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Historia y mito: Las leyendas de Alejandro Magno y Jesús el Galileo.

(Sin más preámbulos, continúo con el blog de Matthew Ferguson, Κέλσος).

 La comparación de Alejandro Magno en el Romance con Jesucristo en los Evangelios es especialmente esclarecedora, ya que tanto Alejandro como Jesús fueron personas históricas sobre las que se escribieron fabulosos relatos sobre sus vidas sólo un par de generaciones después de su muerte. Ambos fueron también llamados el “Hijo de Dios”, y a ambos se les atribuyó una paternidad dual: Alejandro fue considerado el hijo de Felipe de Macedonia y el dios egipcio Amón, y Jesús el hijo de José de Nazaret y el dios judío Yahvé. Tanto Alejandro como Jesús eran considerados como “Rey de reyes”.

Estas semejanzas son especialmente llamativas en la “Carta a Olimpia” del Romance de Alejandro —que incluye la idealización de sus hazañas, diálogos ficticios entre él y otras personas y errores cronológicos— y el Apocalipsis.

Alejandro es nombrado caballero por el rey Filipo. Roman d’Alexandre, Holanda, primer cuarto del siglo XIV

Sin embargo, el Romance de Alejandro funcionó como un “texto abierto”, es decir, que fue modificado y redactado durante varios siglos a partir de la primera composición. Es por eso que la primera versión que poseemos no es, casi con seguridad, la primera que fue escrita. El principal experto que ha estudiado el tema, Richard Stoneman, data el romance de Alejandro a principios del siglo III a.C., sólo una generación o dos después de la muerte de Alejandro (323 a.C.).

La forma más corriente de construir mitos es la de modelar los personajes de acuerdo con arquetipos heroicos previos. Ya antes de la redacción del Romance, Alejandro había sido comparado con Hércules y Aquiles (Plutarco, Vida de Alejandro, 2.1.). Antes de la redacción de los evangelios, se había comparado a Jesús con las figuras de Moisés, David, Elías y Eliseo. Además se había atribuido a Alejandro en vida su filiación con Amón, con ocasión de su visita al Oráculo del Oasis de Siwa. Estas historias fueron recogidas por los historiadores de la generación siguiente a su muerte y no cabe duda de que venían de antes, durante la vida de Alejandro.

De hecho, la historia del nacimiento divino de Alejandro era bien conocida en el Imperio romano, por lo que se puede argumentar con cierta seguridad que la narrativa de la infancia de Jesús de Mateo podría estar modelada de acuerdo con el mito de Alejandro el Grande. Richard Miller, en Resurrection and Reception in Early Christianity (New York, Routdlege, 2014:pp. 124-125),señala las siguientes similitudes entre los dos relatos:
• La genealogía parental colocada al principio para señalar el pedigrí del héroe.
• Una pareja de prometidos que se aman.
• La irrupción de la divinidad en el proceso, fecundando a la novia mediante su marca; es decir, el trueno de Zeus (κεραυνός) y el viento sagrado de Yahvé (πνεῦμα)
• La concepción virginal y el nacimiento del héroe; el padre sustituto se abstiene de las relaciones sexuales hasta que se abre el útero a través del nacimiento del hijo, es decir, la ruptura del “sello”.
• Drama sobre la fidelidad sexual de la novia y la legitimidad de la concepción.
• Desconfianza en el relato de la mujer sobre la concepción del niño, precipitando la necesidad del sueño divino del novio, restaurando así la confianza en la historia de la novia.
• Una descripción profética del niño mediante el sueño del novio, estableciendo la suprema expectativa con respecto al destino del niño.

Ascensión de Alejandro; Roman d’Alexandre, Paris?, 1410-20.

[¿Cómo se fabricó el mito de Jesús?]

