Skip to content

La influencia de lo oculto. (Ian Wilson. I)

“Quiero ser un humilde médico rural famoso en el mundo entero”. (Linus en Peanuts)

 

El sudario de Turín permaneció durante trece siglos y medio oculto en diferentes lugares de Asia Menor y Europa hasta su confusa -por sus orígenes y otras circunstancias- aparición en una pequeña iglesia de Francia.

Al menos, eso es lo que nos cuenta Ian Wilson en el último de sus libros, dedicado al Sudario (The Shroud: The 2000-Year-Old Mystery Solved, London, Bantam, 2010). Nada nuevo, puesto que ésta es la tesis que ha venido manteniendo desde sus primeros trabajos dedicados al tema.

El Mandylion. Monte Athos. Siglo XVII.

 

Ya he criticado esta hipótesis en otras entradas. Lo que aquí quisiera comentar brevemente es hasta dónde  puede llegar el absurdo de postular que cualquier rasgo de la pintura europea o cristiana que recuerde vagamente la imagen del sudario es, “sin duda alguna”, una prueba de que éste existió en tal o cual fecha anterior a la proporcionada por la datación del 14C (que es de lo que se trata realmente).

Que algunas imágenes pueden influenciar notablemente el desarrollo de la pintura posterior no es ningún misterio en sí mismo. Sobre todo cuando están revestidas de un prestigio religioso y son exhibidas públicamente. Este es el caso del Cristo Chalkites, la Camuliana o el velo de la Verónica. Los dos primeros, auténticos paladios, esto es, figuras protectoras de la ciudad, a la manera de Atenea con Atenas, gozaron en Constantinopla de un prestigio superior al Mandylion (el disfraz del sudario de Turín en aquella época, según Wilson). Su imagen era bien conocida y el “pequeño” inconveniente para poder calibrar su importancia desde el punto de vista de la Historia del Arte es que desaparecieron en medio de la iconoclastia sin dejar ni rastro. A pesar de ello, cuando algunos autores hablan de las primeras representaciones del Cristo que conocemos, suponen que fueron influenciadas por alguno de estos iconos. Frederick Hartt ( Historia de la pintura-escultura y arquitectura, Madrid, Akal, 1989, p. 339) relaciona el famoso icono del Cristo Pantocrátor  del monasterio de Santa Catalina en el Sinaí con la imagen del Cristo Chalkites, no con el Mandylion, como gustan de hacer los sindonistas. La hipótesis es lógica. Se basa en una secuencia coherente. Una imagen posterior deriva de un icono público y famoso. El Mandylion era menos famoso que el Cristo Chalkites en la época, luego el principal candidato es este último. Pero, desde luego, la teoría permanece en el nivel de las hipótesis porque no tenemos los elementos visuales que permitan la comparación.

Lo que no es ni lógico ni coherente es suponer que una imagen de la que no consta su existencia en ningún documento ni imagen explícita y, por lo tanto, debería ser desconocida para los artistas de la época, haya venido a influenciar, por caminos ignotos, toda la formación de un estilo y un modelo de representación iconográfica que se extiende hasta el gótico europeo. Esto no se tiene en pie.

Pero es peor todavía, y esto es lo que hace Wilson, afirmar que un icono que sólo había sido visto por una persona pueda ser el modelo de imágenes tan dispares como la que citaba antes del monasterio del Sinaí y la de un modesto y anónimo ilustrador de un manuscrito de finales del siglo XII-principios del XIII elaborado en un reino marginal europeo (el códice Pray).

