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La “sindonología” y sus fuentes.

 

Si usted está preparando un trabajo sobre cualquier materia científica, una de las cosas que le van a exigir es que tenga un cierto dominio de las fuentes y sepa manejarlas adecuadamente. Si el trabajo es sobre mecánica cuántica y en lugar de citar a Bohr, Heisenberg, Einstein, etc., usted cita a médicos y ciclistas, le van a pegar un buen varapalo allá a donde vaya.

Clío. Pompeya.

Esta sencilla regla, que es de las primeras que te enseñan cuando estás preparando un trabajo académico —salvo en la URJC—, parece que no se impartía en las universidades a las que acudieron los sindonistas. Digo esto porque me encontré un artículo del muy afamado Gary R. Habermas llamado “Historical Epistemology, Jesus’ Resurrection, and the Shroud of Turin” (1999, sin datos editoriales) que me pareció que prometía por el título. Si de física nuclear, química o medicina conozco bien poco y no paso de lo que pueda basar en el mero sentido común, del método de la historia sé un poco más. Además la metodología me interesa especialmente así que, pensé, aunque no saque gran cosa, siempre será interesante. No lo fue.

Dentro del campo sindonista, Habermas pasa por ser un experto en el tema del Jesús de la Historia. Al menos tiene unas cuantas publicaciones sobre el asunto. Yo esperaba un comentario de alguna, al menos alguna, de las tendencias historiográficas más importantes del momento y su relación con el tema de la Sábana Santa. Pues la cosa no iba por ahí. Habermas cita aproximadamente media docena de “expertos” en historia. Alguno de ellos me ha costado Zeus y ayuda encontrarlo. Son profesores de universidades norteamericanas de segunda o tercera fila y telólogos. Ni siquiera son nombres destacados en los estudios sobre el Jesús de la historia, salvo uno. Por ningún lado aparecen las escuelas historiográficas europeas que han marcado el siglo XX, la escuela de los Anales, la historia de las mentalidades, el materialismo histórico, los posmodernos o el positivismo. De los historiadores-exégetas sólo James D. G. Dunn es una figura relevante, y Habermas pretende colarlo como “historiador crítico”, cuando se trata de un pastor metodista. El resto son todos autores del círculo sindonista que nunca han salido de su patio.

Con estos mimbres, no es de extrañar que Habermas concluya sobre lo que “los expertos” piensan con un notable desparpajo. Como pretende pasar la fecha del año 38 como la “más aceptada” para 1 Corintios o que hasta “los escépticos” (?!) admiten que la tumba de Jesús estaba vacía.

De metodología histórica no piensen que se van a enterar algo con este artículo. Una breve mención a los “criterios de autenticidad” que, al parecer, hay que considerar como el summum del método científico, y a otra cosa.

Una total pérdida de tiempo.

 

Lista de autores citados por Habermas:

Metodología.

Richard Swinburne (1934): Prof. De Filosofía de la Religión, apologista

Earle Cairns (1943): Weathon College, ministro presbiteriano

David Hackett Fischer (1935): Brandeis University

Paul Maier (1930) : Western Michigan University, pastor luterano y novelista

Christopher Blake: sin referencias biográficas: autor de un libro sobre el tema

Sobre el Jesús histórico.

Hans von Campenhausen (1903-1989): teólogo, simpatizante del nazismo, para peor.

Ulrich Wilckens (1928): obispo luterano

John Drane: teólogo luterano

James D. G. Dunn (1939): pastor metodista

Reginald Fuller (1915-2007): pastor anglicano

Sudario de Turín.

Phillip Mc Nair: historiador del arte, sin referencias

Robert K. Wilcox: sin referencias

Robert Van Zandt Bucklin: “patologista de fama internacional”, sin referencias

Otros “notables estudios” citados en la bibliografía.

Daniel P. Fuller (1943): teólogo

William Lane Craig (1949): teólogo

Grant R. Osborne (1942): teólogo.

NOTA FINAL: se pregunta uno qué “escépticos” habrá consultado este hombre.

La sangre del sudario y los politraumas. (Giulio Fanti de nuevo desautorizado).

He comentado varias veces en este foro como el tráfico de fibras supuestamente pertenecientes al sudario de Turín es tan incontrolado que invalida los trabajos que algunos sindonistas, renombrados dentro de su entorno, han realizado en los últimos años. Un caso especial es el prolífico y beato profesor Fanti, que ya había sido desautorizado por la mismísima Santa Sede y ahora recibe el desaire de una revista científica. Sería como para pensárselo la próxima vez, pero creo que, dada la profunda convicción de la misión evangelizadora que le ha sido conferida por las alturas, no va a tardar en volver a las andadas.