A Alejandro Magno no había que añadirle muchos adornos para que su historia resultara gloriosa. Claro, se podría añadir cosas sobre sus contactos con las legendarias amazonas (como Aquiles) durante sus expediciones militares. Podrías difundir rumores de que su madre había sido fecundada por un dios (como Hércules). Y se podría hablar de viajes al ultramundo (como Odiseo). Pero después de todo, el verdadero Alejandro Magno ya era una leyenda por derecho propio.
Ahora volvamos a Jesús. Si usted quisiera difundir historias sobre Jesús como el Mesías, ¿qué tipo de Mesías sería si no fuera más que un oscuro e itinerante campesino, que tuvo poco impacto en el mundo conocido durante su vida? Jesús nunca fue reconocido por la gran mayoría de sus judíos contemporáneos como su rey. Nunca derribó el yugo de la opresión romana. Nunca presidió ningún tipo de juicio final o transformación cósmica mientras estaba vivo. ¿Quién quiere oír hablar de un Mesías que era poco más que un vagabundo dando sermones?
Así que, si usted quiere convertir a Jesús en un Mesías, realmente tiene mucho más trabajo que hacer. Tendría que difundir historias sobre su ascenso al cielo (como Elías). Historias acerca de él caminando sobre el agua (aún más notable que Moisés que sólo separó las aguas). Historias sobre él multiplicando aún más pan del que Eliseo. Historias sobre él resucitando a los muertos y haciendo milagros en la naturaleza (como Elías y Eliseo). Y, si Jesús no hubiera presidido el juicio final durante su vida, entonces usted necesitaría hablar de visiones celestiales que predijeran cómo lo haría en el futuro (como la que Juan de Patmos).

Finalmente, puesto que Jesús había padecido una ejecución vergonzosa en la cruz, tendría que revisar esa mancha en su historial, haciéndole experimentar una extraordinaria reversión del destino. Tal vez, digamos, resucitando de entre los muertos….
Así que, realmente pienso que alguien como Jesús necesitaría mucha más fabulación en su biografía popular. Noten ustedes que, tanto Alejandro como Jesús, hicieron que sus leyendas tomaran forma a partir de modelos miméticos. Alejandro fue modelado sobre figuras como Hércules, Aquiles y Odiseo. Jesús fue modelado sobre figuras como Moisés, Elías y Eliseo. Pero la historia de Jesús necesitaba muchos más milagros y maravillas para que pasara de ser un oscuro campesino a ser alguien mucho más notable. Alejandro no necesitaba eso. Ya era extraordinario. No se necesitó crear tantos mitos para impresionar a la gente con la historia de Alejandro. Pero, ¿quién quiere un Rey de los Judíos y Mesías que no hace otra cosa que vagar dando sermones y hablando con parábolas? Se necesitaría añadir milagros, truenos y demás a la historia, para que la gente siguiera a Jesús.

 
Entradas del blog Κέλσος consultadas (18-01-2019)
 

 

Greek Popular Biography: Romance, Contest, Gospel. ( March 26, 2016)

https://celsus.blog/2016/03/26/greek-popular-biography-romance-contest-gospel/

Eschatology in Alexander’s Letter to Olympias and the Book of Revelation. ( May 9, 2016)

https://celsus.blog/2016/05/09/eschatology-in-alexanders-letter-to-olympias-and-the-book-of-revelation/

Patterns of Myth-Making Between the Lives of Alexander the Great and Jesus Christ. (May 24, 2016)

https://celsus.blog/2016/05/24/patterns-of-myth-making-between-the-lives-of-alexander-the-great-and-jesus-christ/

Readers’ Mailbag: Should Legendary Development Have Occurred More Rapidly for Alexander the Great than Jesus? (June 16, 2018)

https://celsus.blog/2018/06/16/readers-mailbag-should-legendary-development-have-occurred-more-rapidly-for-alexander-the-great-than-jesus/

Historia y mito: Alejandro Magno y Jesús el Galileo, según Matthew Ferguson.

