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Manual de medicina forense sindonista (II). Los autores y su obra.

22 de abril de 2013

El Dr. Robert Bucklin, M.D., J.D., se presenta a sí mismo como un experto médico forense que ha realizado más de 25.000 autopsias a lo largo de su vida profesional. Parece una cifra impresionante, aunque no estoy capacitado para evaluarla. Tampoco estoy capacitado para saber si el Dr. Bucklin es, como se le presenta en medios sindonistas, un prestigioso analista forense. Se supone que si el prestigio de un especialista traspasa los círculos sindonistas se podrá encontrar algo sobre él en páginas de referencia en Internet, pero yo no he encontrado nada. Supongamos por lo tanto que el Dr. Bucklin tiene experiencia en su campo y por ello está autorizado para hacer algunas observaciones plausibles sobre medicina forense.

José Delfín Villalaín Blanco tiene una bibliografía  compartida entre la medicina forense-legal y la antropología médica. Fue catedrático de Medicina Legal en la Universidad de Valencia hasta su jubilación. Es profesor colaborador de la Universidad Camilo José Cela y del CEU. Cruz de la orden al mérito policial, Orden al Mérito del Cuerpo de la Guardia Civil y otras condecoraciones. Es Vicepresidente de Investigación del Centro Español de Sindonología. Manifiesta haber realizado más de 2000 peritajes, entre los que se encuentra el famoso caso conocido como “las niñas de Alcasser” (aunque en este no actuó como director de la autopsia). Sin embargo no siempre sus peritajes han tenido éxito. En el Boletín Oficial de las Cortes (Senado) del 5 de diciembre de 1985, Num. 211, hay una interpelación al gobierno por parte de un senador. Allí se dice: “En la Causa 65 de 1981, de la Audiencia Provincial de Almería, la acusación particular solicitó la intervención de unos peritos forenses, profesores de la Escuela de Medicina Legal, para que dictaminaran sobre el cómo y el cuándo de la muerte de las víctimas, cuestión clave para el esclarecimiento de lo sucedido realmente en el caso Almería. Por mecanismos y procedimientos que se desconocen, el médico don José Delfín Villalaín Blanco consiguió hacerse pasar por profesor de la Escuela de Medicina Legal, condición que se requería para intervenir, sin que, en realidad, lo fuera. Esta impostura, a todas luces ilegal, fue, posteriormente, descubierta y denunciada en los medios de comunicación, lo cual debería haber llevado en pura lógica a la adopción de medidas por parte del Ministerio Fiscal encaminadas a la exigencia de las oportunas responsabilidades.

En base a lo expuesto formulo al Gobierno la siguiente pregunta: ¿Qué medidas ha adoptado o piensa adoptar en relación con la usurpación de funciones realizada por don José Vilallaín Blanco al intervenir en la Causa del caso Almería en calidad de profesor de la Escuela de Medicina Legal cuando en realidad no lo era? Madrid, 12 de noviembre de 1985.-Rafael Fernández-Piñar y Afán de Ribera.” (P.O. num. 334)

El caso Almería estuvo en las primeras páginas de los diarios de los años 80 como uno de los más siniestros de la transición. El 10 de mayo de 1981 aparecieron los cadáveres calcinados y tiroteados de tres jóvenes. La Guardia Civil pretendió en un principio que eran terroristas muertos en un enfrentamiento armado. Investigaciones posteriores descubrieron que un grupo de once guardia civiles, al mando del teniente coronel Carlos Castillo Quero, confundió a los jóvenes con miembros de ETA, los secuestró y torturó durante toda una noche y, al darse cuenta de su error, los asesinó y fingió un enfrentamiento armado.

La actuación del Dr. Villalaín como perito de la acusación particular o defensa no fue demasiado brillante. No sólo por el desgraciado asunto del carnet falsificado (sobre esto no he podido consultar más que esta noticia  de prensa y desconozco si hubo respuesta a la pregunta del senador), sino porque la defensa de los agentes de la Guardia Civil fue desautorizada totalmente por el veredicto. Parece un poco sorprendente que un experto forense fuera incapaz de darse cuenta de la abrumadora evidencia acerca del estado de los cadáveres.

La noticia anterior hace referencia a otro caso sonado. Agustín Rueda, un preso anarquista, murió a consecuencia de una brutal paliza que le propinaron algunos guardianes de la prisión de Carabanchel. La defensa de los mismos recurrió a los servicios del Dr. Villalaín, quien también en este caso parece que se equivocó totalmente en cuanto a las causas y hora de la muerte. Un detalle que no carece de importancia para el tema que nos ocupa es que el magistrado mostró su sorpresa por los resultados dispares de las pericias y el Dr. Villalaín hubo de reconocer que su diagnóstico no se basaba en el examen directo de las heridas, sino que había sido emitido a partir de fotografías. Retengan el dato.

No quiero decir  con lo anterior que el Dr. Villalaín no sea un buen experto en medicina forense, como parecen indicar los premios y condecoraciones que figuran en su currículo. Pero, si lo es, resulta más extraño que cometiera errores garrafales en dictámenes relativamente sencillos. Los cadáveres de los tres jóvenes asesinados en Almería habían sido descuartizados y el Dr. Villlalaín no sacó las pertinenetes consecuencias. ¿Cómo es posible? Esto ilustraría la máxima de que cuando uno se aferra a una idea preconcebida, por muy inteligente y sabido que sea, puede cometer fallos de principiante. Por ejemplo, si sus pasiones religiosas obnubilan su sano entendimiento. Quizás sea el caso del Dr. Villalaín.

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