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La invalidación sindonista del método del carbono-14.

4 de septiembre de 2012

La datación del carbono-14  produjo una natural agitación en el mundo sindonista, pero fueron pocos los que revisaron su posición pro-autenticidad. Aunque esta prueba se realizó porque había una gran confianza en que sus resultados les iban a ser favorables, los sindonistas habían guardado balas en la recámara por si acaso. William Meacham escribía en 1983:

El resultado final [de una posible datación por carbono-14] sin duda, tendrá un impacto enorme, e injustificado, yo diría, en la percepción general de la autenticidad del sudario. Una edad de 2.000 años 14C no inclinará seriamente la balanza hacia la autenticidad, ya que sólo la tela, no la imagen, sería tan antigua. Una fecha más reciente de cualquier magnitud tampoco logrará resolver el asunto a la vista de las múltiples posibilidades de intercambio y de contaminación a través de los siglos (variaciones en la atmósfera ambiente, ebullición en aceite y agua, exposición al humo y el fuego, contacto con otros materiales orgánicos) y las condiciones todavía desconocidas de formación de la imagen, lo que afecta a la celulosa misma de la tela. La antigüedad de la Sábana, sin embargo, puede establecerse a partir de los datos arqueológicos disponibles en la actualidad, empleando los criterios comúnmente aceptados para la datación de manuscritos, cerámica y artefactos de piedra y metal no susceptibles de mediciones radiométricas. (Traducción personal)

Como James E. Alcock respondió en la polémica subsiguiente, los argumentos de Meacham son tan extraños que un malpensado podría suponer que está tratando de invalidar de antemano un resultado adverso. Debo confesar que yo soy un malpensado en este caso. Efectivamente, existen determinadas causas de posible contaminación, pero no son las que Meacham indica. Ni existe evidencia alguna de que la tela haya sido sometida a los tratamientos que él supone. Y, pese a lo que él afirma, la percepción de que una datación reciente sería un duro golpe contra la autenticidad del lienzo no es “injustificada”, a  menos que se pudiera demostrar, no suponer, algún tipo de contaminación. Sería incomprensible que alguien pudiera argüir que sea el auténtico sudario de Cristo una pieza de lino del siglo XIV. Si la tela es del siglo XIV la probabilidad de que sea un fraude equivaldría a una certeza. La muestra de lo que estaba en juego es que la datación de 1988 causó una general conmoción y, a partir de esa fecha, prácticamente todos los esfuerzos de los sindonistas han ido encaminados a desacreditarla por todos los medios. De facto, el número de artículos sindonistas publicados en revistas especializadas, que no había sido especialmente notable, decayó todavía más y los pocos que se publicaron se han dedicado casi todos a demostrar los “errores” de la datación de 1988 directa o indirectamente.

Una línea de ataque que se emprendió desde el momento mismo de la datación fue tratar de invalidar en su globalidad el método del 14C. Ha habido intentos realmente surrealistas como el de resucitar a su inventor, Willard F. Libby, muerto en 1980, para que desautorizara la prueba de 1988. El más reciente que conozco, el del ilustre sindonista español José de Palacios Carvajal.

El Dr. Palacios debería haber estado más al tanto, porque este error cometido por algún colega suyo ya fue criticado en su momento (Bello, 2009: 42). (Que se persista contumazmente en fallos tan elementales indica que el sindonismo es una disciplina bastante encapsulada y selectiva: sólo se lee y se retiene aquello que está a favor de la propia teoría). Otros sindonistas  han elaborado una lista de errores de la datación por radiocarbono, concluyendo que la datación en sí misma es inválida. Se recurre a fallos clamorosos como cuernos vikingos datados como actuales, errores de cientos de años en restos de peces de Hong Kong, momias con datación contradictoria… y se concluye de todos ellos que el sistema del carbono-14 no es nada fiable. Esta postura radical, que invalidaría una técnica que se considera habitualmente como uno de los avances más significativos en la arqueología del siglo XX, que le valió el premio Nobel a su descubridor, es insinuada en bastantes ocasiones, pero jamás defendida en detalle por ningún científico especializado. Como era de prever es fácil encontrar una lista de “errores célebres del carbono-14” en medios creacionistas  , pero uno no esperaría que un científico con pedigree, como el padre Carreira, o un arqueólogo como Meacham, si es que ambos pueden ser considerados “expertos” en el tema de la arqueometría aunque sea por aproximación, hicieran insinuaciones en este sentido. Probablemente nos encontramos con un fenómeno más de la “encapsulación” sindonista, de la que hablaba más arriba.

Un análisis más detallado de algunos de los supuestos errores encontrados por los sindonistas nos ilustrará sobre esta cuestión. Seguiré los dos artículos de Rinaldi que cito en la bibliografía y aconsejo que quien sepa italiano los lea porque aportan mucho más que el resumen que voy a hacer aquí.

Bautismo de Jesús. Ravenna. Baptisterio de los Arrianos. Siglo VI.

Focas y otras hierbas.