Introducción

Matthew Ferguson es doctor en Lenguas Clásicas por la universidad de California y también ha realizado estudios en filosofía e historia. Es el autor de un blog que he recomendado en varias ocasiones: Κέλσος

Ha participado en algunas obras colectivas referidas al critianismo y la literatura clásica y en debates en torno al Jesús histórico.

He pensado que para algunas personas no es fácil leer en inglés y que, además, los hay perezosos que no tienen ganas de andar buscando y buscando por internet. Por eso he decidido hacer un (largo) resumen de uno de los temas de su blog de los muchos que me interesan: la formación de un mito a través de las leyendas de Alejandro Magno y Jesús de Galilea. Es una cuestión que Ferguson tiene bien trabajada y que responde a algunas preguntas que suelen hacerse en torno a la literatura evangélica y que se responden con frecuencia desde una ignorancia total de qué es la historia y como funcionaban las cosas en la Antigüedad.

Como no pretendo sino recoger las ideas de Ferguson, voy a hacer casi una traducción literal de algunas entradas de Κέλσος, engarzando algunos párrafos para darles un sentido unitario. Espero que nadie me acuse de plagiario —como suele ser habitual en alguna universidad española—, porque no estoy plagiando. Estoy copiando. Y al final de esta entrada pondré los sitios de los que he copiado. Si añado algo de mi cosecha lo colocaré entre corchetes.

Voy a organizar el texto en torno a algunas cuestiones que son recurrentes en los debates en torno al Jesús histórico.
-En primer lugar, la comparación entre la historicidad de Jesús el Galileo y Alejandro Magno. La exégesis neotestamentaria, cuando se ve acorralada por los argumentos mitistas, suele aducir que la falta de fuentes es común a muchos otros personajes de la antigüedad. Expediente que ha sido utilizado también por otros historiadores no confesionales, como el profesor Antonio Piñero para justificar sus estudios sobre el Jesús histórico. (Véase recientemente en El blog de Antonio Piñero, Cómo se evita la investigación sobre el Jesús histórico ) En su versión fuerte el argumento pretende que la reconstrucción de un personaje de la historia es “tan” subjetiva como la de Jesús el Galileo. En su versión débil se constata que “también” intervienen factores subjetivos. La pretendida conclusión es que el estudio del Jesús histórico es (tan) posible como la de cualquier otro hecho de la antigüedad. (Dicho sea en favor de Piñero, él mismo rectificó una anterior versión fuerte del argumento).

Como se advertirá, el debate envuelve el tema de la fiabilidad de las fuentes documentales de la antigüedad, incluyendo las arqueológicas. Como estas no existen en el caso del Jesús de la historia, lo que sigue se limita a las fuentes textuales. Dejo la palabra a Matthew Ferguson.

 

El papel de las fuentes en los historiadores antiguos y Jesús de Galilea.

Uno de los malentendidos metodológicos que envuelve los debates sobre el Jesús histórico es la importancia de las fuentes escritas. Los apologistas confunden con frecuencia las fuentes realmente existentes (las que han sobrevivido a la criba de la Edad Media) con las fuentes que existían en la Antigüedad (y que eran accesibles a los historiadores de entonces).
Al discutir la validez de las fuentes debe hacerse una distinción ante todo: 1) si esas fuentes existen y 2) si, aunque hayan desaparecido, si han sido parcialmente conservadas en forma de títulos, citas y fragmentos.
Por ejemplo, Strobel (Lee Strobel, The Case for Christ, Grand Rapids, Zondervan, 1998) sugiere ambiguamente que Plutarco y Arriano (que escribieron 400 años después de Alejandro] no tendrían base documental para sus biografías. Sin embargo, había biógrafos de Alejandro que eran testigos directos de sus campañas, como Calístenes de Olinto, de quienes todavía se conservan algunos fragmentos. Estas fuentes históricas se podían consultar en bibliotecas como la Gran Biblioteca de Alejandría o similares, a las que Plutarco y Arriano tenían acceso. Alejandro era un importante hombre público, que era seguido por gente letrada y que tenía incluso una biblioteca dedicada a él.

