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Nicolotti sobre el Mandylion o Emanuela Marinelli, experta en historia sindónica.

Con ocasión de la aparición de la versión inglesa del libro de Andrea Nicolotti sobre el Mandylion de Edesa (prevista para septiembre de este año por la editorial Brill de Leiden), me he puesto a la tarea aplazada varias veces de leerlo en su versión original (Alessandria, Ed. dell’Orso, 2011).

No me ha defraudado lo más mínimo. Nicolotti no ha escrito un best-seller al estilo sindónico, sino un trabajo histórico documentado hasta las raíces, con un abundante material crítico, que incluye los textos en idioma original, del griego al árabe, pasando por el siriaco, y un estilo sin ambigüedades. Para decirlo sencillamente, un volumen absolutamente imprescindible para quien quiera decir dos cosas con sentido sobre el tema de la presunta historia oculta del sudario de Turín sin meter la pata.

En diversas entradas de esta bitácora he recogido y comentado otros trabajos de Nicolotti, incluyendo su ponencia para el congreso de Turín-2010 sobre acheiropoieta (no confundir con la cosa de Frascati del mismo año). Ya había leído esta ponencia y otro trabajo, dedicados ambos al tema que ha sido completado en el libro, es decir, la relación Mandylion-sudario de Turín, por lo que creo que no puedo añadir grandes novedades a lo que ya había escrito. Esto me produce una cierta satisfacción, puesto que, a salvo de error u olvido por mi parte, creo que no he dicho nada en estas entradas que deba rectificar. Al menos nada importante. Sobre los fallos de detalle los dejo para el o la que se acerque al libro.

Lluís Borrassà: Curación del rey Abgar. 1414-5.

En esta especie de recensión a medias sí quisiera comentar algunas cosas que a alguien le podrán parecer secundarias, pero que me han llamado la atención.

En primer lugar, señalar algo en lo que supongo que Nicolotti estará de acuerdo. Aparte de la historia del Mandylion y otras reliquias de su entorno, el libro traza la historia de los intentos de los sindonistas para justificar la ausencia de cualquier tipo de referencia al lienzo de Turín antes del siglo XIV. En esta especie de misión imposible quedan retratados de mala manera algunos “historiadores” de ocasión, como Baima Bollone, especialistas en libros de divulgación no demasiado científica, como Ian Wilson, y “jóvenes figuras” del mundillo vaticano-sindonista tratando de abrirse camino por cualquier medio, como Barbara Frale. Pero produce bastante más desazón ver perderse en los vericuetos de la sinrazón a algunos historiadores profesionales con un status académico aparentemente respetable, como el caso de Ilaria Ramelli. (Cfr. bibliografía). En todos estos casos, los sindonistas, sean de la categoría que sean, consciente o inconscientemente, se dedican sistemáticamente a desinformar a base de una serie de herramientas clásicas en el mundillo sindonista: traducciones incorrectas, hipótesis ad hoc, ambigüedades sutiles o de envergadura, visibles contradicciones, rectificaciones silenciadas… todo vale con tal de dar la apariencia de cientificidad a un ejercicio de fantasía casi novelesca: la historia oculta del sudario de Turín.

Voy a detenerme un poco en el caso de una de las estrellas de la historia sindonista: Emanuela Marinelli.

La Sra. Marinelli es citada una decena de veces en el libro de Nicolotti y su imagen no queda muy bien parada. Es lógico que, al sentirse molesta, haya puesto unos cunatos gramos de acritud a su respuesta. El problema es lo mal que lo hace.

La superabundancia de citas, infrecuente en ámbitos sindonistas, no opera en beneficio de la calidad científica del pequeño texto. Supongo que pretenden documentar un minucioso recuento de los fallos del libro de Nicolotti, pero se extravían de camino en prácticamente todas las ocasiones.