El problema de Wilson, como de los sindonistas que le siguen, es que tiene que justificar que el Mandylion era el sudario de Turín. Pero, por las descripciones y representaciones del lienzo edesano, se sabe que era la imagen de la cabeza de un hombre vivo. ¿Cómo es posible que nadie, absolutamente nadie, se diera cuenta de que era la doble imagen del Cristo en su tumba? Porque nadie estaba autorizado a hablar de él ( “was surrounded of the densest clouds of the most halowed secrecy” -Cap. 8, párrafo final-) y el secreto llegaba hasta tal punto de que sólo podía abrir la caja el Emperador y no se enseñaba a nadie más (“not opened for anyone except the emperor of Constantinople” -cap. 13-)[1]. El problema para Wilson consiste en que, habiendo establecido tales cotas de “secreto sagrado” que sólo una persona podía contemplar el lienzo en su totalidad (los demás se contentaban con verlo parcial y confusamente a través de la abertura –hipotética- de la caja), no puede justificar que encuentre al menos una decena de testimonios que, supuestamente, hacen referencia a la parte oculta de la tela, es decir, brazos, costado, el cuerpo entero. ¿Si no lo veían, cómo lo describían?

Hay una razón muy simple: ni el secreto era tal (el Mandylion se exhibía en bastantes ocasiones, incluso desplegado en alguna de ellas), ni las referencias al cuerpo entero son tales. Pero en la lógica sindonista de Wilson, cualquier palabra o signo que sugiera vagamente el parecido con el lienzo de Turín (imagen de cuerpo entero, sangre ojos cerrados, etc.) es una prueba que se acumula en un montón de indicios fabricados por él, pero que pone encima de la mesa como una monumental evidencia de que el Mandylion era la representación del cuerpo entero del Cristo y, por ende, del sudario de Turín.

Véase una prueba de la lógica inductiva wilsoniana:

Que un Obispo en Edesa diga que la ciudad fue elegida por Dios como “trono para la Imagen de su adorable rostro y su gloriosa encarnación” (…) “indica un reconocimiento de que la impronta era de cuerpo entero”. (Cap. 10, último párrafo). De qué manera “lo indica”, Wilson omite especificarlo.

Otra:

En el Instituto de Manuscritos de la Academia de Ciencias de Georgia, en Tiflis, existe un códice, datado en 1054, en el que se representa el Mandylion en su forma habitual. El Evangeliario de Alaverdi. Es decir, el rostro del Cristo con aureola cruciforme sobre un paño del tamaño aproximado de una toalla de manos. Ahora bien “la escala del objeto pintado sólo puede apoyar las crecientes indicaciones de que la imagen de Edesa representaba secretamente la huella del cuerpo entero de Cristo”. (Cap. 13: “Alaverdi Tetraevangelion”).  Si ven Uds. la imagen observarán que no hay manera de inferir cuál sea esa “escala anormal” ni de qué manera algo parecido a una toalla de manos puede ser un indicio del cuerpo entero. Aquí la tienen:

Y una perla para rematar:

Por mucho que Wilson se maree a sí mismo y a los demás con “pruebas” de este cariz, no puede evitar que la casi totalidad de los viajeros  que visitaron Constantinopla por aquellas fechas (además de los cronistas locales) hablaran del Mandylion y del sudario que allí se conservaban como dos cosas distintas. Pero para esta objeción, en mi opinión inapelable, también tiene una astuta respuesta: no hay que hacer demasiado caso de los “turistas” porque lo confunden todo (Cap. 13: “Tourist confusion”). Colocar bajo la categoría de “turistas” a todos los viajeros, dignatarios, monjes, cronistas, etc. que distinguen el Mandylion del sudario tiene su gracia. Desde luego, los textos de la época hay que analizarlos críticamente, pero mandarlos todos a la papelera porque dicen algo que no nos gusta, es hacer tabla rasa de la historia antigua, medieval y parte de la moderna en base a nuestra ideología. Sobre todo cuando lo que dicen es algo aparentemente inocente como que un objeto no es el otro. Pero, además, si Wilson piensa relegar a la categoría de “turistas” a todos estos textos, deberá incluir también aquellos de los que extrae sus arriesgadas inferencias sobre el tamaño o índole de la imagen edesana, empezando por el de Clari, que Wilson ni siquiera se para a analizar críticamente cuando hay más de un motivo para hacerlo.

