarzando algunos párrafos para darles un sentido unitario. Espero que nadie me acuse de plagiario —como suele ser habitual en alguna universidad española—, porque no estoy plagiando. Estoy copiando. Y al final de esta entrada pondré los sitios de los que he copiado. Si añado algo de mi cosecha lo colocaré entre corchetes.

Voy a organizar el texto en torno a algunas cuestiones que son recurrentes en los debates en torno al Jesús histórico.
-En primer lugar, la comparación entre la historicidad de Jesús el Galileo y Alejandro Magno. La exégesis neotestamentaria, cuando se ve acorralada por los argumentos mitistas, suele aducir que la falta de fuentes es común a muchos otros personajes de la antigüedad. Expediente que ha sido utilizado también por otros historiadores no confesionales, como el profesor Antonio Piñero para justificar sus estudios sobre el Jesús histórico. (Véase recientemente en El blog de Antonio Piñero, Cómo se evita la investigación sobre el Jesús histórico ) En su versión fuerte el argumento pretende que la reconstrucción de un personaje de la historia es “tan” subjetiva como la de Jesús el Galileo. En su versión débil se constata que “también” intervienen factores subjetivos. La pretendida conclusión es que el estudio del Jesús histórico es (tan) posible como la de cualquier otro hecho de la antigüedad. (Dicho sea en favor de Piñero, él mismo rectificó una anterior versión fuerte del argumento).

Como se advertirá, el debate envuelve el tema de la fiabilidad de las fuentes documentales de la antigüedad, incluyendo las arqueológicas. Como estas no existen en el caso del Jesús de la historia, lo que sigue se limita a las fuentes textuales. Dejo la palabra a Matthew Ferguson.

 

El papel de las fuentes en los historiadores antiguos y Jesús de Galilea.

Uno de los malentendidos metodológicos que envuelve los debates sobre el Jesús histórico es la importancia de las fuentes escritas. Los apologistas confunden con frecuencia las fuentes realmente existentes (las que han sobrevivido a la criba de la Edad Media) con las fuentes que existían en la Antigüedad (y que eran accesibles a los historiadores de entonces).
Al discutir la validez de las fuentes debe hacerse una distinción ante todo: 1) si esas fuentes existen y 2) si, aunque hayan desaparecido, si han sido parcialmente conservadas en forma de títulos, citas y fragmentos.
Por ejemplo, Strobel (Lee Strobel, The Case for Christ, Grand Rapids, Zondervan, 1998) sugiere ambiguamente que Plutarco y Arriano (que escribieron 400 años después de Alejandro] no tendrían base documental para sus biografías. Sin embargo, había biógrafos de Alejandro que eran testigos directos de sus campañas, como Calístenes de Olinto, de quienes todavía se conservan algunos fragmentos. Estas fuentes históricas se podían consultar en bibliotecas como la Gran Biblioteca de Alejandría o similares, a las que Plutarco y Arriano tenían acceso. Alejandro era un importante hombre público, que era seguido por gente letrada y que tenía incluso una biblioteca dedicada a él.

 

Alejandro y un filósofo. Pseudo-Calístenes: “Historia de Alejandro Magno”, Inglaterra, 1ª mitad del siglo XI

 

Otras biografías, que fueron escritas cientos de años tras la muerte del personaje biografiado, como la de Ciro el Grande son menos fiables y hacen que su vida sea más oscura que la de Alejandro, aunque él realmente existiera.

[Hay que advertir que] no considero que sea un buen argumento contra la existencia de Jesús, decir que nadie escribió nada sobre él hasta décadas después de su muerte. Hubo muchas gentes pobres e iletradas del mundo antiguo sobre las que nadie escribió una sola línea y, sin embargo, existieron. Pero la ausencia de fuentes contemporáneas sobre Jesús, hace que los detalles de su vida sean considerablemente oscuros, legendarios e irrecuperables para los historiadores actuales.

[De aquí la importancia de disponer de fuentes escritas contemporáneas, de las que carecemos en el caso de Jesús].

En la Antigüedad existían muchas más fuentes de estudio que las que nos han llegado. La principal causa de su desaparición es que la mayoría de los cristianos no estaban interesados en ellas. Por eso muchas copias desaparecieron en aquella era de guerras y destrucción, mientras que se mantenían las del Nuevo Testamento, que no tienen ninguna fiabilidad histórica.

La fiabilidad de los biógrafos antiguos se basa en que tenían acceso a obras anteriores. Plutarco, como explica J. Powell en “The Sources of Plutarch’s Alexander” (The Journal of Hellenic Studies, Vol. 59, Part 2 (1939), pp. 229-240), cita textualmente no menos de 24 fuentes. En contraste, el Evangelio de Lucas no nos da el nombre de un solo escrito que el autor haya consultado como fuente.

Por supuesto, hay textos antiguos cristianos conocidos que desaparecieron en la Antigúedad. Por ejemplo, la Exposición de los dichos del Señor, de Papías de Hierópolis. Pero ninguno es relevante para el Jesús histórico como lo son los biógrafos contemporáneos de Alejandro Magno. La razón es que no hay testigos directos del mismo calibre que Calístenes de Olinto para Jesús, aunque sean perdidos, fragmentarios o de otro tipo.