 

Alejandro y un filósofo. Pseudo-Calístenes: “Historia de Alejandro Magno”, Inglaterra, 1ª mitad del siglo XI

 

Otras biografías, que fueron escritas cientos de años tras la muerte del personaje biografiado, como la de Ciro el Grande son menos fiables y hacen que su vida sea más oscura que la de Alejandro, aunque él realmente existiera.

[Hay que advertir que] no considero que sea un buen argumento contra la existencia de Jesús, decir que nadie escribió nada sobre él hasta décadas después de su muerte. Hubo muchas gentes pobres e iletradas del mundo antiguo sobre las que nadie escribió una sola línea y, sin embargo, existieron. Pero la ausencia de fuentes contemporáneas sobre Jesús, hace que los detalles de su vida sean considerablemente oscuros, legendarios e irrecuperables para los historiadores actuales.

[De aquí la importancia de disponer de fuentes escritas contemporáneas, de las que carecemos en el caso de Jesús].

En la Antigüedad existían muchas más fuentes de estudio que las que nos han llegado. La principal causa de su desaparición es que la mayoría de los cristianos no estaban interesados en ellas. Por eso muchas copias desaparecieron en aquella era de guerras y destrucción, mientras que se mantenían las del Nuevo Testamento, que no tienen ninguna fiabilidad histórica.

La fiabilidad de los biógrafos antiguos se basa en que tenían acceso a obras anteriores. Plutarco, como explica J. Powell en “The Sources of Plutarch’s Alexander” (The Journal of Hellenic Studies, Vol. 59, Part 2 (1939), pp. 229-240), cita textualmente no menos de 24 fuentes. En contraste, el Evangelio de Lucas no nos da el nombre de un solo escrito que el autor haya consultado como fuente.

Por supuesto, hay textos antiguos cristianos conocidos que desaparecieron en la Antigúedad. Por ejemplo, la Exposición de los dichos del Señor, de Papías de Hierópolis. Pero ninguno es relevante para el Jesús histórico como lo son los biógrafos contemporáneos de Alejandro Magno. La razón es que no hay testigos directos del mismo calibre que Calístenes de Olinto para Jesús, aunque sean perdidos, fragmentarios o de otro tipo.

Los investigadores, a través del análisis de los textos, han tratado de encontrar las fuentes primarias de los evangelios. Debe notarse que todas ellas son hipotéticas, y ninguna fse encuentra nombrada o identificada.

[En parte es debido a que] siempre se dispone de mas información histórica de los famosos generales o emperadores que cambiaron el mundo o dejaron una amplia huella. Conocemos menos de la gente más oscura que nunca tuvo ese impacto. Pero debe de ser notado que, sin embargo, la evidencia para Jesús es no sólo menor que los grandes políticos, sino de otros casos que no lo son. Por ejemplo, el Sócrates histórico, que vivió en el siglo V aEC en Atenas (un tiempo y una región mucho más ilustrada que la Galilea del siglo I aEC), no escribió nada, como Jesús, y sólo es conocido por los escritos de otros. Sin emargo, poseeemos fuentes testimoniales de primera mano, como Aristófanes, Platón y Jenofonte (junto con otras fuentes fragmentarias).

La importancia de las fuentes tempranas reside en que los detalles se oscurecen con el tiempo y pueden dar lugar a una especulación mítica. Tanto en el caso de Alejandro Magno como Jesús, los relatos legendarios de sus vidas comenzaron a circulas apenas unas décadas después de muertos. Pero en el caso de Jesús, el desarrollo legenario comenzó considerablemente más pronto, debido a la falta de repercusión pública y registros escritos de su vida.

