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El Jesús histórico (V). El mito de Jesús y el judaísmo.

“Enoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó”  (Génesis 5:24).

“Y mientras ellos iban caminando y hablando, de pronto apareció un carro de fuego, con caballos también de fuego, que los separó, y Elías subió al cielo en un torbellino” (2 Reyes 2: 11).

En los últimos tiempos la exégesis neotestamentaria ha hecho mucho hincapié en las bases judías del cristianismo primitivo. No sólo entre los expertos más heterodoxos o provenientes del judaísmo, como Geza Vermes o Daniel Boyarin, sino también entre los cristianos confesionales (John P. Meier o John D. Crossan) se tiende a subrayar aquellos aspectos de los evangelios que vinculaban a su protagonista con las creencias judías de su tiempo. También se ha hecho notar la permanencia de los primeros cristianos en el ámbito de la sinagoga, al menos hasta la destrucción del Templo en 70 E.C. Según algunos autores, la mayor parte del proselitismo cristiano se dirigía las juderías de la diáspora hasta el siglo V inclusive (Stark 2009, p. 67). El concepto de judeo-cristianismo ha pasado a primer plano en los estudios recientes, contraponiéndolo a los helenistas y al desarrollo posterior del cristianismo como algo originario, atribuible al propio Jesús de Galilea. Naturalmente, y generalmente dependiendo de sus vínculos con la estructura eclesiástica de los diversos cristianismos actuales, la “originalidad” del mensaje de Jesús ha sido más o menos enfatizada junto a la innegable herencia judía.

La relación entre cristianismo y judaísmo fue tensa desde los primeros momentos y pasó por fases de integración o relativa tolerancia hasta desembocar en un enfrentamiento radical. El status que el Imperio romano concedía a las religiones que se asentaban en la capital fue un motivo fundamental en la necesidad de ir juntos, aunque no siempre revueltos. Por un lado, los cristianos precisaban que se reconociera su vínculo con el judaísmo porque una religión enteramente nueva era considerada en Roma como simple ateísmo y se perseguía con dureza. Si se toleraba a los judíos era porque podían presumir de una religión tradicional que se traducía en un culto geográficamente localizado, una religión nacional. Incluso tenían filósofos que vertían a las formas griegas la sabiduría ancestral, como era el caso de Filón. Es así que, al hablar de las sectas hebreas, Flavio Josefo, el único historiador que nos ha llegado de la Palestina de esa época, habla de “filosofías”. Pero, por otra parte, los cultos orientales, y el judaísmo, sobre todo a partir de las sublevaciones en los siglos I y II, eran vistos con mucho recelo y los cristianos se arriesgaban a ser confundidos con los levantiscos israelitas, una separación que sólo parece clara para la administración del Imperio a partir de finales del siglo I (Goodman 1999, pp. 33-4). Todo esto se traducía en tensiones ideológicas constantes entre ambos. En el mismo Pablo de Tarso se pueden entresacar fragmentos de sus cartas en los que alaba la Ley (Romanos 7:12) junto con otros en que abomina violentamente de ella (Gálatas 3:13). Y en los textos posteriores, encontramos algunos, como el Apocalipsis, claramente insertos en la cultura judía del Fin de los Tiempos, junto con otros que, sin llegar al rechazo total de todo lo que proviniera de la Torá, como hizo Marción, marcan claramente la distinción entre la Ley nueva y la antigua o la Nueva y la Vieja Alianza y se sitúan en la tradición del helenismo ante todo (Jaeger 1995).

Debido a todo este complejo de relaciones de repulsión y atracción, la labor de los mitistas ha sido facilitada por la idea de que la llegada de su Mesías había sido predicha por los profetas del Antiguo Testamento, que es central en los evangelios (Por ej.: “Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí yo envío a mi mensajero delante de tu faz”  -Marcos 1: 2- http://bibliaparalela.com/rv/mark/1.htm ). No sólo se trataba de establecer una genealogía directa entre Adán, el rey David y Jesús de Galilea, empeño en el que Mateo y Lucas demostraron su capacidad para embrollarse por sí solos, sino que los aspectos esenciales de la vida del nuevo Mesías –muy especialmente su nacimiento y muerte‒, estaban construidos sobre citas casi textuales del Antiguo Testamento que, fueran directamente proféticas o no, que estuvieran más o menos manipuladas, servían para dar carta de realeza al, por otro lado humilde enviado del Padre en la Tierra. Esto ocurre, incluso cuando la cita no es manifiesta, como en ciertos pasajes, que con el tiempo resultan confusos o incomprensibles, en los que encontramos intentos de traspasar la versión griega de la Torá, la Septuaginta, a dichos y hechos de Jesús. Así, el nacimiento de una virgen es un resultado de malinterpretar la versión hebrea, que habla de una doncella, a partir de la Septuaginta, que traduce como este término como “virgen” (Ehrman 2009, p. 74). Y la sorprendente entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de dos pollinos, tiene un origen similar (Zacarías 9: 9).