Comentaré el caso de la foca de McMurdo, cazada en 1952 y cuya datación radiométrica le atribuyó una antigüedad de 1300 años. El caso es citado por dos sindonistas italianos, Pierluigi Baima Bollone y Emanuela Marinelli, en varios libros que los mencionan para demostrar “errores clamorosos” de este tipo de medición. (Rinaldi, 2009: 1). Pero el error no existía. De hecho, el mismo Baima Bollone reconoce (unas veces sí y otras no) que esta datación fue realizada en 1950 como parte de un vasto programa de recolección de muestras de animales marinos para calibrar el efecto de la vida oceánica en las variaciones de carbono-14. En 1988 se sabía contrarrestar  perfectamente este tipo de desviación, que, por otra parte, no afectaba para nada al lienzo de Turín. Tendremos que volver a la contaminación acuática cuando hablemos de la “capa bioplástica” y la momia de Manchester, otro ejemplo de “error clamoroso” que los sindonistas utilizan sin la debida cautela. Pero si los sindonistas quieren contar como errores los experimentos que se han hecho y todavía se hacen para analizar y controlar diversos factores de contaminación en el carbono-14, podrían encontrar muchos otros casos (la influencia de los escapes de los vehículos en la hierba de las cunetas, por ejemplo), que obviamente no desacreditan para nada la prueba, sino todo lo contrario. Este tipo de argumentaciones, a salvo de una ignorancia supina, lo que no parece ser el caso de Baima Bollone, implica dos características de la pseudociencia sindonista que volveremos a encontrar en numerosas ocasiones: la utilización de datos fragmentarios para sacar conclusiones generales y, relacionado con ello, la focalización en aquellos aspectos del problema que favorecen la tesis propia, dejando de lado aquellos otros que la refutan.

Un cuerno vikingo.

Pese a la imagen que los espectadores de películas tienen acerca de los vikingos, sus cascos no llevaban cuernos. Estos parecen ser un añadido de la fantasía de Richard Wagner, que no se paraba en minucias historicistas. Pero la historiadora vaticana Barbara Frale se quedó en las peleas de Tony Curtis y Kirk Douglas cuando escribe:

Sin duda, sin embargo, el caso más divertido es el que pasó con el laboratorio de Tucson: se examinó un casco tomado de una tumba vikinga que en todos los demás aspectos se podía fechar en el siglo X, pero la prueba del radiocarbono dijo que el cuerno de vaca del yelmo pertenecía a un bovino ¡que todavía no había nacido! (I Templari e la sindone di Cristo, Il Mulino, 2009, p. 158)

Casco vikingo, Siglo X.

Tal como cuenta Frale la noticia es realmente divertida, pero no tiene nada de verdad. Al parecer, se basa en la datación de un cuerno pretendidamente vikingo, con una imagen mitológica y unas runas grabadas. Este cuerno, no de casco, se pretendió que había sido encontrado en una tumba en los EEUU de Norteamérica, lo que constituía una prueba precisa de que los vikingos no se habían limitado a asentarse en Terranova, sino que habían llegado al continente antes que Colón. Esta idea tiene bastantes seguidores en el mundo anglosajón y nórdico, y regularmente aparecen descubrimientos más o menos científicos y más o menos significativos en ese sentido. Al parecer el laboratorio de Tucson realizó una datación que descartó el origen medieval del cuerno. Las fechas remitían al siglo XX  y la noticia fue recogida en la prensa, que la deformó más o menos de acuerdo con la particular idiosincrasia del periodista que redactaba la nota. Lo que no se sabe es de dónde sacó Frale su desinformación, porque ni el cuerno de Waukegan, que es de lo que estoy hablando, era de un casco ni había “otros datos” que lo remitieran a la Edad Media, sino todo lo contrario. Hay que tomarse estas cosas con estoicismo porque, como se irá viendo, la vaguedad y la confusión en las fuentes y los datos esenciales son moneda corriente en el mundo sindonista y hay que perder bastante tiempo, como aquí ha hecho Rinaldi, para ir desentrañando estos enredos.

En resumen, el método del carbono-14 ha sido uno de los avances más considerables en la arqueometría del siglo XX. Como todas las técnicas científicas, no es de inspiración divina y ha tenido y tendrá su historia de desaciertos y correcciones. Pero pretender su descalificación basándose en noticias inciertas de prensa, datos incompletos o trabajos de autores desconocidos para el mundo de los especialistas es una mala práctica que tiene mucho éxito en el mundo sindonista. Veremos en las entradas siguientes como este tipo de prácticas pseudocientíficas se dan incluso en algunos investigadores competentes que, al meterse entre sindonistas, acaban perdiendo su competencia y su sentido común. Analizaré unos cuantos intentos de justificar cómo la datación de 1988 del lienzo de Turín pudo ser alterada en más de un milenio. Porque habrá que recordar que no estamos hablando de un supuesto error de cien o doscientos años, cosa hasta cierto punto normal en el mundo del radiocarbono, sino de un desfase de catorce siglos, que no es moco de pavo.

Bibliografía.

Bello, José Maria: “La Iglesia sigue lavando la falsa imagen de la Sábana de Turín”, El Escéptico, Número 9 (Verano 2000).

Meacham, William: “The Authentication of the Turin Shroud: An Issue in Archaeological Epistemology”,  Current Anthropology – Vol. 24 – N° 3 – (June 1983) (On line, con un debate posterior: http://www.shroud.com/meacham2.htm Consultado 30/08/2012)

  “C-14 Debate from the Shroud Newsgroup: alt.turin-shroud, Roger Sparks and William Meacham” http://www.shroud.com/c14debat.htm (Consultado 31/08/2012).

Rinaldi, Gian Marco: “Gli “errori” del C14”,  Scienza & Paranormale, N. 81, feb. 2009. http://www.cicap.org/new/articolo.php?id=273768 , (Consultado 31/08/2012).

Rinaldi, Gian Marco: “L’elmo vichingo (con le corna) di Barbara Frale”, La  Sindone  di  Torino, sin fecha, http://sindone.weebly.com/frale2.html (Consultado on line: 31/08/2012).

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