En primer lugar, Marinelli pierde tiempo y espacio intentando refutar una clasificación de los sindonistas en estúpidos, ilusos y deshonestos, que ella atribuye a Nicolotti, pero que sólo existe en su cabeza (p. 3). En ninguna parte del libro aparece tal cosa y la prueba de ello es que Marinelli, que nos endosa 161 referencias en tan sólo 11 páginas, es incapaz de citar ni una sola ocasión en la que Nicolotti emplee tal tipo de descalificaciones insultantes. Otra cosa es que ella, a la vista de las perlas que Nicolotti encuentra en sus obras, se sienta estúpida o deshonesta. Pero eso es cosa suya y de su orgullo.

El método Marinelli consiste habitualmente en citar frases sueltas de Nicolotti que ella apostilla con observaciones que se pretenden irónicas. Por ejemplo: basándose en su propia clasificación de los sindonistas en estúpidos e inteligentes, dice que Nicolotti debe suponer una “poción mágica” que convierte a veces a un sindonista estúpido en inteligente (p. 4). Lo de la “poción mágica” debe considerarlo un rasgo de ironía insuperable, porque lo repite varias veces con resultados bastante confusos. Y pone como ejemplo el caso de de Clari, al que, según ella, Nicolotti consideraría a la vez una fuente fiable o no fiable, de acuerdo con sus intereses. Pero, para empezar, Marinelli se equivoca porque Nicolotti no hace ninguna clasificación entre sindonistas listos y tontos, sino que se limita a constatar que algunas veces determinados sindonistas se equivocan y otras aciertan, lo que no tiene nada de mágico. Pero, inteligente o no según su propia clasificación, Marinelli se enreda con la lógica cuando acusa Nicolotti de no conceder credibilidad al cruzado de Clari cuando éste afirma haber visto un sudario de Cristo en la iglesia constantinopolitana de Blanquerna y concedérsela cuando distingue ese sudario del Mandylion, que habría visto en la de Faro. Porque es cierto que Nicolotti no cree fidedigna la descripción del caballero de Clari por diversas razones, que ella no analiza. Pero es perfectamente coherente cuando avisa a los sindonistas que, de creer al cruzado en la afirmación de que ha visto un sudario con la imagen de Cristo, deben creerle también cuando afirma que este sudario es diferente del Mandylion. En el capítulo dedicado a Clari en su libro remite al lector a su trabajo sobre este tema publicado en la revista Medioevo Greco, bastante más detallado. Si Marinelli se hubiera tomado la molestia de echarle un vistazo hubiera leído:

Es evidente que incluso para él [de Clari] el Mandyliion es una imagen taumatúrgica que solamente recoge el rostro de Cristo, impresa en una tela por un Jesús vivo; no tiene nada que ver con el largo lienzo de un sudario funerario, y es un objeto malamente conciliable con la sydoines de la iglesia de Blanquerna. (2011b: 162)

Es decir que, para de Clari, hay dos telas diferentes que se encuentran en lugares diferentes y, si los sindonistas se fían de la descripción de la sindone de Blanquerna, tienen que aceptar que es un objeto diferente del Mandylion situado en la de Faro.

Creo que cualquier persona con dos dedos de frente y que no esté obnubilada por pasiones sindónicas se da cuenta de que esto no es lo que pretende Marinelli que había dicho Nicolotti.

Así pues, son muchas las ocasiones en las que Marinelli responde a una objeción de Nicolotti sin atender a lo que éste verdaderamente ha escrito. Otro ejemplo: En la página 71 de su libro Nicolotti acusa directamente a Marinelli de haber plagiado “literalmente” un artículo de Mark Guscin. La respuesta de la historiadora sindonista resulta sorprendente: sus primeras obras eran “populares”, “no llevaban notas y tenían la bibliografía muy reducida” por lo que “no permitían hacer referencias a las fuentes” (Marinelli 2012: 10). La excusa hubiera sido medianamente aceptable si de lo que se estuviera hablando fuera de la inclusión de una idea ajena en un texto propio. Pero la acusación de Nicolotti se refiere a copiar un artículo “literalmente”. Y eso no es a lo que responde Marinelli. Si se está escribiendo un libro “popular” y no se tiene margen para colocar notas a pie de página, pero se quiere introducir un texto ajeno literalmente, hay recursos tan elementales como las comillas y una referencia en el cuerpo del texto al autor de la cita. Si uno copia palabra por palabra lo que otro ha escrito y no lo cita, sean cual sean las circunstancias, está cometiendo un plagio. Y punto. Podría pensarse en descargo de la honestidad de Marinelli que quizás desconozca esta práctica elemental, no ya de los que escriben libros, sino artículos en cualquier revista. Pero esto sería una ignorancia supina.