Desde luego, la explicación del nacimiento de un mito sólo a partir de una teología de inspiración helénica tiene poco sentido cuando se habla de un “mesías”, concepto típicamente judáico que remite a dos figuras distintas: un rey guerrero, del linaje de David, y un salvador sacerdotal (Piñero 2011). Algo habrá que tomar de las tradiciones judías que pueda emparentarse con los dioses que mueren y resucitan para dar como resultado la peculiar figura de Jesús de Galilea.

La línea más obvia para los mitistas es la que parte de los pasajes bíblicos que citan los evangelistas y los primeros apologetas del siglo II. En ese sentido, el texto estrella es el del “siervo doliente”  de Isaías 53 (http://bibliaparalela.com/rvg/isaiah/53.htm)[1] . Realmente, el antecedente de la profecía de Isaías guarda pocas semejanzas con la vida de Jesús tal y como se recoge en los evangelios. Se trata de la figura de algo como un hombre que es, primero, despreciado y atacado por los suyos hasta la muerte ignominiosa, que carga con sus “dolores” y pecados, y que, sin embargo, será ensalzado entre los poderosos y verá su linaje bendecido. Lo más que puede tomarse es el esquema de un ser excepcional que funciona como un chivo expiatorio y que es ensalzado tras su muerte. Un esquema de sufrimiento y glorificación que puede ser aplicado a otros muchos pasajes bíblicos y que, junto con la tradición del “como Hijo de hombre” daniélica serviría de modelo para la fabricación de un mesías doliente. Aunque la versión cristianizada de este pasaje incurre en algunas inconsecuencias lingüísticas, como interpretar el “siervo” como un individuo, cuando la exégesis bíblica contemporánea ve en él una imagen simbólica del pueblo de Israel, el mitista puede argüir consistentemente que, de la misma manera que los cristianos manipularon el texto para adaptarlo a su mesías sufriente malinterpretando el original, podían igualmente haberlo manipulado para inventar (consciente o inconsciente) la figura de un Mesías celestial. Leyendo la lamentación por un elegido de Yahvé que es primero martirizado  y luego exaltado, no habría que dar más que un paso para divinizar al ungido y relacionarlo con el Hijo del Hombre apocalíptico del que habla Daniel (7:13; http://bibliaparalela.com/daniel/7-13.htm ). La constatación de las diferencias no invalida absolutamente el argumento mitista puesto que su fundamento reside en el hecho de que, inconsecuentemente o no, los cristianos creyeron que podían adaptarlo a su credo. “Detectamos ciertamente [en Isaías] las características esenciales del Cristo sufriente, que se sacrifica por la humanidad y expía sus pecados” (Drews 1912; p. 170)

Esta interpretación sale reforzada con la lectura de algunos apócrifos judíos que también parecen establecer un precedente del Mesías crucificado en la literatura de ámbito judaico. Estos textos, que fueron descartados como canónicos por los rabinos, fueron adoptados por los primeros cristianos como antecedentes proféticos de sus creencias. Destaco entre todas la Ascensión de Isaías http://www.earlychristianwritings.com/text/ascension.html  (en inglés) y El libro de Enoc (46: 1-8, 69: 26-29) http://www.bibliotecapleyades.net/esp_enoch.htm .

William Blake (1757-1827), Visión de Ezequiel.

 

La Ascensión de Isaías.