La falta de repercusión pública del personaje para la preservación de su historia real es ignorada por gente como Sherwin-White. Por eso todos los ejemplos que da de elaboraciones míticas son de personajes cuyo centro histórico ha sido preservado —Pisístrato, tirano de Atenas; Hiparco, tirano que sustituyó a Pisístrato; Cayo Graco, político; el emperador Tiberio; Cleómenes, rey; Temístocles, estratego, y las cuarenta y seis personas citadas en las Vidas de Plutarco— Todos eran figuras que recibieron un significativo reconocimiento público.

Por eso, aunque unos pocos de los más fieles discípulos de Jesus fueran probablemente testigos de gran parte de su ministerio, en medio del aumento dentro de la iglesia de los que no conocían a Jesús cuando estaba vivo, no pudieron detener el crecimiento de la leyenda y el emborronamiento del núcleo histórico en los relatos. (Cf. Kris Komarnitsky: “Myth Growth Rates and the Gospels: A Close Look at A.N. Sherwin-White’s Two-Generation Rule, The Bible and Interpretation, Mayo 2013, http://bibleinterp.com/articles/2013/kom378030.shtml ).

Esto no significa, sin embargo, que no podamos conocer nada del Jesús histórico. Desde el siglo XIX los historiadores han analizado rigurosamente la fuentes que mencionan a Jesús, y han llegado a un consenso sobre cuáles contienen información fiable. Estas fuentes son, desgraciadamente, escasas. [Y poco de fiar incluso entre las más cercanas]. Textos que pretender ser menciones de dichos de Jesús dicen cosas tan absurdas como Papías:

 

Vendrán días en que crecerán vides, cada una de las cuales tendrá diez mil brotes, y cada brote diez mil ramas, y cada rama diez mil ramitas, y en cada ramita diez mil racimos, y en cada racimo diez mil granos, y cada racimo, una vez prensado, producirá veinticinco medidas de vino. Y cuando alguno de los santos haya tomado en la mano uno de estos racimos, otro gritará: Yo soy un racimo mejor; tómame, bendice al Señor a través de mí. Del mismo modo, un grano de trigo producirá diez mil espigas, y cada espiga tendrá diez mil granos, y cada grano diez libras de harina fina, brillante y limpia, y los otros frutos, semillas y hierbas producirán proporciones similares, y todos los animales, usando estos frutos que son productos del suelo, se volverán pacíficos y armoniosos, obedientes al hombre en toda sujeción”. (Ireneo, Haer., v. 33. 3, 4)

 

Por lo tanto, a pesar de las exageraciones de los apologetas que mantienen lo contrario, la evidencia sobre Jesús no es extraordinaria. La poca que existe apunta a un oscuro profeta apocalíptico itinerante. Desde luego, esta figura fue exagerada y embellecida por relatos que se iniciaron no mucho después de su muerte. Estas exageraciones inspiraron la figura legendaria que hoy en día es venerada en el cristianismo moderno.

Conclusión (del autor del blog).

Hasta aquí el resumen de “When Do Contemporary or Early Sources Matter in Ancient History?” de Ferguson, que se refiere al valor histórico de los textos sobre Jesús, en comparación con Alejandro el Grande. En la entrada siguiente recogeré sus comentarios de sobre la formación de las leyendas de Jesús y Alejandro.

 

Referencias:
Ferguson, Matthew: “When Do Contemporary or Early Sources Matter in Ancient History?”, Κέλσος , January 5, 2015 (Consultada on line 15-01-2019), https://celsus.blog/2015/01/05/when-do-contemporary-sources-matter/

Piñero; Antonio: El blog de Antonio Piñero, “Cómo se evita la investigación sobre el Jesús histórico” ( editado 10-01-2019, consultado 15-01-2019). http://blogs.periodistadigital.com/antoniopinero.php/2019/01/10/como-se-evita-la-investigacion-sobre-el-

Las manchas de sangre: el experimento del Dr. Lavoie. (Una vez más).

Carlos Otal (maest) nos invita a su blog La Sábana y los escépticos, en donde ha reseñado brevemente la experiencia del Dr. Gilbert R. Lavoie sobre las manchas de sangre, que Carlos considera irrefutable. No creo que lo sea.