Marinelli no habría tenido estos fallos de lectura si, en lugar de pretender hacer un comentario irónico-despectivo, se hubiera parado un momento a analizar los argumentos de Nicolotti, cosa que prácticamente nunca hace. En el caso del testimonio de de Clari, por seguir con el mismo ejemplo de más arriba, ni una vez analiza las razones que tiene Nicolotti para dudar de su mención a un sudario exhibido en la iglesia de Blanquerna. Parece considerar que la ostentación de su olímpico desprecio por tan “incoherente” descalificación es suficiente. De esta manera lo que muestra es la incapacidad de los sindonistas “estúpidos” -si es que ella se considera incluida en esta categoría-, para seguir un razonamiento mínimamente complejo. Están tan acostumbrados a debates entre adeptos en los que prima el enredo incomprensible y el aforismo cerrado, que no parecen muy calificados para un debate académico. En su ambiente Marinelli es considerada una experta. En qué sea realmente experta es otra cuestión.

Bibliografía.

Marinelli, Emanuela (2012): “A small cloth to be destroyed”. Shroud Newsletter 75, Junio 2012. British Society for the Turin Shroud. Consultado on line, http://shroud.com/pdfs/n75part8.pdf , 20/07/2014 08:58.

Nicolotti, Andrea (2011a): Dal Mandylion di Edessa alla Sindone de Torino, Alessandria, Edizione dell’Orso.

Nicolotti, Andrea (2011b): “Una reliquia costantinopolitana dei panni sepolcrali di Gesù
secondo la Cronaca del crociato Robert de Clari”, Medioevo Greco, nº 11, 2011, pp. 151-196.

Ramelli, Ilaria (1999): “Dal Mandillion di Edessa a la Sindone”, en ´Ilu, Revista de Ciencias de las Religiones, 1999, 173-193. On line: http://revistas.ucm.es/index.php/ILUR/article/viewFile/ILUR9999140173A/26803

Nuevas fotografías de las muestras de la datación de 1988.

Recientemente se han colgado en la red dos interesantes series de fotos de las muestras que sirvieron para la datación de 14C del sudario de Turín.

Hilos de las muestras de Oxford.

En la página de Barrie Schwortz, The Shroud of Turin Website, están alojadas imágenes de parte de la muestra que reservó el laboratorio de Tucson, Arizona. http://www.shroud.com/pdfs/arizona.pdf

En la de la Universidad de Oxford, hay una amplia y variada serie que, si no he entendido mal, es el conjunto de las que se hicieron a la muestra en su día. A diferencia de Tucson, Oxford consumió toda la parte del tejido que le correspondió. https://archdams.arch.ox.ac.uk/?c=1203&k=1bcdc90a8b,

Dejando aparte las críticas que se hicieron en su momento al trabajo de Hull y Freer-Waters sobre el fragmento de Tucson -que se referían más bien a algunas inexactitudes en las conclusiones-, no he leído ningún comentario sobre las fotos propiamente dichas por parte de los partidarios de la teoría del remiendo invisible. Quizás porque son demasiado visibles. No sé si me explico.

La Virgen de Guadalupe y el sudario de Turín, una misma lucha.

Cuando uno comienza a interesarse por el tema del sudario de Turín, lo primero que se topa es con fervientes profesiones de fe cientificista por parte de los sindonistas cualificados o no. Es frecuente leer artículos o PDFs en los que la palabra “ciencia” o derivados aparece línea sí, línea no. Sus métodos son “científicos”, sus conclusiones son “científicas”, afirman cosas que “todos los científicos” certifican, “la Ciencia” está de acuerdo con ellos… todo rezuma “cientificidad”. Leer más…

Padre Heinrich Pfeiffer S.J.(… y III). Un “sindonólogo” ignorante.