En suma: con esta peculiar metodología no es de extrañar que su amigo y discípulo Mark Guscin, en su libro sobre el Mandylion (Brill, 2009), no lo miente más que en nota a pie de página y sobre un tema intrascendente. Que una cosa son las amistades y otra ponerse en evidencia.

 

NOTA:

[1] He utilizado la versión epub del libro de Wilson. Como no dispongo de la paginación original cito por capítulo e incluyo unas palabras en inglés para facilitar la búsqueda.

Galería de sindonistas ilustres. Gian Maria Zaccone: el sindonista refinado.

Entre el mundo tormentoso de las exclamaciones, asombros, acusaciones y trifulcas del sindonismo destacan a veces ciertas personas tranquilas que funcionan a su aire y que casi nadie cita, probablemente por la simple razón de que no crean tensiones y no gustan a los exaltados. Tal es el caso de Gian Maria Zaccone, director científico del Museo della Sindone di Torino. El Sr. Zaccone ha dirigido sus trabajos al ámbito de la historia, materia en la que parece estar especializado (lo supongo porque no he encontrado su curriculum en internet).
(ADENDA, 06/04/2016: Me informan de que el Sr. Zaccone es lo que en España llamaríamos un graduado (laurea) en Historia del Derecho y trabaja en los archivos históricos en una empresa de gas italiana. Bibliografía: ZACCONE, Gian Maria ; JACCOND, Monica: “L’archivio storico Italgas”en Convegno su: Industria, lavoro, memoria. Le fonti archivistiche dei sindacati dei lavoratori, delle associazioni imprenditoriali e delle imprese in Italia e in Europa. Torino, 1994 Atti del Convegno, Torino, Villa Gualino, 7-8 novembre 1994, Torino, Eta Beta, 1996. Por ahí va la cosa).

 

Crucifixión y entierro. Gospel Lectionary of the Bamberg Apocalypse, año 1000:

Zaccone se separa del mundo de los historiadores sindonistas por el énfasis que pone sobre el hecho de que no existe ningún testimonio fiable de la existencia del sudario antes de su aparición en Lirey a mediados del siglo XIV. En consecuencia, los Wilson, Scavone, Marinelli, Frale y compañía lo ignoran olímpicamente. (Queda feo polemizar con todo un director científico de una santa institución, digo yo).

En opinión de Zaccone, los estudios sobre el santo lienzo han estado indebidamente “obsesionados” por la cuestión de la autenticidad (2015: 6). Esto ha provocado que las investigaciones, aparte de algunos trabajos científicos importantes (¿cuáles?), se hayan polarizado en tres campos: los que la consideran la reliquia más importante del cristianismo, los que la consideran un objeto que tiene un enorme potencial religioso y puede ser objeto de estudios científicos relevantes y los que la consideran un fraude que no tiene ningún interés. Para el resto, los peregrinos que acuden en masa a contemplar la imagen, la cuestión de la autenticidad ni siquiera se plantea.

Hay que decir que estas afirmaciones, que, en general, parecen sensatas, dejan un poco perplejo cuando se examinan en detalle. En primer lugar porque hay quienes creen que la “Sábana Santa” es un fraude y, al mismo tiempo, consideran el objeto como tal digno de estudio. Porque no conozco ningún historiador o científico que considere un fraude el artefacto y declare que no tiene ningún interés, salvo que diga que no tiene interés en su campo, que es cosa diferente. Esta es una categoría inventada por el Sr. Zaccone para formar artificialmente dos bandos extremos, los de la fe de carbonero y los despectivos escépticos, y así revalorizar el término medio, el de la moderación. Que él representa, es obvio. Esta categoría de moderados me parece bastante extraña, porque incluye dos cosas disímiles: la creencia en el valor religioso y la investigación científica. Creo que puede darse el caso de los que no tienen ninguna creencia religiosa, o incluso son contrarios a las mismas, y, sin embargo, realizan estudios sobre el lienzo y consideran que es de interés.