El primero de ellos lo conocemos en su forma definitiva del siglo II. Como se puede observar por las explícitas referencias a “Jesús”,“Cristo” y otras, se trata de un apócrifo, como otros muchos textos que trataron de asociar el cristianismo a supuestas profecías de “proto-santos” y “proto-santas” paganas (El canto de la Sibila, las referencias de Virgilio a un niño salvador, etc.). No tendría más trascendencia sino por el hecho de que algunos mitistas, con Earl Doherty a la cabeza (The Jesus Puzzle. Was There No Historical Jesus?), afirman que es posible encontrar en él un sustrato anterior  a los propios evangelios que demostraría que los primeros cristianos no creían en la existencia terrena del Mesías. Según la creencia primigenia, el Cristo habría sido crucificado en el cielo inferior por los demonios, no en la Tierra por los romanos o los judíos (Godfrey 2011-02-02). (Volveré a este tema en otra entrada dedicada a Pablo de Tarso). Sin embargo, la Ascensión de Isaías habla del descenso de Jesús a la tierra, incluyendo el nacimiento y la crucifixión, lo que contradice la idea de que había una versión del cristianismo primigenio de un Cristo no terreno. (3: 13 muestra su sufrimiento, 11: 17 muestra al niño comiendo, cosa que no haría nunca un ser celestial ) (Hannah 1999, p. 176). La solución de Doherty no es demasiado imaginativa. Consiste en considerar interpolaciones posteriores todos los pasajes que hablan de las andanzas terrenas de Jesús, que es la vía habitual entre historiadores confesionales para quitarse de encima los textos que les molesta, sólo que aquí es utilizada por un incrédulo. ¿Con qué argumentos? Por sentido común. Porque los otros, las visiones celestes, son más “primitivos”. Porque en ellas el autor parece desconocer las historias de los evangelios. Luego deben ser anteriores a la narración del nacimiento de Jesús que aparece en Isaías. Aunque este tipo de argumentos merece un tratamiento específico, que haré en otras entradas, me interesa subrayar aquí que no son demasiado fuertes. El “sentido común”, aparte de ser el menos común de los sentidos, remite generalmente a preconceptos del ámbito del historiador, difícilmente extrapolables a la mentalidad de una religión primitiva en formación. Un intérprete actual, educado en un ámbito más racionalista, puede considerar como fuera del sentido común algo que para un creyente del siglo I fuera perfectamente asumible. El ser más simple no equivale a ser anterior, como lo demuestran los pasajes en los que Lucas o Mateo simplifican a Marcos, sin por ello ser considerados anteriores a él. Y el argumento del silencio debe limitarse a casos en los que sea estruendoso, por así decirlo. Ninguno de ellos, en este caso, implica que las visiones de Isaías sean previas al siglo II.

NOTA: Resumen de las diversas dataciones atribuidas a la Ascensión de Isaías: http://vridar.org/2012/02/23/dr-mcgrath-doherty-was-right-after-all-about-the-date-for-the-ascension-of-isaiah/

 

El libro de Enoc.

Se trata de otro texto apócrifo hebreo –aparece en algunos manuscritos de la Septuaginta‒  que se considera que fue escrito en una fecha indeterminada entre el siglo I aEC y el II EC. Aunque la imposibilidad de la datación en ese espacio de tiempo ha sido convincentemente argumentada (Ehro 2010), me atendré cautelarmente a ella, como la más común entre los especialistas. (Sobre los problemas de datación en general tendré que volver en otra entrada). La sección que aquí nos interesa, las “Parábolas de Enoc”, se conserva sólo en la versión etíope, varios siglos posterior. Lo mismo que la Ascensión de Isaías, fue citado por autores cristianos primitivos, por lo que se debate si algunas partes son interpolaciones, en especial la parte que aquí nos interesa las “Parábolas de Enoc”. En esta sección se narra una visión del profeta Enoc que habla de un enviado divino de carácter mesiánico. La figura del Elegido, el Hijo del Hombre, tiene múltiples puntos de contacto con la tradición de Daniel (7:13) y el mesianismo paulino (Waddell 2010). Es un ser con apariencia humana, preexistente (“desde antes de la creación “) y espiritual, superior a todos los seres divinos, aunque no igual al Anciano, figura de Yahvé. El Elegido tiene una función claramente mesiánica: derrotar a los enemigos de Dios en la tierra y juzgarlos. De acuerdo con ello, puede ser considerado indistintamente como el “Hijo del Hombre” o el “Mesías” (Bertalotto 2010, p.198). Esta mezcla de dos conceptos con un origen diferente, es una característica típica del cristianismo evangélico y, de ser correcta su datación, implicaría un antecedente significativo.