Para empezar, creo (parece) que Lavoie hace un experimento invertido. (No se sabe exactamente porque él da muy pocas referencias exactas de lo que ha hecho y las imágenes no aclaran las dudas). En lugar de proceder a la transferencia desde la cabeza a la tela, procede a pasar las manchas de la tela a la cabeza. No comprendo la razón de esta inversión. A cualquiera se le puede ocurrir que el resultado podría no ser el mismo. De hecho no lo es. Leer más…

La “sindonología” y sus fuentes.

 

Si usted está preparando un trabajo sobre cualquier materia científica, una de las cosas que le van a exigir es que tenga un cierto dominio de las fuentes y sepa manejarlas adecuadamente. Si el trabajo es sobre mecánica cuántica y en lugar de citar a Bohr, Heisenberg, Einstein, etc., usted cita a médicos y ciclistas, le van a pegar un buen varapalo allá a donde vaya.

Clío. Pompeya.

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La sangre del sudario y los politraumas. (Giulio Fanti de nuevo desautorizado).

He comentado varias veces en este foro como el tráfico de fibras supuestamente pertenecientes al sudario de Turín es tan incontrolado que invalida los trabajos que algunos sindonistas, renombrados dentro de su entorno, han realizado en los últimos años. Un caso especial es el prolífico y beato profesor Fanti, que ya había sido desautorizado por la mismísima Santa Sede y ahora recibe el desaire de una revista científica. Sería como para pensárselo la próxima vez, pero creo que, dada la profunda convicción de la misión evangelizadora que le ha sido conferida por las alturas, no va a tardar en volver a las andadas.

Maestro del díptico Poldi Pezzolli, c. 1310.

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La sangre del sudario: Sánchez Hermosilla vs. Garlaschelli. Serpientes de verano.

Llámase así en periodismo a la noticia veraniega que se infla como un globo cuando dentro de ella no hay más que aire.

Recojo aquí una noticia aparecida en el blog gemelo a este, que no amigo, Sabanasanta.org. Se trata de un resumen de una intervención del Dr. Alfonso Sánchez Hermosilla, Director del Equipo de Investigación del Centro de Sindonología de Valencia. Como no sé de donde procede ni qué partes de la misma son originales del Sr. Sánchez, utilizaré la convención de suponer que son las mismas expresiones que él utilizó en algún lado. Leer más…

Los Guardianes están entre nosotros (III). El profeta crucificado y la sábana santa.

Si hemos de creer a los evangelios, la muerte infamante de Jesús el Galileo sumió en la consternación y el pasmo a sus seguidores, que salieron corriendo como conejos. “Entonces les dice Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño»”. (Mateo 26, 31). Pero, pasado un cierto tiempo volvieron a juntarse, fuera porque comprendieron que las autoridades parecían conformarse con eliminar a su líder y poco más o porque se arrepintieran de su cobardía: “Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente”. (Mateo 26, 75)

A partir de entonces comienza un salto adelante que se parece mucho al que realizó el grupo de Lake City. (A los que tengan un poco de tiempo les recomiendo repasar los asteriscos que he colocado en las dos primeras entradas de la serie).

Rembrandt van Rijn: : Los discípulos de Emaús; hacia 1625.

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Los Guardianes están entre nosotros (2). El fracaso de las profecías.

En realidad las profecías de la Sra. Keech no fracasaron una sola vez. Hubo una serie de intentos fallidos cada vez más espectaculares y alguna replicación, como después de un terremoto.

Se puede hablar de una serie de decepciones de las expectativas que, sin embargo, no sumieron al grupo en una crisis sino cuando el fracaso final puso la guinda.

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Los Guardianes están entre nosotros (I). Leon Festinger: Cuando la profecía falla.