Ya hemos visto que el padre Pfeiffer no demuestra conocimientos de ningún tipo sobre la estética del arte bizantino. Pero, para más INRI tampoco anda muy fuerte en temas relacionados con el sudario de Turín.  Véase, si no, su ponencia en el congreso sindonista de Frascati en donde afirma (p. 3):

 

Él [Gregorio el Refrendario] cuenta que la imagen materialmente no está pintada con los colores usuarios de un icono, sino con sudor y sangre. Ahora no existe en todo el mundo un objeto que convenga tan bien con la descripción hecha por Gregorio como el sudario de Turín.

 

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Padre Heinrich Pfeiffer S.J., un experto inexperto. (II). A vueltas con Monsieur Vignon.

En lo que concierne al sudario de Turín, los hallazgos del padre Pfeiffer son menos llamativos que los referentes al velo de Manoppello. En lo esencial se trata de una revisión de las teorías de Paul Vignon. Sobre el biólogo francés, el padre Pfeiffer constata lo obvio, que era un biólogo y no un experto en arte, por lo que:

A sus argumentos iconográficos en lo que respecta a la Sábana Santa, por tanto, les falta un poco de metodología exacta. Él no estaba suficientemente familiarizado con la amplísima gama de las diversas imágenes de Cristo, ni con la variedad de detalles que muestran. (1983: 12)

 

Santa Faz. Siglo XIV

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Padre Heinrich Pfeiffer S.J., un experto inexperto. (I). El método del discurso.

El padre Heinrich Pfeiffer S.J. es probablemente el único experto en Historia del Arte que los sindonistas pueden citar como partidario de la autenticidad del sudario de Turín. Cuando la flor y nata del STURP se presentó en Turín para llevar a cabo una investigación científica de la “Sábana Santa”, una de las carencias más visibles, entre otras, resultó ser que no se contaba entre ellos ningún historiador del Arte, ni menos un especialista en iconografía medieval o del Trecento. Los historiadores que se han referido al tema más tarde son escasos y los historiadores del Arte, todavía menos. Por eso el Padre Pfeiffer parece que debería ser algo así como el buque insignia del sindonismo en este terreno. Pero si echamos mano de su currículo, más que un navío nos encontraremos con una barcaza de reducidas dimensiones no muy apta para navegar en aguas agitadas.

El rostro de Manoppello.

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¡Problemas con Mac!

Ayer se me ocurrió entrar en este blog desde un ordenador Mac y me llevé un disgusto. Los márgenes de los textos aparecían cortados por la derecha, haciéndolos ininteligibles.

Me gustaría apelar a las masas de lectores/as que me siguen asiduamente para que me digan, si son usuarios/as de Mac, si han tenido el mismo problema recientemente. En PC parece que no hay problemas. (No se amontonen, por favor).

Gracias.

Hugh Farey, el sindonista escéptico.

El sindonismo está lleno de acontecimientos misteriosos, por así decirlo. Uno de los más extraños, y que, sin embargo, ha pasado desapercibido, fue el nombramiento como editor del boletín de la British Society for the Turin Shroud (BSTS Newletter) de Hug Farey. Mr. Farey es un católico sindonista poco conocido. Se había hecho notar  en algunos foros, pero no tenía en su haber ninguna publicación. Ni siquiera los habituales PDF o presentaciones en congresos sindonistas. Los que entramos de vez en cuando en los foros que tratan del tema lo conocíamos por sus posturas cautelosas, que diferían bastante del ruido y la furia que suele aquejar a este tipo de debates. Todo esto no es demasiado extraordinario en sí mismo. La BSTS anda en horas bajas y algunos de sus mantenedores de toda la vida o han fallecido o están ya muy mayores, como Ian Wilson. Lo sorprendente es que en su primera editorial Hugh Farey se declara inclinado a creer que el lienzo de Turín se produjo “accidentalmente en el siglo XIV”.  (“Editorial”, British Society for the Turin Shroud Newsletter , nº 78, December 2013, p. 3; consultado on line: 03/05/2014 9:07).

Libro de Horas (the ‘Harley Hours’), Último cuarto del siglo XIII.