Maestro del díptico Poldi Pezzolli, c. 1310.

 

La cosa es, sin embargo, muy sencilla. Fanti presentó en 2017 un trabajo en la revista PLOS ONE sobre una fibrilla del tejido del sudario que le habían pasado de la “STERA”, o sea el entorno de Barrie Schwortz (para identificar estos nombres, utilícese el buscador de este mismo blog). Se supone que, después de varias décadas pasando por diversas manos, habría llegado a esta institución sindonista mediante las cintas adhesivas que el STURP extrajo en 1977. Según Fanti y sus colegas, el tejido presentaba restos de sangre con abundancia de moléculas de ferritina encadenadas a ceatinina (ferritine iron bound to creatinine, por si acaso estoy traduciendo mal). Según los autores, esto implicaba que el sujeto que había aportado la sangre había sufrido un politraumatismo severo. En las conclusiones esto se ligaba con un individuo que había sido torturado y había padecido un “gran sufrimiento”. Y, puestos a no cortarse, auguraban que su método abriría un nuevo modelo científico para estudiar el sudario de Turín. (p. 10)

Pero lo que vino a continuación no ha dado la razón a tan óptimas perspectivas. PLOS ONE es un concepto de revisión por pares que está teniendo éxito en el mundo editorial. Se trata de mantener el artículo en abierto durante cierto tiempo para que los lectores puedan hacer observaciones. Esto permite abrir el proceso de discusión que, en las condiciones usuales, resulta ser bastante opaco. En el sistema clásico, los revisores tenían un poder sin contrastación posible y las revistas desalentaban toda crítica externa, por muy respetable que fuera su origen. Los debates eran escasos y controlados por los propios editores. Con el sistema de PLOS ONE, todo trabajo está abierto a la crítica que es pública, y, por tanto, transparente.

En nuestro caso, han bastado cuatro comentarios contundentes y una respuesta de los autores para que el consejo editorial de la revista haya efectuado una nueva ronda de revisiones y rechazado el artículo sobre las bases de que el objeto investigado no era seguro y las conclusiones no se deducían de las premisas. Un detalle curioso: uno de los autores propuso, como solución de compromiso, rebajar sustancialmente las conclusiones al rango de meras posibilidades o hipótesis, pero ni siquiera esto fue aceptado por la revista.

Más allá de demostrar otra vez que hay cosas que en el mundillo de la sábana santa se presentan como científicas y no lo son, el caso ilustra el interés en que el sistema de admisión de originales salga del corrillo cerrado de los “pares” que, con demasiada frecuencia, resulta poco fiable y, en algunos casos, impresentable.

Referencia:
Carlino E, De Caro L, Giannini C, Fanti G (2017): “Atomic resolution studies detect new biologic evidences on the Turin Shroud”. PLoS ONE 12(6)

https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0180487

La sangre del sudario: Sánchez Hermosilla vs. Garlaschelli. Serpientes de verano.

Llámase así en periodismo a la noticia veraniega que se infla como un globo cuando dentro de ella no hay más que aire.

Recojo aquí una noticia aparecida en el blog gemelo a este, que no amigo, Sabanasanta.org. Se trata de un resumen de una intervención del Dr. Alfonso Sánchez Hermosilla, Director del Equipo de Investigación del Centro de Sindonología de Valencia. Como no sé de donde procede ni qué partes de la misma son originales del Sr. Sánchez, utilizaré la convención de suponer que son las mismas expresiones que él utilizó en algún lado. Leer más…

Los Guardianes están entre nosotros (III). El profeta crucificado y la sábana santa.

Si hemos de creer a los evangelios, la muerte infamante de Jesús el Galileo sumió en la consternación y el pasmo a sus seguidores, que salieron corriendo como conejos. “Entonces les dice Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño»”. (Mateo 26, 31). Pero, pasado un cierto tiempo volvieron a juntarse, fuera porque comprendieron que las autoridades parecían conformarse con eliminar a su líder y poco más o porque se arrepintieran de su cobardía: “Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente”. (Mateo 26, 75)

A partir de entonces comienza un salto adelante que se parece mucho al que realizó el grupo de Lake City. (A los que tengan un poco de tiempo les recomiendo repasar los asteriscos que he colocado en las dos primeras entradas de la serie).