A mediados de los años cincuenta del siglo pasado, un equipo de investigadores norteamericanos siguió de cerca las andanzas de una secta que habitaba los alrededores del Gran Lago, especialmente en Lake City, una pequeña población de unos cuantos miles de habitantes.

De aquí resultó un libro: Leon Festinger, Henry Riecken, Stanley Schachter: When Prophecy Fails: A Social and Psychological Study of a Modern Group That Predicted the Destruction of the World, New York; Harper-Torchbooks, 1956. (Yo he consultado la edición de la Universidad de Minnesota de la misma fecha).

En mis, a veces tormentosas, conversaciones con los creyentes en Jesucristo, les he recomendado con frecuencia la lectura de este instructivo texto. No me consta que lo hayan hecho en ningún caso. Más bien creo que no. Pensando que esta falta de atención no se debía a que no les pareciera interesante el tema ni a que les provocara una molesta desazón, sino que el libro no es fácil de conseguir o que no todo el mundo tiene conocimientos básicos de inglés para meterse en este fregado, he pensado que sería bueno hacer una especie de recensión del volumen con especial referencia los puntos que me parecen de más interés. Para que se hagan una idea, el título traducido es:

Cuando la profecía falla: Un estudio social y psicológico de un grupo moderno que predijo la destrucción del mundo.

Confesarán que promete. Leer más…

Hugh Farey, a vueltas con la formación de la imagen del sudario de Turín.

Hace unos días Hugh Farey envió un par de comentarios a este foro. En uno de ellos remitía un trabajo suyo que se había publicado en Academia.edu. (Farey 2018) y que no ha aparecido en el boletín de la Sociedad Británica de sindonología, a pesar de su evidente interés. Es de suponer que al nuevo director de esta publicación no le debe hacer mucha gracia el método sindonológico independiente de Farey.

En este artículo se hace una revisión de las teorías del origen del medieval, sugiriendo alguna hipótesis sobre su formación que se mueve en una línea similar a la de Charles Freeman (Ver entradas de 2014 y 2018). Quiero decir, como un tejido elaborado en torno a ceremonias religiosas. Aparte de la validez de la hipótesis, que tiene sus más y sus menos, Farey hace unos cuántos comentarios sobre la formación de la imagen que me han llamado la atención. Me centraré en las que se refieren a un tema que sólo toco tangencialmente porque excede mis competencias: las teorías sobre la composición de las manchas que figuran ser la sangre del Cristo (“de sangre”, para abreviar).

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Una conferencia de Walter McCrone sobre el sudario de Turín.

McCrone, Walter C., “ Antiquities: Authentication of Art & Archaeological Objects – The Turin Shroud & the Vinland Map”, 67, Medico-Legal Journal, pp. 135-146 (1999);

Conferencia en la Royal Society of Medicine, el 13 de mayo de 1999. Moderador: Mr Alec Samuels, Presidente de la sociedad.

 

Buscando por aquí y por allá he encontrado el texto de una conferencia de Walter McCrone, Bestia n.º1 del sindonismo clásico. Se refiere a dos éxitos del Instituto McCrone —al menos, así los considera él—: el mapa de Vinland y el sudario de Turín.

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Charles Freeman: El sudario de Turín como tela litúrgica.

Charles Freeman: “The Real Mystery of the Shroud of Turin Why Does the Catholic Church Not Publicly Declare That It Is Not Authentic?”, Journal of Information Ethics / Volume 24, Number 2 / Fall 2015 / pp. 63 –75 /

 

 

Charles Freeman es un historiador free lance, es decir, no universitario, que ha publicado más de una decena de libros relacionados con el mundo antiguo y las religiones, especialmente el cristianismo. En este blog ya le dediqué una entrada comentando un artículo suyo aparecido en History Today. Un año después publicó el trabajo que ahora presento brevemente.
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Iconografía del Cristo en la tumba. Vir dolorum o Varón de dolores.