Los investigadores, a través del análisis de los textos, han tratado de encontrar las fuentes primarias de los evangelios. Debe notarse que todas ellas son hipotéticas, y ninguna fse encuentra nombrada o identificada.

[En parte es debido a que] siempre se dispone de mas información histórica de los famosos generales o emperadores que cambiaron el mundo o dejaron una amplia huella. Conocemos menos de la gente más oscura que nunca tuvo ese impacto. Pero debe de ser notado que, sin embargo, la evidencia para Jesús es no sólo menor que los grandes políticos, sino de otros casos que no lo son. Por ejemplo, el Sócrates histórico, que vivió en el siglo V aEC en Atenas (un tiempo y una región mucho más ilustrada que la Galilea del siglo I aEC), no escribió nada, como Jesús, y sólo es conocido por los escritos de otros. Sin emargo, poseeemos fuentes testimoniales de primera mano, como Aristófanes, Platón y Jenofonte (junto con otras fuentes fragmentarias).

La importancia de las fuentes tempranas reside en que los detalles se oscurecen con el tiempo y pueden dar lugar a una especulación mítica. Tanto en el caso de Alejandro Magno como Jesús, los relatos legendarios de sus vidas comenzaron a circulas apenas unas décadas después de muertos. Pero en el caso de Jesús, el desarrollo legenario comenzó considerablemente más pronto, debido a la falta de repercusión pública y registros escritos de su vida.

La falta de repercusión pública del personaje para la preservación de su historia real es ignorada por gente como Sherwin-White. Por eso todos los ejemplos que da de elaboraciones míticas son de personajes cuyo centro histórico ha sido preservado —Pisístrato, tirano de Atenas; Hiparco, tirano que sustituyó a Pisístrato; Cayo Graco, político; el emperador Tiberio; Cleómenes, rey; Temístocles, estratego, y las cuarenta y seis personas citadas en las Vidas de Plutarco— Todos eran figuras que recibieron un significativo reconocimiento público.

Por eso, aunque unos pocos de los más fieles discípulos de Jesus fueran probablemente testigos de gran parte de su ministerio, en medio del aumento dentro de la iglesia de los que no conocían a Jesús cuando estaba vivo, no pudieron detener el crecimiento de la leyenda y el emborronamiento del núcleo histórico en los relatos. (Cf. Kris Komarnitsky: “Myth Growth Rates and the Gospels: A Close Look at A.N. Sherwin-White’s Two-Generation Rule, The Bible and Interpretation, Mayo 2013, http://bibleinterp.com/articles/2013/kom378030.shtml ).

Esto no significa, sin embargo, que no podamos conocer nada del Jesús histórico. Desde el siglo XIX los historiadores han analizado rigurosamente la fuentes que mencionan a Jesús, y han llegado a un consenso sobre cuáles contienen información fiable. Estas fuentes son, desgraciadamente, escasas. [Y poco de fiar incluso entre las más cercanas]. Textos que pretender ser menciones de dichos de Jesús dicen cosas tan absurdas como Papías:

 

Vendrán días en que crecerán vides, cada una de las cuales tendrá diez mil brotes, y cada brote diez mil ramas, y cada rama diez mil ramitas, y en cada ramita diez mil racimos, y en cada racimo diez mil granos, y cada racimo, una vez prensado, producirá veinticinco medidas de vino. Y cuando alguno de los santos haya tomado en la mano uno de estos racimos, otro gritará: Yo soy un racimo mejor; tómame, bendice al Señor a través de mí. Del mismo modo, un grano de trigo producirá diez mil espigas, y cada espiga tendrá diez mil granos, y cada grano diez libras de harina fina, brillante y limpia, y los otros frutos, semillas y hierbas producirán proporciones similares, y todos los animales, usando estos frutos que son productos del suelo, se volverán pacíficos y armoniosos, obedientes al hombre en toda sujeción”. (Ireneo, Haer., v. 33. 3, 4)

 

Por lo tanto, a pesar de las exageraciones de los apologetas que mantienen lo contrario, la evidencia sobre Jesús no es extraordinaria. La poca que existe apunta a un oscuro profeta apocalíptico itinerante. Desde luego, esta figura fue exagerada y embellecida por relatos que se iniciaron no mucho después de su muerte. Estas exageraciones inspiraron la figura legendaria que hoy en día es venerada en el cristianismo moderno.

Conclusión (del autor del blog).

Hasta aquí el resumen de “When Do Contemporary or Early Sources Matter in Ancient History?” de Ferguson, que se refiere al valor histórico de los textos sobre Jesús, en comparación con Alejandro el Grande. En la entrada siguiente recogeré sus comentarios de sobre la formación de las leyendas de Jesús y Alejandro.

 

Referencias:
Ferguson, Matthew: “When Do Contemporary or Early Sources Matter in Ancient History?”, Κέλσος , January 5, 2015 (Consultada on line 15-01-2019), https://celsus.blog/2015/01/05/when-do-contemporary-sources-matter/

Piñero; Antonio: El blog de Antonio Piñero, “Cómo se evita la investigación sobre el Jesús histórico” ( editado 10-01-2019, consultado 15-01-2019). http://blogs.periodistadigital.com/antoniopinero.php/2019/01/10/como-se-evita-la-investigacion-sobre-el-

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