Un ángel resucitando a Enoc y Elías; Misterio del Día del Juicio; siglo XIV

 

De acuerdo con los mitistas, la mesa estaba servida para que llegara Pablo y tomara todas estas tradiciones para construir su figura particular del “siervo doliente”, del Libro de Isaías. Es cierto que la datación de los apócrifos judíos es incierta y no puede garantizarse que fuera anterior a la literatura evangélica, pero los mitistas pueden apoyarse también en textos hebreos canónicos como los libros de Daniel o el mencionado de Isaías. Los apócrifos judíos que hemos tocado más arriba no necesitarían ser la inspiración directa de los textos cristianos, sino un ejemplo más de cómo se iba cociendo la imagen del Jesús el Mesías a partir de la mitos y leyendas anteriores.

La idea de los mitistas es bastante coherente. No hay nada de “abusivo” en “sostener que los prodigios realizados por Moisés, Elías y Eliseo llevaron necesariamente a la idea de un Cristo que sobrepasó a todos ellos en poderes sobrenaturales” (como sostiene Jesús Peláez S/F). Más bien lo “abusivo” es creer que, por el hecho de que Jesús fuera “más y  mejor” que los personajes legendarios de la Biblia, no podría haber sido pensado como una superación de los mismos a partir de lo que la religión y la teodicea de la época estaban predicando. Que pudiera haber un salto hacia delante, no tiene nada de extraordinario ni milagroso. Si tales saltos no fueran posibles, la imagen de los dioses, como el de otras fabulaciones de la humanidad, estaría todavía en el politeísmo o el animismo originarios y no habría sufrido ninguna transformación. La misma religión judía debió de dar un paso en algún momento en esa dirección, pero eso no es prueba ni indicio de algún tipo de historicidad, sino del casi ilimitado potencial de la imaginación humana.

Ahora bien, una cosa es demostrar que el tránsito de una figura divina que actúa como enviado y mesías celestial desde las religiones existentes es posible y otra, bastante más difícil, que tal fue el caso. Y en su camino, el mitismo encuentra un obstáculo principal: si Pablo fue el inventor de tal tipo de creencia, a de un ser celestial sin cuerpo terreno, y los evangelios no hacen sino poner carne a lo etéreo, ¿cómo se explican las referencias de Pablo a la humanidad de JesuCristo?

El siguiente capítulo tendrá que enfrentarse a este problema.

 

Bibliografía.

Bertalotto, Pierpaolo: “The Enochic Son of Man, Psalm 45, and the Book of the Watchers”, Journal for the Study of the Pseudepigrapha , 19.3 (2010); pp. 195-216.

Doherty, Earl: The Jesus Puzzle. Was There No Historical Jesus?, “Responses to Critiques of the Mythicist Case”, consultado en línea 05/03/2017 12:43: http://jesuspuzzle.humanists.net/DebatesAscension.htm

Drews, Arthur: The witnesses to the historicity of Jesus, London Watts & Co, 1912.

Ehrman, Bart: Jesus Interrupted, Harper Collins ebooks, 2009

Erho, Ted M.: “Internal Dating Methodologies and the Problem Posed by the Similitudes of Enoch”, Journal for the study of the Pseudepigrapha, Vol 20.2 (2010): pp. 83-103.

Godfrey, Neil: “Jesus crucified by demons (not on earth): The Ascension of Isaiah in brief”, Vridar, 2011-02-02  Consultado en línea 21/03/2017 10:36: http://vridar.org/2011/02/02/jesus-crucified-by-demons-not-on-earth-the-ascension-of-isaiah-in-brief/

Goodman, Martin: “Diaspora. Reactions to the Destruction of the Temple”, en  Dunn, James D.G. ed.. Jews and Christians: The Parting of the Ways, 70 to 135. Wm. B. Eerdmans Publishing,1999;  pp. 27-38.

Hall,  Robert G. : “The Ascension of Isaiah: Community Situation, Date, and Place in Early Christianity”,  Journal of Biblical Literature, Vol. 109, No. 2 (Summer, 1990), pp. 289-306.