Lo que me parece todavía más extraño es que piense que las masas de peregrinos que acuden a visitar el objeto prescindan de la cuestión de su autenticidad (2011: 310). Yo pienso que lo normal es que acudan allí porque creen que es el auténtico sudario de Cristo o piensan que puede serlo. Estas personas no se amontonan delante de un cuadro de Zurbarán o de Leonardo. Y es muy diferente su actitud de los que se prosternan delante de la Virgen del Rocío o el Santo Cristo de las Batallas. Unos tienen una ambigua actitud en la que la potencia de la imagen suplanta a veces la del objeto representado (la típica ambigüedad del fetiche), los otros van a ver la auténtica impronta del cuerpo de Cristo personalmente en persona, que diría Agatino Catarella. Y si van como curiosos o aficionados a lo misterioso, que alguno habrá, caerá sobre ellos una montaña de fervor e “información científica” a los que difícilmente quedarán indiferentes. Yo he visto a los voluntarios sindonistas en acción en la catedral de San Juan y sé cómo las gastan. Así que “el simple curioso” y, todavía más, el creyente fervoroso no hacen de la autenticidad una cuestión secundaria. Es LA CUESTIÓN del sudario, el motivo fundamental por el que acuden a contemplarlo y no motivados por disquisiciones teológicas ambiguas sobre el valor “providencial” del icono. Ver para creer, caramba.

El director científico del Museo de la Sindone debería saberlo, porque habrá paseado por las salas de su institución, en donde la autenticidad es el tema explícito e implícito dominante. Supongo que también habrá entrado alguna vez en la página web oficial del sitio, en donde no sólo se toma partido por la autenticidad, sino que se hace de manera manifiesta, militante y, con frecuencia, mistificadora.

Santa inocencia la de este hombre.

The Entombment. William Blake (1757–1827), Pollok House, Glasgow.

 

En lo que le doy totalmente la razón es en que el estudio de la evolución de las prácticas de culto alrededor del sudario es muy interesante. Pero, lamento decirlo, su enfoque me parece insuficiente. Él divide las fases del culto a la Sábana Santa en búsqueda de un rostro para Cristo, presencia tolerada, acogida, promovida y búsqueda científica. Me valen, como cualquier otra clasificación, pero no su manera de enfocarlas. Porque Zaccone se limita a contarnos la evolución de una a otra fase exclusivamente desde el punto de vista interno de la relación con la autoridad religiosa y sus oficiantes, legitimados o no. Creo que el desarrollo del culto está marcado por otras variantes que Zaccone desdeña o que se limita a mencionar de pasada. Especialmente, por las relaciones de poder y contrapoder que se tejen en torno a la posesión de la reliquia, por las formas de la religiosidad popular que reviste la relación creyente-objeto o por el valor epistémico que se atribuye a la imagen, entre otras. En medio hay interesantes polémicas como la del valor religioso de la iconicidad o la transformación de la imagen de Cristo de acuerdo con los modelos culturales. Son muy pocos los estudios que han enfocado así el asunto y, por lo que sé de los de Zaccone, él no va por ese camino.