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Misterios de la Sábana Santa en Semana Santa.

Caspar D. Friedrich. La mañana de Pascua. Hacia 1830

No sé si se han dado cuenta, pero estamos en Semana Santa y este año no ha habido ningún “trascendental descubrimiento”, ni ostensión por Internet, ni nada de nada.

No sé cómo interpretarlo, caramba.

Luigi Garlaschelli y los reguerillos de sangre: ni Barbet ni Zugibe.

Luigi Garlaschelli, profesor de Química en la Universidad de Pavía, dirigió hace unos años una interesante experiencia que abrió el camino a una plausible explicación de la formación de la imagen del sudario de Turín. Hace poco ha colaborado en otra que no tiene tantas implicaciones, pero que también arroja algunos resultados susceptibles de ser comentados. Leer más…

Las falsas fotos de los pólenes sindónicos de Max Frei.

En la misma intervención que reseñaba en la entrada anterior, Barrie Schwortz confirma una noticia que era bien conocida en el mundo del sindonismo porque fue aireada en su momento  por el mismísimo hermano Bonnet-Eymard.

 

Dice Schwortz:

A modo de ejemplo, durante muchos años los que dábamos conferencias sobre la Sábana Santa utilizamos una diapositiva de 35 mm en nuestras presentaciones que el propio Frei nos había proporcionado, diciendo que era una imagen de microscopía electrónica de barrido de un polen que encontró en la Sábana Santa. No fue sino hasta varios años después de que nos enteramos de que era, de hecho, una diapositiva de referencia y no un polen de la Sábana Santa en absoluto. Fue a partir de entonces que muchos de nosotros nos abstuvimos de discutir públicamente el tema del polen y lo apartamos de nuestras presentaciones.

 

Lo curioso, por así decirlo, es que este dato revelador de la catadura del trabajo de Max Frei ha sido recibido por algunos de los asiduos participantes en el blog de Dan Porter con una sarta de insultos y descalificaciones… contra Barrie Schwortz. Como era de suponer, no porque tengan nada que ofrecer que desacredite su testimonio, sino porque éste atenta contra el mito de la unidad de la congregación sindónica. Es una actitud muy corriente en estos ambientes. Parece que la “sindonología” es una ciencia tan peculiar que cualquier disensión, aunque sea basada en evidencias concluyentes, se considera herejía. No podría ser de otra manera entre gentes que están acostumbradas a oír y pensar que la “sindonología es una ciencia” y que “la Ciencia” y “los científicos” apoyan sus creencias y que sólo los ateos y escépticos se niegan a creer en la Verdad, por una especie de ceguera voluntaria o malevolencia diabólica.

Sea declarado hereje Barrie Schwortz, pues. Sea anatema su doctrina.

De NASA, nada.

En la entrada Jesús el Nazareno en 3D escribí:

 

 El VP-8 fue uno de los programas pioneros en la transposición de imágenes bidimensionales a tridimensionales o “3D”. La N.A.S.A. lo utilizaba para convertir las fotos de un planeta en mapas en relieve.

Mea culpa, mea maxima culpa por hacer caso de los sindonistas sin haber verificado antes lo que dicen. Incluso en detalles adicionales. Y es que uno había leído tantas veces que el VP-8 era un método de analizar mapas de Marte que había sido utilizado por la N.A.S.A. que ni se me ocurrió pensar que alguien podía haber inventado una cosa como esta. Subestimé la capacidad de inventiva del sindonismo.

 

 

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Un terremoto sindónico.

Entre los artículos que periódicamente aparecen y desaparecen sobre el lienzo de Turín son especialmente llamativos los que tratan de fundamentar científicamente la datación del lienzo. Naturalmente, una datación que sea contraria a la de 1988. Son subespecies de ese género de la arqueología ficción que podría llamarse LBTR (La Biblia Tenía Razón) y que tanto éxito tiene en canales televisivos y revistas que sólo podríamos llamar de divulgación pervirtiendo este calificativo.