Hannah, Darrell D.: “The Ascension of Isaiah and Docetic Christology”, Vigiliae Christianae, Vol. 53, No. 2 (May, 1999), pp. 165-196

Jaeger, Werner: Cristianismo primitivo y paideia griega, México, Fondo de Cultura Económica, 1ª reimpresión,1999.

Peláez, Jesús: “Los milagros de Jesus  en los evangelios sinopticos. Posibilidad e historicidad”,  Córdoba, S/F, http://www.uco.es/dptos/antiguedadyedadmedia/griego/publicaciones/docum1017.htm ;

en línea, 20/03/2017 12:29

Piñero, Antonio: “El mesías celeste y el Jesús histórico, más Qumrán (167-12)”, Cristianismo e historia, publicado 19 de Enero 2011, consultado en línea, 21/03/2017 10:17: http://www.tendencias21.net/crist/El-mesias-celeste-y-el-Jesus-historico-mas-Qumran-167-12_a733.html .

Stark, Rodney: La expansión del cristianismo, Madrid, Tortta, 2009

Vermes; Geza: Jesús, el judío. Los evangelios leídos por un historiador, Barcelona, Muchnik, 2ª ed. 1979

Waddell , James A.: The Messiah in the Parables of Enoch and the Letters of Paul: A Comparative Analysis, tesis doctoral, University of Michigan, Ann Arbour, ProQuest, 2010.

 

NOTA.

[1] Remito a la página  Bible Hub ( http://biblehub.com/ )  – en este caso la edición Reina Valera Gómez-porque aquí se puede encontrar algunas herramientas que me han sido muy útiles, en particular la versión Interlinear (griego-inglés), que permite hacerse alguna idea de las dificultades de traducción a los que no somos expertos lingüistas. Si se prefiere la más católica Biblia de Jerusalén, se puede acudir aquí: https://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/genesis/1/ . Yo utilizo la edición de José Ángel Ubieta para Alianza Editorial/Desclee de Brower, Madrid, 1994.

El Jesús histórico (IV). El mito de Jesús y las religiones mistéricas.

Hay diversas maneras de afirmar que Jesús de Galilea es un mito. La más extrema sostiene que jamás existió un personaje con este nombre ni, mucho menos con la historia que se le atribuye. Muy cercana a lo anterior es la creencia en que, existiera o no un oscuro campesino judío ajusticiado por Roma, nada de lo que se le atribuyó en los evangelios y posteriormente es real, sino una construcción a partir de materiales míticos de origen helénico y hebreo. Adicionalmente se puede constatar diversas formas de minimalismo, que reducen la figura del “Jesús histórico” a una limitada serie de hechos y dichos, dejando lo demás para la leyenda, pero las dos primeras son las formas usuales que han venido a llamarse con el feo neologismo de “mitismo”.

 

A lo largo de las entradas que siguen, me referiré a alguna de las críticas que el mitismo ha hecho a la exégesis normalizada, la de los diversos consensos de expertos. Como yo no estoy metido en el campo académico, me lo puedo permitir. En esta entrada me centraré en exponer algunas líneas fundamentales  de esta corriente y sus problemas, dejando para más adelante sus críticas contra el Jesús histórico del consenso académico.

Panel con la imagen de Serapis. Egipto, hacia 100 E.C.

Panel con la imagen de Serapis. Egipto, hacia 100 E.C.

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El Jesús histórico (III). El consenso de los expertos.

Y ahora, un poco de metodología. Otras cuestiones de método irán apareciendo en su momento.

El recurso inmoderado al principio de autoridad es uno de los defectos básicos de las llamadas ciencias humanas, por no hablar de la filosofía o la crítica literaria. No sólo entre las personas inexpertas, sino entre los historiadores o sociólogos, no es raro que alguien pretenda zanjar una conversación citando a la autoridad competente. Es cierto que ya no estamos en los tiempos en que el dicho de Aristóteles o Santo Tomás de Aquino era concluyente y motivo de pena de exclusión, si no de excomunión. Pero la autoridad de un autor sacralizado ha sido sustituida subrepticiamente por el recurso a la opinión mantenida por una supuesta o real comunidad de expertos. Leer más…

El Jesús histórico (II). Bibliografía personal.