Así que, aun estando de acuerdo en el punto de partida, no me parece que Zaccone acierte en su desarrollo. Por otra parte, ciertas frases cargadas de la clásica ambigüedad y elusividad teológicas no se sabe muy bien qué tienen que hacer en un estudio o descripción de las formas de culto.  Como, por ejemplo, que la imagen del sudario se ha impuesto a las demás “no por su realismo, sino por su realidad, que consiste en probar al que se le acerca el sentido de una presencia y no sólo de una memoria, de una participación y no sólo de una contemplación” (2011: 323). Me parece un texto muy poético y nada analítico o científico, la verdad. La diferenciación entre realismo y realidad, presencia no memoria, participación y contemplación, requieren para ser claras y distintas una serie de explicaciones que podrían dar lugar a nuestro asentimiento o disensión, pero, tal como están formuladas, resultan un misterio. Quiero decir que, por ejemplo, el realismo es la capacidad de una imagen de representar un objeto y la realidad es la existencia de un objeto. Son dos términos que hablan de cosas diferentes y juntarlos sin más no hace sino confundir. Por supuesto, en un artículo científico, que es de lo que estamos hablando. La teología es otra cosa en la que la confusión y la ambigüedad se consideran profundas. La teología, lo mismo que la poesía, no se mide por su verdad, sino por el grado de persuasión y en eso no me meto.

En fin, esta es la imagen que tengo del director científico del Museo de la Sindone. Un hombre mesurado y muy poco científico. Naturalmente, me baso sólo en dos de sus artículos. Quizás si conociera mejor el resto de su obra podría mejorarla, la imagen, digo, pero, sinceramente, viendo lo que he visto, no tengo demasiado interés en hacerlo. Prejuicios… o que ya soy perro viejo.

 

Bibliografía.

Zaccone, Gian Maria (2011): “Dalle acheropite alla Sindone”, en Adele Monaci Castagno ed., Sacre impronte e oggetti «non fatti da mano d’uomo» nelle religioni, Atti del Convegno Internazionale – Torino, 18-20 maggio 2010; Alessandria, Edizioni dell’Orso.

Zaccone, Gian Maria (2015): “Ruolo della ricerca storica negli studi sulla Sindone”, en Aggiornamento sulle principali tematiche sulla Sindone di Torino, Incontro Centri di Sindonologia per la festa litúrgica della S.Sindone, 2 Maggio 2015Centro Internazionale di Sindonologia; pp. 5-10. Versión en línea, https://www.shroud.com/pdfs/duemaggiohandout.pdf, Consultada: 04/04/2016 13:01)

La “Sábana Santa” en Magonia.

Doce minutos de divulgación sobre el sudario de Turín a cargo de Luis Alfonso Gámez en Radio Vitoria. Recogido en Magonia. Claro y contundente.

Mentiras

¿Quién puede decir si alguien miente?

Las personas que acusan a otra persona de mentir simplemente porque no les dan la razón me resultan cargantes. Lamentablemente son bastante frecuentes en todo tipo de debates. Por otro lado, en la mayor parte de los casos no es fácil distinguir entre una persona que miente deliberadamente y otra que se autoengaña. La capacidad de algunas personas para convencerse a sí mismas de que la realidad es como desearían que fuera y no como manifiestamente es no tiene límites.

Así que tengo por norma no acusar a nadie de mentiroso, incluso aunque todos los indicios lo sugieran. Pero hay algunos casos, frecuentes en el mundo del sindonismo, que hacen muy difícil mantener ese saludable principio. Me acabo de topar con el siguiente ejemplo:

El Instituto de Toxicología concluye el análisis del sudario de Oviedo

El Comercio. Oviedo. 21.07.07

El Instituto Nacional de Toxicología ha conseguido analizar parte del ADN hallado en los restos de sangre del Santo Sudario de Oviedo, una reliquia atribuida a Jesucristo, informaron fuentes del Arzobispado. La sangre es de tipo AB, “muy común entre los hebreos”

Las citadas fuentes, que extrajeron la información del semanario diocesano Paraula, señalaron que, según confirmó el presidente del Centro Español de Sindonología (CES), Jorge Manuel Rodríguez, “se trata de la primera vez, a nivel mundial, que alguien posee un fragmento de ADN de una reliquia tan importante que se atribuye a Jesús”. La tela supuestamente, cubrió la cabeza de Jesús.