Rembrandt van Rijn: : Los discípulos de Emaús; hacia 1625.

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Los Guardianes están entre nosotros (2). El fracaso de las profecías.

En realidad las profecías de la Sra. Keech no fracasaron una sola vez. Hubo una serie de intentos fallidos cada vez más espectaculares y alguna replicación, como después de un terremoto.

Se puede hablar de una serie de decepciones de las expectativas que, sin embargo, no sumieron al grupo en una crisis sino cuando el fracaso final puso la guinda.

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Los Guardianes están entre nosotros (I). Cuando la profecía falla.

A mediados de los años cincuenta del siglo pasado, un equipo de investigadores norteamericanos siguió de cerca las andanzas de una secta que habitaba los alrededores del Gran Lago, especialmente en Lake City, una pequeña población de unos cuantos miles de habitantes.

De aquí resultó un libro: Leon Festinger, Henry Riecken, Stanley Schachter: When Prophecy Fails: A Social and Psychological Study of a Modern Group That Predicted the Destruction of the World, New York; Harper-Torchbooks, 1956. (Yo he consultado la edición de la Universidad de Minnesota de la misma fecha).

En mis, a veces tormentosas, conversaciones con los creyentes en Jesucristo, les he recomendado con frecuencia la lectura de este instructivo texto. No me consta que lo hayan hecho en ningún caso. Más bien creo que no. Pensando que esta falta de atención no se debía a que no les pareciera interesante el tema ni a que les provocara una molesta desazón, sino que el libro no es fácil de conseguir o que no todo el mundo tiene conocimientos básicos de inglés para meterse en este fregado, he pensado que sería bueno hacer una especie de recensión del volumen con especial referencia los puntos que me parecen de más interés. Para que se hagan una idea, el título traducido es:

Cuando la profecía falla: Un estudio social y psicológico de un grupo moderno que predijo la destrucción del mundo.

Confesarán que promete. Leer más…

Hugh Farey, a vueltas con la formación de la imagen del sudario de Turín.

Hace unos días Hugh Farey envió un par de comentarios a este foro. En uno de ellos remitía un trabajo suyo que se había publicado en Academia.edu. (Farey 2018) y que no ha aparecido en el boletín de la Sociedad Británica de sindonología, a pesar de su evidente interés. Es de suponer que al nuevo director de esta publicación no le debe hacer mucha gracia el método sindonológico independiente de Farey.

En este artículo se hace una revisión de las teorías del origen del medieval, sugiriendo alguna hipótesis sobre su formación que se mueve en una línea similar a la de Charles Freeman (Ver entradas de 2014 y 2018). Quiero decir, como un tejido elaborado en torno a ceremonias religiosas. Aparte de la validez de la hipótesis, que tiene sus más y sus menos, Farey hace unos cuántos comentarios sobre la formación de la imagen que me han llamado la atención. Me centraré en las que se refieren a un tema que sólo toco tangencialmente porque excede mis competencias: las teorías sobre la composición de las manchas que figuran ser la sangre del Cristo (“de sangre”, para abreviar).

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Una conferencia de Walter McCrone sobre el sudario de Turín.

McCrone, Walter C., “ Antiquities: Authentication of Art & Archaeological Objects – The Turin Shroud & the Vinland Map”, 67, Medico-Legal Journal, pp. 135-146 (1999);

Conferencia en la Royal Society of Medicine, el 13 de mayo de 1999. Moderador: Mr Alec Samuels, Presidente de la sociedad.

 

Buscando por aquí y por allá he encontrado el texto de una conferencia de Walter McCrone, Bestia n.º1 del sindonismo clásico. Se refiere a dos éxitos del Instituto McCrone —al menos, así los considera él—: el mapa de Vinland y el sudario de Turín.

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Charles Freeman: El sudario de Turín como tela litúrgica.

Charles Freeman: “The Real Mystery of the Shroud of Turin Why Does the Catholic Church Not Publicly Declare That It Is Not Authentic?”, Journal of Information Ethics / Volume 24, Number 2 / Fall 2015 / pp. 63 –75 /

 

 

Charles Freeman es un historiador free lance, es decir, no universitario, que ha publicado más de una decena de libros relacionados con el mundo antiguo y las religiones, especialmente el cristianismo. En este blog ya le dediqué una entrada comentando un artículo suyo aparecido en History Today. Un año después publicó el trabajo que ahora presento brevemente.
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Iconografía del Cristo en la tumba. Vir dolorum o Varón de dolores.