El último hallazgo de la serie es el de A. Carpinteri, G. Lacidogna, and O. Borla, “Is the Shroud of Turin in Relation to the Old Jerusalem Historical Earthquake?. un trabajo tan poco serio que ha pasado sin pena ni gloria por el blog de Dan Porter, que ya es decir. Los autores pretenden haber demostrado que un terremoto ocurrido en el momento de la muerte (de la muerte o la resurrección, que ahora no caigo), de Jesús habría producido una fuga de neutrones capaces de falsear la datación de 1988 y producir una imagen como la del santo sudario. Todo en uno.

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El Dr. Jackson, experto en Cristo-ciencia.

Likewise, we need not attribute special or even supernatural powers to the matter comprising the Resurrecting body of Christ; rather, we could imagine that matter from the very beginning of times was set in motion anthropically so that, in the fullness of time, the Resurrection would occur in order to satisfy the theological requirement for the universe to exist. The Resurrection, in this way, could conceivably bring about seemingly incredible violations of natural phenomena, but upon close analysis, it is still the same matter obeying the same law as before. I think that the future of science and religion will show more and more clearly the possibilities of anthropically guided matter, matter that converges upon the ultimate purpose for which it was created in Christ.

TRADUCCIÓN:
Del mismo modo, no es necesario atribuir poderes especiales o incluso sobrenaturales a la materia que comprende el cuerpo de Cristo que resucita, sino que nos podemos imaginar que la materia desde el principio de los tiempos se puso en marcha antrópicamente para que, en la plenitud de los tiempos, la Resurrección se produjera con el fin de satisfacer el requisito teológico para que el universo exista. De esta manera, la Resurrección podría hacer concebible incluso violaciones aparentemente increíbles de los fenómenos naturales, que tras un análisis minucioso resultarían ser la misma materia obediente a la misma ley que antes. Creo que en el futuro de la ciencia y la religión se mostrará cada vez más claramente las posibilidades de la materia antrópicamente guiada, materia que converge sobre el fin último para el que fue creada en Cristo.

John Jackson: “Thoughts on the Unification of Religion and Science in the Twenty First Century and.Beyond”, en History, Science, Theology and the Shroud; Symposium on the Shroud of Turin,  p. 24. Leer más…

Los juegos macabros del Dr. Barbet.

Metido en otros berenjenales casi se me pasa comentar una nueva entrada del blog de Antonio Lombatti que, como todas las suyas, es breve pero tiene su miga.

Evangelio armenio procedente de Erevan. 1038

Si alguien ha consultado la entrada de este blog dedicada al códice Pray, tendrá noticia de los trabajos del Dr. Pierre Barbet a comienzos del siglo pasado y la réplica del Dr. Zugibe. Aunque ambos son eximios sindonólogos la base del sindonismo suele estar a favor del primero de ellos. La razón es simple: los sindonistas fervorosos siempre están a favor de cualquiera que diga algo a favor de la autenticidad, el Dr. Barbet argumentaba a favor de la autenticidad, el Dr. Zugibe decía que sus razones eran falsas, luego no había más que hablar: ellos estaban en contra del Dr.Zugibe.  

Si Uds. no están por esta lógica de beato y no tienen ganas de mirar otras entradas de este foro, les resumo lo esencial de la posición del Dr. Barbet. Según él, las manchas que correspondían a los clavos en las manos del Hombre de Turín no estaban en el centro de la palma, a diferencia de las demás imágenes de la época,  porque en esa posición no podían soportar el peso de un hombre. Esto demostraba que la figura no era una pintura, ya que un artista medieval no podía tener conocimiento de este hecho.

El Dr. Barbet se equivocaba por otras razones independientes de que su afirmación básica fuera verdad. Pero ahora Lombatti recoge una muy macabra imagen extraída de un libro anterior de un tal M. Donnadieu que demuestra que incluso la afirmación básica de Barbet estaba equivocada: un cadáver puede pender de una mano clavada en el centro de la palma, ni siquiera de las dos. Este parece ser un caso en que una imagen vale más que mil palabras, pero como a mi todo este asunto me parece un tanto gore y no me gustan las películas de muertos vivientes o similares, les incluyo el enlace a la imagen y, si alguien quiere, que la vea. Aquí está. Absténganse estómagos sensibles.

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