Esta aportación “puede suponer un gran avance para realizar trabajos comparativos con otras reliquias como puede ser la de la Sábana Santa de Turín, con la que el Santo Sudario presenta en la parte de la nuca el 80 por ciento de similitudes”, añadió.

En la zona de la nuca, el tipo de sangre que aparece tanto en la Sábana Santa como en el Santo Sudario es del grupo AB, “muy común entre los hebreos”, y en las dos se trata de sangre “vital y coagulada”, emanada mientras la persona tenía vida, según Rodríguez, que ha matizado que “desde que salió la sangre hasta que fue envuelta la cabeza transcurrió una hora, tiempo en el que pudo producirse la muerte”.

El análisis fue encargado con motivo del II Congreso Internacional sobre el Sudario de Oviedo organizado recientemente por el Cabildo Catedralicio y el Centro Español de Sindonología. El encuentro expuso los avances desarrollados en el conocimiento del lienzo, ha añadido.

El estudio del ADN fue realizado en el Instituto Nacional de Toxicología, que conserva a 80 grados bajo cero en una cámara con hidrógeno líquido varios hilos pertenecientes al Sudario de Oviedo , tomados para su análisis.

“Al estudiar los hilos, que están impregnados en sangre, los expertos descubrieron una pequeña parte de ADN mitocondrial, un tipo de ADN que es el que se hereda de la madre”, apuntó. Por tanto, “en caso de que el Sudario de Oviedo hubiese cubierto el rostro de Cristo estaríamos también ante el hallazgo del ADN que procedería de la Virgen María”, matizó. (Consultado on line: http://www.elcomercio.es/gijon/20070721/local/oviedo/instituto-toxicologia-concluye-analisis-200707211735.html, 24/03/2016 11:42).

 

Impresionante, realmente. Ahora veamos que dice el representante del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses.

 El Instituto Nacional de Toxicología sopesa abandonar la investigación sobre el Santo Sudario

El Comercio Digital, Domingo, 8 de julio de 2007

Ana Salas, Oviedo.

«La única evidencia científica es la del Carbono 14 y dice que la reliquia es falsa». Es la tesis que mantiene Antonio Alonso, miembro del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses dependiente del Ministerio de Justicia, y único investigador del Santo Sudario de Oviedo alejado de la fe cristiana.

La prueba del Carbono 14 la ha realizado el Centro Español de Sindonología (CES) después de que otros estudiosos la hicieran previamente. Los resultados han sido los mismos: la tela pertenece a una época de entre los siglos VII y VIII. Los miembros del CES explican que puede deberse a la presencia de un hongo que haya contaminado el lienzo y no permita obtener la fecha real de la tela.

Alonso no apoya la tesis de César Barta. Por eso «tenemos que tomar una decisión sobre nuestra implicación en el proyecto», dice. Considera necesario valorar «si hay evidencias claras, desde el punto de vista científico, de que puede ser una reliquia». Cree que «antes de continuar creando un misterio», hay que explicar los datos, los positivos y los negativos, como hizo la revista Nature con la Sábana Santa de Turín.

«Nosotros estamos a expensas de lo que diga el Cabildo, pero no estamos dispuestos a mantener un bulo», afirma, rotundo. Sin embargo, apunta que, aunque el lienzo no sea del siglo I, como debería si fuera el que realmente cubrió el rostro de Jesús de Nazaret, «es interesante el estudio».

Nuevas opciones

Alonso guarda en el Instituto Nacional de Toxicología varias muestras congeladas del lienzo de Oviedo: seis hilos manchados y otros tantos limpios para poder comparar. Espera a que la ciencia avance y puedan utilizarse nuevos sistemas que aporten luz sobre la autenticidad del Sudario. Él ha estudiado un fragmento del ADN que contiene.