El primer punto que debería aclarar es cuáles son mis fuentes para hablar de este tema. No voy a contar todas, porque no estoy haciendo una tesis o escribiendo un libro, sino que me limitaré a comentar algunos de los textos que más han influenciado mi visión de Jesús de Galilea y los orígenes del cristianismo. Empezaré por los autores.

Pablo Picasso. Mujer con libro. 1932

Pablo Picasso. Mujer con libro. 1932

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El Jesús histórico (I). Introducción.

Tengo la intención de iniciar aquí una especie de digresión sobre el tema del lienzo de Turin. Cuando se discute sobre este asunto, es frecuente encontrarse con personas  que dan por sentado que el hombre retratado en el lienzo de Turin, sea éste verdadero o falso, existió y que la imagen refleja los pormenores de su muerte y entierro (dejemos por el momento la resurrección). Esta es una suposición que ha sido admitida sin pestañear no sólo por conspicuos creyentes, sino por algunos de los autodenominados agnósticos que se han referido al tema. (Que realmente lo sean o no, es otra cuestión).

¿Pero existió realmente Jesús de Galilea? ¿Fue ejecutado por las autoridades romanas ‒o por los judíos, como dicen Pablo y Lucas? ¿De la forma en que está reflejado en los evangelios y que más o menos recoge el sudario turinés?

Medallón esmaltado del siglo XI. Metropolitan Museum.

Medallón esmaltado del siglo XI. Metropolitan Museum.

Estas y otras preguntas similares tienen difícil respuesta. Al menos, son objeto de disputas, no siempre pacíficas, entre historiadores y teólogos. Durante los últimos años he leído algunas cosas al respecto, he tomado parte en algunos debates-trifurca a través de Internet y algo he aprendido. No soy un experto, ni mucho menos, pero por formación, profesión y afición creo que algo puedo decir que no sea demasiado insensato. Ésta y otras entradas que seguirán son un intento de poner en orden mis ideas, de forma que puedan servir como orientación a las personas que, sin querer entrar en las peleas de las que hablaba ni leer una extensa bibliografía, quieran saber  lo que yo sé y preguntarse las cosas que yo me pregunto. Sin más pretensiones.

David Hume, sobre los milagros. (Y la Sábana Santa).

Ciencia y sentido común. (Sólo para rumiantes).

Sólo para rumiantes.

 

 

 

 

Después de haber tocado varias veces este tema de manera dispersa y haber hecho varias alusiones en la entrada anterior, se me ocurre hacer unas pocas precisiones más para dejar a David Hume   en su sitio, dentro de mis modestas posibilidades.

Hume trató el tema de los milagros especialmente en la sección 10 de su Investigación sobre el conocimiento humano. Yo he utilizado la versión de Jaime de Salas Ortueta para Alianza Editorial (Madrid, Col. Área del Conocimiento, 2001). La sección 7 del mismo libro también es útil para entender los conceptos de necesidad, ley y causa, que están implicados en el debate. Se puede acceder a diversas versiones en línea de este tratado. No he consultado ninguna, pero me imagino que las que provengan de alguna fuente especializada serán respetables. El Proyecto Gutemberg dispone de la edición inglesa de 1777  en varios formatos digitales:  El acceso es libre. Leer más…

La sábana milagrosa y la ciencia de los milagros. (Edward L. Schoen).

Edward L. Schoen: “David Hume and the Mysterious Shroud of Turin”, Religious Studies, Vol. 27, No. 2 (Jun., 1991), pp. 209-222

Ciencia y sentido común. (Sólo para rumiantes).

Hace bastante tiempo que no utilizo la advertencia gráfica “para rumiantes”.

Creo que es el momento de volver a hacerlo porque el artículo que voy a comentar no es el clásico panfleto confeccionado por un aficionado ni la investigación de un médico metido a historiador, sino que está escrito por un profesor universitario, publicado en una revista seria con el adecuado aparato crítico. Edward L. Schoen, profesor en la Western Kentucky University (Departamento de Filosofía y Religión), es un experto en temas teológicos y ha escrito también sobre filosofía de la ciencia. El artículo que  me ocupa tiene indudables pretensiones filosóficas y científicas, lo que implica tomárselo con más precaución que la típica literatura sobre el tema de la Sábana Santa. (Para más información sobre el autor puede acudirse a los siguientes enlaces: https://philpapers.org/s/Edward%20L.%20Schoen  y http://people.wku.edu/edward.schoen/ ).