Junto con las representaciones del Santo Entierro, el embalsamamiento del cuerpo o las Santas Mujeres ante la tumba vacía, los artistas del gótico tardío inventaron un género específico, el llamado Vir dolorum, o Varón de dolores, que era una representación simbólica de la muerte del Cristo.
En general, se representa al Cristo de pie, emergiendo medio cuerpo del sepulcro, en posición estática. Cuando aparecen figuras secundarias, suelen ser ángeles, la Virgen y San Juan o los instrumentos de la Pasión. A diferencia del Cristo triunfante de la escena de la resurrección, aquí se propone una reflexión sobre los sufrimientos y la muerte.
Las representaciones del Vir dolorum son escasas antes de 1400. La mayoría proceden de los siglos XV y XVI. Dan Scavone sitúa la primera representación del Varón de dolores en 1300 (iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén de Roma). Cf. “Greek Epitaphioi and Other Evidence for the Shroud in Constantinople Up To 1204”; p. 3.

Varón de dolores de la iglesia de la Santa Croce de Gerusalemme de Roma. Hacia 1300.

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A vueltas con la sangre del sudario de Turín. Marc Antonacci.

Suelo advertir de vez en cuando que no soy un experto en todo —no podría serlo—, pero donde me encuentro más perdido es en los estudios puramente científicos con multitud de terminología aparentemente científica, matematizaciones aparentemente científicas y discusiones sobre conceptos que parecen científicos, de los que no tengo ni idea. A lo más que llego es a evaluar los momentos en los que los supuestos experimentos científicos se convierten en hagiografía, pero eso es fácil de detectar. También puedo entender a veces cuando se habla en términos vulgares de temas más abstrusos. Es el caso del documento que voy a comentar a continuación. Se trata de “Hypothesis that Explains the Shroud’s Unique Blood Marks and Several Critical Events in the Gospels”, de Marc Antonacci y Arthur C. Lind, que, a pesar de su largo título no parece haber sido publicado en parte alguna. Es de 2014. Leer más…

La flagelación de Cristo y la Sábana Santa.

La devoción es una cosa extraña. En buena lógica racionalista, los universos imaginarios que construimos deliberadamente deberían ser siempre amables y consoladores. Ante un mundo erizado de dificultades y amenazas personales y globales, deberíamos refugiarnos en imágenes apacibles y serenas como los famosos Relaxing Classic Music de Youtube. Pues no. El creyente religioso tiende a recrear imágenes tortuosas, violentas o mórbidas con la misma frecuencia —o más— que imagina paraísos azules repletos de tortitas de miel, túnicas blancas y cantos angélicos. Algo se pega a los no creyentes de esta fascinación terrible cuando nos paramos delante de las macabras imágenes de Caravaggio o Grünewald los que somos incapaces de ver como le dan dos puntos de sutura a nuestro perro. Quédese la explicación para la psicología, que no es tema de esta bitácora. Si digo lo anterior es para explicar que, a pesar de esta fascinación, las delectaciones con que los sindonistas, místicos o científicos, se entretienen en el recuento de llagas, sangres y clavos sobre la santa sábana siempre me han echado para atrás. Si he tocado el tema en entradas anteriores, ha sido intentando hacerlo lo más asépticamente posible. Pero como todo llega y el tema del santo sudario está realmente aburrido, me voy a parar a hacer un breve comentario sobre uno de los últimos artículos de Andrea Nicolotti que tenía aparcado en una carpeta. Lo hago con gusto, por otra parte, porque en el muermo panorama del tema de este blog, Nicolotti es de lo poco que queda que investiga las cosas con seriedad y detalle. Por las razones que sea, Gian Marco Rinaldi y Antonio Lombatti —otros dos de la “escuela” italiana a los que solía contactar— han paralizado sus blogs. En el campo contrario, hasta el profesor Fanti parece haber agotado su imaginación para continuar sus asombrosos estudios a partir de una micronésima parte de cierta fibra que alguien le había pasado no se sabe como. Leer más…

El Jesús histórico. XIV. Conclusiones.