Ha encontrado ADN mitocondrial, es decir, el que se hereda de la madre y podría reconstruir una secuencia que no ha desvelado. ¿De la madre de Cristo? «La posibilidad de que sea una contaminación moderna es bastante grande y la fiabilidad no es muy alta», explica. Pero insiste en la necesidad de abrir un nuevo camino de investigación: averiguar el ADN del lino, un asunto sobre el que el CES ya ha empezado. Conociéndolo, podría saberse si procede la tela de Palestina. (Consultado on line, 24/03/2016 11:41: http://www.elcomercio.es/prensa/20070708/oviedo/instituto-nacional-toxicologia-sopesa_20070708.html )

Asombroso. O en 13 días el Instituto Nacional de Toxicología había dado un vuelco espectacular a la investigación o el Sr. Rodríguez, del CES, estaba hablando de cosas que sólo existían en su cabeza y tratando de hacerlas pasar por lo que no eran.

El Instituto Nacional de Toxicología no hizo públicos esos extraordinarios resultados, ni volvió a participar en los siguientes estudios del CES.

Saquen Uds. sus propias conclusiones.

Hugh Farey y Marzia Boi. A vueltas con los pólenes

Si hay un caso en el que la literatura sindonista bordea la mala fe o la ignorancia supina es en el asunto de los pólenes.

Véase si no este fragmento de un destacado sindonólogo. Después de repasar las conclusiones de Max Frei sobre los pólenes que él decía haber encontrado sobre el sudario, el autor termina con esta frase:

En suma, podemos decir que el estudio de Max Frei sobre la Sábana de Turín ha dado unos resultados que, si bien pueden no ser concluyentes en sí mismos, constituyen un apoyo muy significativo a los demás estudios realizados, puesto que parecen confirmar plenamente lo que se deduce de los documentos históricos. (Rodríguez Almenar 1998).

            Leer más…

El velo de Manoppello. Apéndice: Congreso en Viena.

El Greco. “Santa Verónica con la Santa Faz”, 1580.

Leer más…

El velo de Manoppello (V). Consideraciones intempestivas.

Decía Montaigne -esto va de cita pedantuela- que él estaba  naturalmente incapacitado para edificar sistemas de pensamiento complejos y que le iba más eso de dejar vagar la mente de aquí para allá (fin de la cita pedante). Me parece que Montaigne, aparte de ser el padre de los post-post-modernos, hermenéuticos antirracionalistas  y demás, era un vago. Escribió tres tomarros de ensayos, eso sí. Pero hay maneras y maneras de ser un vago. Dicen que Rossini era tan indolente que escribía sus partituras en la cama y si alguna se le caía al suelo prefería volver a escribirla antes que levantarse a por ella. Se puede tener la pluma fácil y cansarse de pensar demasiado. Yo también soy un vago y, aunque soy capaz de inventarme un sistema metafísico de narices en un momento, lo de desarrollarlo en cinco tomos de 1000 páginas cada uno es harina de otro costal. Así que me dedico con más gusto a hacer consideraciones intempestivas a mi aire, que es lo que voy a hacer ahora.

Velo de la Verónica, Francisco de Zurbarán, 1658. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Leer más…

El velo de Manoppello (IV). El biso.

El proyecto Seda del Mar.

Para empezar voy a hacer un resumen de aquellos datos contenidos en la página web Sea-silk  que sean relevantes para nuestro tema.

El Project Sea-silk, del que la página web citada es su órgano de difusión en Internet, surgió en el marco del Museo de Historia Natural de Basilea a finales del siglo pasado. Se  ha trazado como objetivos inventariar los objetos manufacturados con esta técnica que todavía existen (60 solamente) y hacer un estudio histórico de su evolución en el Mediterráneo. Su directora es Felicitas Maeder. Leer más…

El velo de Manoppello (III). La cabeza de Cristo. Una pausa.

Incluyo a continuación algunas imágenes que guardan relación con la del velo de Manoppello por sus características iconográficas.

Veronica (Lake) con velo (a la española). Una frivolidad.