Junto con las representaciones del Santo Entierro, el embalsamamiento del cuerpo o las Santas Mujeres ante la tumba vacía, los artistas del gótico tardío inventaron un género específico, el llamado Vir dolorum, o Varón de dolores, que era una representación simbólica de la muerte del Cristo.
En general, se representa al Cristo de pie, emergiendo medio cuerpo del sepulcro, en posición estática. Cuando aparecen figuras secundarias, suelen ser ángeles, la Virgen y San Juan o los instrumentos de la Pasión. A diferencia del Cristo triunfante de la escena de la resurrección, aquí se propone una reflexión sobre los sufrimientos y la muerte.
Las representaciones del Vir dolorum son escasas antes de 1400. La mayoría proceden de los siglos XV y XVI. Dan Scavone sitúa la primera representación del Varón de dolores en 1300 (iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén de Roma). Cf. “Greek Epitaphioi and Other Evidence for the Shroud in Constantinople Up To 1204”; p. 3.

Varón de dolores de la iglesia de la Santa Croce de Gerusalemme de Roma. Hacia 1300.

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A vueltas con la sangre del sudario de Turín. Marc Antonacci.

Suelo advertir de vez en cuando que no soy un experto en todo —no podría serlo—, pero donde me encuentro más perdido es en los estudios puramente científicos con multitud de terminología aparentemente científica, matematizaciones aparentemente científicas y discusiones sobre conceptos que parecen científicos, de los que no tengo ni idea. A lo más que llego es a evaluar los momentos en los que los supuestos experimentos científicos se convierten en hagiografía, pero eso es fácil de detectar. También puedo entender a veces cuando se habla en términos vulgares de temas más abstrusos. Es el caso del documento que voy a comentar a continuación. Se trata de “Hypothesis that Explains the Shroud’s Unique Blood Marks and Several Critical Events in the Gospels”, de Marc Antonacci y Arthur C. Lind, que, a pesar de su largo título no parece haber sido publicado en parte alguna. Es de 2014. Leer más…

La flagelación de Cristo y la Sábana Santa.

La devoción es una cosa extraña. En buena lógica racionalista, los universos imaginarios que construimos deliberadamente deberían ser siempre amables y consoladores. Ante un mundo erizado de dificultades y amenazas personales y globales, deberíamos refugiarnos en imágenes apacibles y serenas como los famosos Relaxing Classic Music de Youtube. Pues no. El creyente religioso tiende a recrear imágenes tortuosas, violentas o mórbidas con la misma frecuencia —o más— que imagina paraísos azules repletos de tortitas de miel, túnicas blancas y cantos angélicos. Algo se pega a los no creyentes de esta fascinación terrible cuando nos paramos delante de las macabras imágenes de Caravaggio o Grünewald los que somos incapaces de ver como le dan dos puntos de sutura a nuestro perro. Quédese la explicación para la psicología, que no es tema de esta bitácora. Si digo lo anterior es para explicar que, a pesar de esta fascinación, las delectaciones con que los sindonistas, místicos o científicos, se entretienen en el recuento de llagas, sangres y clavos sobre la santa sábana siempre me han echado para atrás. Si he tocado el tema en entradas anteriores, ha sido intentando hacerlo lo más asépticamente posible. Pero como todo llega y el tema del santo sudario está realmente aburrido, me voy a parar a hacer un breve comentario sobre uno de los últimos artículos de Andrea Nicolotti que tenía aparcado en una carpeta. Lo hago con gusto, por otra parte, porque en el muermo panorama del tema de este blog, Nicolotti es de lo poco que queda que investiga las cosas con seriedad y detalle. Por las razones que sea, Gian Marco Rinaldi y Antonio Lombatti —otros dos de la “escuela” italiana a los que solía contactar— han paralizado sus blogs. En el campo contrario, hasta el profesor Fanti parece haber agotado su imaginación para continuar sus asombrosos estudios a partir de una micronésima parte de cierta fibra que alguien le había pasado no se sabe como. Leer más…