Montoire-sur-Loire; Capilla de Saint-Gilles, siglo XI

Cuando se busca un objeto siempre hay una presuposición básica: que puede existir. Normal. Uno no busca un marcianito verde con orejas-trompetillas si no está convencido de que es una hipótesis razonable. Pero hay otro tipo de búsqueda: sabes que la cosa existe, pero no dónde encontrarla o qué forma tiene exactamente. Las famosas “quest” (búsquedas) del Jesús histórico se parecen más bien al segundo tipo. Una pléyade de teólogos e historiadores a la caza de una pieza codiciada que en alguna parte tiene que esconderse. Para algunos de ellos, el Jesús de la historia no está muy claro qué es. Pero la mayoría ya tiene una idea precisa de lo que anda buscando. Se trata de ajustar algunos puntos secundarios y exhibir la pieza ante los incrédulos. “¡Ahí lo tienes! ¡Y tú que decías que el monstruo del lago Ness no existía!” Más o menos así. Leer más…

El Jesús histórico (XII). Donde Jesús de Galilea se cruza con la Sábana Santa.

 

Habermas, Gary R.: Evidencia a favor del Jesús Histórico: ¿Es el Jesús de la Historia el mismo Cristo de la Fe?, eBook editado por GaryHabermas.com, 2015

Extractos de una entrevista televisiva en el show de John Ankerberg http://www.daystar.com/shows/the-john-ankerberg-show-with-john-ankerberg/ , mayo 2000‒.

En el movimiento sindonista jamás se cuestiona la existencia de Jesucristo ni los datos de su vida recogidos en los evangelios. Son puntos de partida inapelables. Claro que, cuando los relatos resultan contradictorios, se ignora discretamente los que no convienen, pero en lo esencial se toma el libro sagrado como la historia incuestionable de un personaje real que es el Hombre de la Sindone “personalmente en persona”. La historia oficial del Jesús Histórico, una figura creada trabajosa y conflictivamente por los exegetas historiadores más o menos ligados a diversas facciones del cristianismo, es ignorada por los sindonistas en la misma medida en que estos son ignorados por la exegesis oficial.

El Santo Sudario de Besançon; siglo XIX-

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El Jesús histórico (XII). La transmisión oral y los testimonios evangélicos.

 

“Sin embargo, uno de los principales problemas con la hipótesis de la leyenda, que casi nunca es abordado por los críticos escépticos, es que el tiempo entre la muerte de Jesús y la escritura de los evangelios es demasiado corto para que se produzca” (William Craig, “The Evidence for Jesus,” s.f. (consultado 03/09/2017 10:59,

Online: http://www.leaderu.com/offices/billcraig/docs/rediscover2.htm )

 

Como decía en la entrada anterior los defensores de la fiabilidad de los evangelios, suelen argumentar que son demasiado cercanos a los hechos que narran para que se hubiera podido introducir en ellos acontecimientos inexistentes o alteraciones importantes de lo ocurrido. Como traté de explicar, esta afirmación se contradice con lo que de hecho podemos observar en los propios evangelios. Las diferencias en las narraciones de los evangelios implican que diversas versiones sobre lo que realmente dijo o hizo Jesús podían existir en el siglo I, sin excluir otras que no hayan subsistido a la criba ideológica que realizó la todopoderosa iglesia del Imperio. Las afirmaciones históricamente refutables o evidentemente míticas, demuestran que la capacidad de inventiva de los narradores no pudo ser contrastada por ninguna crítica racional. Sin embargo, una modificación más sutil de este argumento puede encontrarse en Adrian N. Sherwin-White (1963, p. 190). “…Incluso dos generaciones [alrededor de setenta años en total] son demasiado cortas para permitir a la tendencia mítica queprevalezca sobre el duro núcleo histórico de la tradición oral”. El argumento va dirigido directamente contra el mitismo, pero puede ser utilizado para negar el carácter legendario de los asombrosos hechos de Jesús de Galilea. La sutileza consiste en el “prevalecer” y, como la mayoría de las sutilezas de los exegetas-historiadores, se basa en una cierta ambigüedad y una confusión entre la conclusión aparente y la analíticamente correcta. “Prevalecer” significa, según la Real Academia Española de la Lengua, obtener algún tipo de ventaja sobre otras cosas. Si no malinterpretamos a Sherwin-White, quiere decir que los elementos míticos de la vida de Jesús habrían sido contrarrestados por los históricos, pero la conclusión no está clara: ¿Qué no hay elementos míticos en los evangelios? Esto es absolutamente disparatado, puesto que haberlos háylos. ¿Qué los elementos históricos son más que los míticos? Para eso habría que tener un criterio claro para distinguir  unos y otros, lo que, como vengo insistiendo en esta serie de comentarios, no ocurre. ¿Qué significa, entonces, “prevalecer”? No tengo ni idea. Leer más…