Como ya escribí en otro sitio acerca del tema de los milagros, no voy a tratarlo en extenso ahora, sino sólo en los puntos del artículo de Schoen que me parecen relevantes. No voy a discutir aquí la crítica a Hume, aunque me parece equivocada en varios aspectos y un poco cargada de tensión emocional –llamar “caricatura” repetidamente a la teoría humeana de la causalidad no me parece muy científico‒. La minuciosa discusión de qué dijo verdaderamente Fulanito suele ser un tema que apasiona a los seguidores, detractores y profesores de la materia relacionada con Fulanito, pero sólo a ellos. Defenderé la idea de que un milagro es una suspensión de una o varias leyes fundamentales de la ciencia que no supone un cambio de paradigma y que manifiesta la voluntad o intención de una entidad supernatural. Creo que esta definición es correctamente humeana, pero no me voy a enfadar si alguien dice que no. En todo caso, es la mía.

Dios en acción.

Dios en acción.

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Giulio Fanti, o el poder de la oración.

En la galería de personajes del sindonismo que voy desarrollando en este blog ‒para evitar el aburrimiento y la falta de incentivos en este tema que me ocupa‒, acude ahora el Dr. Giulio Fanti, profesor asociado en Medidas Mecánicas y Técnicas del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Padua. Lo traigo de la mano de Andrea Nicolotti, que ha tenido la amabilidad de proporcionarme su último trabajo (La Sindone, banco di prova per esegesi, storia, scienza e teologia. Considerazioni a margine di alcune recenti pubblicazioni”, Annali di Storia dell’Esegesi, 33/2, 2016; pp. 459-510). Se trata de un artículo que, con el habitual cuidado de su autor, hace un repaso a las influencias metodológicas extra-científicas de los sindonólogos. Entre ellos destaca, por méritos propios, el prof. Fanti. Leer más…

La túnica de Argenteuil, el sudario de Turín y la ciencia.

La túnica de Argenteuil es una especie de camisa larga de lana confeccionada sin costuras, una técnica rara en Occidente, pero conocida en Oriente desde hace tiempo. Presenta unas manchas rojizas en forma de sangre. Los primeros documentos conocidos que la mencionan (de época medieval tardía) afirman que era la túnica que Jesucristo llevaba antes de ser ejecutado y que llegó a Occidente por mediación del mismísimo Carlomagno. Leer más…

Algo se mueve Mr. Rogers (3ª entrega). Hugh Farey interviene en la polémica entre Bella y Latendresse.

Hugh Farey: “Spectrometry in ‘Studies on the Radiocarbon Sample’”, British Society for the Turin Shroud,  Newsletter 83; June 2016; pp. 9-14. Consultado en línea (13/10/2016 12:00): https://www.shroud.com/pdfs/n83part3.pdf

Desde el boletín de la British Society, Hugh Farey hace una breve recensión de los últimos artículos de la polémica. (Ver en esta bitácora). Leer más…

Algo se mueve, Mr. Rogers (2ª parte).

Bella, M., Garlaschelli, L., Samperi, R.: “Comments on the analysis interpretation by Rogers and Latendresse regarding samples coming from the Shroud of Turin”, Thermochimica Acta, Volume 632, 20 May 2016, pp. 52-55

 

Las Santas Mujeres, Siglo XIV, Toulouse, Musée des Augustins

Las Santas Mujeres, Siglo XIV, Toulouse, Musée des Augustins

 

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Ciencia, visiones, pesas y TV. Sue Benford.

Cuando uno discute “amablemente” con los sindonistas de turno, cuando uno lee los artículos de los moderados o ecuánimes, como Hugh Farey, o se enfrenta a los obsesos por la peer review, puede acabar creyendo que esto de la sindonología es asunto de unos cuantos científicos o similares que ponen sus conocimientos al servicio de una creencia más o menos mística. Mitologías tecnocientíficas y esas cosas. Y de pronto uno se da de bruces con el sindonismo profundo, es decir, esos substratos totalmente irracionales que no son un fenómeno de la mitología tecnológica, sino que sustentan esa ideología con una serie de mecanismos mentales que vienen de lo más profundo de los miedos y deseos. Diría del subconsciente si creyera en eso. En todo caso, lo de siempre. Leer más…

Dan Scavone: Mesarites, de Clari y el Vir dolorum. Tótum revolútum.