Leer más…

El rostro de Manoppello (II).

 

A continuación voy a hacer un recorrido  a los artículos de Gian Marco Rinaldi que reseño en la bibliografía (entre paréntesis). Si añado alguna otra cosa trataré de hacerlo notar.

Pero antes de meterse en faena, conviene señalar que la equiparación del rostro de Manoppello con la Camuliana (ver entrada anterior) es tan fantástica o más que la del Mandylion con el sudario de Turín. Como los criterios para establecer  analogías del sindonismo, en general, y del padre Pfeiffer, en particular, ya han sido comentados largamente en este blog, no creo que valga la pena extenderse en su consideración. Leer más…

El rostro de Manoppello (I).

1. La leyenda.

El velo de Manoppello es una tela de 17×24 cm, semitransparente, que se encuentra en el Santuario del Volto Santo de los capuchinos de los Abruzos, en la localidad de la que recibe su nombre. En él aparece un retrato con todo el aspecto de ser una de las muchas representaciones que existen del rostro de la Verónica.

Los orígenes del lienzo pueden consultarse en la página oficial del santuario en un castellano deficiente y en una tipografía todavía más deficiente. Sobre el contenido, que cada cual juzgue. Este relato se debe al padre Heinrich Pfeiffer, al que ya conocemos por sus aportaciones sindonistas, y al que se considera como el verdadero artífice de la leyenda de Manoppello. Al menos, el primero que se dedicó a ello. Leer más…

El método Guscin y el sudario de Oviedo.

 

Mark Guscin es uno de los pocos “historiadores sindonistas” que se parece a un auténtico historiador. Quiero decir, que ha conseguido salir del círculo de publicaciones ad hoc en alguna ocasión. Quiero decir, que tiene un libro sobre el Mandylion publicado en una editorial conocida (Brill) y una tesis doctoral sobre el mismo tema que se puede consultar on line: https://pure.royalholloway.ac.uk/portal/files/24278014/MARK_GUSCIN_PhD_THESIS_05.03.15.pdf .

Leer más…

The last picture show by Dan Porter.

El veterano sindonista Dan Porter cierra Shroud of Turin Blog.

Una lástima. En su bitácora se juntaban sindonistas de todos los pelajes, desde el agresivo hasta el paciente, desde el crédulo hasta el incrédulo. Incluso de vez en cuando entrábamos algunos iconoclastas recalcitrantes tratando de poner un poco de racionalidad (o así) al asunto. A todos Porter nos acogía con buen talante. No es fácil en este agitado mundo del sindonismo.

Su bitácora era, además, un buen sitio para encontrar informaciones, textos, artículos o reflexiones interesantes en medio de la paja inevitable. Allí me encontré con Hugh Farey y Charles Freeman y me enteré de algunos artículos de Garlaschelli o Nicolotti. A ver a dónde voy a acudir ahora para estar al día.

En todo caso, Porter dice que se va a dedicar a su comunidad y a sus creencias religiosas. Ni que decir tiene que le deseo mucha suerte y que sepamos de él por otros conductos. Que el mundo sindonista, en el fondo, es un pañuelo…si se me permite la expresión.

El sudario de Oviedo. Una reliquia.

Esta es la segunda entrada que dedico al libro de Andrea Nicolotti: Sindone. Storia e leggende di una reliquia controversa,  Torino, Giulio Einaudi ed., 2015; #2.5., pp. 33-41.

 

Hace unos días dediqué una breve entrada a un congreso universitario dedicado al Sudario de Oviedo.

El evento tuvo sus repercusiones extra  académicas, como lo demuestra la reacción del Sr. Obispo en una homilía pronunciada poco después.

(NOTA: Juraría que el Sr. Obispo está mostrando el sudario en dirección equivocada. Es lo que tiene el arte abstracto).

Leer más…

Imagen

¿Y Saná? ¿Te acuerdas de Saná?

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.