The “Man of Sorrows” also resonates Nicholas Mesarites’ and Robert de Clari’s texts, both who referred to the shroud in Constantinople in 1200 as gradually rising or standing up. (Daniel Scavone: “GREEK EPITAPHIOI AND OTHER EVIDENCE FOR THE SHROUD IN CONSTANTINOPLE UP TO 1204”, p. 3. Sin datos editoriales, consultado on line, https://www.shroud.com/pdfs/scavone.pdf, 13/08/2016 11:52.

Traducción: “Los textos de Nicolás Mesarites y Robert de Clari, que se refieren a un sudario en 1200 en Constantinopla que gradualmente se levantaba o ponía en pie,  resuenan en el tema del Vir dolorum.”

Si Ud. lee este texto y no tiene conocimientos previos de qué va la cosa, lo más probable es que haya entendido que existen dos testigos que describen cómo un sudario con la imagen del Cristo se pone en pie en torno a 1200 y que esto es lo que vuelve a pintarse, más o menos exactamente, en el motivo del Vir dolorum. Es decir, habrá sacado una idea totalmente equivocada de lo uno y de lo otro. Para empezar, el único que habla de un sudario del Cristo que se levanta o pone en pie hacia 1204, es de Clari (enlace). Dice que en el lienzo, que se exhibía en la iglesia de Santa María de las Blanquernas, se veía la figura del Cristo, pero no da más detalles, así que no podemos saber cómo sería esta representación ni su posible comparación con el Vir dolorum o cualquier otra imagen. Leer más…

El pulgar desaparecido. Una cita.

El tema de los pulgares escondidos es uno de los más característicos de la especulación sindonológica. Procede de dos interpretaciones arbitrarias, esto es, dirigidas a encontrar “evidencias” en todas partes y a no examinar las alternativas.

Fue aducido como una prueba de que la herida en la parte inferior de la mano era coherente con la ocultación de los pulgares en la imagen y, en consecuencia, una demostración de la autenticidad de la imagen (Dr. Barbet). Y fue aducido también por E. Poulle y otros como prueba de que las imágenes del códice Pray eran una copia del lienzo de Turín. Sobre las inconsistencias de ambas interpretaciones he hablado en este blog.

 

Peter of Peckham, La lumiere as lais; Apocalipsis (the ‘Welles Apocalypse’), Primer cuarto del siglo XIV.

 

Pero acabo de leer un artículo que dice lo siguiente:

El pulgar no se flexiona debido a la pérdida del abductor pollicis longus y de la función del extensor pollicis brevis, y no se puede ocultar o ser colocado hacia delante en ángulo recto con la palma de la mano (oponiéndose a la otros dedos para formar un puño), debido a la pérdida de las funciones del abductor corto y el oponente del pulgar.(Jacqueline M. Regan, Kiarash Shahlaie & Joseph C. Watson, “Crucifixion and Median Neuropathy”, Brain and Behavior, 2013; 3(3); pp. 243–248; On line: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3683284/)

Esto es plenamente coherente con el hecho de que en las fotos que hizo el Dr.Barbet (abstenerse corazones sensibles), en contra de lo que él mismo afirmaba, el pulgar no estaba contraído, sino en la misma posición que se puede observar en el artículo de Regan et al.

Sangre o no sangre en el sudario de Turín.

Di Minno, Giovanni; Scala, Rosanna; Ventre, Itala; Gaetano, Giovanni de: “Blood stains of the Turin Shroud: beyond personal hopes and limitations of techniques”, Internal and Emergency Medicine,  (2016) 11, pp. 507–516.

 

El otro día encontré este artículo y, después de echarle un vistazo, me pareció que merecía la atención. El trabajo estaba presentado en una revista especializada y su formato era impecablemente académico. Además, en la página 508, al explicar la metodología empleada, prometía que se basaría en estudios sometidos al arbitraje y la revisión inter pares. Y me lo creí.

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